Crónicas, Festivales

Low Festival Domingo 30 – ¿Para siempre?

Comenzamos el último día de festival con las expectativas bien altas. El primer concierto de la jornada era la actuación del colectivo de rap/trap Agorazein (AGZ para los amigos) bajo el sol abrasador del escenario Matusalem. Y pese a que quizá desentonaba un poco con la tónica general del festival, era un concierto que (casi) todos esperábamos ver. Pero la decepción cayó como un jarro de agua fría tan pronto como cruzamos la puerta del recinto y quedaron patentes los graves problemas técnicos con los que tuvo que lidiar el colectivo liderado por C Tangana. Al llegar finalmente al escenario descubrimos, a nuestro pesar, que apenas se oyen las bases de las canciones, y mucho menos los potentes bajos que las caracterizan. No exagero cuando afirmo que el volumen del público cantando los temas era mucho mayor que el de las voces (o el autotune) de los tres críos (en palabras de RTP) vestidos en chándal subidos ahí arriba. Los cuales, independientemente del sonido, olvidan más de una estrofa mientras cantan, o mientras C Tangana, a modo de maestro de ceremonias, intenta animar a un público totalmente venido abajo y arranca con Espabilao. Canto Superreservao, tema por el que siento especial predilección, escuchándome más a mí que a la música; es un quiero y no puedo. Con 100k Pasos parece que mejora algo el volumen, pero ya es demasiado tarde, y acaba el concierto dejándonos un amargo sabor de boca. Sólo puedo pensar que no era otro sino Nega quien estaba en la torre de sonido.

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Agorazein (foto oficial del Low Festival por Javier Rosa)

No nos quitamos el mal sabor de boca ni con el agua que proporciona la bendita fuente de la que dispone el festival, y decidimos no movernos del escenario Matusalem. Esta vez sí queríamos estar bien dentro del meollo. Acto seguido, Triángulo de Amor Bizarro hacen su aparición y comienza a sonar el pesado ritmo de Gallo Negro se Levanta. Casi he perdido la cuenta de las veces que he visto en directo a estos gallegos, pero he de decir que esta vez fue especial. De verdad que creo que no son conscientes del ruido y el caos (en el buen sentido, por supuesto) que arman aquí abajo. No podemos reprimirnos y nos zambullimos de lleno en la vorágine que se forma conforme aumenta la tensión en cada canción. Llega Amigos del Género Humano y todo acaba por explotar. Saltamos y chocamos como si un terremoto sacudiese el suelo de Benidorm, mientras no dejamos de corear a pleno pulmón el estribillo de Baila Sumeria. Acabamos sin un ápice de aliento en nuestros pulmones.

Una vez recuperados, dedicamos algo de tiempo a entonarnos antes de partir hacia el escenario principal. Mención especial a Charlie por las copas que pudimos disfrutar gracias a su bondad y misericordia. Las cuales hicieron, por otro lado, que la respuesta al eterno debate (¿meternos de lleno en el concierto o quedarnos algo fuera para bailar?) fuera contestado rápidamente: queremos bailar con Lori Meyers, como profetizó el frontman de Sidonie. Y empieza a sonar Planilandia, y nosotros empezamos a movernos al ritmo de los granadinos. Y Lori suenan impecables. Pero en mi opinión, falta algo. Pese a que traen consigo todo un espectáculo visual (con enormes pantallas LED) y su ejecución es brillante, no montan la fiesta que antaño habrían armado. Echo en falta un Noni totalmente desinhibido que jalee a las masas. A esto se suma el hecho de que las canciones del nuevo disco (Zona de Confort, Todo lo que dicen de ti) se prestan a tocarlas con mimo, cuidando los detalles, además de que la mayoría de ellas tiene un sabor baladero. Eso sí, cada arreglo es cuanto menos oportuno y pertinente, y el conjunto entero suena espectacular. De cualquier manera, coreamos sin pensarlo canciones que son ya himnos consagrados, como El Tiempo Pasará o ¿Ahá han vuelto?, sin olvidar Mi Realidad y Emborracharme, con la que el público acaba, cómo no, de enloquecer. A mí, por otra parte, se me ha pasado el ciego. Ponemos rumbo de nuevo al escenario Matusalem.

Es el último día, y se nota; el cansancio hace mella en nuestros pies. Y como no es la primera vez que vemos al genial Xoel López en directo (sin ir más lejos lo vimos en la pasada edición del Low), decidimos verlo alejados, sentados en el césped del escenario Matusalem. Para ello, tuvimos que sacrificar asistir al concierto de Geografies, de lo cual admitiré que me arrepiento. Pero he de reconocer que con Xoel siempre se pasa un buen rato, aunque no sea la hora más adecuada para un concierto así (en mi opinión, Xoel y AGZ deberían haberse intercambiado sus respectivos horarios). Sea como sea, el cantautor gallego sabe perfectamente dónde está y qué hora es. Y por ello su setlist estará repleto de canciones de Deluxe, como es el caso de Reconstrucción e Historia Universal, que permiten meter más caña que las canciones de sus dos discos en solitario. Y deja Tierra para el principio, porque por mucho que nos guste no es hora para una canción así. A partir de ahí, Xoel se adueñará del escenario, sin soltar su guitarra eléctrica más que para interpretar algunas joyas como son De Piedras y Arena Mojada y la preciosa Hombre de Ninguna Parte, que llena el escenario de ritmos y melodías tropicales. Aprovechamos para cenar y dar una vuelta, sin alejarnos mucho del escenario.

Y es que El Columpio Asesino eran los siguientes en subirse a él. Comienza una línea de bajo constante que no parará hasta que se bajen del mismo, como si fuese un latido que no cesa. “Arde Babel, arde Babel, arde Babel con sus torres de papel”. A partir de ahí somos testigos de cómo crece la tensión en cada uno de los temas. Se puede palpar en el ambiente, se puede cortar. Como si estuvieran pisando el acelerador en medio de una carretera desierta (con un perro reventado en el arcén), todas las canciones son un crescendo que no acaba de estallar. Suenan Perlas, y como si nos hubieran oído pedirla, empieza Ballenas Muertas en San Sebastián, que suena más oscura que nunca. Y los que están subidos en el escenario parece que están aguardando algo, como un cazador agazapado esperando a su presa. A veces me dan hasta miedo. Son los gritos y gemidos espontáneos que se oyen a veces, y esa línea de bajo que sigue sonando, incansable. Hasta que llega Toro, y la noche alcanza su clímax. “Te voy a hacer bailar toda la noche. Toda la noche.” Con este verdadero himno ponen fin a la escalada de tensión que ha sido su concierto, que ha sido más un thriller que otra cosa. Y con este concierto ponemos fin a nuestra segunda edición del Low, porque nuestros cuerpos necesitan un respiro. Decimos adiós a Benidorm una vez más, esperamos poder volver el año que viene.

