Discos, Reseñas

Biznaga y su derroche de energía en el sólido ‘Sentido del Espectáculo’

El pasado 2015 un grupo irrumpió en mi vida con energía y, sobre todo, rabia. El cuarteto punk Biznaga marcó, a base de certeros conciertos en festivales, el que fue mi primer verano intensamente festivalero. Las letras de los temas de su ‘Centro Dramático Nacional’ las llevo grabadas a fuego en mí, y el anuncio de su segundo LP hizo despertar mi lado más punk. Tal vez el grupo no nos muestra una música especialmente trascendental, pero lo que queda claro con este ‘Sentido del Espectáculo’, el cual podemos escuchar gracias a Slovenly Records desde hace unas semanas, es que el cuarteto madrileño es uno de los grupos más importantes (si no el que más) del sonido punk en nuestro país.

biznaga

La fórmula que escuchábamos en ese ‘Centro Dramático Nacional’ se mantiene: las letras están llenas de versos que podríamos catalogar como viscerales o crudo, y que están hechos más para ser gritados que cantados. Algo que nos queda claro con ese ‘A tumba abierta’ y sus “velocidad y ciencia generan violencia, vivir a tumba abierta, catástrofe en potencia”. En ese mismo tema nos muestra otro de los caracteres claves de este ‘Sentido del espectáculo’: las guitarras suenan más limpias, lo cual denota un trabajo más fino de producción, y sobre todo, más enérgicas, algo que ya veíamos en algunos temas del primer álbum de la banda madrileña pero que ahora es la tónica general en las canciones del disco, lo cual hace de esta referencia discográfica un álbum mucho más compacto y que a menudo suena al grupo punk más importante de la historia de la música (y lo digo sin miedo alguno): The Clash, y prueba de ello son los riffs de guitarra que inundan el disco en canciones como ‘Una ciudad cualquiera’ o el comienzo de ‘Mediocridad y confort’ o los coros que dotan de musicalidad al hiriente punk de Biznaga.

Prueba de ello es que se hace muy difícil elegir a unas canciones por encima de otras, y tal vez lo más importante para diferenciarlas entre sí sea atender a las letras de los temas que conforman el ‘Sentido del espectáculo’ de Biznaga. Como es habitual, se diferencian de otros grupos con un sonido claramente punk en el aspecto tan académico de la parte lírica. Ya sea bien con referencias a la alquimia con esa ‘Nigredo’, uno de los temas más destacables del disco, el uso de conceptos muy técnicos como rigor mortis o estilo jacobino en ‘Los cachorros’ o ‘Una nueva época del terror’.  Otro de los grandes temas y que hacen de Biznaga un grupo de punk mayúsculo es el uso del nihilismo, las referencias a la muerte y el valorar poco cuestiones como pueden ser las ciudad. Porque es sin duda en esa ‘Una ciudad cualquiera’ que nos adelantaron y que mantiene una brutal línea de bajo en la que dan rienda suelta, en lo lírico, a esa oscuridad. Pero sin duda, el tema marca de la casa Biznaga es la crítica social, y ese ‘Mediocridad y confort’ lo muestra de forma explícita desde su título: la canción es una crítica a la sociedad actual que ataca directamente a las redes sociales (“la historia según el algoritmo de la red social”) y a la sociedad de consumo (“hoy vanguardia, mañana decoración”).

En definitiva, el disco de Biznaga muestra una mayor solidez, marca del rodaje que el grupo lleva ya a sus espaldas, y si bien muestra un avance importante en su música, el cuarteto madrileño ha sabido mantener intactos los aspectos marca de la casa, algo que hará que cada vez que los veamos en directo nos dejemos la garganta y nuestra integridad física en sus conciertos. Discos como este nos animan a arrancarnos a decir de vez en cuando que el punk no está muerto, pero eso supondría contradecir al propio punk.

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Rufus T. Firefly vuelven a superarse entre psicodelia y synth pop

El viernes pasado, además de una gran e interesante serie de adelantos, también vieron la luz discos como el de Rufus T. Firefly, el cual nos hacía especial ilusión tras escuchar los adelantos que habían propiciado que algunos adquiriéramos  el álbum en su preorder. Tras recibir la pre escucha y asimilar el disco, tenemos claro que es uno de los mejores discos de (lo que llevamos de) 2017. ‘Magnolia’ es un matrimonio perfecto entre la psicodelia y el synth pop, y supone un paso más allá tras el genial ‘Nueve’ (2014).

