Crónicas, Festivales

Low Festival Viernes 28 – Más pixiestas que los Pixies

Lo reconozco, os he mentido. Realmente nuestro paso por Benidorm con motivo de esta edición del Low Festival (la segunda para servidor y un par más de los allí presentes) comenzó un día antes, en el que nos dedicamos a instalarnos sin prisa ninguna en el Camping Armanello. A instalarnos y a beber, claro. Y todo ello intentando que no nos echasen del camping durante la primera noche. Mientras la mitad de nuestra gente iba a los conciertos de bienvenida en la playa (reconozco que me quedé con ganas de ver a Rusos Blancos), nosotros nos quedamos inaugurando un par de botellas de whisky y escuchando trap y música nacionalista gallega a un volumen que no acababa de convencer a la seguridad del camping.

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Ambiente escenario Jägermusic (fotografía oficial del Low Festival por Diego Garnés)

Fue al día siguiente (ahora sí, viernes 28) cuando el festival dio el escopetazo de salida. Pero nosotros tampoco llevábamos mucha prisa. Obviando el hecho de que era el día más flojo del festival (los Pixies me perdonen), por experiencias pasadas, sabíamos que no era la mejor idea estar allí demasiado pronto. Así que nos acercamos directamente a ver a Kokoshca, abriéndonos paso, ya de noche, hasta el escenario Wiko. La joven formación abre el concierto con Mi Consentido, y pese al hecho de que quien no baila es porque no quiere, se echa en falta algo más de desmelene en la actitud de los miembros del grupo, quienes sin embargo bordan todos los temas del setlist, incluyendo Serengueti y la coreada El Escultor.

Tras el buen rato que pasamos, nos dirigimos, como quien va a misa a con 9 años (por lo de obligados), a por la cita grande del festival. Eso, sí, también sin prisa. Después de ser adelantados por los que más ganas tienen de ver a los magnificentes Pixies, mi acompañante (Coy, al que me dirigiré como RTP en las siguientes líneas), andamos con parsimonia viendo la marea que se está formando a nuestro alrededor. No estamos muy por la labor de ser una cabeza más en ese océano de variopintos cabellos, así que decidimos quedarnos en las gradas. Ahí, suponíamos, podríamos disfrutar del concierto tranquilamente desde la distancia, sin molestar a nadie con nuestra irrespuetuosa actitud. Pero nada más lejos de la realidad, pues no solo se supone que estábamos obligados a conocer y venerar a los de Boston, sino también a guardar sacro silencio mientras tocan, ante los estufidos y el patente malestar de algunas personas presentes en la grada con nosotros. Aún así, no podemos tomarnos en serio la surrealista petición de silencio que recibimos en medio de un festival, y RTP y yo seguimos con nuestra charla. ¿Debería disculparme por no saber apreciar la magnificencia de un grupo de tal importancia? Tengo 20 cortos años. ¿Debería disculparme por no haber escuchado a los Pixies durante mi infancia? Yo he crecido con Melendi por un lado y con Mike Oldfield por el otro, y puedo decir que estoy muy orgulloso de lo que soy. He crecido sin los Pixies. Eso sí, sé apreciar el calibre y la repercusión de un grupo internacional como este, y se notan a la legua los años y los miles de escenarios llenos que llevan a la espalda. Pero no me hace gracia que me manden callar en medio de un festival, como si interrumpiésemos los oficios en un templo oficiados por el mismísimo Papa. Escuchados por gente más papista que el Papa. Y de verdad que siento no poder hablar más sobre los Pixies. Sólo conozco Where Is My Mind, cuya icónica guitarra introductoria escuchamos mientras empezamos a abandonar la grada, antes de que el escenario se vacíe.

Tras reunirnos con el resto del grupo, nos acercamos al escenario Matusalem para echar unos agradables bailes con Roosevelt. Ofrecen una música de baile realmente atractiva, interpretada con instrumentos (lo que la hace más meritosa mi juicio, al no limitarse a reproducir bases pregrabadas), acompañada de una voz que se parece, y mucho en ocasiones, a la del frontman de Foals.

