Conciertos, Crónicas

10 años no son nada, o si no, que se lo digan a Mujeres.

El pasado viernes pudimos disfrutar de un trocito del Fuzzville en Murcia, así como de la celebración de los 10 años de la banda catalana Mujeres. La Yesería era el lugar escogido para el número justo y necesario de público disfrutáramos del ahora trío barcelonés, quien presentaba además su último álbum ‘Un sentimiento importante’ (Sonido Muchacho, 2017)

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Hablar de Mujeres es hablar de los reyes del garage español hoy por hoy, y los citados 10 años y 4 álbumes lo avalan. Como tal, hicieron propio la máxima de ser enérgicos y eléctricos desde el minuto 0, abriendo su concierto con ‘Vete con él’ (debilidad personal de su último trabajo) y ‘Siempre eterno’. Si bien su último LP es el único cantado enteramente en castellano, ya nos habían demostrado que el idioma patrio les sienta mejor si cabe que el anglosajón, con temas como ‘Salvaje’, contenido en ‘Soft Gems’, su trabajo de 2010. El soberbio punteo de guitarra de esta canción dejaría además claro que Mujeres no es la sencillez que en un primer momento podríamos pensar.

Posteriormente seguirían haciéndonos bailar principalmente con los distintos cortes de ‘Un sentimiento importante’ como Ciudades y Cicatrices así como con temas antiguos como la preciosa y demoledora ‘Vivir sin ti’, que es de esas canciones que todo fan de la banda lleva grabada a fuego en la mente.  Supongo que por afirmaciones como esta que, me consta, compartimos mas de uno y mas de dos de sus seguidores, el tema homónimo decidieron dedicárnoslo a nosotros, consiguiendo crear una conexión total a encarnada por nuestros bailes y el paseo del bajista, Pol, por una de las barras del escenario de la Yesería. Seguidamente recuperaron otro de los grandes temas de su carrera (¿el mejor? ¿el más aclamado? me atrevería a decir) la certera ‘Aquellos ojos’. La primera sorpresa de la noche vino en forma de versión, de una banda hermana: el trío interpretó, a la perfección, ‘No volveré’, de Kokoshca.

Tras retomar su etapa angloparlante, anunciaban el nunca deseado pero inminente final del concierto, para el cual convocaron al pueblo para elegir entre The Velvet Underground o Los Saicos. Ganaron los primeros, pero supongo que para el ADN de los catalanes es inevitable hacer caso (al menos completamente) a lo que el público quiera. Finalmente, sonaron ‘Run Run Run’ y la tan apropiada en estas tierras ‘Demolición’. Pero con el sonido Mujeres, y con el mismo objetivo que parecen tener desde hace 10 años, hacernos bailar.

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Musicalidad, calidad y energía en la fiesta Limbo Starr con Tachenko, Alborotador Gomasio y Camellos

Desde el día de la presentación del cartel del Microsonidos 2018, que esta semana llega a su fin, teníamos claro que la fecha del pasado viernes era de las más apetecible del ciclo de sonidos. El sello Limbo Starr nos traía en bloque a las que seguramente sean 3 de sus mejores bandas: unos ya veteranos Tachenko y dos grupos más jóvenes como son Alborotador Gomasio y los noveles Camellos. Ante un 12&Medio con una corta afluencia de público los 3 grupos presentaron sus temas de manera más que notable.

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El concierto comenzó con Tachenko, ahora en formato dúo y con un set acústico, algo que no era lo más idóneo para las altas horas de la noche que la organización había elegido para el comienzo del evento. Aún así, temas como Nuestra Especialidad o Amable no dejaron de engancharnos, en parte por la musicalidad y el juego de voces marca de la casa, que en este formato se ven sin duda potenciados por a delicadeza y la presencia del silencio necesario ante un set acústico.

Como si de una línea ascendente se tratara, los siguientes en subirse al escenario eran Alborotador Gomasio, con su sonido a medio camino entre el shoegaze y el dream pop. Servidor no podía estar más feliz, pues como bien puntualizaron, el pasado viernes fue la primera vez que el grupo pisaba y actuaba en Murcia. Comenzaron con esa melodía que poco a poco se va instalando dentro de sus oyentes como es “El final de la tarde”, con el que también se abre ‘Luz y resistencia’, su último trabajo. Pero Alborotador Gomasio son energía, saturación y noise, por lo que no tardaron en soltar un primer fogonazo con “Parece que no pasa el tiempo” o sobre todo una de los últimos hits de la banda: “La reacción impotente” y ese pegadizo estribillo sobre la velocidad. También recuperarían temas de sus anteriores discos. El primero en caer, contenido en ‘Los excesos de los niños’ (2015) fue la popie “Espíritus helados”, que vendría seguida de “En mi no hay calma” una perfecta y pegadiza canción de su primer trabajo que siempre nos recordará al que sería su homólogo americano, los neoyorquinos The Pains of Being Pure at Heart. Aunque nos doliera no poder disfrutar en directo de temas como “Contra el suelo”, a los madrileños les tocaba promocionar su ‘Luz y resistencia’, razón por la cual echarían el resto con los temas que conforman dicho disco, que tocaron íntegramente exceptuando un corte. Sin duda, el cierre con el single “Agosto, bailando el caos” y su “Madrid nos va a enterrar” seguida de “Rodeados” dejó claro la calidad musical del cuarteto, atrapados en el underground ante la minusvaloración del gran público y parte de la prensa. 