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El Columpio Asesino (foto oficial del Low Festival por Liberto Peiró)

Una última mención especial a La Guardia por protegernos en las oscuras noches de camping.

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Low Festival Sábado 29 – Ping pong

Me consuelo diciéndome que la intención es lo que cuenta. Porque pese a que empezase a unas tempranas 19:30 en el escenario Matusalem, me hacía especial ilusión asistir al concierto de The New Raemon y McEnroe, aunque no fuese la primera vez que veía a Ramón Rodríguez y Ricardo León actuar conjuntamente. De cualquier manera, un retraso en el autobús que nos llevó del camping al festival nos hizo perdernos la mayor parte del concierto. “Ya se ha acabado nuestro disco”, escuchamos decir a Ramón nada más llegar. Lo que siguió a partir de aquí fueron temas de los dos músicos en solitario, con lo que pudimos disfrutar de temas mayúsculos como La Palma o Rugen las Flores, por parte de McEnroe, y Reina del Amazonas por parte de Ricardo, todas ellas versiones más intensas de lo normal. Bajo un sol no poco intenso, he de añadir.

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Sidonie (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Acto seguido ponemos rumbo al escenario principal (en el que por suerte predomina la sombra) para escuchar, en mi caso por primera vez, a Nada Surf. Y pese a no haberlos escuchado mucho (ni saberme mucho menos alguna letra), el simpático trío neoyorquino no deja a nadie fuera de su concierto. Hacen partícipe a todo el mundo en la mayor parte de las canciones, las cuales suenan potentes y sólidas, potenciadas por la actitud de cada uno de los miembros del grupo. Hasta el punto de que el bajista, que es español, traduzca en tiempo real algunas estrofas, y pidan ayuda al público para que elija qué tema tocar para cerrar el concierto (Popular), que se ha hecho entretenido hasta para alguien que no los ha escuchado prácticamente nada. Sin duda se merecen una escucha más en profundidad por mi parte.

Ya de nuevo en el escenario Matusalem (porque eso es lo que tiene el Low, a veces pareces ser una pelota de ping-pong entre escenarios) nos sentamos en el césped para escuchar vagamente y de lejos a Neuman (Paco Román), paisano por el que sentimos especial predilección. Y a pesar de todo, en mi opinión, al conjunto murciano le falta una potencia que sí tuvo en otro momento, que hace que el público a esa hora de la noche no acabe de conectar. Con la interminable (para bien o para mal) Sil Fono, volvemos a dejar atrás el escenario mediano para ponernos rumbo al escenario principal para el concierto de Sidonie.

Pero la mayor parte de la gente había tenido nuestra misma idea, y de repente nos vemos inmersos en la marea de gente que se suele formar cada vez que la gente se mueve en masa hacia el escenario Estrella Damm, efecto engrandecido por las escasas entradas al mismo. Así que decidimos nuevamente subirnos a las gradas (benditas sean) para contemplar el océano de cabezas que se acaba de llenar, así como el verdadero espectáculo que iba a organizar Sidonie momentos después, pues montaron la que podría ser considerada la fiesta del POP. En mayúsculas. Con Marc Ros como maestro de ceremonias, una banda que disfruta en el escenario y un público totalmente entregado, interpretan cada tema como si fuera una celebración (Os Queremos, Siglo XX, El Peor Grupo del Mundo) para alcanzar el pico de la catarsis con el que ya es todo un himno festivalero, Carreteras Infinitas. Cantamos y bailamos todos y cada uno de los temas, porque hacen de su fiesta ahí arriba la nuestra, sin dejar a nadie fuera, como en No Sé Dibujar un Perro, en donde sacan carteles con la letra de la canción. Finalmente, Estáis Aquí pone la guinda a un concierto que ha sido, solo de batería incluido, puro espectáculo.

Tras vagar sin rumbo buscando un merecido trozo de césped en el que descansar, y después de ver el escenario Matusalem (totalmente a reventar) con Viva Suecia subidos en él, volvemos al escenario principal para ver otra de las grandes citas del festival, ni más ni menos que Franz Ferdinand. Y en ese momento surge el eterno debate que nos perseguirá hasta el fin de nuestros días: ¿nos metemos en medio de la gente o nos quedamos más atrás para poder bailar a gusto?  Tras encontrar un buen sitio, empezamos a saltar nada más empezar a sonar la música. Y no dejamos de saltar hasta que terminó. Porque si alguien sabe hacer saltar a todo un festival son los de Glasgow. No You Girls, Michael, Love Illumination, nos hacen empapar toda la camiseta. “Yo no me vuelvo a meter en un concierto” oigo decir a RTP, totalmente cubierto en sudor. Pero eso es una buena señal, supongo, lo de sudar y quedarse afónico. Para terminar, con la archiconocida, archicoreada y architodo Take Me Out, pegamos unos últimos y enérgicos botes sincronizados con las miles de personas que estábamos allí, y decidimos abandonar el escenario sin que hubiera terminado aún el concierto. Es lo que pasa cuando no cierras tu setlist con tu mejor tema.