La siguiente cita del día será con La Casa Azul, formación liderada por el archiconocido y prácticamente omnipresente Guille Milkyway, por lo que acudimos al escenario principal con bastantes expectativas, las cuales se vieron mayoritariamente satisfechas, si no fuera por el hecho de que el mencionado intérprete no consiguió medir del todo bien los tiempos. Porque pese a que sea total e irremediablemente inevitable evitar bailar con temas como Podría Ser Peor o Todas Tus Amigas, hubo momentos en que el ritmo cayó de manera abrupta durante la segunda mitad del concierto, y el público con él. Remontando al final, eso sí, con La Revolución Sexual, el tema emblemático de la casa.

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Biznaga (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Biznaga era lo que quedaba por tachar de la lista ese día, así que ponemos rumbo al escenario Wiko, donde empezamos la jornada. Intentando reunir energías para lo que estábamos a punto de presenciar, porque la que montaron los madrileños en un momento es digno de admiración. Y es que con los ritmos frenéticos del batería, que más que humano parece un incontrolable animal salvaje, las ollas en el pequeño escenario se forman casi instantáneamente. Fiebre. Fiebre. Fiebre. Nigredo. La voz es totalmente desgarradora, las guitarras resuenan como truenos. Y a la que se dan cuenta, se les acaba el tiempo. Una Ciudad Cualquiera y Mediocridad y Confort suenan enlazadas. Ya ha pasado la tormenta por Benidorm.

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Alburquerque, un paraje singular (Capítulo 1: Galaxina y El Imperio eclipsan la jornada)

Tras nueve horas de coche y un desconcertante y fortuito paso por Toledo conseguimos, tomando el castillo de Luna como referencia, llegar a Alburquerque. A pesar de ser víctimas del llamado “síndrome de la clase turista”, las piernas entumecidas no consiguen empañar el júbilo que sentimos al tumbarnos en el anhelado camping. Un inesperado frío polar me hace evocar una de aquellas célebres frases de abuela, tal como “llévate una rebequita que por la noche refresca”, cuánta razón tenías y yo qué descarado por no hacerte caso.

Una vez con todo organizado, partimos hacia el pueblo donde se celebraría la primera jornada del festival. Nos sorprendimos al ver la Plaza de España abarrotada en torno a un pequeño escenario, en el cual De Viaje eran los encargados de endulzar el ambiente con su estético y pulido techno pop amoroso, al son de temas como “Quiero repetir” o “Te doy mi corazón”, además de una versión final de “Segundo Premio”. Mientras esto sucedía, decidimos realizar una parada en el bar de la plaza para reponer fuerzas. Sin previo aviso, el contoneo tímido y ligero del público se tornó en desinhibición a base de brincos y bailes con la llegada de Detergente Líquido. Pues su pop cotidiano y sarcástico sonaba mucho más enérgico en vivo. Fue el turno de “Poesía eres tú, Robocop” y la plaza vitoreó aquella sentida, e irónica por el contexto, frase de “No me gusta bailar” que hizo desvanecer cualquier complejo e incitó al frenesí. Sin duda, el momento álgido de una noche que llegaba a su fin, los más de setecientos kilómetros nos acabaron pasando factura. Aunque no partimos sin antes haber escuchado su versión de “Himno generacional #83”.

Viernes. Amanecimos observando el reflejo de venerados rayos de luz absorbidos por la tela de nuestras tiendas, permitiendo así el aporte de energía en forma de gratificante calor. Tras una gélida noche, la programación nos recompensaba con una serie de acústicos en la piscina municipal de Alburquerque. Incluso, la ausencia de Tórtel a causa de su recién estrenada paternidad (desde aquí nuestra más sincera enhorabuena) fue suplida con habilidad y premura, pues El Buen Hijo cubrió la baja con excelencia. Su sonido limpio, su frescura y su ingeniosa prosa permitieron crear un ambiente distendido y melódico e impidieron cualquier intención de permanecer tumbado en el césped. ¡Qué insolencia! Ni los nervios de excitación de la formación ni la ausencia de uno de los guitarristas nos privó, al término de la actuación, de exclamar jubilosos: “¡Viva la vida y el pop, y las historias llenas de ciencia ficción!”. A continuación, tomó el testigo Guille de La Casa Azul. El cual dejó a un lado los alardes electrónicos para resguardarse, únicamente, tras un piano y un acompañamiento de guitarra, lo que le permitió mostrar una vertiente más íntima y armoniosa de sus temas más cotizados, intercalados con alguna rareza poco habitual en sus sesiones. El acto concluyó con un “Todas tus amigas” aclamado por unanimidad.

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El Buen Hijo. Fotografía de la organización.

