Crónicas, Festivales

Low Festival Domingo 30 – ¿Para siempre?

Comenzamos el último día de festival con las expectativas bien altas. El primer concierto de la jornada era la actuación del colectivo de rap/trap Agorazein (AGZ para los amigos) bajo el sol abrasador del escenario Matusalem. Y pese a que quizá desentonaba un poco con la tónica general del festival, era un concierto que (casi) todos esperábamos ver. Pero la decepción cayó como un jarro de agua fría tan pronto como cruzamos la puerta del recinto y quedaron patentes los graves problemas técnicos con los que tuvo que lidiar el colectivo liderado por C Tangana. Al llegar finalmente al escenario descubrimos, a nuestro pesar, que apenas se oyen las bases de las canciones, y mucho menos los potentes bajos que las caracterizan. No exagero cuando afirmo que el volumen del público cantando los temas era mucho mayor que el de las voces (o el autotune) de los tres críos (en palabras de RTP) vestidos en chándal subidos ahí arriba. Los cuales, independientemente del sonido, olvidan más de una estrofa mientras cantan, o mientras C Tangana, a modo de maestro de ceremonias, intenta animar a un público totalmente venido abajo y arranca con Espabilao. Canto Superreservao, tema por el que siento especial predilección, escuchándome más a mí que a la música; es un quiero y no puedo. Con 100k Pasos parece que mejora algo el volumen, pero ya es demasiado tarde, y acaba el concierto dejándonos un amargo sabor de boca. Sólo puedo pensar que no era otro sino Nega quien estaba en la torre de sonido.

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Agorazein (foto oficial del Low Festival por Javier Rosa)

No nos quitamos el mal sabor de boca ni con el agua que proporciona la bendita fuente de la que dispone el festival, y decidimos no movernos del escenario Matusalem. Esta vez sí queríamos estar bien dentro del meollo. Acto seguido, Triángulo de Amor Bizarro hacen su aparición y comienza a sonar el pesado ritmo de Gallo Negro se Levanta. Casi he perdido la cuenta de las veces que he visto en directo a estos gallegos, pero he de decir que esta vez fue especial. De verdad que creo que no son conscientes del ruido y el caos (en el buen sentido, por supuesto) que arman aquí abajo. No podemos reprimirnos y nos zambullimos de lleno en la vorágine que se forma conforme aumenta la tensión en cada canción. Llega Amigos del Género Humano y todo acaba por explotar. Saltamos y chocamos como si un terremoto sacudiese el suelo de Benidorm, mientras no dejamos de corear a pleno pulmón el estribillo de Baila Sumeria. Acabamos sin un ápice de aliento en nuestros pulmones.

Una vez recuperados, dedicamos algo de tiempo a entonarnos antes de partir hacia el escenario principal. Mención especial a Charlie por las copas que pudimos disfrutar gracias a su bondad y misericordia. Las cuales hicieron, por otro lado, que la respuesta al eterno debate (¿meternos de lleno en el concierto o quedarnos algo fuera para bailar?) fuera contestado rápidamente: queremos bailar con Lori Meyers, como profetizó el frontman de Sidonie. Y empieza a sonar Planilandia, y nosotros empezamos a movernos al ritmo de los granadinos. Y Lori suenan impecables. Pero en mi opinión, falta algo. Pese a que traen consigo todo un espectáculo visual (con enormes pantallas LED) y su ejecución es brillante, no montan la fiesta que antaño habrían armado. Echo en falta un Noni totalmente desinhibido que jalee a las masas. A esto se suma el hecho de que las canciones del nuevo disco (Zona de Confort, Todo lo que dicen de ti) se prestan a tocarlas con mimo, cuidando los detalles, además de que la mayoría de ellas tiene un sabor baladero. Eso sí, cada arreglo es cuanto menos oportuno y pertinente, y el conjunto entero suena espectacular. De cualquier manera, coreamos sin pensarlo canciones que son ya himnos consagrados, como El Tiempo Pasará o ¿Ahá han vuelto?, sin olvidar Mi Realidad y Emborracharme, con la que el público acaba, cómo no, de enloquecer. A mí, por otra parte, se me ha pasado el ciego. Ponemos rumbo de nuevo al escenario Matusalem.

Es el último día, y se nota; el cansancio hace mella en nuestros pies. Y como no es la primera vez que vemos al genial Xoel López en directo (sin ir más lejos lo vimos en la pasada edición del Low), decidimos verlo alejados, sentados en el césped del escenario Matusalem. Para ello, tuvimos que sacrificar asistir al concierto de Geografies, de lo cual admitiré que me arrepiento. Pero he de reconocer que con Xoel siempre se pasa un buen rato, aunque no sea la hora más adecuada para un concierto así (en mi opinión, Xoel y AGZ deberían haberse intercambiado sus respectivos horarios). Sea como sea, el cantautor gallego sabe perfectamente dónde está y qué hora es. Y por ello su setlist estará repleto de canciones de Deluxe, como es el caso de Reconstrucción e Historia Universal, que permiten meter más caña que las canciones de sus dos discos en solitario. Y deja Tierra para el principio, porque por mucho que nos guste no es hora para una canción así. A partir de ahí, Xoel se adueñará del escenario, sin soltar su guitarra eléctrica más que para interpretar algunas joyas como son De Piedras y Arena Mojada y la preciosa Hombre de Ninguna Parte, que llena el escenario de ritmos y melodías tropicales. Aprovechamos para cenar y dar una vuelta, sin alejarnos mucho del escenario.