Reticentes ante la tardía hora de su concierto pero con la misma actitud que desprenden sus letras y melodías, Camellos se subían al escenario y nos soltaban uno de sus temas más gamberros: “Ejecutivo estresado”. Supieron trasladar al directo su ‘Embajadores’ (Limbo Starr 2017) de manera  ideal. Un disco de 15 canciones condensadas en menos de 40 minutos no podía ser sino un concierto lleno de fogonazos. Y eso fueron “Gilipollas”, “Siempre Saludaba” o su último single “Avances”, que condensa sin duda alguna el hipnotizante sonido de Camellos, basado en bajo y batería pesados que nos obligaron a bailar desde el minuto 1. Poco más que decir de un concierto que no fue sino divertido para todos los asistentes, incluido el grupo, que no pudo hacer frente a las tan cargadas copas que cambiaron por una camiseta. La rapidez y concisión de ‘Panto-Ha’ o la musicalidad de “Geografía” o “Puedes contar conmigo” es algo que hay que ver en directo para alegrar alma y cuerpo, así que no hubo duda: Murcia no sabe lo que se perdió en el 12&Medio, pese a poder pecar de linealidad, un concierto de Camellos es sinónimo de un buen rato. Ah!, y no podía faltar ese “Perro verde de Marea” de los madrileños: la genial “Becaria”, (pre)cierre del concierto.

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Arropados por los pétalos de la magnolia

Tras despedirnos de la temporada grande de festivales, toca volver a las salas de conciertos. Nosotros lo hicimos el pasado 16 de septiembre en la Sala REM con una noche que encabezó Rufus T. Firefly, pero no sin antes escuchar a los grupos finalistas del concurso de bandas de la Sala Revólver, y es que ese era el motivo de la cita: el duelo final del concurso nos traía a la banda de Aranjuez como invitada especial en un evento que formaba parte de la 22ª edición del LemonPop (aunque nada ni nadie en sala parecía recordarlo).

Los primeros en pisar el escenario de la sala fueron The Nawers, que aportaron la nota alternativa entre las propuestas finalistas. Desde el primer acorde notamos que se ajustan a los cánones del rock alternativo más británico, gritando Arctic Monkeys tanto en estilo como en apariencia (a quienes confirman como una influencia notable en su estilo cuando introducen un par de riffs de la banda de Alex Turner a modo de guiños en sus canciones, como si nos hubieran leído la mente). Tiene mérito venir desde Mallorca para tocar media hora en Murcia, de modo que aprovechan bien su tiempo y consiguen sonar contundentes, con un toque grunge pero guitarras suaves. Sin embargo, si bien suenan agradables y compactos, ese sonido de mezcla de grupos alternativos hace que no consigan destacar del todo tampoco a ojos del jurado.

Vera Green son quienes les toman el relevo con un sonido radicalmente diferente al de sus predecesores. Si The Nawers tenían un estilo demasiado fácil de clasificar, con Vera Green nos pasa todo lo contrario: su mezcla de estilos, sonidos e incluso idiomas nos aturde. Sí que es cierto que suenan animados, frescos y originales, pero (y quizá es debido a nuestras preferencias musicales personales, quizá a que no sabemos apreciar como es debido la propuesta) su popurrí de estilos y elementos con base folk no termina de cuajar para nuestros oídos. Sin embargo, hemos de darles la enhorabuena ya que momentos después se proclamarían ganadores del concurso de bandas de la Sala Revólver.

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La última de las bandas que se disputaba la final era Cuervos. Tienen un buen sonido desde el primer momento, parecen ser los más curtidos sobre el escenario, al menos se desenvuelven bien y no parece que la situación les imponga el más mínimo nerviosismo. Son enérgicos y se ve desde lejos que viven lo que están tocando. Pese a ello, su rock en español de corte clásico, casi típico, no nos sorprende en especial. Suenan compactos, saben a la perfección lo que están haciendo, pero su similitud con muchos otros grupos del estilo hace que no nos enganche su directo; a ellos, sin embargo, les vale un segundo puesto en la clasificación del concurso.