Tras una tarde relajada y reconfortante de acústicos y piscina, con la llegada del ocaso empezábamos a sentir apetencia por el nervio y la rabia que estaban a punto de ofrecernos los dos primeros grupos, quienes estrenarían el escenario Paseo de las Laderas.

Puesto que los acústicos se alargaron más de lo previsto, no nos quedó margen para acudir al recinto con calma. De modo que, sin pensarlo dos veces, emprendimos el viaje en sprint, en ningún momento nos planteamos otra posibilidad, ya que se trataba de dos de los grupos que catalogamos como imprescindibles para este festival y todo lo que fuese llegar tarde estaba descartado. Con el corazón presionando con vehemencia contra el pecho e hiperventilando, conseguimos ascender la ladera y tomar la primera fila, algo que no resultó difícil puesto que el público se situó a varios metros del escenario sin motivo aparente. Mejor, pensamos.

Los almerienses Galaxina fueron los primeros en enfundarse los instrumentos. Fue algo sencillo, natural y espontáneo. Su sonido envolvente, denso, abrumador y, por momentos, erótico nos embaucó, sin pedir permiso se apoderó de nuestros movimientos. Un sonido cargado de luces y sombras, tan nítido y esclarecedor como confuso, a la vez balsámico y perturbador. La banda supo transportar al directo, con maestría, el universo de matices y atmósferas que conforman su primer LP Evasión y Victoria (2016). Ésto lo consiguieron combinando a la perfección sus temas más sensoriales, de ritmo lento, y nutridos de riffs afilados e hirientes cual agujas (“Lejos de ninguna parte”), con otros más asociados al rock psicodélico y de mayor contundencia (“Cometa”). En resumen, les pedíamos “sólo una razón que me pueda convencer” y acabamos aturdidos de placer. Sin duda, uno de los mejores directos del festival, en el que incluyeron su versión de “La máquina de escribir” de Los Planetas.

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Galaxina. Fotografía de la organización

Mas los miembros de El Imperio del Perro no se quedaron atrás en este aspecto, ni mucho menos, y se alzaron con cierta facilidad y soltura hacia lo más alto del cartel. A pesar de que el ambiente no era para nada esperanzador: numerosas lagunas y un público distante y contemplativo. Otros grupos podrían haber decaído al observar la escena, pero estos sevillanos están curtidos en mil salas y estaban decididos a poner todas sus cartas sobre el tablero. Así lo hicieron, pues después de casi desfallecer en Galaxina, la potencia de la banda andaluza entró como una dosis intravenosa de combustible, en ese momento todo comenzó a carburar. Quedó constatado el viernes que ellos son algo así como hooligans del brit-pop, con alma rockera. En directo trascienden más allá de la mera interpretación de un setlist, derrochan tal cantidad de rabia y nervio que acaban impregnándote hasta la médula, de modo que se hace casi imposible mantener la compostura. Esta pasión y franqueza se complementa con letras incisivas y agresivas, que evocan imágenes perturbadoras como en “Buitres”, aún revolotean en nuestra sien los “veintidós buitres”. No les falta repertorio, pues pueden transitar en un mismo concierto desde la frustración punk con riff apoteósico incluido hasta temas de instrumentación más etérea y frases lapidarias, “Os odio a todos”. Los sevillanos se atrevieron con una versión de “Cumpleaños total”, una canción que les fue como anillo al dedo.

Además, tuvimos la suerte de poder conversar con uno de los integrantes de la banda en un entorno informal post festival. Tras ello, pudimos cerciorarnos de que son amantes de la música como todos nosotros y transparentes como el agua, les encanta crear un vínculo cercano con sus seguidores y recoger las impresiones sin intermediarios. Con todo, nos llevamos alguna recomendación musical que tendremos muy en cuenta.

El siguiente grupo en desfilar por el escenario del recinto fue Supertennis. Uno de los más esperados por el público natal de Alburquerque, puesto que se trata del conjunto bandera de la tierra pacense dentro de la “escena”. La banda desplegó con soltura su pop guitarrero y eléctrico. Variando entre canciones lentas y melódicas como “Mañana” o “Prisas” y otras vertiginosas y dinámicas como “Nada que perder”. Los extremeños se decantaron por versionar “Qué puedo hacer”. Con total seguridad podemos afirmar que el momento cumbre del concierto fue “Ruido”, una canción con pegada que incita a “bailar hasta la muerte”. Aún así, no fue una actuación épica, ni mucho menos. En nuestra opinión, les sobrepasaron las expectativas en torno a su recién estrenado disco, quizá expectativas “autoinfundadas” al escuchar el convincente LP.