El disco es introducido por la sutil ‘Tsukamori’, en el cual vemos otra canción de título asiático, como es habitual en las referencias del grupo madrileño (‘Midori’ era uno de los temas más destacados de su anterior álbum), y en el que una melodía dream pop muy agradable sirve de base para una letra que tiene a la naturaleza como protagonista: “Que el bosque muerto despierte/Que el aullido del viento se haga canción/Que levante las hojas y bailen.” El protagonismo de la madre tierra durante todo el disco queda patente en las continuas referencias a ella en las letras de canciones como ‘Última noche en la tierra’, donde los protagonistas con el océanos, el cielo  o las ballenas.

Pese a la leve introducción de claro sonido dreampop (aspecto que volvemos a ver en otros temas de ‘Magnolia’) sin duda, el sonido más característico del álbum es el de las guitarras y las baterías que nos recuerdan a los míticos Led Zeppelin. Y es que, por canciones como el single ‘Rio Wolf’, podemos afirmar que las melodías de Rufus T. Firefly se basan en una perfecta conversación entre la psicodelia de las guitarras y el synthpop de los sintetizadores y los teclados. Sin duda, la mano de Manuel Cabezalí con la guitarra y de Martí Perarnau haciendo lo propio con los sintetizadores queda más que patente. Las afinidades sonoras de este ‘Magnolia’ son tres: Led Zeppelin, Havalina y el último disco de Mucho (no en vano 2 de los músicos del álbum son del grupo manchego).

Otro de los aspectos habituales en el grupo liderado por Víctor Cabezuelo son las continuas referencias al cine, la literatura, etc. Uno de los grandes temas del álbum (si bien ninguno nos deja indiferentes) surge y lleva el nombre de una de las películas favoritas del cantante y líder de Rufus T. Firefly: Pulp Fiction, y el “estoy a mil jodidas millas de estar bien” esta sacado literalmente del largometraje de Quentin Tarantino. En la tétrica Cisne Negro la referencia será a Psicosis y su Norman Bates, para seguidamente llegar a la canción clímax del álbum: en la enérgica “-O-“ decidimos que Rufus T Firefly lo habían vuelto a hacer, y eso que aún quedaban tanto referencias al cine ciencia ficción con ‘El halcón milenario’ como el mejor homenaje a la música que hemos oído en mucho tiempo:

Los versos de ‘Nebula Jade’, una canción claramente amorosa, nos han emocionado desde el primer día que la oímos, y sobran palabras, pues ya se encarga Víctor Cabezuelo de emocionarnos con ellas: “Eres la guitarra que llora de Harrison/ La psicodelia de Pink Floyd/Eres la pegada de John Bonham/Eres la voz de Thom Yorke”.

Aunque con los adelantos que Rufus T. Firefly nos esperábamos un genial disco, poca gente se imaginaba que el grupo madrileño volviera a superarse, en especial teniendo en el recuerdo la sensación que consiguieron con su última referencia. Con ‘Magnolia’ lo han conseguido. Sonando propios a la vez que dejando claras sus referencias, las melodías del disco te atrapan y te obligan a no parar de canturrear y contonear las canciones. Sin duda, Rufus T. Firefly es uno de los grupos más interesantes que ver este año, y nos llena de ilusión saber que vamos a disfrutar de ellos en la Sala Musik dentro del ciclo Microsonidos.

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Bowie, deslumbrándonos desde las estrellas con ‘No Plan’

Hace 70 años nació uno de los artistas más importantes de Reino Unido (y del mundo occidental seguramente). El hombre que cayó de las estrellas nos dejó hace un año, por su 69º cumpleaños, el que sería, tristemente su último disco, Blackstar. Lo hizo sólo dos días antes de su muerte, conmocionando a todos sus seguidores y haciendo más grande su leyenda y la de dicho disco.  Esta madrugada, desde su casa, las estrellas, nos ha dejado un EP póstumo. Y no hemos podido dormir.