Y ping-pong. Estamos otra vez de vuelta en el escenario Matusalem para ver a Los Punsetes, esta vez con mucho más aire fresco que respirar y la posibilidad de coger una pulmonía de tan calados que íbamos. A pesar de que no es la primera vez que los vemos (RTP escribió una genial crónica de su paso por Murcia el pasado mayo), nunca dejará de sorprenderme, fascinarme e inquietarme a partes iguales la puesta en escena de Ariadna, que más que humana parece una estatua vestida con una alfombra persa. Las dos guitarras comienzan a rugir, en violento contraste con la melódica voz de la vocalista.  A RTP y a mí no nos gusta reprimirnos, y no hacemos sino darlo todo un tema tras otro, porque no es para menos. “El águila calva solo quiere estar muerta”. Se me pone la piel de gallina; la muerte en Los Punsetes no es sino un tema más del que hablar. “Esto es lo que pienso de tu puto grupo”, nos escupe Ariadna en la cara. Y nos gusta. Viva, joder, viva.

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Nada Surf (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Después de algo así, reconozco que no nos apetecía tocar a The Hives ni siquiera con un palo, así que decidimos descansar en una parcela de césped húmedo, mientras escuchamos a la multitud cantar Walk, Idiot, Walk. Y cuando llega la hora, volemos al Matusalem, esta vez para presenciar un espectáculo totalmente diferente. Son Delorean los que están ahí arriba, uno de las bandas que más ganas tenía de ver en el festival. Porque me parece que lo que hacen es elegante. Ni es electrónica, ni es indie, es algo sobrio y estético. Con la portada de Muzik, su último álbum, de fondo, interpretan sin apenas despeinarse la mayor parte de los temas del mismo, superando con creces mis expectativas sobre cómo iban a sonar en directo. Y te hacen nadar en el mar de figuras geométricas que evocan sus arpegios, y descansar sobre el colchón que son los bajos, mientras te envuelve la atmósfera que crea la voz principal. Son verdaderos expertos en construir ritmos. Suenan los temas del nuevo disco, así como Giro, de su último EP, y temas más antiguos y orgánicos como la genial Dheli, mientras no dejamos de movernos. Cuando acaba no podemos sino dar por concluida esta segunda e intensa jornada de festival.

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Low Festival Viernes 28 – Más pixiestas que los Pixies

Lo reconozco, os he mentido. Realmente nuestro paso por Benidorm con motivo de esta edición del Low Festival (la segunda para servidor y un par más de los allí presentes) comenzó un día antes, en el que nos dedicamos a instalarnos sin prisa ninguna en el Camping Armanello. A instalarnos y a beber, claro. Y todo ello intentando que no nos echasen del camping durante la primera noche. Mientras la mitad de nuestra gente iba a los conciertos de bienvenida en la playa (reconozco que me quedé con ganas de ver a Rusos Blancos), nosotros nos quedamos inaugurando un par de botellas de whisky y escuchando trap y música nacionalista gallega a un volumen que no acababa de convencer a la seguridad del camping.

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Ambiente escenario Jägermusic (fotografía oficial del Low Festival por Diego Garnés)

Fue al día siguiente (ahora sí, viernes 28) cuando el festival dio el escopetazo de salida. Pero nosotros tampoco llevábamos mucha prisa. Obviando el hecho de que era el día más flojo del festival (los Pixies me perdonen), por experiencias pasadas, sabíamos que no era la mejor idea estar allí demasiado pronto. Así que nos acercamos directamente a ver a Kokoshca, abriéndonos paso, ya de noche, hasta el escenario Wiko. La joven formación abre el concierto con Mi Consentido, y pese al hecho de que quien no baila es porque no quiere, se echa en falta algo más de desmelene en la actitud de los miembros del grupo, quienes sin embargo bordan todos los temas del setlist, incluyendo Serengueti y la coreada El Escultor.

Tras el buen rato que pasamos, nos dirigimos, como quien va a misa a con 9 años (por lo de obligados), a por la cita grande del festival. Eso, sí, también sin prisa. Después de ser adelantados por los que más ganas tienen de ver a los magnificentes Pixies, mi acompañante (Coy, al que me dirigiré como RTP en las siguientes líneas), andamos con parsimonia viendo la marea que se está formando a nuestro alrededor. No estamos muy por la labor de ser una cabeza más en ese océano de variopintos cabellos, así que decidimos quedarnos en las gradas. Ahí, suponíamos, podríamos disfrutar del concierto tranquilamente desde la distancia, sin molestar a nadie con nuestra irrespuetuosa actitud. Pero nada más lejos de la realidad, pues no solo se supone que estábamos obligados a conocer y venerar a los de Boston, sino también a guardar sacro silencio mientras tocan, ante los estufidos y el patente malestar de algunas personas presentes en la grada con nosotros. Aún así, no podemos tomarnos en serio la surrealista petición de silencio que recibimos en medio de un festival, y RTP y yo seguimos con nuestra charla. ¿Debería disculparme por no saber apreciar la magnificencia de un grupo de tal importancia? Tengo 20 cortos años. ¿Debería disculparme por no haber escuchado a los Pixies durante mi infancia? Yo he crecido con Melendi por un lado y con Mike Oldfield por el otro, y puedo decir que estoy muy orgulloso de lo que soy. He crecido sin los Pixies. Eso sí, sé apreciar el calibre y la repercusión de un grupo internacional como este, y se notan a la legua los años y los miles de escenarios llenos que llevan a la espalda. Pero no me hace gracia que me manden callar en medio de un festival, como si interrumpiésemos los oficios en un templo oficiados por el mismísimo Papa. Escuchados por gente más papista que el Papa. Y de verdad que siento no poder hablar más sobre los Pixies. Sólo conozco Where Is My Mind, cuya icónica guitarra introductoria escuchamos mientras empezamos a abandonar la grada, antes de que el escenario se vacíe.

Tras reunirnos con el resto del grupo, nos acercamos al escenario Matusalem para echar unos agradables bailes con Roosevelt. Ofrecen una música de baile realmente atractiva, interpretada con instrumentos (lo que la hace más meritosa mi juicio, al no limitarse a reproducir bases pregrabadas), acompañada de una voz que se parece, y mucho en ocasiones, a la del frontman de Foals.

La siguiente cita del día será con La Casa Azul, formación liderada por el archiconocido y prácticamente omnipresente Guille Milkyway, por lo que acudimos al escenario principal con bastantes expectativas, las cuales se vieron mayoritariamente satisfechas, si no fuera por el hecho de que el mencionado intérprete no consiguió medir del todo bien los tiempos. Porque pese a que sea total e irremediablemente inevitable evitar bailar con temas como Podría Ser Peor o Todas Tus Amigas, hubo momentos en que el ritmo cayó de manera abrupta durante la segunda mitad del concierto, y el público con él. Remontando al final, eso sí, con La Revolución Sexual, el tema emblemático de la casa.