Y es que El Columpio Asesino eran los siguientes en subirse a él. Comienza una línea de bajo constante que no parará hasta que se bajen del mismo, como si fuese un latido que no cesa. “Arde Babel, arde Babel, arde Babel con sus torres de papel”. A partir de ahí somos testigos de cómo crece la tensión en cada uno de los temas. Se puede palpar en el ambiente, se puede cortar. Como si estuvieran pisando el acelerador en medio de una carretera desierta (con un perro reventado en el arcén), todas las canciones son un crescendo que no acaba de estallar. Suenan Perlas, y como si nos hubieran oído pedirla, empieza Ballenas Muertas en San Sebastián, que suena más oscura que nunca. Y los que están subidos en el escenario parece que están aguardando algo, como un cazador agazapado esperando a su presa. A veces me dan hasta miedo. Son los gritos y gemidos espontáneos que se oyen a veces, y esa línea de bajo que sigue sonando, incansable. Hasta que llega Toro, y la noche alcanza su clímax. “Te voy a hacer bailar toda la noche. Toda la noche.” Con este verdadero himno ponen fin a la escalada de tensión que ha sido su concierto, que ha sido más un thriller que otra cosa. Y con este concierto ponemos fin a nuestra segunda edición del Low, porque nuestros cuerpos necesitan un respiro. Decimos adiós a Benidorm una vez más, esperamos poder volver el año que viene.

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El Columpio Asesino (foto oficial del Low Festival por Liberto Peiró)

Una última mención especial a La Guardia por protegernos en las oscuras noches de camping.

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Low Festival Sábado 29 – Ping pong

Me consuelo diciéndome que la intención es lo que cuenta. Porque pese a que empezase a unas tempranas 19:30 en el escenario Matusalem, me hacía especial ilusión asistir al concierto de The New Raemon y McEnroe, aunque no fuese la primera vez que veía a Ramón Rodríguez y Ricardo León actuar conjuntamente. De cualquier manera, un retraso en el autobús que nos llevó del camping al festival nos hizo perdernos la mayor parte del concierto. “Ya se ha acabado nuestro disco”, escuchamos decir a Ramón nada más llegar. Lo que siguió a partir de aquí fueron temas de los dos músicos en solitario, con lo que pudimos disfrutar de temas mayúsculos como La Palma o Rugen las Flores, por parte de McEnroe, y Reina del Amazonas por parte de Ricardo, todas ellas versiones más intensas de lo normal. Bajo un sol no poco intenso, he de añadir.

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Sidonie (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Acto seguido ponemos rumbo al escenario principal (en el que por suerte predomina la sombra) para escuchar, en mi caso por primera vez, a Nada Surf. Y pese a no haberlos escuchado mucho (ni saberme mucho menos alguna letra), el simpático trío neoyorquino no deja a nadie fuera de su concierto. Hacen partícipe a todo el mundo en la mayor parte de las canciones, las cuales suenan potentes y sólidas, potenciadas por la actitud de cada uno de los miembros del grupo. Hasta el punto de que el bajista, que es español, traduzca en tiempo real algunas estrofas, y pidan ayuda al público para que elija qué tema tocar para cerrar el concierto (Popular), que se ha hecho entretenido hasta para alguien que no los ha escuchado prácticamente nada. Sin duda se merecen una escucha más en profundidad por mi parte.

Ya de nuevo en el escenario Matusalem (porque eso es lo que tiene el Low, a veces pareces ser una pelota de ping-pong entre escenarios) nos sentamos en el césped para escuchar vagamente y de lejos a Neuman (Paco Román), paisano por el que sentimos especial predilección. Y a pesar de todo, en mi opinión, al conjunto murciano le falta una potencia que sí tuvo en otro momento, que hace que el público a esa hora de la noche no acabe de conectar. Con la interminable (para bien o para mal) Sil Fono, volvemos a dejar atrás el escenario mediano para ponernos rumbo al escenario principal para el concierto de Sidonie.

Pero la mayor parte de la gente había tenido nuestra misma idea, y de repente nos vemos inmersos en la marea de gente que se suele formar cada vez que la gente se mueve en masa hacia el escenario Estrella Damm, efecto engrandecido por las escasas entradas al mismo. Así que decidimos nuevamente subirnos a las gradas (benditas sean) para contemplar el océano de cabezas que se acaba de llenar, así como el verdadero espectáculo que iba a organizar Sidonie momentos después, pues montaron la que podría ser considerada la fiesta del POP. En mayúsculas. Con Marc Ros como maestro de ceremonias, una banda que disfruta en el escenario y un público totalmente entregado, interpretan cada tema como si fuera una celebración (Os Queremos, Siglo XX, El Peor Grupo del Mundo) para alcanzar el pico de la catarsis con el que ya es todo un himno festivalero, Carreteras Infinitas. Cantamos y bailamos todos y cada uno de los temas, porque hacen de su fiesta ahí arriba la nuestra, sin dejar a nadie fuera, como en No Sé Dibujar un Perro, en donde sacan carteles con la letra de la canción. Finalmente, Estáis Aquí pone la guinda a un concierto que ha sido, solo de batería incluido, puro espectáculo.

Tras vagar sin rumbo buscando un merecido trozo de césped en el que descansar, y después de ver el escenario Matusalem (totalmente a reventar) con Viva Suecia subidos en él, volvemos al escenario principal para ver otra de las grandes citas del festival, ni más ni menos que Franz Ferdinand. Y en ese momento surge el eterno debate que nos perseguirá hasta el fin de nuestros días: ¿nos metemos en medio de la gente o nos quedamos más atrás para poder bailar a gusto?  Tras encontrar un buen sitio, empezamos a saltar nada más empezar a sonar la música. Y no dejamos de saltar hasta que terminó. Porque si alguien sabe hacer saltar a todo un festival son los de Glasgow. No You Girls, Michael, Love Illumination, nos hacen empapar toda la camiseta. “Yo no me vuelvo a meter en un concierto” oigo decir a RTP, totalmente cubierto en sudor. Pero eso es una buena señal, supongo, lo de sudar y quedarse afónico. Para terminar, con la archiconocida, archicoreada y architodo Take Me Out, pegamos unos últimos y enérgicos botes sincronizados con las miles de personas que estábamos allí, y decidimos abandonar el escenario sin que hubiera terminado aún el concierto. Es lo que pasa cuando no cierras tu setlist con tu mejor tema.