Bowie No Plan EP

Justo hace unas horas (escribo esto a las 2:10am del domingo) en La Noche Temática de La 2 nos han deleitado con un documental sobre los años más gloriosos del artista. Repasando desde la figura de Ziggy hasta el ya famoso Bowie y cautivándonos con The Thin White Duke, nos han mostrado todo lo que había en la cabeza del camaleónico genio durante esos años de efervescencia musical.

Hasta ahí, todo bien. Luego nos hemos metido en la cama con la noticia: ‘No Plan is out’, el EP de canciones inéditas de David Bowie acababa de ver la luz. Y con el hype marciano a flor de piel, nos hemos olvidado de todo y hemos procedido a escucharlo. Y se nos ha partido el alma. Pensando en quién se nos fue hace poco menos de un año, pensando en todo lo que significa para cada uno de nosotros y sobre todo, acrecentado por la desgarradora ‘No Plan’, que da título al EP. La confrontación directa, el canto perfecto, hacia su inminente muerte.

Ese espectro es el que sobrevuela todo el EP, y nos lo transmite hasta con rabia. Implacable como lo fue durante sus 69 años, nos canta que aún tenía un puñado de canciones preparadas, y que le molestaba su destino. (“This rage in me/I’ve got a handful of songs to sing”). Es inevitable que con todo lo ocurrido hace aproximadamente un año, no nos sentemos a pensar qué significaba Bowie para nosotros, que no le oigamos cantar sobre su propia muerte y que no rompamos a llorar. Y eso, amigos, no es sino prueba de su grandeza: aún desde Marte, desde su cápsula, desde las estrellas, sigue deslumbrándonos.

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Pajaro Sunrise, inevitablemente mejor tras su derrumbe

Ya os adelantábamos que Yuri Méndez, conocido como Pajaro Sunrise, nos tenía preparado un nuevo disco, que salió hace cosa de una semana y media. Tras reposarlo y darle las escuchas merecidas, lo tenemos claro: se trata de un disco inevitablemente bueno.

Tal vez es inevitable que un músico no se nutra de sus peores momentos personales para crear una verdadera obra de arte, y por eso ‘The Collapse’, el último largo (y van ya 4) de Pajaro Sunrise, identidad tras la que se esconde Yuri Méndez, es posiblemente una de las joyas por descubrir de 2016. Pese a esto, tras una escucha global del mismo, también se nos queda la idea de que la tónica general no es un volantazo para evitar una caída, si no que es el pisotón en el acelerador que la trayectoria del músico leonés exigía.

El álbum se abre de forma premonitoria con ‘Into the Sunset’, que al igual que todo el álbum muestra, por un lado una parte lírica muy melancólica que crea un precioso contraste con las melodías más bien alegres; y por otro, el tema sigue una leve línea ascendente que es así mismo la que se aprecia en todo el disco: ‘Eurohop’, que lo cierra, es un tema bailable y animado desde el principio. Siguiendo con los contrastes, lo precede una canción tan sutil a la par que efectiva que se convierte en una de las más destacadas. Aunque levemente y arriesgandonse a convertirse en un disco plano, la línea ascendente es más que palpable.

Aun así, no hay que esperarse hasta ella, pues ‘Man’s the Only Bird Who Has No Feathers’, además de tener un título precioso a la par que ingenioso, es el primer gancho del disco… y que viene seguida del segundo, ‘Schipho’; sólo con esa sucesión el disco merece ser escuchado hasta el final, y temas como el que da título al disco nos lo confirmarán más adelante.

Tras unos temas que dotan al LP de personalidad y sobretodo, de solidez, nos queda claro que la participación de Bart Davenport y Charlie Bautista, entre otros, ha sido de las mejores decisiones que Yuri Méndez ha tomado con respecto a Pajaro Sunrise. El mismo artista, consciente de la gran discografía que tiene a su espalda, parece regalarnos ritmos y melodías que nos recuerdan en esencia y satisfacción al que seguramente sea uno de sus mejores temas, ‘Kind Fantastic.’

Aunque tal vez no tenga la repercusión que otros álbumes de (y en) nuestro país, es sin duda una de las grandes obras que ningún melómano debería de dejar de escuchar.