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Biznaga (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Biznaga era lo que quedaba por tachar de la lista ese día, así que ponemos rumbo al escenario Wiko, donde empezamos la jornada. Intentando reunir energías para lo que estábamos a punto de presenciar, porque la que montaron los madrileños en un momento es digno de admiración. Y es que con los ritmos frenéticos del batería, que más que humano parece un incontrolable animal salvaje, las ollas en el pequeño escenario se forman casi instantáneamente. Fiebre. Fiebre. Fiebre. Nigredo. La voz es totalmente desgarradora, las guitarras resuenan como truenos. Y a la que se dan cuenta, se les acaba el tiempo. Una Ciudad Cualquiera y Mediocridad y Confort suenan enlazadas. Ya ha pasado la tormenta por Benidorm.

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Alburquerque, un paraje singular (Capítulo 2: Los Planetas se disuelven en su propio homenaje)

Tras dos jornadas frenéticas, el agotamiento era patente, se avecinaba la fecha clave, el día señalado. El paso por Alburquerque había resultado realmente gratificante y prolífero, su ambiente hogareño, hospitalario y afable nos cautivó. Como mencionamos en la anterior entrega, el principal atractivo de este festival fue la ausencia de aglomeraciones, el desahogo con el que se degustaban los conciertos que permitía, paradójicamente, una proximidad inusual entre espectador y artista, siempre y cuando ambos estuvieran por la labor. De igual manera, son perceptibles el cuidado y el decoro con los que se atiende cada detalle.

Una vez dicho esto, la sesión del sábado dio comienzo con un conjunto murciano. Los experimentados integrantes de La Maniobra de Q desplegaron su noise pop abrumador en el Escenario de las Laderas. La banda nos mostró un sonido que impregnaba como el rocío sin apenas percibirlo, expansivo  y de contrastes, con un dúo vocal que, por momentos, se desvanecía con sutileza entre sonidos de guitarras y arreglos de sintetizador. Entre su repertorio incluyeron temas de su último disco El Daño Está Hecho (2015) como “Jugar con fuego”, así como una versión de “La caja del diablo”. Una pena no haber podido presenciar la actuación íntegra, mas nos queda el consuelo de que podremos disfrutarlos por las salas de la Región.

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La Maniobra de Q. Fotografía de la organización.

A continuación, La Bien Querida se enfundó la guitarra acústica y se situó en el eje del escenario. Una propuesta arriesgada, aunque poco sorprendente. En nuestra opinión, fue una decisión errónea, pues el concierto resultó en su mayor parte insulso y descafeinado. Ni los acompañamientos esporádicos de guitarra eléctrica pudieron revertir la situación. A pesar de ello, intuíamos lo que nos podía deparar la actuación, pero pensamos que se podría haber llevado por un cauce más dinámico y atractivo. “A veces ni eso” y “Poderes extraños” fueron de los pocos instantes en los que contemplamos a los asistentes despertar del letargo.

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La Bien Querida. Fotografía de la Organización.

“Condenados a entendernos”. Apartamentos Acapulco entraban en escena. Nos invadió, por un segundo, el desasosiego al pensar que no conseguirían trasladar al directo, con integridad, todos los matices que conforman su LP debut. La duda se disolvió con asombrosa facilidad entre bruma y cantos volátiles, frágiles y punzantes, interpretados casi como plegarias. Pues la banda granadina alcanzó la plenitud sonora. Nos resultó llamativa la contundencia y consistencia de su sonido en vivo, características impropias de una formación “primeriza”. Todo ello acompañado de exquisitos y prominentes cambios de intensidad, donde se aunaban elegancia y fiereza, sutileza y brusquedad, simplicidad y ornamentación. Resultó imposible no sucumbir cuando interpretaron temas como “Scarlett”, “Romance de verano” o “Juan sin miedo”. Además, tuvimos la fortuna de compartir unos minutos con dos de sus integrantes, y nos comentaron que el disco no había surgido como un único concepto, sino que era fruto de una recopilación de momentos y experiencias distantes en el tiempo.

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Apartamentos Acapulco. Fotografía de la organización.

Pasada la medianoche llegaría el punto de inflexión del festival, el momento más deseado y temido en dosis iguales. Todo había sido cuidadosamente preparado para el confort de los homenajeados. Tras un chascarrillo tosco y un intento de vídeo conmemorativo, Los Planetas abrieron la veda, de manera acertada, con “Islamabad”. A partir de aquí todo se torcería. Pues la apatía que exudaba la banda hacia el público y hacia el festival, que había dedicado tres días y una edición para rendirles tributo, superó los límites del rol de rockstar podrida de ego, y alcanzó tintes insultantes, únicamente espetaron un escueto, frío e inteligible “gracias”. Una actitud sobradamente conocida en la formación de Jota, pero que no por ello deja de ser menos indignante, pues parecen haber sido poseídos por el narcisismo más rancio. Quizá, y ojalá, esté completamente equivocado, mas ésta es la imagen que proyectan a su público. En los conciertos de Los Planetas hay dos opciones: o bien limitarte a contemplar una insulsa y rígida interpretación de un setlist, sin alardes, ni mucho menos improvisaciones; o por otro lado, abstraerte de lo que sucede en el escenario y evocar aquellas imágenes y recuerdos a los que, inconscientemente, has asociado esos temas que han marcado una época a lo largo de tu vida. Si te dejas llevar por la vertiente emocional y optas por la segunda opción, es completamente imposible que no disfrutes un concierto suyo, porque esas canciones forman parte de tu esencia, están incrustadas en tu sien. Mas, seamos realistas, ellos no van a hacer nada para hacerte sentir especial, eso corre de tu cuenta. Con motivo de esto, una duda rondó mi cabeza durante el concierto y es que si, por lo que se percibe, no les apetece tocar y hacer bolos, ¿por qué lanzan un nuevo disco e inician una gira? Creo intuir la respuesta, pero espero estar equivocado.