Y ping-pong. Estamos otra vez de vuelta en el escenario Matusalem para ver a Los Punsetes, esta vez con mucho más aire fresco que respirar y la posibilidad de coger una pulmonía de tan calados que íbamos. A pesar de que no es la primera vez que los vemos (RTP escribió una genial crónica de su paso por Murcia el pasado mayo), nunca dejará de sorprenderme, fascinarme e inquietarme a partes iguales la puesta en escena de Ariadna, que más que humana parece una estatua vestida con una alfombra persa. Las dos guitarras comienzan a rugir, en violento contraste con la melódica voz de la vocalista.  A RTP y a mí no nos gusta reprimirnos, y no hacemos sino darlo todo un tema tras otro, porque no es para menos. “El águila calva solo quiere estar muerta”. Se me pone la piel de gallina; la muerte en Los Punsetes no es sino un tema más del que hablar. “Esto es lo que pienso de tu puto grupo”, nos escupe Ariadna en la cara. Y nos gusta. Viva, joder, viva.

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Nada Surf (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Después de algo así, reconozco que no nos apetecía tocar a The Hives ni siquiera con un palo, así que decidimos descansar en una parcela de césped húmedo, mientras escuchamos a la multitud cantar Walk, Idiot, Walk. Y cuando llega la hora, volemos al Matusalem, esta vez para presenciar un espectáculo totalmente diferente. Son Delorean los que están ahí arriba, uno de las bandas que más ganas tenía de ver en el festival. Porque me parece que lo que hacen es elegante. Ni es electrónica, ni es indie, es algo sobrio y estético. Con la portada de Muzik, su último álbum, de fondo, interpretan sin apenas despeinarse la mayor parte de los temas del mismo, superando con creces mis expectativas sobre cómo iban a sonar en directo. Y te hacen nadar en el mar de figuras geométricas que evocan sus arpegios, y descansar sobre el colchón que son los bajos, mientras te envuelve la atmósfera que crea la voz principal. Son verdaderos expertos en construir ritmos. Suenan los temas del nuevo disco, así como Giro, de su último EP, y temas más antiguos y orgánicos como la genial Dheli, mientras no dejamos de movernos. Cuando acaba no podemos sino dar por concluida esta segunda e intensa jornada de festival.

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Low Festival Viernes 28 – Más pixiestas que los Pixies

Lo reconozco, os he mentido. Realmente nuestro paso por Benidorm con motivo de esta edición del Low Festival (la segunda para servidor y un par más de los allí presentes) comenzó un día antes, en el que nos dedicamos a instalarnos sin prisa ninguna en el Camping Armanello. A instalarnos y a beber, claro. Y todo ello intentando que no nos echasen del camping durante la primera noche. Mientras la mitad de nuestra gente iba a los conciertos de bienvenida en la playa (reconozco que me quedé con ganas de ver a Rusos Blancos), nosotros nos quedamos inaugurando un par de botellas de whisky y escuchando trap y música nacionalista gallega a un volumen que no acababa de convencer a la seguridad del camping.

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Ambiente escenario Jägermusic (fotografía oficial del Low Festival por Diego Garnés)

Fue al día siguiente (ahora sí, viernes 28) cuando el festival dio el escopetazo de salida. Pero nosotros tampoco llevábamos mucha prisa. Obviando el hecho de que era el día más flojo del festival (los Pixies me perdonen), por experiencias pasadas, sabíamos que no era la mejor idea estar allí demasiado pronto. Así que nos acercamos directamente a ver a Kokoshca, abriéndonos paso, ya de noche, hasta el escenario Wiko. La joven formación abre el concierto con Mi Consentido, y pese al hecho de que quien no baila es porque no quiere, se echa en falta algo más de desmelene en la actitud de los miembros del grupo, quienes sin embargo bordan todos los temas del setlist, incluyendo Serengueti y la coreada El Escultor.

Tras el buen rato que pasamos, nos dirigimos, como quien va a misa a con 9 años (por lo de obligados), a por la cita grande del festival. Eso, sí, también sin prisa. Después de ser adelantados por los que más ganas tienen de ver a los magnificentes Pixies, mi acompañante (Coy, al que me dirigiré como RTP en las siguientes líneas), andamos con parsimonia viendo la marea que se está formando a nuestro alrededor. No estamos muy por la labor de ser una cabeza más en ese océano de variopintos cabellos, así que decidimos quedarnos en las gradas. Ahí, suponíamos, podríamos disfrutar del concierto tranquilamente desde la distancia, sin molestar a nadie con nuestra irrespuetuosa actitud. Pero nada más lejos de la realidad, pues no solo se supone que estábamos obligados a conocer y venerar a los de Boston, sino también a guardar sacro silencio mientras tocan, ante los estufidos y el patente malestar de algunas personas presentes en la grada con nosotros. Aún así, no podemos tomarnos en serio la surrealista petición de silencio que recibimos en medio de un festival, y RTP y yo seguimos con nuestra charla. ¿Debería disculparme por no saber apreciar la magnificencia de un grupo de tal importancia? Tengo 20 cortos años. ¿Debería disculparme por no haber escuchado a los Pixies durante mi infancia? Yo he crecido con Melendi por un lado y con Mike Oldfield por el otro, y puedo decir que estoy muy orgulloso de lo que soy. He crecido sin los Pixies. Eso sí, sé apreciar el calibre y la repercusión de un grupo internacional como este, y se notan a la legua los años y los miles de escenarios llenos que llevan a la espalda. Pero no me hace gracia que me manden callar en medio de un festival, como si interrumpiésemos los oficios en un templo oficiados por el mismísimo Papa. Escuchados por gente más papista que el Papa. Y de verdad que siento no poder hablar más sobre los Pixies. Sólo conozco Where Is My Mind, cuya icónica guitarra introductoria escuchamos mientras empezamos a abandonar la grada, antes de que el escenario se vacíe.