Por fin, aunque con algo de retraso (más que esperado al ser una noche con tantas bandas circulando por el escenario de la REM), Rufus T. Firefly saltan a las tablas y montan su propio caos de guitarras, pedaleras, tapetes psicodélicos, cinta fosforita, sintetizadores y dragones mascota con la batería en primera línea de batalla: todo listo para desplegar su arsenal al completo. Fuimos tan ingenuos de pensar que, al tocar bajo el rótulo de “artista invitado” y empezar su directo pasada la una, el concierto de los de Aranjuez se nos quedaría en aperitivo y nada más lejos de la realdiad, quedamos más que saciados con la casi quincena de temas que dispararon al público. Hubo tiempo para recrearse en el bosque de su último largo, Magnolia, que interpretaron íntegro, abriendo el concierto con el apoteósico crescendo de Tsukamori y cérrandolo con la directa Río Wolf, que se hizo de rogar pero no falló en su empresa de conseguir que saliéramos de la REM con los oídos aún vibrantes.

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Por supuesto, entre los pétalos de la magnolia quedó espacio suficiente para echar la vista atrás y dar el gusto a los fans más longevos de la banda soltanado algunos temas de sus trabajos anteriores que sonaron espectaculares (como la potentísima Pompeya, que casi tira abajo al público y a la sala con cada golpe de caja, por no mencionar el ya himno que es Incendiosuicida, que se nos clavó en el corazón y nos anudó la garganta).

Rufus T. Firefly sonaron impecables y consiguieron sobreponerse a los fallos de sonido y al sueño que nos invadía por culpa de la hora, que no acompañaba a los ricos matices de sus temas. Una batería que tira de todo hacia delante desde el borde del escenario, un cantante que siente cada verso en todo el cuerpo y toca como si cada acorde fuera una descarga eléctrica, un bajo que teje el esqueleto y la base de las canciones, todo rodeado por el diálogo entre guitarras y sintetizadores que envuelve sus canciones y termina de conformar la atmósfera de su concierto, que nos recoge y nos sume de lleno en su red de pequeños pero nítidos y perfectos matices. Rufus T. Firefly fueron recibidos por una sala llena de gente ávida de música que les llenara y les elevara, de modo que salimos de la REM bien entrada la madrugada y llegamos a casa somnolientos flotando en los brazos-pétalos de la magnolia.

 

 

 

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BSide Festival: grandes actuaciones y mediocre organización en la clausura de la temporada estival

El pasado sábado 9 de Septiembre tuvo lugar en Molina de Segura la 13º edición del festival Bside, una edición que presentaba algunas modificaciones con respecto a entregas pasadas, entre las que destaca el cambio de escenario al campo de fútbol municipal de Molina, un recinto, a priori, con mayor capacidad y organización.

La jornada de conciertos para nosotros, que no pudimos asistir a los eventos matinales, comenzó en torno a las 19h con la actuación del dúo más irreverente del panorama. Cala Vento abrieron esta edición exhibiendo un derroche de potencia y descaro. Los catalanes consiguieron un sonido de gran solvencia y contundencia, acorde a lo que han venido mostrando en sus dos LPs. A pesar de la escasa afluencia de público, sus drásticos cambios de intensidad, su grito pelado, su nervio adolescente y su falta de complejos les permitieron cumplir sobradamente con las expectativas generadas y ofrecernos el mejor concierto del día. Realmente resulta difícil asimilar el hecho de que dos personas puedan llenar un escenario sin apenas moverse del sitio, también ayuda la presencia de los varios pares de estruendosos amplificadores que les flanqueaban durante su actuación. Excelente.

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Cala Vento (fotografía de Sergio Mercader)

La siguiente actuación correría a cargo de la banda liderada por Paco Román. Neuman, con componentes renovados, demostró su dilatada experiencia sobre las tablas con un concierto sobrio y correcto. En mi opinión, los murcianos exhibieron dentro de su repertorio, teniendo en cuenta que no son los reyes de la fiesta ni lo pretenden, una selección de sus temas más eléctricos y dinámicos con cadencias relativamente altas. Hay que destacar la interpretación de la jovial y espontánea “Doggy”, “Too pretty” con un soberbio y excitante solo de guitarra, o la sugerente “Sil fono” y su paulatino ascenso al firmamento.