De igual manera, quedó demostrado tras la actuación que el último disco no es compatible con el formato de festival. Exceptuando tres canciones, el resto resulta demasiado denso e indigerible para asimilarlo de pie y con tantos conciertos a la espalda, un buen ejemplo es “Guitarra roja”.

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Los Planetas. Fotografía de la organización. 

Con todo esto no quiero decir que vaya a dejar de ser fan de Los Planetas, para nada, seguiré escuchando mis discos, emocionándome con ellos en soledad y contemplando las novedades de la banda. Simplemente que, conforme uno deja atrás la adolescencia, a menudo, cambia las gafas de la ingenuidad y la idolatría por las del desengaño y la frustración. Lo cual no es necesariamente negativo, pues son sentimientos indispensables e ineludibles, naturales y tremendamente intensos. Una vez la transición se ha completado, únicamente quedan ya vestigios de la resistencia y el anhelo de no haber conocido realidad, reminiscencias de un tiempo ¿mejor?

A partir de este punto, la electrónica retro de ambiente ochentero tomó el control del escenario. El show que ofreció El Último Vecino fue uno de los mejores del día, un estimulante y excitante despliegue de ritmo y movimientos frenéticos. Gerard Alegre eclipsó la actuación con sus danzas y sus lanzamientos de micrófono, el catalán parecía poseído por el techno pop de la banda. Para finalizar la vigésimo segunda edición del Contempopránea, los mallorquines Papá Topo nos ofrecieron un concierto desenfadado y bailable que terminó por desgastar nuestros zapatos con temas como “La chica vampira”, “El chico de Plutón” o “Akelarre en mi salón”, incluyendo una versión de “Si está bien”.

De esta forma pusimos punto y final a un festival singular, un festival cercano y que esperemos tenga el futuro asegurado, pues Alburquerque tiene un tesoro que debe ser cuidado con estima y decoro.

Agradecimiento especial a nuestro amigo portugués Carlos Manuel.

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Papa Topo. Fotografía de la organización. 

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Alburquerque, un paraje singular (Capítulo 1: Galaxina y El Imperio eclipsan la jornada)

Tras nueve horas de coche y un desconcertante y fortuito paso por Toledo conseguimos, tomando el castillo de Luna como referencia, llegar a Alburquerque. A pesar de ser víctimas del llamado “síndrome de la clase turista”, las piernas entumecidas no consiguen empañar el júbilo que sentimos al tumbarnos en el anhelado camping. Un inesperado frío polar me hace evocar una de aquellas célebres frases de abuela, tal como “llévate una rebequita que por la noche refresca”, cuánta razón tenías y yo qué descarado por no hacerte caso.

Una vez con todo organizado, partimos hacia el pueblo donde se celebraría la primera jornada del festival. Nos sorprendimos al ver la Plaza de España abarrotada en torno a un pequeño escenario, en el cual De Viaje eran los encargados de endulzar el ambiente con su estético y pulido techno pop amoroso, al son de temas como “Quiero repetir” o “Te doy mi corazón”, además de una versión final de “Segundo Premio”. Mientras esto sucedía, decidimos realizar una parada en el bar de la plaza para reponer fuerzas. Sin previo aviso, el contoneo tímido y ligero del público se tornó en desinhibición a base de brincos y bailes con la llegada de Detergente Líquido. Pues su pop cotidiano y sarcástico sonaba mucho más enérgico en vivo. Fue el turno de “Poesía eres tú, Robocop” y la plaza vitoreó aquella sentida, e irónica por el contexto, frase de “No me gusta bailar” que hizo desvanecer cualquier complejo e incitó al frenesí. Sin duda, el momento álgido de una noche que llegaba a su fin, los más de setecientos kilómetros nos acabaron pasando factura. Aunque no partimos sin antes haber escuchado su versión de “Himno generacional #83”.

Viernes. Amanecimos observando el reflejo de venerados rayos de luz absorbidos por la tela de nuestras tiendas, permitiendo así el aporte de energía en forma de gratificante calor. Tras una gélida noche, la programación nos recompensaba con una serie de acústicos en la piscina municipal de Alburquerque. Incluso, la ausencia de Tórtel a causa de su recién estrenada paternidad (desde aquí nuestra más sincera enhorabuena) fue suplida con habilidad y premura, pues El Buen Hijo cubrió la baja con excelencia. Su sonido limpio, su frescura y su ingeniosa prosa permitieron crear un ambiente distendido y melódico e impidieron cualquier intención de permanecer tumbado en el césped. ¡Qué insolencia! Ni los nervios de excitación de la formación ni la ausencia de uno de los guitarristas nos privó, al término de la actuación, de exclamar jubilosos: “¡Viva la vida y el pop, y las historias llenas de ciencia ficción!”. A continuación, tomó el testigo Guille de La Casa Azul. El cual dejó a un lado los alardes electrónicos para resguardarse, únicamente, tras un piano y un acompañamiento de guitarra, lo que le permitió mostrar una vertiente más íntima y armoniosa de sus temas más cotizados, intercalados con alguna rareza poco habitual en sus sesiones. El acto concluyó con un “Todas tus amigas” aclamado por unanimidad.

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El Buen Hijo. Fotografía de la organización.

Tras una tarde relajada y reconfortante de acústicos y piscina, con la llegada del ocaso empezábamos a sentir apetencia por el nervio y la rabia que estaban a punto de ofrecernos los dos primeros grupos, quienes estrenarían el escenario Paseo de las Laderas.

Puesto que los acústicos se alargaron más de lo previsto, no nos quedó margen para acudir al recinto con calma. De modo que, sin pensarlo dos veces, emprendimos el viaje en sprint, en ningún momento nos planteamos otra posibilidad, ya que se trataba de dos de los grupos que catalogamos como imprescindibles para este festival y todo lo que fuese llegar tarde estaba descartado. Con el corazón presionando con vehemencia contra el pecho e hiperventilando, conseguimos ascender la ladera y tomar la primera fila, algo que no resultó difícil puesto que el público se situó a varios metros del escenario sin motivo aparente. Mejor, pensamos.

