Discos, Reseñas

Rufus T. Firefly vuelven a superarse entre psicodelia y synth pop

El viernes pasado, además de una gran e interesante serie de adelantos, también vieron la luz discos como el de Rufus T. Firefly, el cual nos hacía especial ilusión tras escuchar los adelantos que habían propiciado que algunos adquiriéramos  el álbum en su preorder. Tras recibir la pre escucha y asimilar el disco, tenemos claro que es uno de los mejores discos de (lo que llevamos de) 2017. ‘Magnolia’ es un matrimonio perfecto entre la psicodelia y el synth pop, y supone un paso más allá tras el genial ‘Nueve’ (2014).

El disco es introducido por la sutil ‘Tsukamori’, en el cual vemos otra canción de título asiático, como es habitual en las referencias del grupo madrileño (‘Midori’ era uno de los temas más destacados de su anterior álbum), y en el que una melodía dream pop muy agradable sirve de base para una letra que tiene a la naturaleza como protagonista: “Que el bosque muerto despierte/Que el aullido del viento se haga canción/Que levante las hojas y bailen.” El protagonismo de la madre tierra durante todo el disco queda patente en las continuas referencias a ella en las letras de canciones como ‘Última noche en la tierra’, donde los protagonistas con el océanos, el cielo  o las ballenas.

Pese a la leve introducción de claro sonido dreampop (aspecto que volvemos a ver en otros temas de ‘Magnolia’) sin duda, el sonido más característico del álbum es el de las guitarras y las baterías que nos recuerdan a los míticos Led Zeppelin. Y es que, por canciones como el single ‘Rio Wolf’, podemos afirmar que las melodías de Rufus T. Firefly se basan en una perfecta conversación entre la psicodelia de las guitarras y el synthpop de los sintetizadores y los teclados. Sin duda, la mano de Manuel Cabezalí con la guitarra y de Martí Perarnau haciendo lo propio con los sintetizadores queda más que patente. Las afinidades sonoras de este ‘Magnolia’ son tres: Led Zeppelin, Havalina y el último disco de Mucho (no en vano 2 de los músicos del álbum son del grupo manchego).

Otro de los aspectos habituales en el grupo liderado por Víctor Cabezuelo son las continuas referencias al cine, la literatura, etc. Uno de los grandes temas del álbum (si bien ninguno nos deja indiferentes) surge y lleva el nombre de una de las películas favoritas del cantante y líder de Rufus T. Firefly: Pulp Fiction, y el “estoy a mil jodidas millas de estar bien” esta sacado literalmente del largometraje de Quentin Tarantino. En la tétrica Cisne Negro la referencia será a Psicosis y su Norman Bates, para seguidamente llegar a la canción clímax del álbum: en la enérgica “-O-“ decidimos que Rufus T Firefly lo habían vuelto a hacer, y eso que aún quedaban tanto referencias al cine ciencia ficción con ‘El halcón milenario’ como el mejor homenaje a la música que hemos oído en mucho tiempo:

Los versos de ‘Nebula Jade’, una canción claramente amorosa, nos han emocionado desde el primer día que la oímos, y sobran palabras, pues ya se encarga Víctor Cabezuelo de emocionarnos con ellas: “Eres la guitarra que llora de Harrison/ La psicodelia de Pink Floyd/Eres la pegada de John Bonham/Eres la voz de Thom Yorke”.

Aunque con los adelantos que Rufus T. Firefly nos esperábamos un genial disco, poca gente se imaginaba que el grupo madrileño volviera a superarse, en especial teniendo en el recuerdo la sensación que consiguieron con su última referencia. Con ‘Magnolia’ lo han conseguido. Sonando propios a la vez que dejando claras sus referencias, las melodías del disco te atrapan y te obligan a no parar de canturrear y contonear las canciones. Sin duda, Rufus T. Firefly es uno de los grupos más interesantes que ver este año, y nos llena de ilusión saber que vamos a disfrutar de ellos en la Sala Musik dentro del ciclo Microsonidos.

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Bowie, deslumbrándonos desde las estrellas con ‘No Plan’

Hace 70 años nació uno de los artistas más importantes de Reino Unido (y del mundo occidental seguramente). El hombre que cayó de las estrellas nos dejó hace un año, por su 69º cumpleaños, el que sería, tristemente su último disco, Blackstar. Lo hizo sólo dos días antes de su muerte, conmocionando a todos sus seguidores y haciendo más grande su leyenda y la de dicho disco.  Esta madrugada, desde su casa, las estrellas, nos ha dejado un EP póstumo. Y no hemos podido dormir.