Tras reunirnos con el resto del grupo, nos acercamos al escenario Matusalem para echar unos agradables bailes con Roosevelt. Ofrecen una música de baile realmente atractiva, interpretada con instrumentos (lo que la hace más meritosa mi juicio, al no limitarse a reproducir bases pregrabadas), acompañada de una voz que se parece, y mucho en ocasiones, a la del frontman de Foals.

La siguiente cita del día será con La Casa Azul, formación liderada por el archiconocido y prácticamente omnipresente Guille Milkyway, por lo que acudimos al escenario principal con bastantes expectativas, las cuales se vieron mayoritariamente satisfechas, si no fuera por el hecho de que el mencionado intérprete no consiguió medir del todo bien los tiempos. Porque pese a que sea total e irremediablemente inevitable evitar bailar con temas como Podría Ser Peor o Todas Tus Amigas, hubo momentos en que el ritmo cayó de manera abrupta durante la segunda mitad del concierto, y el público con él. Remontando al final, eso sí, con La Revolución Sexual, el tema emblemático de la casa.

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Biznaga (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Biznaga era lo que quedaba por tachar de la lista ese día, así que ponemos rumbo al escenario Wiko, donde empezamos la jornada. Intentando reunir energías para lo que estábamos a punto de presenciar, porque la que montaron los madrileños en un momento es digno de admiración. Y es que con los ritmos frenéticos del batería, que más que humano parece un incontrolable animal salvaje, las ollas en el pequeño escenario se forman casi instantáneamente. Fiebre. Fiebre. Fiebre. Nigredo. La voz es totalmente desgarradora, las guitarras resuenan como truenos. Y a la que se dan cuenta, se les acaba el tiempo. Una Ciudad Cualquiera y Mediocridad y Confort suenan enlazadas. Ya ha pasado la tormenta por Benidorm.

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Alburquerque, un paraje singular (Capítulo 1: Galaxina y El Imperio eclipsan la jornada)

Tras nueve horas de coche y un desconcertante y fortuito paso por Toledo conseguimos, tomando el castillo de Luna como referencia, llegar a Alburquerque. A pesar de ser víctimas del llamado “síndrome de la clase turista”, las piernas entumecidas no consiguen empañar el júbilo que sentimos al tumbarnos en el anhelado camping. Un inesperado frío polar me hace evocar una de aquellas célebres frases de abuela, tal como “llévate una rebequita que por la noche refresca”, cuánta razón tenías y yo qué descarado por no hacerte caso.

Una vez con todo organizado, partimos hacia el pueblo donde se celebraría la primera jornada del festival. Nos sorprendimos al ver la Plaza de España abarrotada en torno a un pequeño escenario, en el cual De Viaje eran los encargados de endulzar el ambiente con su estético y pulido techno pop amoroso, al son de temas como “Quiero repetir” o “Te doy mi corazón”, además de una versión final de “Segundo Premio”. Mientras esto sucedía, decidimos realizar una parada en el bar de la plaza para reponer fuerzas. Sin previo aviso, el contoneo tímido y ligero del público se tornó en desinhibición a base de brincos y bailes con la llegada de Detergente Líquido. Pues su pop cotidiano y sarcástico sonaba mucho más enérgico en vivo. Fue el turno de “Poesía eres tú, Robocop” y la plaza vitoreó aquella sentida, e irónica por el contexto, frase de “No me gusta bailar” que hizo desvanecer cualquier complejo e incitó al frenesí. Sin duda, el momento álgido de una noche que llegaba a su fin, los más de setecientos kilómetros nos acabaron pasando factura. Aunque no partimos sin antes haber escuchado su versión de “Himno generacional #83”.

Viernes. Amanecimos observando el reflejo de venerados rayos de luz absorbidos por la tela de nuestras tiendas, permitiendo así el aporte de energía en forma de gratificante calor. Tras una gélida noche, la programación nos recompensaba con una serie de acústicos en la piscina municipal de Alburquerque. Incluso, la ausencia de Tórtel a causa de su recién estrenada paternidad (desde aquí nuestra más sincera enhorabuena) fue suplida con habilidad y premura, pues El Buen Hijo cubrió la baja con excelencia. Su sonido limpio, su frescura y su ingeniosa prosa permitieron crear un ambiente distendido y melódico e impidieron cualquier intención de permanecer tumbado en el césped. ¡Qué insolencia! Ni los nervios de excitación de la formación ni la ausencia de uno de los guitarristas nos privó, al término de la actuación, de exclamar jubilosos: “¡Viva la vida y el pop, y las historias llenas de ciencia ficción!”. A continuación, tomó el testigo Guille de La Casa Azul. El cual dejó a un lado los alardes electrónicos para resguardarse, únicamente, tras un piano y un acompañamiento de guitarra, lo que le permitió mostrar una vertiente más íntima y armoniosa de sus temas más cotizados, intercalados con alguna rareza poco habitual en sus sesiones. El acto concluyó con un “Todas tus amigas” aclamado por unanimidad.

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El Buen Hijo. Fotografía de la organización.

Tras una tarde relajada y reconfortante de acústicos y piscina, con la llegada del ocaso empezábamos a sentir apetencia por el nervio y la rabia que estaban a punto de ofrecernos los dos primeros grupos, quienes estrenarían el escenario Paseo de las Laderas.

Puesto que los acústicos se alargaron más de lo previsto, no nos quedó margen para acudir al recinto con calma. De modo que, sin pensarlo dos veces, emprendimos el viaje en sprint, en ningún momento nos planteamos otra posibilidad, ya que se trataba de dos de los grupos que catalogamos como imprescindibles para este festival y todo lo que fuese llegar tarde estaba descartado. Con el corazón presionando con vehemencia contra el pecho e hiperventilando, conseguimos ascender la ladera y tomar la primera fila, algo que no resultó difícil puesto que el público se situó a varios metros del escenario sin motivo aparente. Mejor, pensamos.