Los almerienses Galaxina fueron los primeros en enfundarse los instrumentos. Fue algo sencillo, natural y espontáneo. Su sonido envolvente, denso, abrumador y, por momentos, erótico nos embaucó, sin pedir permiso se apoderó de nuestros movimientos. Un sonido cargado de luces y sombras, tan nítido y esclarecedor como confuso, a la vez balsámico y perturbador. La banda supo transportar al directo, con maestría, el universo de matices y atmósferas que conforman su primer LP Evasión y Victoria (2016). Ésto lo consiguieron combinando a la perfección sus temas más sensoriales, de ritmo lento, y nutridos de riffs afilados e hirientes cual agujas (“Lejos de ninguna parte”), con otros más asociados al rock psicodélico y de mayor contundencia (“Cometa”). En resumen, les pedíamos “sólo una razón que me pueda convencer” y acabamos aturdidos de placer. Sin duda, uno de los mejores directos del festival, en el que incluyeron su versión de “La máquina de escribir” de Los Planetas.

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Galaxina. Fotografía de la organización

Mas los miembros de El Imperio del Perro no se quedaron atrás en este aspecto, ni mucho menos, y se alzaron con cierta facilidad y soltura hacia lo más alto del cartel. A pesar de que el ambiente no era para nada esperanzador: numerosas lagunas y un público distante y contemplativo. Otros grupos podrían haber decaído al observar la escena, pero estos sevillanos están curtidos en mil salas y estaban decididos a poner todas sus cartas sobre el tablero. Así lo hicieron, pues después de casi desfallecer en Galaxina, la potencia de la banda andaluza entró como una dosis intravenosa de combustible, en ese momento todo comenzó a carburar. Quedó constatado el viernes que ellos son algo así como hooligans del brit-pop, con alma rockera. En directo trascienden más allá de la mera interpretación de un setlist, derrochan tal cantidad de rabia y nervio que acaban impregnándote hasta la médula, de modo que se hace casi imposible mantener la compostura. Esta pasión y franqueza se complementa con letras incisivas y agresivas, que evocan imágenes perturbadoras como en “Buitres”, aún revolotean en nuestra sien los “veintidós buitres”. No les falta repertorio, pues pueden transitar en un mismo concierto desde la frustración punk con riff apoteósico incluido hasta temas de instrumentación más etérea y frases lapidarias, “Os odio a todos”. Los sevillanos se atrevieron con una versión de “Cumpleaños total”, una canción que les fue como anillo al dedo.

Además, tuvimos la suerte de poder conversar con uno de los integrantes de la banda en un entorno informal post festival. Tras ello, pudimos cerciorarnos de que son amantes de la música como todos nosotros y transparentes como el agua, les encanta crear un vínculo cercano con sus seguidores y recoger las impresiones sin intermediarios. Con todo, nos llevamos alguna recomendación musical que tendremos muy en cuenta.

El siguiente grupo en desfilar por el escenario del recinto fue Supertennis. Uno de los más esperados por el público natal de Alburquerque, puesto que se trata del conjunto bandera de la tierra pacense dentro de la “escena”. La banda desplegó con soltura su pop guitarrero y eléctrico. Variando entre canciones lentas y melódicas como “Mañana” o “Prisas” y otras vertiginosas y dinámicas como “Nada que perder”. Los extremeños se decantaron por versionar “Qué puedo hacer”. Con total seguridad podemos afirmar que el momento cumbre del concierto fue “Ruido”, una canción con pegada que incita a “bailar hasta la muerte”. Aún así, no fue una actuación épica, ni mucho menos. En nuestra opinión, les sobrepasaron las expectativas en torno a su recién estrenado disco, quizá expectativas “autoinfundadas” al escuchar el convincente LP.

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Supertennis. Fotografía de la organización.

A continuación, era el turno de la banda liderada por Miguel Rivera. El concierto de Maga estaba marcado en rojo en nuestro horario puesto que, como comentamos en la previa, se trata de uno de esos grupos que hay que ver, al menos, una vez en la vida. Esta fue nuestra oportunidad, hasta entonces no habíamos coincidido con los sevillanos. Hemos de reconocer que es harto difícil resistirse a la voz angelical de Miguel cuando te susurra desde primera fila. Una voz que, en ocasiones te mece a modo de brisa marina hasta envolverte y, en otras, te zarandea violentamente el alma como si de un viento huracanado se tratase. Más irresistible si cabe cuando suenan “Silencio”, “Diecinueve” o versionan “Segundo premio” de Los Planetas. Su último disco Salto Horizontal (2017) copó gran parte de la actuación, un trabajo que en directo sonó con una instrumentación más potente y solvente de lo que esperábamos. Personalmente, muy pocos fueron los momentos en los que me sentí fuera del concierto por no ser fiel seguidor de la banda y no conocer sus letras. Esto último siempre es algo positivo. Entre las canciones del último largo que más entusiasmo (y alguna que otra lágrima) generaron, se encuentran “Cuando nadie me escriba”, “Báltico”, “Por las tardes en el frío de las tiendas” o “Juego”.

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Maga. Fotografía de la organización.

No había tregua musical, el único descanso posible eran los 15 minutos entre concierto y concierto, descanso que aprovechamos para hacer uso de los económicos puestos de comida y bebida del recinto y sus alrededores, pues hemos de destacar la comodidad con la que se vivían las actuaciones, sin agobios, sin prisas, sin empujones. Podíamos realizar una serie de movimientos espasmódicos, a los que denominamos erróneamente como baile, sin preocuparnos de no tirarle la cerveza a nadie.

Con el vaso de cerveza recargado y el estómago satisfecho nos disponemos a disfrutar de uno de nuestros paisanos presentes en el cartel. Se trata de Viva Suecia. A diferencia de Maga, a esta banda hemos tenido el placer de verla en directo varias veces. Por ello, nos atrevemos a decir que el del Contempopránea fue un concierto atípico, precipitado. Las canciones se sucedieron de manera acelerada e, incluso, atropellada, no parecía el curso natural de un concierto de los murcianos. Lo que provocó que no fuese una de sus mejores actuaciones, sin duda. Independientemente de esto, mantuvieron buenos registros de distorsión y cadencia en sus guitarras y un sonido compacto, estruendoso y saturado, que son señas de identidad inequívocas del grupo. De igual manera, complacieron las demandas de los allí presentes con un setlist de “hits” tanto del reciente LP (“Hemos ganado tiempo”, “A dónde ir” o “El nudo y la esperanza” entre otros) como de su primer trabajo (“Bien por ti”, “Permiso o perdón” o “Los años”). Quizá fue esto, junto con su versión de “Santos que yo te pinté”, lo que les salvó de la quema.