Bowie No Plan EP

Justo hace unas horas (escribo esto a las 2:10am del domingo) en La Noche Temática de La 2 nos han deleitado con un documental sobre los años más gloriosos del artista. Repasando desde la figura de Ziggy hasta el ya famoso Bowie y cautivándonos con The Thin White Duke, nos han mostrado todo lo que había en la cabeza del camaleónico genio durante esos años de efervescencia musical.

Hasta ahí, todo bien. Luego nos hemos metido en la cama con la noticia: ‘No Plan is out’, el EP de canciones inéditas de David Bowie acababa de ver la luz. Y con el hype marciano a flor de piel, nos hemos olvidado de todo y hemos procedido a escucharlo. Y se nos ha partido el alma. Pensando en quién se nos fue hace poco menos de un año, pensando en todo lo que significa para cada uno de nosotros y sobre todo, acrecentado por la desgarradora ‘No Plan’, que da título al EP. La confrontación directa, el canto perfecto, hacia su inminente muerte.

Ese espectro es el que sobrevuela todo el EP, y nos lo transmite hasta con rabia. Implacable como lo fue durante sus 69 años, nos canta que aún tenía un puñado de canciones preparadas, y que le molestaba su destino. (“This rage in me/I’ve got a handful of songs to sing”). Es inevitable que con todo lo ocurrido hace aproximadamente un año, no nos sentemos a pensar qué significaba Bowie para nosotros, que no le oigamos cantar sobre su propia muerte y que no rompamos a llorar. Y eso, amigos, no es sino prueba de su grandeza: aún desde Marte, desde su cápsula, desde las estrellas, sigue deslumbrándonos.

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Pajaro Sunrise, inevitablemente mejor tras su derrumbe

Ya os adelantábamos que Yuri Méndez, conocido como Pajaro Sunrise, nos tenía preparado un nuevo disco, que salió hace cosa de una semana y media. Tras reposarlo y darle las escuchas merecidas, lo tenemos claro: se trata de un disco inevitablemente bueno.

Tal vez es inevitable que un músico no se nutra de sus peores momentos personales para crear una verdadera obra de arte, y por eso ‘The Collapse’, el último largo (y van ya 4) de Pajaro Sunrise, identidad tras la que se esconde Yuri Méndez, es posiblemente una de las joyas por descubrir de 2016. Pese a esto, tras una escucha global del mismo, también se nos queda la idea de que la tónica general no es un volantazo para evitar una caída, si no que es el pisotón en el acelerador que la trayectoria del músico leonés exigía.

El álbum se abre de forma premonitoria con ‘Into the Sunset’, que al igual que todo el álbum muestra, por un lado una parte lírica muy melancólica que crea un precioso contraste con las melodías más bien alegres; y por otro, el tema sigue una leve línea ascendente que es así mismo la que se aprecia en todo el disco: ‘Eurohop’, que lo cierra, es un tema bailable y animado desde el principio. Siguiendo con los contrastes, lo precede una canción tan sutil a la par que efectiva que se convierte en una de las más destacadas. Aunque levemente y arriesgandonse a convertirse en un disco plano, la línea ascendente es más que palpable.

Aun así, no hay que esperarse hasta ella, pues ‘Man’s the Only Bird Who Has No Feathers’, además de tener un título precioso a la par que ingenioso, es el primer gancho del disco… y que viene seguida del segundo, ‘Schipho’; sólo con esa sucesión el disco merece ser escuchado hasta el final, y temas como el que da título al disco nos lo confirmarán más adelante.

Tras unos temas que dotan al LP de personalidad y sobretodo, de solidez, nos queda claro que la participación de Bart Davenport y Charlie Bautista, entre otros, ha sido de las mejores decisiones que Yuri Méndez ha tomado con respecto a Pajaro Sunrise. El mismo artista, consciente de la gran discografía que tiene a su espalda, parece regalarnos ritmos y melodías que nos recuerdan en esencia y satisfacción al que seguramente sea uno de sus mejores temas, ‘Kind Fantastic.’

Aunque tal vez no tenga la repercusión que otros álbumes de (y en) nuestro país, es sin duda una de las grandes obras que ningún melómano debería de dejar de escuchar.

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Si todo funciona en Wilco, ¿por qué cambiarlo para Schmilco?