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Supertennis. Fotografía de la organización.

A continuación, era el turno de la banda liderada por Miguel Rivera. El concierto de Maga estaba marcado en rojo en nuestro horario puesto que, como comentamos en la previa, se trata de uno de esos grupos que hay que ver, al menos, una vez en la vida. Esta fue nuestra oportunidad, hasta entonces no habíamos coincidido con los sevillanos. Hemos de reconocer que es harto difícil resistirse a la voz angelical de Miguel cuando te susurra desde primera fila. Una voz que, en ocasiones te mece a modo de brisa marina hasta envolverte y, en otras, te zarandea violentamente el alma como si de un viento huracanado se tratase. Más irresistible si cabe cuando suenan “Silencio”, “Diecinueve” o versionan “Segundo premio” de Los Planetas. Su último disco Salto Horizontal (2017) copó gran parte de la actuación, un trabajo que en directo sonó con una instrumentación más potente y solvente de lo que esperábamos. Personalmente, muy pocos fueron los momentos en los que me sentí fuera del concierto por no ser fiel seguidor de la banda y no conocer sus letras. Esto último siempre es algo positivo. Entre las canciones del último largo que más entusiasmo (y alguna que otra lágrima) generaron, se encuentran “Cuando nadie me escriba”, “Báltico”, “Por las tardes en el frío de las tiendas” o “Juego”.

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Maga. Fotografía de la organización.

No había tregua musical, el único descanso posible eran los 15 minutos entre concierto y concierto, descanso que aprovechamos para hacer uso de los económicos puestos de comida y bebida del recinto y sus alrededores, pues hemos de destacar la comodidad con la que se vivían las actuaciones, sin agobios, sin prisas, sin empujones. Podíamos realizar una serie de movimientos espasmódicos, a los que denominamos erróneamente como baile, sin preocuparnos de no tirarle la cerveza a nadie.

Con el vaso de cerveza recargado y el estómago satisfecho nos disponemos a disfrutar de uno de nuestros paisanos presentes en el cartel. Se trata de Viva Suecia. A diferencia de Maga, a esta banda hemos tenido el placer de verla en directo varias veces. Por ello, nos atrevemos a decir que el del Contempopránea fue un concierto atípico, precipitado. Las canciones se sucedieron de manera acelerada e, incluso, atropellada, no parecía el curso natural de un concierto de los murcianos. Lo que provocó que no fuese una de sus mejores actuaciones, sin duda. Independientemente de esto, mantuvieron buenos registros de distorsión y cadencia en sus guitarras y un sonido compacto, estruendoso y saturado, que son señas de identidad inequívocas del grupo. De igual manera, complacieron las demandas de los allí presentes con un setlist de “hits” tanto del reciente LP (“Hemos ganado tiempo”, “A dónde ir” o “El nudo y la esperanza” entre otros) como de su primer trabajo (“Bien por ti”, “Permiso o perdón” o “Los años”). Quizá fue esto, junto con su versión de “Santos que yo te pinté”, lo que les salvó de la quema.

El flujo de gente era creciente, el escenario principal empezaba a colapsar, algo grande se avecinaba. En efecto, La Casa Azul estaba a punto de poner en pie a todo Alburquerque. Tras su actuación en acústico, esta vez era el turno de su versión electrónica y bailable. El show empezó de forma dinámica con temas movidos y conocidos (“La fiesta universal” o “Esta noche sólo cantan para mí”), con un Guille Milkway ataviado, en esta ocasión, con su singular “piano-guitar”. Especialmente llamativa fue la puesta en escena, debido a la iluminación que ésta incluía, una especie de muro formado por cubos luminosos que componían imágenes y juegos de luces, los cuales dieron el toque retro inherente a la música de La Casa Azul. Todo fluía correctamente y el público estaba entregado, hasta que decidieron interpretar un par de canciones pausadas y con acompañamiento de piano. En esos momentos entre temas, se crearon silencios y esperas demasiado prolongadas que pudieron sacar de situación a algunos. A causa de esto el concierto se extendió más de lo esperado y resultó, por momentos, tedioso. Todo lo anterior resultaría anecdótico pues la actuación concluyó con una ristra de clásicos que dejaron un gran sabor de boca a los presentes (“¿Qué se siente al ser tan joven?”, “Los chicos hoy saltarán a la pista”, “La revolución sexual” y una entretenida versión de “Mi hermana pequeña”)

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La Casa Azul. Fotografía de la organización.