El flujo de gente era creciente, el escenario principal empezaba a colapsar, algo grande se avecinaba. En efecto, La Casa Azul estaba a punto de poner en pie a todo Alburquerque. Tras su actuación en acústico, esta vez era el turno de su versión electrónica y bailable. El show empezó de forma dinámica con temas movidos y conocidos (“La fiesta universal” o “Esta noche sólo cantan para mí”), con un Guille Milkway ataviado, en esta ocasión, con su singular “piano-guitar”. Especialmente llamativa fue la puesta en escena, debido a la iluminación que ésta incluía, una especie de muro formado por cubos luminosos que componían imágenes y juegos de luces, los cuales dieron el toque retro inherente a la música de La Casa Azul. Todo fluía correctamente y el público estaba entregado, hasta que decidieron interpretar un par de canciones pausadas y con acompañamiento de piano. En esos momentos entre temas, se crearon silencios y esperas demasiado prolongadas que pudieron sacar de situación a algunos. A causa de esto el concierto se extendió más de lo esperado y resultó, por momentos, tedioso. Todo lo anterior resultaría anecdótico pues la actuación concluyó con una ristra de clásicos que dejaron un gran sabor de boca a los presentes (“¿Qué se siente al ser tan joven?”, “Los chicos hoy saltarán a la pista”, “La revolución sexual” y una entretenida versión de “Mi hermana pequeña”)

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La Casa Azul. Fotografía de la organización.

Una vez despejado el recinto, los madrileños Lecciones de Vuelo salieron a escena. Tras lo anterior, era necesario aumentar la cadencia para mantenernos en pie, y así lo hicieron. De este modo, desplegaron un power pop de picos y cambios de intensidad enérgicos y estimulantes. Cumplieron su rol sin mayor pretensión. Los madrileños dieron paso a Las Odio, un concierto que empezó con mal pie desde el arranque y así continuaría hasta la conclusión. Suponemos que una mala afinación de alguno de los instrumentos les obligó a abandonar el escenario durante casi diez minutos al poco de comenzar. Al regresar, prosiguieron con la interrumpida “Blackout” para mostrar un sonido caótico y, a veces, embarrado, acompañado de algún berrido esporádico, disimulado con toques de pandereta. La estupefacción era patente en el ambiente. Sinceramente, esperamos que esto fuese causado por un problema técnico o un mal día, y que no sea la tónica habitual del cuarteto, pues aguantamos expresamente para escucharlas ya que es un grupo por el que tenemos afición.

Esta sensación agridulce no empañaría lo que, a fin de cuentas, fue una estupenda jornada de conciertos, vigorosa, sensorial y extenuante.

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Confirmaciones Festivales, Noticias

Nuevos confirmados para el Deleste Festival y primer nombre de su fiesta inaugural

Hace un par de semanas se dieron a conocer nuevos nombres para el Deleste Festival, así como uno los grupos que actuarán en la jornada diurna inaugural del festival Deleste de Valencia, que tendrá lugar en el centro gótico el día 21 de octubre, como ya comentamos anteriormente. El día gran del festival, que se celebrará un año más en el Espai La Rambleta, será el día 4 de noviembre.

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La banda que encabezará la programación de esa inauguración por todo lo alto serán los mallorquines L.A., a quien ya pudimos ver en nuestro WAM Estrella Levante y que estuvieron en el reciente Low Festival de Benidorm. Al igual que en esos dos conciertos, el grupo mallorquín liderado por Luís Alberto Segura presentará las canciones de su nuevo disco ‘King of Beasts’. Junto a él actuarán también Frida y Mireia Vilar. 

Ya entre los confirmados para la jornada grande del festival encontramos la sutileza folk de Pavvla. Ya pudimos disfrutar de la catalana en el Vida Festival, pero su concierto en el Deleste Festival será  el primero que dé en Valencia, y con la legión de fans que ha conseguido con su primer disco, seguro que el concierto será de lo más especial del festival. Junto a ella estarán Apartamentos Acapulco, una de las sensaciones de la temporada y a quienes pudimos ver en el Contempopránea y estarán en el inminente Sonorama Ribera. El grupo, que ha sido confirmado en la nueva edición de Girando Por Salas, no ha pisado aún nuestra región, por lo que el viaje a Valencia se hace bastante atractivo para disfrutar del directo de los granadinos.  Zulu Zulu, L’emperador y Dûrga son los otros 3 nombres que fueron confirmados para la próxima edición del Deleste Festival.

La entrada para el festival se puede adquirir por 35€ en este enlace.

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Recomendaciones, Recomendaciones Festivales

7+1 Imprescindibles del Contempopránea 2017

Con motivo del Festival Contempopránea que celebrará su vigésimo segunda edición este fin de Semana en Alburquerque nos hemos tomado la licencia de elaborar una pequeña lista de grupos “imprescindibles”, a pesar de que hemos tenido que dejar fuera de ella a estupendas bandas a las que nos acercaremos casi con total seguridad. Uno de los puntos fuertes del festival es la ausencia de los odiosos solapes, ya que todos los conciertos establecidos para Viernes y Sábado discurrirán en el Escenario Paseo de las Laderas. El Jueves 20 se celebrará la jornada de Bienvenida que abrirá esta edición, con la actuación de Detergente Líquido entre otros.

Horarios Contempopranea 2017

Galaxina

Se trata de uno de los grupos que más expectación me generan. Son los flamantes ganadores del premio a “Grupo Revelación Nacional 2017”, otorgado por el propio festival Contempopránea. Su propuesta es más que atractiva, se encuentran oscilando entre el rock psicodélico y el shoegaze, todo ello envuelto en una atmósfera densa y abrumadora de la que se desprenden líneas de guitarra nítidas y punzantes. Será una ardua tarea para sus integrantes plasmar sobre el escenario todos los matices de los que goza su primer larga duración Evasión y Victoria (2016), mas si lo consiguen se meterán en el bolsillo a público y crítica. Se encontrarán el Viernes 21 en Escenario Paseo de las Laderas, a las 20:30 h.