Antes de comenzar a analizar el que es ya el décimo álbum de estudio de Wilco, he de dejar claro una serie de detalles personales. ¿Recordáis ese BUM de 2012 con Wilco, Lori Meyers, Delorentos y unos ahora desaparecidos The Leadings? Bien, pues ese fue el primer concierto de este mundillo de la música ambiguamente catalogada como “indie”. Eso sin duda ayudó mucho a que mi relación con el grupo liderado por Jeff Tweedy haya ido tomando la forma de esa etiqueta que no es realmente tan difícil de usar: la de grupo favorito. Hay que ser honestos, y no voy a negar que si ¿tal? me preguntas hace dos años os hubiera dicho a los Red Hot Chili Peppers; un poco antes del BUM antes comentado, un yo muy adolescente, hubiera salido con cierto cuarteto de Liverpool que todo el mundo conoce; y no hace tanto que The Strokes eran mi grupo a seguir. Pero el folk ha acabado ganando a cualquier otro sonido, y Wilco se han erigido como el “grupo al que no me puedes tocar”.

Es sin duda por eso que voy a empezar la crítica de Schmilco con una sentencia que tal vez algunos compartan y otros no tanto. El décimo álbum de estudio del grupo de Chicago me ha gustado mucho, y la razón es la siguiente: se trata de un disco para fans. Algo que ya pasó con el regalo ‘Star Wars’, que nos dejaron de forma gratuita hace poco más de un año y que en más de una ocasión vi etiquetado (erróneamente) como “disco menor”. Pero aquí nos atañen las 12 canciones que se esconden tras la portada diseñada por Joan Cornellá.

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Aunque pueda estar de alguna forma nublado por mi fanatismo (en el buen sentido) por Wilco, reconozco que el disco no es un ‘A Ghost is Born’, un ‘Yankee Hotel Foxtrot’ ni un ‘Summerteeth’, pero tiene temas que nada tienen que envidiarle por ejemplo a hits de este último, el cual es sin duda el punto de inflexión en la discografía de los americanos. Los adelantos son muy variopintos en ese sentido, tanto ese (también) regalo que  fue ‘Locator’, como la genial ‘If I Ever Was a Child’ siguen esa senda de darle una vuelta al folk y dejarnos unos ritmos maravillosos. En el mismo saco deberíamos además meter ‘We Aren’t the World’ o ‘Nope’ (si tuviera que elegir una sola canción del disco, sin duda sería esta última) y con ello teníamos algo muy cercano al ya comentado ‘Summerteeth’. El tercero de los adelantos, ‘Someone to Lose’ es una canción que sin destacar en un principio, poco a poco, con las escuchas se acaba instalando dentro de ti y decorándote la habitación como si de una típica y tradicional casa americana se tratase.

En estas dos últimas ya vemos rastros de los Wilco más experimentales, pero es sin duda la genialidad ‘Common Sense’ la que más arriesga de todo el álbum con las habituales disonancias del sonido Wilco. El resto son canciones en las que tenemos claro que Tweedy coge las riendas del grupo con mano dura y nos deja preciosas canciones de folk, como ‘Normal American Kids’, ‘Cry All Day’ que sirven para reafirmar mi idea de que Wilco son el mejor grupo grupo de folk-rock hoy por hoy (una vez incluso un conocido y yo aventurábamos que tal vez, las tres últimas palabras en negrita sobran, con permiso de Cash y el primer Dylan, que hasta donde sabemos son solistas y no grupos). Sin duda, es en las letras donde mejor se muestra ese liderazgo de Jeff Tweedy. Con letras más personales que nunca, nos habla de su infancia, de su madre y nos deja sentencias tan contundentes como eso de “why kill a man when you can drive him crazy?”. Algunos lo tenemos muy claro: Schmilco funciona gracias a su parte más lírica. 

Poco más se puede decir de Schmilco. Remitiéndome a mi primera sentencia, y ampliando la idea de que se trata de un disco “para fans”, reconozco que se trata de un disco plano, pero que atendiendo a su setlist, tiene los ganchos suficientes para que os anime a escucharlo más de una y más de dos veces. Al igual que con su tercer adelanto, el disco merece ser asimilado y consumido en varias veces, donde nos daremos cuenta que canciones que pasaron en un momento  desapercibidas realmente tienen más enjundia. La primera escucha tal vez nos diga poco. La segunda y parte de la tercera despertará algún tipo de curiosidad por una serie de canciones. Y en la cuarta nos sentaremos en el porche de una casa en un campo americano a ver la vida pasar con una sonrisa de satisfacción. O tal vez no, tal vez sea realmente que mi fanatismo por Wilco y por darle un abrazo a Tweedy está por encima de todo. Quién sabe.