Llegaba la hora del concierto, esta vez optamos por sumergirnos de lleno entre la multitud. Los “Payasos de la tele” sonaban segundos antes de la aparición de Jota y compañía. “Los Poetas”, así empezó la actuación. Nos temimos lo peor. Tras diez cargantes minutos de canción, la dinámica del concierto viró de forma drástica cuando Jota, entre tragos y caladas, comenzó a murmurar himnos imperecederos de la banda como “Santos que yo te pinté”, pasando de la apatía al éxtasis total con su resignado estribillo, o la travesía onírica en la que te sume “Corrientes circulares en el tiempo”. Todo complementado, con gran acierto, con temas del último trabajo de su discografía, como es el caso de “Islamabad”, “Espíritu olímpico” o “Hierro y Níquel”. Antes de la conclusión hubo tiempo para embarcarnos en la odisea interestelar hacia el Sol con “De viaje”. Sinceramente, pienso que lo mejor que se puede decir de una actuación de los granadinos es que conseguiste perderte en el bucle emocional y atemporal de recuerdos y sensaciones de toda índole que van asociados de forma inevitable a su música. Sensaciones que van desde la frustración a la certidumbre, desde la rabia y el rencor hasta el júbilo y el deseo, del desdén a la devoción. Y, en esta ocasión, logramos enredarnos en la espiral donde la opresión pectoral es tan tenaz que acaba transportándote a un estado de seminconsciencia mental así como de plenitud espiritual.

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Los Planetas (fotografía de Sergio Mercader)

Tras ello, decidimos satisfacer nuestro voraz apetito. Mas desconocíamos que para ello tendríamos que aguardar una cola perpetua, cuyo final no podíamos avistar pues parecía salir del recinto. La presencia de únicamente dos saturados foodtrucks para los miles de estómagos allí congregados contribuyó notablemente a su formación. Asimismo, la escena se repetía en el acceso a los aseos. Por lo que, entre cola y cola, obviamos el concierto de Monarchy. Los londinenses ofrecieron un pop electrónico de sintetizador y ritmos bailables, una propuesta poco rompedora aunque ciertamente efectiva.

A continuación, los omnipresentes Sidonie se disponían a ofrecer su particular show. Parecen haber encontrado el elixir de la eterna juventud (espiritual, al menos), pues resulta increíble la manera en que afrontan cada actuación, la viveza y el ímpetu que derrochan sobre el escenario, perfectamente ejemplificados en los continuos y extravagantes bailes de Marc Ros, “un cantante perdedor con mucha pose y poca voz”. Y es que su último disco parece confeccionado al detalle para este tipo de eventos, es realmente reconfortante y liberador escucharlo en directo, y así lo demostraron otra vez el pasado sábado con temas como “Siglo XX”, “Os queremos”, o “Carreteras infinitas” con dedicatoria especial a sus compañeros de Supersubmarina. A pesar de ello no se olvidaron de canciones de trabajos anteriores como “Sierra y Canadá” perteneciente al que, desde la opinión personal, es su disco más solvente y cuidado. Además, no podían faltar clásicos como “El Bosque”, “Nuestro baile del viernes” o “En mi garganta”, para acabar siendo un incendio sin control. Sin duda, son “el peor grupo del mundo” y les encanta.

Parece ser que una vez terminado el concierto de los barceloneses el técnico de sonido decidió que ya era hora de marcharse, pues lo ocurrido con el último grupo en discordia, Alien Tango, fue lamentable y frustrante, tanto para aquellos que habían aguantado hasta altas horas de la madrugada para escucharles, como para los propios integrantes del grupo, los cuales estuvieron a punto de abandonar el escenario resignados ante la imposibilidad de hacer sonar su teclado y varias caídas del sonido. Ante este panorama, decidimos dar por terminada la jornada, pues preferimos que nuestra primera vez con Alien Tango sea en unas condiciones sonoras adecuadas para poder dirimir cuál es su verdadero potencial.

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Low Festival Domingo 30 – ¿Para siempre?

Comenzamos el último día de festival con las expectativas bien altas. El primer concierto de la jornada era la actuación del colectivo de rap/trap Agorazein (AGZ para los amigos) bajo el sol abrasador del escenario Matusalem. Y pese a que quizá desentonaba un poco con la tónica general del festival, era un concierto que (casi) todos esperábamos ver. Pero la decepción cayó como un jarro de agua fría tan pronto como cruzamos la puerta del recinto y quedaron patentes los graves problemas técnicos con los que tuvo que lidiar el colectivo liderado por C Tangana. Al llegar finalmente al escenario descubrimos, a nuestro pesar, que apenas se oyen las bases de las canciones, y mucho menos los potentes bajos que las caracterizan. No exagero cuando afirmo que el volumen del público cantando los temas era mucho mayor que el de las voces (o el autotune) de los tres críos (en palabras de RTP) vestidos en chándal subidos ahí arriba. Los cuales, independientemente del sonido, olvidan más de una estrofa mientras cantan, o mientras C Tangana, a modo de maestro de ceremonias, intenta animar a un público totalmente venido abajo y arranca con Espabilao. Canto Superreservao, tema por el que siento especial predilección, escuchándome más a mí que a la música; es un quiero y no puedo. Con 100k Pasos parece que mejora algo el volumen, pero ya es demasiado tarde, y acaba el concierto dejándonos un amargo sabor de boca. Sólo puedo pensar que no era otro sino Nega quien estaba en la torre de sonido.