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Si todo funciona en Wilco, ¿por qué cambiarlo para Schmilco?

Antes de comenzar a analizar el que es ya el décimo álbum de estudio de Wilco, he de dejar claro una serie de detalles personales. ¿Recordáis ese BUM de 2012 con Wilco, Lori Meyers, Delorentos y unos ahora desaparecidos The Leadings? Bien, pues ese fue el primer concierto de este mundillo de la música ambiguamente catalogada como “indie”. Eso sin duda ayudó mucho a que mi relación con el grupo liderado por Jeff Tweedy haya ido tomando la forma de esa etiqueta que no es realmente tan difícil de usar: la de grupo favorito. Hay que ser honestos, y no voy a negar que si ¿tal? me preguntas hace dos años os hubiera dicho a los Red Hot Chili Peppers; un poco antes del BUM antes comentado, un yo muy adolescente, hubiera salido con cierto cuarteto de Liverpool que todo el mundo conoce; y no hace tanto que The Strokes eran mi grupo a seguir. Pero el folk ha acabado ganando a cualquier otro sonido, y Wilco se han erigido como el “grupo al que no me puedes tocar”.

Es sin duda por eso que voy a empezar la crítica de Schmilco con una sentencia que tal vez algunos compartan y otros no tanto. El décimo álbum de estudio del grupo de Chicago me ha gustado mucho, y la razón es la siguiente: se trata de un disco para fans. Algo que ya pasó con el regalo ‘Star Wars’, que nos dejaron de forma gratuita hace poco más de un año y que en más de una ocasión vi etiquetado (erróneamente) como “disco menor”. Pero aquí nos atañen las 12 canciones que se esconden tras la portada diseñada por Joan Cornellá.

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Aunque pueda estar de alguna forma nublado por mi fanatismo (en el buen sentido) por Wilco, reconozco que el disco no es un ‘A Ghost is Born’, un ‘Yankee Hotel Foxtrot’ ni un ‘Summerteeth’, pero tiene temas que nada tienen que envidiarle por ejemplo a hits de este último, el cual es sin duda el punto de inflexión en la discografía de los americanos. Los adelantos son muy variopintos en ese sentido, tanto ese (también) regalo que  fue ‘Locator’, como la genial ‘If I Ever Was a Child’ siguen esa senda de darle una vuelta al folk y dejarnos unos ritmos maravillosos. En el mismo saco deberíamos además meter ‘We Aren’t the World’ o ‘Nope’ (si tuviera que elegir una sola canción del disco, sin duda sería esta última) y con ello teníamos algo muy cercano al ya comentado ‘Summerteeth’. El tercero de los adelantos, ‘Someone to Lose’ es una canción que sin destacar en un principio, poco a poco, con las escuchas se acaba instalando dentro de ti y decorándote la habitación como si de una típica y tradicional casa americana se tratase.

En estas dos últimas ya vemos rastros de los Wilco más experimentales, pero es sin duda la genialidad ‘Common Sense’ la que más arriesga de todo el álbum con las habituales disonancias del sonido Wilco. El resto son canciones en las que tenemos claro que Tweedy coge las riendas del grupo con mano dura y nos deja preciosas canciones de folk, como ‘Normal American Kids’, ‘Cry All Day’ que sirven para reafirmar mi idea de que Wilco son el mejor grupo grupo de folk-rock hoy por hoy (una vez incluso un conocido y yo aventurábamos que tal vez, las tres últimas palabras en negrita sobran, con permiso de Cash y el primer Dylan, que hasta donde sabemos son solistas y no grupos). Sin duda, es en las letras donde mejor se muestra ese liderazgo de Jeff Tweedy. Con letras más personales que nunca, nos habla de su infancia, de su madre y nos deja sentencias tan contundentes como eso de “why kill a man when you can drive him crazy?”. Algunos lo tenemos muy claro: Schmilco funciona gracias a su parte más lírica. 

