Crónicas, Festivales

Crónica WARM UP 2018: Sábado 5

Ayer os condensamos en una sola entrada nuestras impresiones con respecto a la programación paralela del WARM UP así como su primera jornada en el recinto, donde destacaron Nada Surf, Kasabian o La Plata. En esta ocasión os dejamos una entrada más ligera con toda la música que el festival nos trajo a Murcia el pasado sábado 5.

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Foto: Diego Garnés|WARM UP Festival

La segunda jornada del festival comenzaba, para los más fuertes (o para los más groupies) a las 12 de la mañana. Con todos los bares de la ciudad cerrados, una cantidad remarcable de gente se agrupó, pese a que el sol apretara, en la plaza del Teatro Romea para disfrutar de Cala Vento. El dúo de L’Empordà ya nos ganó hace tiempo, por lo que hemos asistido a toda cita que nos ha presentado en nuestra ciudad, y el pasado fin de semana no fue menos. La naturalidad y la energía de canciones como ‘Estoy Enamorado de Ti’, ‘Isla Desierta’, ‘Abril’ y un largo etc. consiguió, una vez más, meterse al público en su bolsillo. Acto seguido actuaban Ross, quienes de nuevo, repasando la psicodelia de los temas de su discografía, volvieron a poner sobre la mesa un pensamiento bastante extendido en Murcia: ¿cuándo volveremos a ver al quinteto murciano dentro del recinto del festival? La mañana del Romea terminaba con El Último Vecino, sin duda, una de las bandas más esperadas por más de uno de los presentes. Tal vez por el calor, que no acompañaba a la música de Gerard y compañía, o por la falta de variedad de matices en su sonido, temas como ‘Tu Casa Nueva’ o ‘Mi Chulo’ no fueron más que oasis en un desierto musical que llegó a hacerse tedioso por momentos.

Un largo trecho nos esperaba hasta volver al recinto, puesto que exceptuando algo de interés por The Yellow Melodies o Murciano Total, hasta las 23h la programación del festival no presentaba nada realmente apetitoso. Y una vez más, lo poco que presentaba tendría lugar en el escenario D. Franklin. Los madrileños Melange traían al WARM su folk psicodelia con tintes de progresivo y experimental. ‘La Cosecha’ o ‘Río Revuelto’ son sin duda dos grandes ejemplos de la calidad sobrante que tienen los 4 músicos a la hora de hacer y presentar su música, pero tal vez el horario o el escenario, en definitiva, el contexto, no era el adecuado para disfrutar de ellos en condiciones. En esta ocasión el plato fuerte era el de Alt-J, grupo que, sinceramente, para quien escribe estas letras no termina de ser santo de su devoción, razón por la cual, cerveza en mano y lo suficientemente bien situados para ver y escuchar en condiciones, disfrutamos de la buena interpretación de ‘Fitzpleasure’ o ‘Tessellate’ para, a mitad del set, olisquear la propuesta del otro WARM. Dûrga es uno de esos grupos que están surgiendo en los últimos años en España y que practican el noble género del post-rock. Tal vez no lleguen al nivel que otras bandas como Toundra o Viva Belgrado, pero sin duda la propuesta es, por lo menos, lo suficientemente novedosa como para merecerse más de una oportunidad. La primera de ellas tuvo lugar en un escenario D Franklin cuyo sonido no terminó  de acompañarles (así como la falta de un ambiente más metido en el set). Aun así, dejaron sobre la mesa lo antes comentado: no les pierdan la pista, y sobre todo, escuchen su inminente nuevo disco, que se estrenará mañana mismo.

Tras ellos el público del WARM se dividía en dos clases de personas. Las que querían asistir al enésimo intento de consagración (al parecer exitoso) de Viva Suecia o los que que queríamos asistir al primer concierto en la capital del mejor grupo, hoy por hoy, de punk en nuestro país. Y claro, ya os lo advertimos: Biznaga era, seguramente, nuestra banda imprescindible del festival. Y no, una vez más, no defraudaron. Igual de irreverentes y políticamente incorrectos que acostumbran sobre el escenario, interpretaron (o más bien , escupieron) temas de todos sus trabajos habidos y por haber, haciendo estallar el pogo desde el segundo de los temas. ‘Fiebre’, Nigredo’, ‘Adalides de la Nada’ o ‘Una Ciudad Cualquiera’ fueron la banda sonora que dejo claro que habíamos elegido el bando correcto. Si el punk está muerto para ti, eso es que no has ido a un concierto de Biznaga.