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Agorazein (foto oficial del Low Festival por Javier Rosa)

No nos quitamos el mal sabor de boca ni con el agua que proporciona la bendita fuente de la que dispone el festival, y decidimos no movernos del escenario Matusalem. Esta vez sí queríamos estar bien dentro del meollo. Acto seguido, Triángulo de Amor Bizarro hacen su aparición y comienza a sonar el pesado ritmo de Gallo Negro se Levanta. Casi he perdido la cuenta de las veces que he visto en directo a estos gallegos, pero he de decir que esta vez fue especial. De verdad que creo que no son conscientes del ruido y el caos (en el buen sentido, por supuesto) que arman aquí abajo. No podemos reprimirnos y nos zambullimos de lleno en la vorágine que se forma conforme aumenta la tensión en cada canción. Llega Amigos del Género Humano y todo acaba por explotar. Saltamos y chocamos como si un terremoto sacudiese el suelo de Benidorm, mientras no dejamos de corear a pleno pulmón el estribillo de Baila Sumeria. Acabamos sin un ápice de aliento en nuestros pulmones.

Una vez recuperados, dedicamos algo de tiempo a entonarnos antes de partir hacia el escenario principal. Mención especial a Charlie por las copas que pudimos disfrutar gracias a su bondad y misericordia. Las cuales hicieron, por otro lado, que la respuesta al eterno debate (¿meternos de lleno en el concierto o quedarnos algo fuera para bailar?) fuera contestado rápidamente: queremos bailar con Lori Meyers, como profetizó el frontman de Sidonie. Y empieza a sonar Planilandia, y nosotros empezamos a movernos al ritmo de los granadinos. Y Lori suenan impecables. Pero en mi opinión, falta algo. Pese a que traen consigo todo un espectáculo visual (con enormes pantallas LED) y su ejecución es brillante, no montan la fiesta que antaño habrían armado. Echo en falta un Noni totalmente desinhibido que jalee a las masas. A esto se suma el hecho de que las canciones del nuevo disco (Zona de Confort, Todo lo que dicen de ti) se prestan a tocarlas con mimo, cuidando los detalles, además de que la mayoría de ellas tiene un sabor baladero. Eso sí, cada arreglo es cuanto menos oportuno y pertinente, y el conjunto entero suena espectacular. De cualquier manera, coreamos sin pensarlo canciones que son ya himnos consagrados, como El Tiempo Pasará o ¿Ahá han vuelto?, sin olvidar Mi Realidad y Emborracharme, con la que el público acaba, cómo no, de enloquecer. A mí, por otra parte, se me ha pasado el ciego. Ponemos rumbo de nuevo al escenario Matusalem.

Es el último día, y se nota; el cansancio hace mella en nuestros pies. Y como no es la primera vez que vemos al genial Xoel López en directo (sin ir más lejos lo vimos en la pasada edición del Low), decidimos verlo alejados, sentados en el césped del escenario Matusalem. Para ello, tuvimos que sacrificar asistir al concierto de Geografies, de lo cual admitiré que me arrepiento. Pero he de reconocer que con Xoel siempre se pasa un buen rato, aunque no sea la hora más adecuada para un concierto así (en mi opinión, Xoel y AGZ deberían haberse intercambiado sus respectivos horarios). Sea como sea, el cantautor gallego sabe perfectamente dónde está y qué hora es. Y por ello su setlist estará repleto de canciones de Deluxe, como es el caso de Reconstrucción e Historia Universal, que permiten meter más caña que las canciones de sus dos discos en solitario. Y deja Tierra para el principio, porque por mucho que nos guste no es hora para una canción así. A partir de ahí, Xoel se adueñará del escenario, sin soltar su guitarra eléctrica más que para interpretar algunas joyas como son De Piedras y Arena Mojada y la preciosa Hombre de Ninguna Parte, que llena el escenario de ritmos y melodías tropicales. Aprovechamos para cenar y dar una vuelta, sin alejarnos mucho del escenario.