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A veces, lo fresco puede hacerse repetitivo. Reseña de Curves, debut de Barbott

A pesar del título de esta entrada, he de dejar claro desde el principio el hecho de que esta no es una reseña negativa, y que Barbott, a raíz de la publicación de Curves el pasado viernes 21, ha sido de los últimos grupos que más me han enganchado.

Barbott

Sin duda, los descubrí tras la publicación del videoclip de ‘Cream’ el single adelanto que comienza con unas atractivas guitarras que nos recuerdan irremediablemente a Two Door Cinema Club o a unos primeros Vampire Weekend y las cuales son recurrentes a lo largo del tema. Esa guitarra se ausenta durante la parte vocal y al final del tema, momentos donde un ambiente electrónico muy pop nos invade y nos trae a la mente a importantes grupos de lo últimos 5 años como Foster the People.

Más allá del single (tras su publicación le di una importante escucha a los EPs que más adelante comentaré), el disco se abre con ‘Paramount’ un tema en el cual la guitarra se nos clava de nuevo, pues junto a las a muy menudo pegadizas letras, son lo más característico del quinteto catalán. De nuevo, la base electrónica pone unos importantes cimientos sobre los que se desarrolla el tema en cuestión, que de nuevo nos remite a algún que otro grupo del “indie del 2000”, pues la voz de Guillem perfectamente podría casar en una canción de los Strokes. En ‘My Morning Every Window’ es en cambio la parte electrónica la que, con un regusto muy espacial, toma la melodía. Pero sin duda, la joya de la corona de Barbott es ‘Pyongyang’. La canción empieza con un tempo suave y una melodía que a mitad del tema empieza a tomar fuerza. Probablemente sea la canción menos fresca del disco y con seguridad esta es la razón por la que un servidor la considera la joya del disco.

A la leve ‘Pyongyang’ le sigue ‘Spaceship’. La otra joya. Esta vez la guitarra se acerca más al single y a la línea general del álbum, pero sin ser beber tanto de ese inde-machacon-popero (de nuevo, la razón por la que se convierte en la segunda joya). Siguiendo con la sucesión de buenas canciones de Barbott, nos dejan ‘It’s so Hard to Forgive’, una canción de nuevo calmada en la que la voz entra en conversación con el sintetizador, y que ya en el minuto final, repitiendo siempre eso de “it’s so hard to forgive when you’re on your own”,entra en una ascendente intensidad que de nuevo cierra con un sintetizador que perfectamente podrían haber firmado unos franceses con nombre de ciudad americana.

Tristemente, tras el single anteriormente comentado, y ya entrando en la segunda mitad, casi todas las canciones empiezan a pecar de lo que más les hace relucir. La guitarra fresca, los ritmos alegres se hacen irremediablemente repetitivos, y canciones como ‘Sun’, ‘Boyfriend’ o ‘Perfume’ no nos aportan nada novedoso y se quedan simplemente en canciones divertidas. No así es el caso de ‘Mother’. La canción comienza con unos sintetizadores muy cercanos a los sonidos new wave de los años 80 y vemos un nuevo matiz en la música de Barbott, lo cual se agradece y salva con creces esa segunda mitad de Curves junto a la también más que notable ‘Perfume’.

Sin duda el quinteto catalán ha conseguido lanzar un álbum sólido, con un sonido claro y fresco pero que inevitablemente a un servidor se le hace repetitivo. Los matices que he comentado que recuerdan a esos grupos más puramente “indies” no suponen del disco de Barbott una mera copia, sino que te dejan la sensación de recuerdo, de que has escuchado antes a Barbott o algo que se le parece mucho. Pero no sabes exactamente qué o por qué. Tal vez, la forma de evitar el efecto que acaba por crear el álbum hubiera sido recuperar alguno de los temas de los EPs a los que anteriormente he hecho referencia, como la genial ‘Triumph’, que sin aportar nada distinto al sonido del álbum hubiera funcionado como un buen gancho; o el que probablemente sea el tema más atrayente de los catalanes: ‘Kuanzishwa’, esa genial canción donde coquetearon con los sonidos más psicodélicos (que últimamente son una debilidad para quien escribe esta reseña)

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Para el Sr. Chinarro, el progreso ni está, ni se le espera.