Una vez despejado el recinto, los madrileños Lecciones de Vuelo salieron a escena. Tras lo anterior, era necesario aumentar la cadencia para mantenernos en pie, y así lo hicieron. De este modo, desplegaron un power pop de picos y cambios de intensidad enérgicos y estimulantes. Cumplieron su rol sin mayor pretensión. Los madrileños dieron paso a Las Odio, un concierto que empezó con mal pie desde el arranque y así continuaría hasta la conclusión. Suponemos que una mala afinación de alguno de los instrumentos les obligó a abandonar el escenario durante casi diez minutos al poco de comenzar. Al regresar, prosiguieron con la interrumpida “Blackout” para mostrar un sonido caótico y, a veces, embarrado, acompañado de algún berrido esporádico, disimulado con toques de pandereta. La estupefacción era patente en el ambiente. Sinceramente, esperamos que esto fuese causado por un problema técnico o un mal día, y que no sea la tónica habitual del cuarteto, pues aguantamos expresamente para escucharlas ya que es un grupo por el que tenemos afición.

Esta sensación agridulce no empañaría lo que, a fin de cuentas, fue una estupenda jornada de conciertos, vigorosa, sensorial y extenuante.

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Descubrimientos, bailes y emoción en la segunda jornada del Vida Festival

Tras un una intensa jornada de calentamiento el jueves del Vida Festival, el segundo día comenzaría a primera hora de la tarde en el que seguramente sea el escenario más mágico del festival, si bien de nuevo serían los grandes nombres del cartel los que nos emocionarían especialmente. Aun así, nuestro descubrimiento del festival tendría lugar en La Cova y el concierto más satisfactorio, en la Cabana.

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La culpable de que nos acercáramos hasta el escenario El Vaixell (el barco) era la cantautora Pavvla. La artista respiraba emoción a causa de encontrarse, literalmente, en casa. Sin duda, lo transmitió en una canciones que derrochaban sencillez y dulzura, y que si bien pudieron hacer que el set llegara a hacerse monótono, sin duda se desarrolló en el momento y el lugar idóneo para disfrutar de la catalana por primera vez.

No éramos conscientes de a qué nos enfrentábamos cuando decidimos ir hasta La Cova de Movistar para descubrir el directo de Tórtel. Pese a los pequeños problemas técnicos que sufrieron los valencianos, el pop de temas como ‘La gran prueba’, ‘La casa de hojas’ o ‘Nadie se parece a nosotros’ nos enganchó desde el primero de los temas, y lejos de lo que podía parecer en un principio, resultó no ser nada simplón, al estar instrumentado por un juguetón sintetizador y una hipnótica batería electrónica. Sin duda, el grupo valenciano se ha ganado un fan gracias a su concierto en el Vida Festival 2017.

Volvimos al idílico barco y sorprendentemente, nuestra paisana Lidia Damunt había congregado una importante cantidad de público. Y con el salero característico del sur de España y en especial de nuestra tierra, entre tema y tema se ganó al público de Vilanova i la Geltrú con los comentarios previos a sus divertidas canciones como ‘La Caja’, ‘Bolleras como tú’ o ‘Cambiábamos la historia’. Y todo, mientras luchaba contra los problemas con el cable de su guitarra y bebía  una cerveza echando de menos nuestra querida Estrella Levante.