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Pese a que Vitalic era otro de los conciertos que al parecer no deberíamos de habernos perdido, tras tomar fuerzas decidimos que lo mejor era mantenernos el resto de la noche en el acogedor escenario pequeño. Por ahí quedaban por pasar Joe Crepúsculo, que nos hizo bailar pese a nuestros corazones pequeños con temas como ‘Ojos Rojos de Conejo’; o Muevelorreina, dúo de traperos con los que cerramos el festival, y quienes, siendo desconocidos para nosotros, volvieron a mostrarnos lo que ya comentábamos ayer: la música urbana es el futuro de (casi) todos los festivales.

Con eso (y aunque teníamos la intención de asistir a la programación matinal del domingo) terminó nuestro festival. Sin duda, el balance de esta segunda edición del WARM UP es claro: una organización de 10 (pocos o ningún pero se nos ocurre en esos términos) con una programación paralela sobresaliente pero un cartel principal que se quedaba bastante cojo. La falta de una “segunda línea” atractiva y de cabezas de cartel más potentes hizo que pisáramos poco más de en 3 ocasiones el escenario principal. Pero bueno, suponemos que tampoco es malo del todo.

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Crónica WARM UP 2018: Programación paralela y viernes 4

De sobra está recordar que el pasado fin de semana o, siendo más estrictos, la pasada semana tuvo lugar nuestro WARM UP. El festival antes conocido como WAM Estrella Levante y sucesor del SOS 4.8. Un festival que llenaría de distintas manifestaciones de arte la ciudad de Murcia.

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Centrándonos en lo musical (pues por cuestiones personales centramos nuestro tiempo en la programación ‘Somos Música’) nuestro WARM UP comenzaría el lunes día 1 en una Sala REM a reventar. El grupo prometía energía y bailes, y efectivamente, The Parrots no dejaron indiferente a nadie, incluyendo a quienes sólo fueron por su versión de ‘Soy peor’. Aunque sin duda, el pogo final con la versión de ‘Demoler’ de Los Saicos fue el encargado de confirmar que el WARM UP nos iba a dar más de lo esperado. Y la jornada del miércoles mantendría el nivel. En esta ocasiones los grupos elegidos eran los madrileños Sierra y los gallegos Disco Las Palmeras!. El primero de ellos nos dejaría con un sabor agridulce: la discutible voz de Hugo Sierra nos haría añorar en algunas ocasiones la versión en estudio de canciones como ‘No quiero ser un hombre’. Aun así, la posibilidad de disfrutar en directo de ‘Amiga extraña’ y otros hits del disco tan ochentero del grupo supondrían razones de más para salir satisfechos entre banda y banda. Nada que ver con Disco Las Palmeras!, puesto que los gallegos, además de saber adaptar a su potencia noise y shoegazer los nuevos temas de ‘Cálida’ (Sonido Muchacho, 2018), nos dejaron grandes temas como ‘Tarde y mal’, ‘Cállate la boca’ o, sobre todo, ‘La casa cuartel’. Con media ciudad aún en el concierto de Vetusta Morla pero con una Sala REM a levantar, el jueves ganaría la pereza y decidiríamos quedarnos en la céntrica sala para disfrutar de Rufus T. Firefly. Sin embargo, saldríamos de la sala preguntándonos si tal ver hubiera sido mejor caminar media hora mas hasta Garaje Beat Club (donde actuaban Rural Zombies), puesto que la banda de Aranjuez, lejos de parecer acomodados en exceso, sí que sonaron mucho más artificiales que en otras ocasiones (además de sólo presentar como novedad la insustancial ‘Demogorgon’).

Finalmente, llegamos al viernes. Las prisas por cambiar la pulsera, por aprovechar el 2×1 en cerveza y el concierto de Modelo de Respuesta Polar nos haría acercarnos al recinto de La Fica a primera hora (18:10). Sin ser este un gran fetiche de quien escribe estas líneas, no negaré que sus últimos discos tienen más de un tema candidato a gran hit. Tal vez, y retomando las palabras de mi compañera Lola, algún día podremos disfrutar de los valencianos sin necesidad de ponernos las gafas de sol, y entonces, seguro que podremos apreciar la plenitud de matices de su sonido. Tras escuchar de lejos los últimos coletazos del concierto de Lebowsky, asistiríamos guardando las distancias al concierto de Nunatak, para acabar añorando aquellos tiempos en los que lo más llamativo de los cartageneros era la instrumentación de cuerdas y vientos. 