El pasado viernes 8, como ya os comentamos cuando se supo la noticia, fue la fecha de lanzamiento del último disco de Antonio Luque, mejor conocido como Sr. Chinarro. Producido por J de Los Planetas y con importantes colaboraciones como la de Soleá Morente, Florent o Pájaro Jack, ‘El progreso’ es, seguramente, uno de los mejores discos nacionales que vamos a escuchar este año.

'El progreso', Sr. Chinarro.

El músico sevillano fue dejando canciones a modo de adelanto en el medio Jenesaispop, de forma exclusiva, por lo que desde El Final del Círculo no pude hacer el seguimiento que me hubiera gustado hacer y esto ha hecho que pille esta reseña con ganas.

De esos adelantos, el primero que pudimos escuchar fue ‘Efectos Especiales.’ Este tema, que es el que abre el disco, nos marca algo muy carácterístico de todos los temas del disco y de toda la carrera musical de Antonio Luque: la intensidad va in crescendo, llenando el tema de arreglos que dan fuerza a toda la canción y que muestra inevitablemente la mano de J. Sr Chinarro se caracteriza por letras ácidas y llenas de originales metáforas que hacen de los temas contundentes alegatos, ya sea de ese tema universal que es el amor o, en este caso, de desencanto contra el progreso humano y a favor de vivir la vida; porque ‘la historia no está ni bien ni mal’, el progreso es una mera ilusión y hay que dejar de hablar y seguir adelante… como personas.

Sin duda, el desencanto contra esa idea del progreso marca todo el disco (no en vano se titula así), pues incluso en las canciones con una temática más sentimental hacen referencia a este. En la canción homónima, ‘El progreso’, que probablemente se convertirá en la próxima gran canción de Antonio Luque y en parte debido a la voz de Soleá Morente, junta un estribillo tierno con algunos versos más ácidos y que retoma el tema principal del disco.

Sentimentales también son ‘El castigo’, ‘Fase Lunática’ o’La mujer’, en las cuales vemos otra de las carácterísticas del disco: el uso de cuerdas. Sin ser nuevo en el sonido del sevillano, la forma de usarla nos recuerda a las de los últimos discos de Los Planetas. Acompañando el progresvio aumento de intensidad de las canciones, hace crecer a las canciones más de lo que lo harían si se hubieran limitado a guitarras, bajo y batería.

No sólo la típica canción chinarra tiene cabida en este álbum. A menudo, Antonio Luque ha mostrado de forma cristalina sus raíces andaluzas, y en este disco lo refleja ‘La ciudad provisional’ que, perfectamente, cuyo estribillo podría haber sido firmado por el Grupo de Expertos de Solynieve (también de J). A eso, podemos sumarle el casi western ‘La fiebre del oro’ (empieza de hecho con la melodía de ‘El bueno el feo y el malo’) o los ritmos tropicales de ‘Maravilla’.

Para Antonio Luque el progreso es una mentira, en su disco lo deja bien claro, tanto en las letras como en la melodía, sin hacer nada excesivamente innovador, nos ha dejado posiblemente uno de los mejores discos nacionales de este año (probablemente, y al menos para un servidor, ¿el mejor hasta ahora junto al de Mucho?).

Sr. Chinarro en Murcia.

El sevillano se llevará ‘El progreso’ de gira, y como os comentábamos ayer, el jueves que viene podremos disfrutar de él en el Auditorio Víctor Villegas, y también en festivales como el Low de Benidorm.

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Nunatak llenan de matices su pulso infinito

‘Nunatak y el Pulso Infinito’ es el nuevo disco de los cartageneros Nunatak, uno de los discos más esperados por los afines al panorama musical murciano, un álbum acogido con los brazos abiertos por los seguidores más fieles del grupo y por aquellos que conocían de oídas a la banda y querían darles una oportunidad.

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El disco, sin duda, empieza con fuerza. Han decidido abrir con los tres singles que sacaron en adelanto del disco: ‘El grito’, ‘La primera luz’ y ‘No volveré a verte’ nos golpean con fuerza en ese primer tercio de disco que ellos solos constituyen. El grito nos enganchó desde el principio, y es que marca la vuelta de Nunatak: decidieron volver a la actividad con esa canción, que junta de forma genial la garra del conjunto, su esencia, pero a la vez vemos en ella nuevos matices, un soplo de aire fresco en las canciones de Nunatak. Conjugan los sonidos acústicos que tanto les caracterizan con arreglos de guitarra eléctrica que potencian la fuerza de sus canciones, y encima con un estribillo que se presta a corear hasta desgañitarnos.