Los almerienses Galaxina fueron los primeros en enfundarse los instrumentos. Fue algo sencillo, natural y espontáneo. Su sonido envolvente, denso, abrumador y, por momentos, erótico nos embaucó, sin pedir permiso se apoderó de nuestros movimientos. Un sonido cargado de luces y sombras, tan nítido y esclarecedor como confuso, a la vez balsámico y perturbador. La banda supo transportar al directo, con maestría, el universo de matices y atmósferas que conforman su primer LP Evasión y Victoria (2016). Ésto lo consiguieron combinando a la perfección sus temas más sensoriales, de ritmo lento, y nutridos de riffs afilados e hirientes cual agujas (“Lejos de ninguna parte”), con otros más asociados al rock psicodélico y de mayor contundencia (“Cometa”). En resumen, les pedíamos “sólo una razón que me pueda convencer” y acabamos aturdidos de placer. Sin duda, uno de los mejores directos del festival, en el que incluyeron su versión de “La máquina de escribir” de Los Planetas.

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Galaxina. Fotografía de la organización

Mas los miembros de El Imperio del Perro no se quedaron atrás en este aspecto, ni mucho menos, y se alzaron con cierta facilidad y soltura hacia lo más alto del cartel. A pesar de que el ambiente no era para nada esperanzador: numerosas lagunas y un público distante y contemplativo. Otros grupos podrían haber decaído al observar la escena, pero estos sevillanos están curtidos en mil salas y estaban decididos a poner todas sus cartas sobre el tablero. Así lo hicieron, pues después de casi desfallecer en Galaxina, la potencia de la banda andaluza entró como una dosis intravenosa de combustible, en ese momento todo comenzó a carburar. Quedó constatado el viernes que ellos son algo así como hooligans del brit-pop, con alma rockera. En directo trascienden más allá de la mera interpretación de un setlist, derrochan tal cantidad de rabia y nervio que acaban impregnándote hasta la médula, de modo que se hace casi imposible mantener la compostura. Esta pasión y franqueza se complementa con letras incisivas y agresivas, que evocan imágenes perturbadoras como en “Buitres”, aún revolotean en nuestra sien los “veintidós buitres”. No les falta repertorio, pues pueden transitar en un mismo concierto desde la frustración punk con riff apoteósico incluido hasta temas de instrumentación más etérea y frases lapidarias, “Os odio a todos”. Los sevillanos se atrevieron con una versión de “Cumpleaños total”, una canción que les fue como anillo al dedo.

Además, tuvimos la suerte de poder conversar con uno de los integrantes de la banda en un entorno informal post festival. Tras ello, pudimos cerciorarnos de que son amantes de la música como todos nosotros y transparentes como el agua, les encanta crear un vínculo cercano con sus seguidores y recoger las impresiones sin intermediarios. Con todo, nos llevamos alguna recomendación musical que tendremos muy en cuenta.

El siguiente grupo en desfilar por el escenario del recinto fue Supertennis. Uno de los más esperados por el público natal de Alburquerque, puesto que se trata del conjunto bandera de la tierra pacense dentro de la “escena”. La banda desplegó con soltura su pop guitarrero y eléctrico. Variando entre canciones lentas y melódicas como “Mañana” o “Prisas” y otras vertiginosas y dinámicas como “Nada que perder”. Los extremeños se decantaron por versionar “Qué puedo hacer”. Con total seguridad podemos afirmar que el momento cumbre del concierto fue “Ruido”, una canción con pegada que incita a “bailar hasta la muerte”. Aún así, no fue una actuación épica, ni mucho menos. En nuestra opinión, les sobrepasaron las expectativas en torno a su recién estrenado disco, quizá expectativas “autoinfundadas” al escuchar el convincente LP.

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Supertennis. Fotografía de la organización.

A continuación, era el turno de la banda liderada por Miguel Rivera. El concierto de Maga estaba marcado en rojo en nuestro horario puesto que, como comentamos en la previa, se trata de uno de esos grupos que hay que ver, al menos, una vez en la vida. Esta fue nuestra oportunidad, hasta entonces no habíamos coincidido con los sevillanos. Hemos de reconocer que es harto difícil resistirse a la voz angelical de Miguel cuando te susurra desde primera fila. Una voz que, en ocasiones te mece a modo de brisa marina hasta envolverte y, en otras, te zarandea violentamente el alma como si de un viento huracanado se tratase. Más irresistible si cabe cuando suenan “Silencio”, “Diecinueve” o versionan “Segundo premio” de Los Planetas. Su último disco Salto Horizontal (2017) copó gran parte de la actuación, un trabajo que en directo sonó con una instrumentación más potente y solvente de lo que esperábamos. Personalmente, muy pocos fueron los momentos en los que me sentí fuera del concierto por no ser fiel seguidor de la banda y no conocer sus letras. Esto último siempre es algo positivo. Entre las canciones del último largo que más entusiasmo (y alguna que otra lágrima) generaron, se encuentran “Cuando nadie me escriba”, “Báltico”, “Por las tardes en el frío de las tiendas” o “Juego”.

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Maga. Fotografía de la organización.

No había tregua musical, el único descanso posible eran los 15 minutos entre concierto y concierto, descanso que aprovechamos para hacer uso de los económicos puestos de comida y bebida del recinto y sus alrededores, pues hemos de destacar la comodidad con la que se vivían las actuaciones, sin agobios, sin prisas, sin empujones. Podíamos realizar una serie de movimientos espasmódicos, a los que denominamos erróneamente como baile, sin preocuparnos de no tirarle la cerveza a nadie.

Con el vaso de cerveza recargado y el estómago satisfecho nos disponemos a disfrutar de uno de nuestros paisanos presentes en el cartel. Se trata de Viva Suecia. A diferencia de Maga, a esta banda hemos tenido el placer de verla en directo varias veces. Por ello, nos atrevemos a decir que el del Contempopránea fue un concierto atípico, precipitado. Las canciones se sucedieron de manera acelerada e, incluso, atropellada, no parecía el curso natural de un concierto de los murcianos. Lo que provocó que no fuese una de sus mejores actuaciones, sin duda. Independientemente de esto, mantuvieron buenos registros de distorsión y cadencia en sus guitarras y un sonido compacto, estruendoso y saturado, que son señas de identidad inequívocas del grupo. De igual manera, complacieron las demandas de los allí presentes con un setlist de “hits” tanto del reciente LP (“Hemos ganado tiempo”, “A dónde ir” o “El nudo y la esperanza” entre otros) como de su primer trabajo (“Bien por ti”, “Permiso o perdón” o “Los años”). Quizá fue esto, junto con su versión de “Santos que yo te pinté”, lo que les salvó de la quema.