Y es que El Columpio Asesino eran los siguientes en subirse a él. Comienza una línea de bajo constante que no parará hasta que se bajen del mismo, como si fuese un latido que no cesa. “Arde Babel, arde Babel, arde Babel con sus torres de papel”. A partir de ahí somos testigos de cómo crece la tensión en cada uno de los temas. Se puede palpar en el ambiente, se puede cortar. Como si estuvieran pisando el acelerador en medio de una carretera desierta (con un perro reventado en el arcén), todas las canciones son un crescendo que no acaba de estallar. Suenan Perlas, y como si nos hubieran oído pedirla, empieza Ballenas Muertas en San Sebastián, que suena más oscura que nunca. Y los que están subidos en el escenario parece que están aguardando algo, como un cazador agazapado esperando a su presa. A veces me dan hasta miedo. Son los gritos y gemidos espontáneos que se oyen a veces, y esa línea de bajo que sigue sonando, incansable. Hasta que llega Toro, y la noche alcanza su clímax. “Te voy a hacer bailar toda la noche. Toda la noche.” Con este verdadero himno ponen fin a la escalada de tensión que ha sido su concierto, que ha sido más un thriller que otra cosa. Y con este concierto ponemos fin a nuestra segunda edición del Low, porque nuestros cuerpos necesitan un respiro. Decimos adiós a Benidorm una vez más, esperamos poder volver el año que viene.

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El Columpio Asesino (foto oficial del Low Festival por Liberto Peiró)

Una última mención especial a La Guardia por protegernos en las oscuras noches de camping.

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Low Festival Sábado 29 – Ping pong

Me consuelo diciéndome que la intención es lo que cuenta. Porque pese a que empezase a unas tempranas 19:30 en el escenario Matusalem, me hacía especial ilusión asistir al concierto de The New Raemon y McEnroe, aunque no fuese la primera vez que veía a Ramón Rodríguez y Ricardo León actuar conjuntamente. De cualquier manera, un retraso en el autobús que nos llevó del camping al festival nos hizo perdernos la mayor parte del concierto. “Ya se ha acabado nuestro disco”, escuchamos decir a Ramón nada más llegar. Lo que siguió a partir de aquí fueron temas de los dos músicos en solitario, con lo que pudimos disfrutar de temas mayúsculos como La Palma o Rugen las Flores, por parte de McEnroe, y Reina del Amazonas por parte de Ricardo, todas ellas versiones más intensas de lo normal. Bajo un sol no poco intenso, he de añadir.

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Sidonie (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Acto seguido ponemos rumbo al escenario principal (en el que por suerte predomina la sombra) para escuchar, en mi caso por primera vez, a Nada Surf. Y pese a no haberlos escuchado mucho (ni saberme mucho menos alguna letra), el simpático trío neoyorquino no deja a nadie fuera de su concierto. Hacen partícipe a todo el mundo en la mayor parte de las canciones, las cuales suenan potentes y sólidas, potenciadas por la actitud de cada uno de los miembros del grupo. Hasta el punto de que el bajista, que es español, traduzca en tiempo real algunas estrofas, y pidan ayuda al público para que elija qué tema tocar para cerrar el concierto (Popular), que se ha hecho entretenido hasta para alguien que no los ha escuchado prácticamente nada. Sin duda se merecen una escucha más en profundidad por mi parte.

Ya de nuevo en el escenario Matusalem (porque eso es lo que tiene el Low, a veces pareces ser una pelota de ping-pong entre escenarios) nos sentamos en el césped para escuchar vagamente y de lejos a Neuman (Paco Román), paisano por el que sentimos especial predilección. Y a pesar de todo, en mi opinión, al conjunto murciano le falta una potencia que sí tuvo en otro momento, que hace que el público a esa hora de la noche no acabe de conectar. Con la interminable (para bien o para mal) Sil Fono, volvemos a dejar atrás el escenario mediano para ponernos rumbo al escenario principal para el concierto de Sidonie.

Pero la mayor parte de la gente había tenido nuestra misma idea, y de repente nos vemos inmersos en la marea de gente que se suele formar cada vez que la gente se mueve en masa hacia el escenario Estrella Damm, efecto engrandecido por las escasas entradas al mismo. Así que decidimos nuevamente subirnos a las gradas (benditas sean) para contemplar el océano de cabezas que se acaba de llenar, así como el verdadero espectáculo que iba a organizar Sidonie momentos después, pues montaron la que podría ser considerada la fiesta del POP. En mayúsculas. Con Marc Ros como maestro de ceremonias, una banda que disfruta en el escenario y un público totalmente entregado, interpretan cada tema como si fuera una celebración (Os Queremos, Siglo XX, El Peor Grupo del Mundo) para alcanzar el pico de la catarsis con el que ya es todo un himno festivalero, Carreteras Infinitas. Cantamos y bailamos todos y cada uno de los temas, porque hacen de su fiesta ahí arriba la nuestra, sin dejar a nadie fuera, como en No Sé Dibujar un Perro, en donde sacan carteles con la letra de la canción. Finalmente, Estáis Aquí pone la guinda a un concierto que ha sido, solo de batería incluido, puro espectáculo.