La primera luz, además, es uno de esos temas que van creciendo poco a poco, que comienzas a escuchar con recelo temiendo que sea una balada más… Pero entonces entran en juego las cuerdas, tímidas al principio, y a partir de ahí todo es una subida constante, donde se entrelazan las cuerdas, una percusión potente, los coros y la guitarra eléctrica.

Pero sin duda, mi favorita del disco es No volveré a verte, un tema que conjuga a la perfección las características expuestas en los dos temas de arriba: la guitarra acústica hace de colchón de los arreglos de la eléctrica, con una percusión en la subida que nos insta a levantar el brazo marcando el ritmo, y las cuerdas y las voces nos animan a corear con Adrián esas letras tan características de Nunatak, que nos transportan a otros escenarios sin importar dónde estés escuchando el disco. Pero además, el toque que hace que esta canción sobresalga es el bajo, una línea de bajo con mucha presencia que resulta cuanto menos novedosa y llamativa, y que espero de verdad que decidan explotar más (dejando de lado mi personal predilección por el bajo, les queda genial sacarle partido a este instrumento).

Disculpad que haya hablado largo y tendido de estos temas, pero es que me parecen auténticos pedazos de temazos (siendo de Murcia, no podía faltar esta expresión tan “SOSera” para definirlos). Sin embargo, he de echar el freno ahora, y es que no puedo evitar sentir que algo falla en el álbum a partir de aquí. Aun a riesgo de sonar tiquismiquis, lo achaco a la distribución del disco. Han puesto los tres singles nada más empezar, de modo que una vez que acaba este tercio del disco, te sientes un poco desubicado: el contraste entre estos temas y el resto de ellos es fuerte.

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Acústico de presentación de ‘Nunatak y el pulso infinito’ en Fnac Murcia / Lola López

Comienzan el disco enseñándonos una evolución, unos Nunatak con ganas de experimentar y probar con cosas nuevas, con más fuerza y marcha pero manteniendo su esencia, pero el sabor del resto de temas que componen este álbum es diferente. No digo que el resto del álbum no merezca la pena, sino que desconcierta y cuesta cogerle el truco, me arriesgo a decir que se desinfla. Hay otros temas, como No volveré a verte, que siguen esta estela de innovación, de darle un giro a su sonido pero manteniendo su esencia. Sin embargo, otros temas resultan vacíos: nada más empezar el disco conocemos unos Nunatak con fuerza, con aires nuevos y mucha potencia, y queremos más.

Pero sin embargo, también cabe destacar los temas de carácter más acústico: no porque falten guitarras eléctricas son peores. El afán por experimentar no queda solo en la introducción de instrumentos eléctricos, y podemos ver más muestras de las ganas de probar cosas de Nunatak en los matices de temas como ‘Un viejo sol’ (donde juegan con vientos y percusiones que no pueden evitar recordarnos a México), o en el espíritu más minimalista de la propia ‘El pulso infinito’, con las interferencias en la voz de Adrián. De este modo, los temas acústicos, más afines a lo que ya conocíamos de ello, también están llenos de detalles que, a la larga, escucha tras escucha, van enriqueciendo estos cortes del álbum. Quiero destacar la voz de Adrián, y es que con este nuevo disco demuestra el dominio que tiene de su voz, la fuerza que tiene y lo bien que puede manejarla. Se le nota más confiado, su voz llena las canciones, pasando de un registro más grave y con más cuerpo, hasta los arriesgados agudos y falsetes de ‘Solos’.

Para concluir, diré que hacer esta crítica ha sido todo un reto. Me parece que Nunatak, con este nuevo disco, reafirman su presencia, su potencial y sus capacidades como grupo. Sus ganas de experimentar, probar cosas y añadir nuevos matices a sus temas quedan patentes, y sin duda saben cómo hacerlo. Es un disco que requiere escuchas, requiere fijarse en cada arreglo de cada tema, aunque al principio resulta complicado y no engancha especialmente, pero que le vas cogiendo cariño poco a poco, a base de escuchas y de apreciar todo lo que es capaz de hacer Nunatak. De modo que me disculpo por lo caótico y relativo de mis palabras, y finalizo simplemente diciéndoos que escuchéis a este grupo, vaya.

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