El flujo de gente era creciente, el escenario principal empezaba a colapsar, algo grande se avecinaba. En efecto, La Casa Azul estaba a punto de poner en pie a todo Alburquerque. Tras su actuación en acústico, esta vez era el turno de su versión electrónica y bailable. El show empezó de forma dinámica con temas movidos y conocidos (“La fiesta universal” o “Esta noche sólo cantan para mí”), con un Guille Milkway ataviado, en esta ocasión, con su singular “piano-guitar”. Especialmente llamativa fue la puesta en escena, debido a la iluminación que ésta incluía, una especie de muro formado por cubos luminosos que componían imágenes y juegos de luces, los cuales dieron el toque retro inherente a la música de La Casa Azul. Todo fluía correctamente y el público estaba entregado, hasta que decidieron interpretar un par de canciones pausadas y con acompañamiento de piano. En esos momentos entre temas, se crearon silencios y esperas demasiado prolongadas que pudieron sacar de situación a algunos. A causa de esto el concierto se extendió más de lo esperado y resultó, por momentos, tedioso. Todo lo anterior resultaría anecdótico pues la actuación concluyó con una ristra de clásicos que dejaron un gran sabor de boca a los presentes (“¿Qué se siente al ser tan joven?”, “Los chicos hoy saltarán a la pista”, “La revolución sexual” y una entretenida versión de “Mi hermana pequeña”)

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La Casa Azul. Fotografía de la organización.

Una vez despejado el recinto, los madrileños Lecciones de Vuelo salieron a escena. Tras lo anterior, era necesario aumentar la cadencia para mantenernos en pie, y así lo hicieron. De este modo, desplegaron un power pop de picos y cambios de intensidad enérgicos y estimulantes. Cumplieron su rol sin mayor pretensión. Los madrileños dieron paso a Las Odio, un concierto que empezó con mal pie desde el arranque y así continuaría hasta la conclusión. Suponemos que una mala afinación de alguno de los instrumentos les obligó a abandonar el escenario durante casi diez minutos al poco de comenzar. Al regresar, prosiguieron con la interrumpida “Blackout” para mostrar un sonido caótico y, a veces, embarrado, acompañado de algún berrido esporádico, disimulado con toques de pandereta. La estupefacción era patente en el ambiente. Sinceramente, esperamos que esto fuese causado por un problema técnico o un mal día, y que no sea la tónica habitual del cuarteto, pues aguantamos expresamente para escucharlas ya que es un grupo por el que tenemos afición.

Esta sensación agridulce no empañaría lo que, a fin de cuentas, fue una estupenda jornada de conciertos, vigorosa, sensorial y extenuante.

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Triunfo de Fleet Foxes el sábado en el Vida Festival

Tras dos primeras jornadas en el Vida Festival más que satisfactorias en las que disfrutamos tanto del intenso directo de grupos consolidados como Phoenix, como nos llevamos la sorpresa de pequeños grupos de la talla de Tórtel o The Secret Society, nuestro festival acabaría con un maratón que comenzaría en la Daurada Beach Club con unos más que sobresalientes conciertos matinales.

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Calentamos en el escenario patrocinado por Aperol Spritz con la electrónica de Tversky, a menudo a medio camino entre el soul y el funk, algo potenciado con un uso medido del saxofón que sin duda funcionaba a la perfección y daba un aire especial a las melodías del dúo catalán. Aun así, los platos fuertes de la jornada matinal del Vida Festival eran sin duda los dos conciertos que nos esperaban. El primero de todos fue el excéntrico Bigott. Sin duda, sus directos siempre son sinónimo de buen rollo. En parte, por las melodías de tinte psicodélico que la genial banda que acompaña al zaragozano nos regala en temas como ‘Pavement Tree’ o ‘Canibal Dinner’; pero sin duda, es la energía positiva que el frontman derrocha lo que hace que sea inevitable que el público no esté completamente metido en el concierto. Tras el zaragozano, una de las sensaciones del Vida Festival se subía al escenario. El público asistente a su concierto del jueves ya había bautizado a Parcels como la revelación del festival, y si bien parece que el set se desarrolló en otra onda a la de la jornada inaugural, los ritmos bailables y el pop con reminiscencias a los dioses Daft Punk funcionaron a la perfección en un Daurada Beach Club que estaba a reventar y en el que nadie lo pasó mal.

Al igual que el día anterior, nuestra jornada en el recinto comenzaba bien temprano y con el corazón dividido. Por un lado, en el escenario La Masía el mago Enric Montefusco intentaría convocar de nuevo a su duende; y por otro lado, el potente psych rock de My Expansive Awareness esperaba en esa mágica Cabana de Jägermusic. Nos decantamos por esta segunda opción, aunque no pudiendo evitar mirar atrás con indecisión. El grupo zaragozano presentó a la perfección su segundo LP ‘Going Nowhere’, dando un recital de rock y psicodelia que pocos grupos en nuestro país podrían igualar. La solidez que han mostrado con el segundo largo y que sin duda supieron llevar a la perfección al directo hace que sin duda el grupo esté llamado a seguir creciendo y expandir su palabra. No dudamos de lo imprescindible que supone My Expansive Awareness para el underground de nuestro país. 

Los siguientes conciertos nos sirvieron poco más que de calentamiento para lo que nos esperaba ya a altas horas de la noche. Ya comentamos en nuestros imprescindibles que la oportunidad de ver por primera vez a Mishima en su propia casa era especialmente atractiva, y sin duda fue más que gratificante, pese a haber únicamente catado su último disco, del cual nos dejaron, por ejemplo, la sencilla pero hipnótica ‘Una sola manera’. Tras una actuación de Waurhaus en la que su estilo no terminó de engancharnos pese a lo atractivo de su propuesta, nos esperaba el que fue sin duda para un servidor el concierto del festival.