Tras vagar sin rumbo buscando un merecido trozo de césped en el que descansar, y después de ver el escenario Matusalem (totalmente a reventar) con Viva Suecia subidos en él, volvemos al escenario principal para ver otra de las grandes citas del festival, ni más ni menos que Franz Ferdinand. Y en ese momento surge el eterno debate que nos perseguirá hasta el fin de nuestros días: ¿nos metemos en medio de la gente o nos quedamos más atrás para poder bailar a gusto?  Tras encontrar un buen sitio, empezamos a saltar nada más empezar a sonar la música. Y no dejamos de saltar hasta que terminó. Porque si alguien sabe hacer saltar a todo un festival son los de Glasgow. No You Girls, Michael, Love Illumination, nos hacen empapar toda la camiseta. “Yo no me vuelvo a meter en un concierto” oigo decir a RTP, totalmente cubierto en sudor. Pero eso es una buena señal, supongo, lo de sudar y quedarse afónico. Para terminar, con la archiconocida, archicoreada y architodo Take Me Out, pegamos unos últimos y enérgicos botes sincronizados con las miles de personas que estábamos allí, y decidimos abandonar el escenario sin que hubiera terminado aún el concierto. Es lo que pasa cuando no cierras tu setlist con tu mejor tema.

Y ping-pong. Estamos otra vez de vuelta en el escenario Matusalem para ver a Los Punsetes, esta vez con mucho más aire fresco que respirar y la posibilidad de coger una pulmonía de tan calados que íbamos. A pesar de que no es la primera vez que los vemos (RTP escribió una genial crónica de su paso por Murcia el pasado mayo), nunca dejará de sorprenderme, fascinarme e inquietarme a partes iguales la puesta en escena de Ariadna, que más que humana parece una estatua vestida con una alfombra persa. Las dos guitarras comienzan a rugir, en violento contraste con la melódica voz de la vocalista.  A RTP y a mí no nos gusta reprimirnos, y no hacemos sino darlo todo un tema tras otro, porque no es para menos. “El águila calva solo quiere estar muerta”. Se me pone la piel de gallina; la muerte en Los Punsetes no es sino un tema más del que hablar. “Esto es lo que pienso de tu puto grupo”, nos escupe Ariadna en la cara. Y nos gusta. Viva, joder, viva.

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Nada Surf (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Después de algo así, reconozco que no nos apetecía tocar a The Hives ni siquiera con un palo, así que decidimos descansar en una parcela de césped húmedo, mientras escuchamos a la multitud cantar Walk, Idiot, Walk. Y cuando llega la hora, volemos al Matusalem, esta vez para presenciar un espectáculo totalmente diferente. Son Delorean los que están ahí arriba, uno de las bandas que más ganas tenía de ver en el festival. Porque me parece que lo que hacen es elegante. Ni es electrónica, ni es indie, es algo sobrio y estético. Con la portada de Muzik, su último álbum, de fondo, interpretan sin apenas despeinarse la mayor parte de los temas del mismo, superando con creces mis expectativas sobre cómo iban a sonar en directo. Y te hacen nadar en el mar de figuras geométricas que evocan sus arpegios, y descansar sobre el colchón que son los bajos, mientras te envuelve la atmósfera que crea la voz principal. Son verdaderos expertos en construir ritmos. Suenan los temas del nuevo disco, así como Giro, de su último EP, y temas más antiguos y orgánicos como la genial Dheli, mientras no dejamos de movernos. Cuando acaba no podemos sino dar por concluida esta segunda e intensa jornada de festival.

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Low Festival Viernes 28 – Más pixiestas que los Pixies

Lo reconozco, os he mentido. Realmente nuestro paso por Benidorm con motivo de esta edición del Low Festival (la segunda para servidor y un par más de los allí presentes) comenzó un día antes, en el que nos dedicamos a instalarnos sin prisa ninguna en el Camping Armanello. A instalarnos y a beber, claro. Y todo ello intentando que no nos echasen del camping durante la primera noche. Mientras la mitad de nuestra gente iba a los conciertos de bienvenida en la playa (reconozco que me quedé con ganas de ver a Rusos Blancos), nosotros nos quedamos inaugurando un par de botellas de whisky y escuchando trap y música nacionalista gallega a un volumen que no acababa de convencer a la seguridad del camping.