Tras reponer fuerzas para aguantar lo que nos quedaba por delante (que no era poco), nos acercábamos a ver a los americanos Dr. Dog sin saber nada de ellos previamente. Lo poco que disfrutamos de ellos nos pareció ligeramente plano, pero con una propuesta interesante aunando powerpop, psicodelia y rock sureño. Aún así, acudimos a la llamada de La Cabana, donde tras 5 años de silencio, The Secret Society, capitaneados por Pepo Márquez, dieron sin duda uno de los  mejores conciertos de todo el festival. La banda madrileña interpretó únicamente sus temas, o más bien hits, en castellano; incluyendo canciones del que será su más que esperado próximo álbum. Sobre los ya clásicos temas advirtió que tal vez ya no disfrutaríamos de más letras de claro desamor, pero ‘La casa junto al mar’, ‘Parte de guerra’ y el himno ‘Las pistas falsas conducen al desamor’ sonaron como pocas canciones este fin de semana, dejándonos un inmejorable sabor de boca.  Sin duda, todos los ahí presentes éramos verdaderos fans del grupo, razón por la cual nos fue indiferente el doloroso solape del final del concierto con la mitad del set de Devendra Banhart. Según nos comentaron, el medio texano medio venezolano interpretó sus temas emblemáticos al principio de su set, pero afortunadamente llegamos justo para disfrutar de las resultonas ‘Fancy Man’ o ‘Fig in Leather’, incluidas en el disco que actualmente está presentando en Europa, ‘Ape in Pink Marble’. Además, se acordó de un artista muy querido por todo melómano y en este blog al versionar ‘Sound & Vision’ de David Bowie.

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Sin perder tiempo alguno, partimos al escenario La Masía para disfrutar de uno de los grupos más esperados del festival. La psicodelia de Real Estate llegaba al Vida Festival para presentar la última referencia del grupo, ‘In Mind’. Pese a ello, todo el set se desarrolló intercalando temas de toda su discografía como en la primera suceción ‘Stained Glass’, ‘Crime’, ‘Same Sun’ y ‘Had to Hear’. Pese a ello, fue sin duda el final del set con lo que el grupo natural de New Jersey se coronó, cerrando el mejor concierto de la jornada con esos hits que son ‘Horizon’, ‘Wonder Years’ y el himno ‘It’s Real’. Si te gustan los espectáculo musicales, el concierto que darían posteriormente The Flaming Lips era tu sitio. Lamentablemente, el grupo británico dejó lo musical en segundo plano y de toda su extensa discografía sobresalieron únicamente ‘Yoshimi Battles the Pink Robbots Part 1’, el cierre con la genial ‘Do You Realize?’ y la particular versión también de Bowie. En esta ocasión, el grupo apostó por el himno ‘Space Oddity’.

Nuestro cierre del festival tenía que ser necesariamente con nuestra primera ocasión de ver en directo a La Casa Azul. El concierto dio el pistoletazo de salida con ‘Podría ser peor’, el hit regreso de la banda, para así dar paso al extenso repertorio de hits que sin duda valen para condecorar al grupo de Guille Milkyway con el título de mejor grupo de pop de España. ‘La Nueva Yma Sumac’, ‘Los chicos hoy saltarán a la pista’ o ‘Chicle cosmos’ fueron los pilares de un concierto y un fin de noche que alcanzó su clímax con esa ‘Revolución Sexual’ que terminó de hacernos quemar suela y bailar como si no hubiera un mañana.  Sin duda, este segundo día fue el más intenso del festival, si bien aún quedaba una jornada por vivir que acabó por grabarse a fuego en un servidor.

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Vida 2017: Nuestra ruta de imprescindibles

Tras anunciar los horarios de las actuaciones para su edición de 2017, el Vida Festival anunció hace 4 días la distribución por escenario. Aprovechamos esto para dejarnos nuestra ruta de imprescindibles para el festival que tendrá lugar los días 29 de junio a 2 de julio, si bien es cierto que nos ha sido muy difícil trazarla.

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El Contempopránea de Alburquerque celebrará los 20 años de Los Planetas

Uno de los festivales más auténticos de nuestro país, el Contempopránea, celebrará los 20 años que cumplen un grupo icónico como son Los Planetas en su edición de la ciudad de Alburquerque, que se celebrará los días 21 y 22 de julio.

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Sin duda, Los Planetas, te gusten o no (en este blog gustan, y mucho), son uno de los grupos más icónicos del panorama indie nacional, y han influido en casi todos los grupos que actualmente llenan los carteles de los festivales y están en la programación de las salas de nuestro país.

Así, grupos veteranos como La Casa Azul, Automatics, Maga o la Bien Querida estarán en la ciudad de Alburquerque acompañando al grupo homenajeado. También habrá lugar para grupos más jóvenes pero consolidados como son El Último Vecino, Papá Topo o Tórtel. Así mismo, la lista de grupos emergentes es sin duda muy nutrida e interesante, con nombres como Las Odio, Apartamentos Acapulco o Detergente Líquido. Además, entre tanto nombre nacional y de buenísima calidad encontramos a dos grupos de los mas interesante de nuestra Región de Murcia: unos muy en forma Viva Suecia y los geniales La Maniobra de Q, grupos que no nos cansamos de ver en directo.