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Fleet Foxes llegaba a Vilanova i la Geltrú a presentar ‘Crack-Up’ su tercer disco publicado tras 6 años de silencio. Se notó en un principio de concierto en el cual encadenaron 5 temas de dicho álbum, algo que el publico pareció rechazar pese a la dulzura y perfección de temas como ‘Cassius -‘. Tras ello, el primero de los “sobresaltos” para un servidor fue la temprana interpretación de ‘Your Protector’, momento en el que gran parte del público consiguió engancharse. Pero sin duda, si hay un hit en ese ‘Crack-Up’ fue el que utilizaron para dar el pistoletazo de salida a todas las emociones de los verdaderos fans. Encadenaron el single ‘Fool’s Errand’ con ‘He Doesn’t Know Why’ y los himnos ‘Mykonos’ y ‘White Winter Hymnal’, razones por las que algo se rompió dentro de nosotros y el grupo de Seattle acabó por hechizarnos. Y por si fuera poco, aún quedaba el cierre con ‘Blue Ridge Mountains’ y ‘Helplessness Blues’, haciendo las delicias de nosotros los más nostálgicos.

Aún extasiados por lo ocurrido en el escenario Estrella Damm nos acercamos a ver la propuesta de Warpaint, quienes tal vez por el subidón de emociones, tal vez por lo descafeinado de sus nuevos temas o tal vez por no estar lo suficientemente metidos, no acabaron de engancharnos hasta la interpretación final de ‘Love is to Die’ y ‘New Song’. Nuestro Vida Festival llegaba a su fin, pero aún quedaba una buena sesión de bailes en el escenario principal. Al igual que pasaba con Fleet Foxes, quien subscribe estas líneas llevaba bastante tiempo ya detrás de los australianos Jagwar Ma, y tras su segundo disco nos asaltaba la duda de si girarían el set al lado psicodélico o al electrónico. Seguramente debido a las altas horas de la noche en las que nos encontrábamos, se decantaron por lo segundo, haciendo bailar a todo el Vida Festival con temas como ‘Give Me a Reason’, ‘Batter Up’ o ‘Come and Save Me’. Sin duda, un broche de oro para nuestro Vida Festival.

A modo de conclusión y más allá de lo estrictamente musical, desarrollado en todas las crónicas, habría que hacer especial mención a la perfecta organización del festival. Comenzando en la apuesta por la comodidad que supone reducir y respetar al máximo las cuestiones aforo y llegando hasta servicios como los autobuses o la limpieza en los aseos tanto del recinto como del camping. Sin duda, el Vida Festival es un festival, si no familiar (alegraba mucho ver a familias completas disfrutando de los directos programados), un festival cómodo.

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Descubrimientos, bailes y emoción en la segunda jornada del Vida Festival

Tras un una intensa jornada de calentamiento el jueves del Vida Festival, el segundo día comenzaría a primera hora de la tarde en el que seguramente sea el escenario más mágico del festival, si bien de nuevo serían los grandes nombres del cartel los que nos emocionarían especialmente. Aun así, nuestro descubrimiento del festival tendría lugar en La Cova y el concierto más satisfactorio, en la Cabana.

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La culpable de que nos acercáramos hasta el escenario El Vaixell (el barco) era la cantautora Pavvla. La artista respiraba emoción a causa de encontrarse, literalmente, en casa. Sin duda, lo transmitió en una canciones que derrochaban sencillez y dulzura, y que si bien pudieron hacer que el set llegara a hacerse monótono, sin duda se desarrolló en el momento y el lugar idóneo para disfrutar de la catalana por primera vez.

No éramos conscientes de a qué nos enfrentábamos cuando decidimos ir hasta La Cova de Movistar para descubrir el directo de Tórtel. Pese a los pequeños problemas técnicos que sufrieron los valencianos, el pop de temas como ‘La gran prueba’, ‘La casa de hojas’ o ‘Nadie se parece a nosotros’ nos enganchó desde el primero de los temas, y lejos de lo que podía parecer en un principio, resultó no ser nada simplón, al estar instrumentado por un juguetón sintetizador y una hipnótica batería electrónica. Sin duda, el grupo valenciano se ha ganado un fan gracias a su concierto en el Vida Festival 2017.

Volvimos al idílico barco y sorprendentemente, nuestra paisana Lidia Damunt había congregado una importante cantidad de público. Y con el salero característico del sur de España y en especial de nuestra tierra, entre tema y tema se ganó al público de Vilanova i la Geltrú con los comentarios previos a sus divertidas canciones como ‘La Caja’, ‘Bolleras como tú’ o ‘Cambiábamos la historia’. Y todo, mientras luchaba contra los problemas con el cable de su guitarra y bebía  una cerveza echando de menos nuestra querida Estrella Levante.

Tras reponer fuerzas para aguantar lo que nos quedaba por delante (que no era poco), nos acercábamos a ver a los americanos Dr. Dog sin saber nada de ellos previamente. Lo poco que disfrutamos de ellos nos pareció ligeramente plano, pero con una propuesta interesante aunando powerpop, psicodelia y rock sureño. Aún así, acudimos a la llamada de La Cabana, donde tras 5 años de silencio, The Secret Society, capitaneados por Pepo Márquez, dieron sin duda uno de los  mejores conciertos de todo el festival. La banda madrileña interpretó únicamente sus temas, o más bien hits, en castellano; incluyendo canciones del que será su más que esperado próximo álbum. Sobre los ya clásicos temas advirtió que tal vez ya no disfrutaríamos de más letras de claro desamor, pero ‘La casa junto al mar’, ‘Parte de guerra’ y el himno ‘Las pistas falsas conducen al desamor’ sonaron como pocas canciones este fin de semana, dejándonos un inmejorable sabor de boca.  Sin duda, todos los ahí presentes éramos verdaderos fans del grupo, razón por la cual nos fue indiferente el doloroso solape del final del concierto con la mitad del set de Devendra Banhart. Según nos comentaron, el medio texano medio venezolano interpretó sus temas emblemáticos al principio de su set, pero afortunadamente llegamos justo para disfrutar de las resultonas ‘Fancy Man’ o ‘Fig in Leather’, incluidas en el disco que actualmente está presentando en Europa, ‘Ape in Pink Marble’. Además, se acordó de un artista muy querido por todo melómano y en este blog al versionar ‘Sound & Vision’ de David Bowie.