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Ambiente escenario Jägermusic (fotografía oficial del Low Festival por Diego Garnés)

Fue al día siguiente (ahora sí, viernes 28) cuando el festival dio el escopetazo de salida. Pero nosotros tampoco llevábamos mucha prisa. Obviando el hecho de que era el día más flojo del festival (los Pixies me perdonen), por experiencias pasadas, sabíamos que no era la mejor idea estar allí demasiado pronto. Así que nos acercamos directamente a ver a Kokoshca, abriéndonos paso, ya de noche, hasta el escenario Wiko. La joven formación abre el concierto con Mi Consentido, y pese al hecho de que quien no baila es porque no quiere, se echa en falta algo más de desmelene en la actitud de los miembros del grupo, quienes sin embargo bordan todos los temas del setlist, incluyendo Serengueti y la coreada El Escultor.

Tras el buen rato que pasamos, nos dirigimos, como quien va a misa a con 9 años (por lo de obligados), a por la cita grande del festival. Eso, sí, también sin prisa. Después de ser adelantados por los que más ganas tienen de ver a los magnificentes Pixies, mi acompañante (Coy, al que me dirigiré como RTP en las siguientes líneas), andamos con parsimonia viendo la marea que se está formando a nuestro alrededor. No estamos muy por la labor de ser una cabeza más en ese océano de variopintos cabellos, así que decidimos quedarnos en las gradas. Ahí, suponíamos, podríamos disfrutar del concierto tranquilamente desde la distancia, sin molestar a nadie con nuestra irrespuetuosa actitud. Pero nada más lejos de la realidad, pues no solo se supone que estábamos obligados a conocer y venerar a los de Boston, sino también a guardar sacro silencio mientras tocan, ante los estufidos y el patente malestar de algunas personas presentes en la grada con nosotros. Aún así, no podemos tomarnos en serio la surrealista petición de silencio que recibimos en medio de un festival, y RTP y yo seguimos con nuestra charla. ¿Debería disculparme por no saber apreciar la magnificencia de un grupo de tal importancia? Tengo 20 cortos años. ¿Debería disculparme por no haber escuchado a los Pixies durante mi infancia? Yo he crecido con Melendi por un lado y con Mike Oldfield por el otro, y puedo decir que estoy muy orgulloso de lo que soy. He crecido sin los Pixies. Eso sí, sé apreciar el calibre y la repercusión de un grupo internacional como este, y se notan a la legua los años y los miles de escenarios llenos que llevan a la espalda. Pero no me hace gracia que me manden callar en medio de un festival, como si interrumpiésemos los oficios en un templo oficiados por el mismísimo Papa. Escuchados por gente más papista que el Papa. Y de verdad que siento no poder hablar más sobre los Pixies. Sólo conozco Where Is My Mind, cuya icónica guitarra introductoria escuchamos mientras empezamos a abandonar la grada, antes de que el escenario se vacíe.

Tras reunirnos con el resto del grupo, nos acercamos al escenario Matusalem para echar unos agradables bailes con Roosevelt. Ofrecen una música de baile realmente atractiva, interpretada con instrumentos (lo que la hace más meritosa mi juicio, al no limitarse a reproducir bases pregrabadas), acompañada de una voz que se parece, y mucho en ocasiones, a la del frontman de Foals.

La siguiente cita del día será con La Casa Azul, formación liderada por el archiconocido y prácticamente omnipresente Guille Milkyway, por lo que acudimos al escenario principal con bastantes expectativas, las cuales se vieron mayoritariamente satisfechas, si no fuera por el hecho de que el mencionado intérprete no consiguió medir del todo bien los tiempos. Porque pese a que sea total e irremediablemente inevitable evitar bailar con temas como Podría Ser Peor o Todas Tus Amigas, hubo momentos en que el ritmo cayó de manera abrupta durante la segunda mitad del concierto, y el público con él. Remontando al final, eso sí, con La Revolución Sexual, el tema emblemático de la casa.

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Biznaga (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Biznaga era lo que quedaba por tachar de la lista ese día, así que ponemos rumbo al escenario Wiko, donde empezamos la jornada. Intentando reunir energías para lo que estábamos a punto de presenciar, porque la que montaron los madrileños en un momento es digno de admiración. Y es que con los ritmos frenéticos del batería, que más que humano parece un incontrolable animal salvaje, las ollas en el pequeño escenario se forman casi instantáneamente. Fiebre. Fiebre. Fiebre. Nigredo. La voz es totalmente desgarradora, las guitarras resuenan como truenos. Y a la que se dan cuenta, se les acaba el tiempo. Una Ciudad Cualquiera y Mediocridad y Confort suenan enlazadas. Ya ha pasado la tormenta por Benidorm.

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