Papa Topo

Sin duda, será uno de los conciertos más divertidos y desenfadados de esta edición. Pues el pop bailable de los mallorquines es una apuesta segura para activar al público una vez entrada la madrugada. Canciones como “La chica vampira”, “Akelarre en mi salón” o “Lagrimas de cocodrilo” nos transportarán al Madrid de principios de los 80. En Ópalo Negro (2016), último LP de la banda y del que se nutrirá gran parte del concierto, se conjugan auténticos temas rompe pistas, como “Sangre en mis zapatos”, que causarán desenfreno y delirio entre los allí presentes con otras canciones, “El balcón”, de ritmo lento y delicado aromatizadas con saxofón y toques de esencia Soul. Tenemos una cita con ellos el Sábado 22 a las 04:40 h en el Escenario Paseo de las Laderas.

Apartamentos Acapulco

Otro de los grandes atractivos del cartel es esta banda granadina que recibe influencias, mayoritariamente, de sus paisanos Los Planetas. Así como de otros grupos pertenecientes al ámbito del shoegaze, como Slowdive. A pesar de su corta trayectoria, únicamente posee un LP en su haber, han conseguido poner de acuerdo a la mayor parte de la prensa musical, que se frota las manos ante lo que puede llegar a ofrecer este dúo. Un dúo que se vale de composiciones instrumentales relativamente sencillas y, en ocasiones, saturadas. Las cuales se aderezan con frecuentes y pronunciados cambios de intensidad, detalles de sintetizador y letras concisas que se repiten en bucle asemejándose a un mantra. Se actuación está prevista para el Sábado 22 en el Escenario Paseo de las Laderas a las 22:10 h.

Lecciones de vuelo

Después de su autoeditado álbum debut El Giro Immelmann (2014), el conjunto madrileño regresó hace un año con Caza (2016) siguiendo la línea marcada que con la que habían conseguido convertirse en ganadores de concursos como Planetademos (2012) y alcanzar fases finales de otros como Proyecto Demo de Radio3. A pesar de que optan por el continuismo, su segundo largo deriva por una vertiente power pop más intensa y contundente, con gusto eléctrico y mayor protagonismo de guitarras. Seguramente sea un concierto excitante y de ritmos contagiosos muy bailables. Además, personalmente, es un grupo que nunca pensé que podría ver en directo durante un festival, por su escasa presencia en este tipo de eventos. Podremos ver a la banda el Viernes 21 a las 03:35 h en el Escenario Paseo de las Laderas.

Maga

No es la primera vez que el conjunto sevillano se pasa por la localidad extremeña para tocar en el Castillo de Luna. En esta ocasión lo harán para presentar su “Salto Horizontal”, trabajo que publicaron este invierno y que les ha traído de nuevo hasta aquí en su gira. Sin duda, es uno de los grupos con más bagaje y más aclamados del cartel, referencia para muchas de las bandas que están presentes en éste. Reconozco que no son una de mis mayores devociones, mas forman parte de ese selecto club de grupos a los que hay que ver, al menos, una vez en la vida. No tengo duda alguna de que será una experiencia muy satisfactoria y recomendable. Podremos disfrutarla el Viernes 21 a las 23:35 h en el Escenario Paseo de las Laderas.

El Imperio del Perro

Otro grupo sevillano que no pienso perderme el viernes es El Imperio del Perro. Los motivos son más que evidentes, sólo es necesario escuchar un par de temas para tener la certeza de que su directo va a ser pura potencia y descaro. Siendo honesto, hasta este momento no habían llamado mi atención, mas a base de escuchas se vuelve muy perceptible y apetitosa la fórmula sin complejos que les ha permitido convertirse en una de las bandas “nacientes” más apreciadas por la crítica. Todo ello lo han logrado con la intensidad por bandera. Personalmente, me resulta difícil catalogarles en un género concreto, pero lo que es evidente es que se trata de una propuesta enérgica, explosiva, rabiosa y, sobre todo, carismática. Se encontrarán en el Escenario Paseo de las Laderas el Viernes 21, a las 21:10 h.

Las Odio

La banda madrileña nacida del “infraunderground” (término acuñado por sus integrantes) ha conseguido alzar su nombre a la primera línea del panorama con su primer largo Futuras Esposas (2017). Ellas se han valido de una propuesta que podría parecer, a priori, ocurrente y distraída sin más, pero que trasciende más allá de esa fachada. Esto se debe, en gran medida, a su afilada ironía y sus temas reivindicativos, los cuales tienen como uno de sus objetivos caricaturizar a la “escena” y las tendencias que la envuelven. Predomina su gusto por el Lo-Fi, plasmado en la autoedición de su disco. No son punk ni lo pretenden, resulta difícil catalogar al cuarteto, lo cual se convierte en una de sus principales virtudes. Pues toman influencias desde el garage hasta el post punk, incluyendo matices pop. La banda tocará el Viernes 21 a las 04:25 h en el Escenario Paseo de las Laderas.

Los Planetas

Evidentemente, no podían faltar los homenajeados en esta lista de imprescindibles. Unos planetas que traerán su recién estrenado disco “Zona Temporalmente Autónoma” (2017) el cual copará la mayor parte del setlist. Entre las canciones que seguro escucharemos, con gran gusto, encontramos “Espíritu Olímpico”, “Islamabad”, “Hierro y Níquel” o “Hay una estrella”. Un disco que ya ha sido analizado al detalle, y del que únicamente destacaré los motivos flamencos que se complementan con la línea más conservadora del conjunto granadino. Aun con todo, seguro que nos quedará tiempo para disfrutar de temas clásicos e himnos de la banda que nos han obsesionado durante años. Ya que será un concierto especial, de larga duración, y seguro cargado de sorpresas, aunque los de Jota no sean muy dados a esto último. Los protagonistas del festival se reservarán el Sábado 22 a las 00:00h para poner en pie al público concentrado en el Escenario Paseo de las Laderas.

 

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