Cómo una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejamos el cartel completo de los grupos confirmados hasta el momento (a falta de Alexandre Lacaze, confirmado ayer mismo en las redes sociales del festival)

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Además los grupos que participarán en el festival homenajearán de verdad al grupo granadino que está de aniversario, pues interpretarán cada uno una canción de Los Planetas, momentos históricos que no nos podemos perder. Si tú tampoco quieres dejar pasar este maravilloso festival, puedes hacerte con tu entrada en en la web del festival. Para ir abriendo boca, os dejamos el teaser del festival:

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4 nuevas confirmaciones para el Low Festival

Tras anunciarnos la semana pasada el regreso de El Columpio Asesino a los escenarios entre su tanda de confirmaciones, hoy el Low Festival ha añadido 4 nombres al cartel del festival, que recordemos, se celebrará entre los días 27 y 30 de julio en la ciudad levantina de Benidorm.

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Sin duda, los dos nombres más grandes de la las cuatro bandas confirmadas esta mañana son dos grandes mitos del pop patrio. Por un lado, el grupo liderado por Alaska, Fangoria, presentará su próximo álbum, ‘Canciones para robots románticos’ y nos dejará otros grandes tema de su discografía como “Geometría polisentimental”, “Dramas y comedias” o “Retorciendo palabras”. Os recordamos que también podremos disfrutar de ellos en nuestro nuevo WAM Estrella Levante.  Y por otro, el regreso de La Casa Azul, el grupo liderado por Guille Milkiway, quienes desvelará, temas de su próximo álbum “La Gran Esfera”, que se publicará este mismo año y del que ya se ha podido escuchar “Podría ser peor”. Con esto, vemos que la banda catalana girará y estará presenta en varios festivales este verano, como ya podíamos preveer con su confirmación por parte del Vida Festival. 

Por último, tras un parón de 3 años en el formato live, la confirmación de Ojete Calor nos hará disfrutar del subnopop del dúo formado por Carlos Ojete y Aníbal Calor, encarnado por temas como ‘Viejoven’, ‘Corre Sarah Connor’ o las canciones del que será su próximo álbum, del cual ya conocemos la genial ‘Tontagilipó’, entre otras. Por último, el sexteto madrileño Las Chillers llevará hasta Benidorm su show repleto de los grande himnos de la escena nacional.

Estos 4 nombres se unen así a un cartel que encabezaban bandas como Pixies, Franz Ferdinand y que cuenta con la presencia de otros geniales grupos como Triángulo de Amor Bizarro, Los Punsetes, Nada Surf o Biznaga, etc. Además, este año el festival  nos ha preparado una fiesta de bienvenida en la playa para el día 27 de julio. Los abonos para el festival, que se pueden conseguir en su web, costarán 66€ hasta esta noche, cuando el precio subirá.

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El Vida Festival empieza fuerte su apuesta para 2017

La semana pasada un autobus misterioso se paseaba por importantes ciudades de nuestro país. El vehículo nos mostraba el nombre de unos viejos conocidos: The Flaming Lips. El pasado viernes, en pleno Welcome Estrella Levante (pronto crónica), el misterio llegaba a su fin: En la primera fiesta de bienvenida del Vida Festival, con la actuación de Enric Montefusco (Standstill) se anunciaba que el grupo de Oklahoma actuará en el Vida 2017.

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El grupo americano presentará su primer disco original tras ‘The Terror’, que publicaron en 2013 y fue sucedido por ‘With a Little Help from my Fweds’, en la cual versioaban a The Beatles. El disco, titulado ‘Oczy Mlody’ verá la luz ya en 2017, el 13 de enero es la fecha prevista apra su lanzamiento.

Esta confirmación se une a los dos nombres que el festival nos dejó antes de que acabara su potente edición de 2016: Real Estate y la vuelta a los escenarios del mítico grupo La Casa Azul. Sin duda, con estos 3 nombres el próximo Vida Festival se presenta de nuevo como una de las grandes citas de la temporada festivalera, y desde El Final del Círculo vamos a procurar no perdernoslo esta vez.

Para los más previsores, ya se pueden comprar algunos abonos a partir de 55€ en la página web del festival.

Os dejamos con ‘The Castle’, adelanto del próximo disco que The Flaming Lips presentará en el festival:

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