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Sin perder tiempo alguno, partimos al escenario La Masía para disfrutar de uno de los grupos más esperados del festival. La psicodelia de Real Estate llegaba al Vida Festival para presentar la última referencia del grupo, ‘In Mind’. Pese a ello, todo el set se desarrolló intercalando temas de toda su discografía como en la primera suceción ‘Stained Glass’, ‘Crime’, ‘Same Sun’ y ‘Had to Hear’. Pese a ello, fue sin duda el final del set con lo que el grupo natural de New Jersey se coronó, cerrando el mejor concierto de la jornada con esos hits que son ‘Horizon’, ‘Wonder Years’ y el himno ‘It’s Real’. Si te gustan los espectáculo musicales, el concierto que darían posteriormente The Flaming Lips era tu sitio. Lamentablemente, el grupo británico dejó lo musical en segundo plano y de toda su extensa discografía sobresalieron únicamente ‘Yoshimi Battles the Pink Robbots Part 1’, el cierre con la genial ‘Do You Realize?’ y la particular versión también de Bowie. En esta ocasión, el grupo apostó por el himno ‘Space Oddity’.

Nuestro cierre del festival tenía que ser necesariamente con nuestra primera ocasión de ver en directo a La Casa Azul. El concierto dio el pistoletazo de salida con ‘Podría ser peor’, el hit regreso de la banda, para así dar paso al extenso repertorio de hits que sin duda valen para condecorar al grupo de Guille Milkyway con el título de mejor grupo de pop de España. ‘La Nueva Yma Sumac’, ‘Los chicos hoy saltarán a la pista’ o ‘Chicle cosmos’ fueron los pilares de un concierto y un fin de noche que alcanzó su clímax con esa ‘Revolución Sexual’ que terminó de hacernos quemar suela y bailar como si no hubiera un mañana.  Sin duda, este segundo día fue el más intenso del festival, si bien aún quedaba una jornada por vivir que acabó por grabarse a fuego en un servidor.

Fotografías de Vida Festival

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Pequeñas sorpresas y gran triunfo de Phoenix en el primer día del Vida Festival

Tras un agotador y kilométrico viaje en bus, llegábamos a Vilanova rodeado de buenas sensaciones y con las expectativas muy altas: el Vida Festival nos ofrecería en los días siguientes conciertos de muy alto nivel que, finalmente, consiguieron no defraudar a nadie.DDg0nnMV0AQ4HZa.jpg

Nuestro Vida Festival comenzó en el idílico escenario de La Cabana, el particular escenario Jägermusic del festival, y paradójicamente, lo hizo con Alien Tango, paisanos de este magazine. Sin duda, es imposible hablar del grupo murciano sin nombrar a su frontman Alberto (Aitite), quien con sus interpretaciones excéntricas de las canciones, funcionó de gancho idóneo para agrandar los hits que forman la corta discografía del cuarteto. Si te gustan Unknown Mortal Orchestra o Foxygen, no puedes dejar pasar de largo a estos murcianos y sus hits ‘Sexy Time’ o ‘Dancing in the Void’.

Aún sin pisar los escenarios grandes, pusimos rumbo a la Cova, escenario patrocinado por Movistar, donde nos esperaba el pop de los madrileños Rusos Blancos. Si bien es cierto que en un principio la voz sonó ligeramente artificial, finalmente, las hipnóticas líneas de bajo y las pegadizas melodías acabaron por imponerse y temas como ‘Insuficiente’, ‘Damas de la nobleza’ (ambas de su último ‘Museo del romanticismo’) o ‘Camas y Trincheras’ postularon a Rusos Blancos como una de las revelaciones del festival… hasta el momento.

La noche tuvo sin duda alguna su momento álgido con el concierto de los franceses Phoenix. Traían nuevo disco debajo del brazo, ‘Ti amo’, y pese a dar el pistoletazo con la homónima, automáticamente nos dejaron tres trallazos incluidos en los ya clásicos hits del indie mundial. ‘Lasso’, ‘Entertainment’ y ‘Lisztomania’ valieron para postular al de Phoenix como el mejor concierto del día (algo que ya esperábamos en primera instancia). Con un batería que tiró en todo momento del concierto, ya para los momentos finales nos recordaron que su discografía es sinónimo de hits y nos deleitaron con la brutal ‘1901’.

Sabiendo que poco podía mejorar lo vivido hasta el momento, nos acercamos a ver cómo funciona la propuesta de Las Bistecs en directo. Sin llevar tampoco unas expectativas considerables, nos dimos cuentas que no merece la pena dejarse caer por un concierto de las catalanas, puesto que finalmente, sólo acabas disfrutando dos o tres de los temas que forman parte de su repertorio y que, sin duda, son más que acertados.

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Enfilamos el final de la noche con dos subidones de energía y de desfogue. Por un lado, el locurote del one-man-band King Cayman nos dejó la sesión de punk de la noche, disfrutando de los pogos que el público asistente se animó a reventar y flipando con la cantidad de ruido que él solo pudo llegar a formar. El último de los artistas de los que disfrutamos fue el encargado de cerrar el festival junto a nosotros. La electrónica de Erol Alkan sin duda hubiera funcionado si hubiéramos estado mucho más metidos en su set, pues sin duda el londinense es uno de los nombres idóneos para este tipo de cometidos.

Fotografías de Vida Festival. 

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