Poco más se puede decir de Schmilco. Remitiéndome a mi primera sentencia, y ampliando la idea de que se trata de un disco “para fans”, reconozco que se trata de un disco plano, pero que atendiendo a su setlist, tiene los ganchos suficientes para que os anime a escucharlo más de una y más de dos veces. Al igual que con su tercer adelanto, el disco merece ser asimilado y consumido en varias veces, donde nos daremos cuenta que canciones que pasaron en un momento  desapercibidas realmente tienen más enjundia. La primera escucha tal vez nos diga poco. La segunda y parte de la tercera despertará algún tipo de curiosidad por una serie de canciones. Y en la cuarta nos sentaremos en el porche de una casa en un campo americano a ver la vida pasar con una sonrisa de satisfacción. O tal vez no, tal vez sea realmente que mi fanatismo por Wilco y por darle un abrazo a Tweedy está por encima de todo. Quién sabe.

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A veces, lo fresco puede hacerse repetitivo. Reseña de Curves, debut de Barbott

A pesar del título de esta entrada, he de dejar claro desde el principio el hecho de que esta no es una reseña negativa, y que Barbott, a raíz de la publicación de Curves el pasado viernes 21, ha sido de los últimos grupos que más me han enganchado.

Barbott

Sin duda, los descubrí tras la publicación del videoclip de ‘Cream’ el single adelanto que comienza con unas atractivas guitarras que nos recuerdan irremediablemente a Two Door Cinema Club o a unos primeros Vampire Weekend y las cuales son recurrentes a lo largo del tema. Esa guitarra se ausenta durante la parte vocal y al final del tema, momentos donde un ambiente electrónico muy pop nos invade y nos trae a la mente a importantes grupos de lo últimos 5 años como Foster the People.

Más allá del single (tras su publicación le di una importante escucha a los EPs que más adelante comentaré), el disco se abre con ‘Paramount’ un tema en el cual la guitarra se nos clava de nuevo, pues junto a las a muy menudo pegadizas letras, son lo más característico del quinteto catalán. De nuevo, la base electrónica pone unos importantes cimientos sobre los que se desarrolla el tema en cuestión, que de nuevo nos remite a algún que otro grupo del “indie del 2000”, pues la voz de Guillem perfectamente podría casar en una canción de los Strokes. En ‘My Morning Every Window’ es en cambio la parte electrónica la que, con un regusto muy espacial, toma la melodía. Pero sin duda, la joya de la corona de Barbott es ‘Pyongyang’. La canción empieza con un tempo suave y una melodía que a mitad del tema empieza a tomar fuerza. Probablemente sea la canción menos fresca del disco y con seguridad esta es la razón por la que un servidor la considera la joya del disco.

A la leve ‘Pyongyang’ le sigue ‘Spaceship’. La otra joya. Esta vez la guitarra se acerca más al single y a la línea general del álbum, pero sin ser beber tanto de ese inde-machacon-popero (de nuevo, la razón por la que se convierte en la segunda joya). Siguiendo con la sucesión de buenas canciones de Barbott, nos dejan ‘It’s so Hard to Forgive’, una canción de nuevo calmada en la que la voz entra en conversación con el sintetizador, y que ya en el minuto final, repitiendo siempre eso de “it’s so hard to forgive when you’re on your own”,entra en una ascendente intensidad que de nuevo cierra con un sintetizador que perfectamente podrían haber firmado unos franceses con nombre de ciudad americana.

Tristemente, tras el single anteriormente comentado, y ya entrando en la segunda mitad, casi todas las canciones empiezan a pecar de lo que más les hace relucir. La guitarra fresca, los ritmos alegres se hacen irremediablemente repetitivos, y canciones como ‘Sun’, ‘Boyfriend’ o ‘Perfume’ no nos aportan nada novedoso y se quedan simplemente en canciones divertidas. No así es el caso de ‘Mother’. La canción comienza con unos sintetizadores muy cercanos a los sonidos new wave de los años 80 y vemos un nuevo matiz en la música de Barbott, lo cual se agradece y salva con creces esa segunda mitad de Curves junto a la también más que notable ‘Perfume’.

Sin duda el quinteto catalán ha conseguido lanzar un álbum sólido, con un sonido claro y fresco pero que inevitablemente a un servidor se le hace repetitivo. Los matices que he comentado que recuerdan a esos grupos más puramente “indies” no suponen del disco de Barbott una mera copia, sino que te dejan la sensación de recuerdo, de que has escuchado antes a Barbott o algo que se le parece mucho. Pero no sabes exactamente qué o por qué. Tal vez, la forma de evitar el efecto que acaba por crear el álbum hubiera sido recuperar alguno de los temas de los EPs a los que anteriormente he hecho referencia, como la genial ‘Triumph’, que sin aportar nada distinto al sonido del álbum hubiera funcionado como un buen gancho; o el que probablemente sea el tema más atrayente de los catalanes: ‘Kuanzishwa’, esa genial canción donde coquetearon con los sonidos más psicodélicos (que últimamente son una debilidad para quien escribe esta reseña)

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Para el Sr. Chinarro, el progreso ni está, ni se le espera.

El pasado viernes 8, como ya os comentamos cuando se supo la noticia, fue la fecha de lanzamiento del último disco de Antonio Luque, mejor conocido como Sr. Chinarro. Producido por J de Los Planetas y con importantes colaboraciones como la de Soleá Morente, Florent o Pájaro Jack, ‘El progreso’ es, seguramente, uno de los mejores discos nacionales que vamos a escuchar este año.

'El progreso', Sr. Chinarro.

El músico sevillano fue dejando canciones a modo de adelanto en el medio Jenesaispop, de forma exclusiva, por lo que desde El Final del Círculo no pude hacer el seguimiento que me hubiera gustado hacer y esto ha hecho que pille esta reseña con ganas.

De esos adelantos, el primero que pudimos escuchar fue ‘Efectos Especiales.’ Este tema, que es el que abre el disco, nos marca algo muy carácterístico de todos los temas del disco y de toda la carrera musical de Antonio Luque: la intensidad va in crescendo, llenando el tema de arreglos que dan fuerza a toda la canción y que muestra inevitablemente la mano de J. Sr Chinarro se caracteriza por letras ácidas y llenas de originales metáforas que hacen de los temas contundentes alegatos, ya sea de ese tema universal que es el amor o, en este caso, de desencanto contra el progreso humano y a favor de vivir la vida; porque ‘la historia no está ni bien ni mal’, el progreso es una mera ilusión y hay que dejar de hablar y seguir adelante… como personas.

Sin duda, el desencanto contra esa idea del progreso marca todo el disco (no en vano se titula así), pues incluso en las canciones con una temática más sentimental hacen referencia a este. En la canción homónima, ‘El progreso’, que probablemente se convertirá en la próxima gran canción de Antonio Luque y en parte debido a la voz de Soleá Morente, junta un estribillo tierno con algunos versos más ácidos y que retoma el tema principal del disco.

Sentimentales también son ‘El castigo’, ‘Fase Lunática’ o’La mujer’, en las cuales vemos otra de las carácterísticas del disco: el uso de cuerdas. Sin ser nuevo en el sonido del sevillano, la forma de usarla nos recuerda a las de los últimos discos de Los Planetas. Acompañando el progresvio aumento de intensidad de las canciones, hace crecer a las canciones más de lo que lo harían si se hubieran limitado a guitarras, bajo y batería.

No sólo la típica canción chinarra tiene cabida en este álbum. A menudo, Antonio Luque ha mostrado de forma cristalina sus raíces andaluzas, y en este disco lo refleja ‘La ciudad provisional’ que, perfectamente, cuyo estribillo podría haber sido firmado por el Grupo de Expertos de Solynieve (también de J). A eso, podemos sumarle el casi western ‘La fiebre del oro’ (empieza de hecho con la melodía de ‘El bueno el feo y el malo’) o los ritmos tropicales de ‘Maravilla’.

Para Antonio Luque el progreso es una mentira, en su disco lo deja bien claro, tanto en las letras como en la melodía, sin hacer nada excesivamente innovador, nos ha dejado posiblemente uno de los mejores discos nacionales de este año (probablemente, y al menos para un servidor, ¿el mejor hasta ahora junto al de Mucho?).

Sr. Chinarro en Murcia.

El sevillano se llevará ‘El progreso’ de gira, y como os comentábamos ayer, el jueves que viene podremos disfrutar de él en el Auditorio Víctor Villegas, y también en festivales como el Low de Benidorm.

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