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Foto: Javier Rosa|WARM UP

Tras coger fuerzas (si, tan temprano) llegaría uno de nuestros grupos más esperados. Los neoyorquinos Nada Surf llegaban al WARM UP en su gira aniversario de ‘Let Go’ (ciertamente, un disco que merece esa y muchas más celebraciones). Aun así, no era posible condensar en el set todos sus cortes, y junto a los temas más notables como el genial y sutil comienzo con ‘Blizzard of ’77’ o ‘Inside of Love’ se colaron otros grandes temas de su discografía como ‘See These Bones’, la archiconocida ‘Popular’ o el enérgico cierre con ‘Blankest Year’. Sin duda, la cercanía del grupo americano con nuestro país es un regalo para todo amante del power pop y de la buena música.

Sin gran interés en meternos de lleno en el concierto de Iván Ferreiro pero mostrando el respeto que un letrista como él se merece, nos dejaríamos caer por primera vez en el gran escenario Estrella Levante para disfrutar de un set perfectamente equilibrado, que comenzó principalmente con temas de sus últimos trabajos para luego dejar paso a grandes hits del indie patrio como son sus temas de Los Piratas o ‘Turnedo’. Cansados de la presencia de Sidonie en nuestra ciudad, era el momento de sumergirse de lleno en ese otro festival que presentaba el escenario D Franklin. Ese escenario pequeño donde surge la magia de los festivales de Producción Baltimore. Era el turno de La Plata, sin duda, una de las sensaciones de la temporada. La jovencísima banda valenciana dio un concierto correcto que sin duda no sería el mejor del festival, pero que supondría un set correcto y enérgico y digna presentación de su primer LP ‘Desorden’ (Sonido Muchacho, 2018).  Desde la calmada ‘Miedo’ hasta las concisas ‘Miedo’ o ‘Esta ciudad’ les valen de sobra al quinteto para seguir creciendo dentro de la escena.

Tras ellos, el plato fuerte de la noche. El grupo hooligan por excelencia. La banda natural de Leicestershire, Kasabian, comenzarían su set con uno de los temas más enérgicos y notables de su ‘For Crying Out Loud’ (Sony, 2017), ‘Ill Ray The King’, tras el cual harían un repaso a los numerosos hits de su discografía (‘Underdog’, ‘Eez-Eh’, la reciente ‘You’re in Love With a Psycho’, etc.) Tras el cual, un aparente piloto automático nos hacía temernos lo peor, un set enérgico gracias a la consecuente inercia pero que no terminaba de romper… hasta el estallido del pogo en ‘Fire’. Sin duda, un concierto de Kasabian es un concierto enérgico y seguro para cualquier festival. 

Tras la sesión de hooliganismo, tocaba recuperar fuerzas. Sin tener mucho interés en lo que el festival nos ofrecía a altas horas de la noche, nos dejamos caer sin pena ni gloria por Klangkarussell para seguidamente acercarnos a The Bloody Beetroots, a quien sin haberlos escuchados previamente tenemos que presentar nuestros respetos. Nos hicieron bailar en todo momento con su electrónica a alta potencia. Posteriormente, cerraríamos el festival en “el otro WARM”, el del escenario pequeño. Tras más de media hora dejando a la DJ calentar el ambiente (pudimos bailar incluso uno de los hits de trap latino del momento, ‘Chambea’), Ms. Nina saldría del fondo del escenario D Franklin para hacernos perrear con su reggaeton/trap con sus ciertamente hits ‘Traketeo’, ‘Tu Sicaria’ o ‘Pastillas’. Sin duda un acierto y una revelación para el WARM UP, que para 2019 no debería de dejar pasar más nombres de música urbana. 

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Big Up 2017: tres días de música, inspiración y medios en Murcia

Los pasados días 5, 6 y 7 de octubre se celebró la última edición del Big Up Murcia, una reunión destinada a celebrar la música mediante conciertos, charlas y conferencias, que nos pone en contacto con todos los estratos del mundillo musical a nivel incluso nacional.

El jueves 5 era la jornada destinada a calentar motores. Para comenzar a entrar en contexto, tras la rueda de prensa de inauguración a mediodía (donde la organización nos explicó que este año habían apostado por experimentar en el programa y apostar por la música en directo y la prensa musical), tuvo lugar la charla sobre el nuevo paradigma de la industria musical. Esta corría a cargo de Jam Albarracín (periodista musical en La Verdad) y José Carlos Sánchez (presidente de Warner Music Spain). El único truco que da el presidente de la discográfica para tener un grupo y no morir en el intento es trabajar, trabajar y aprender, buscar y seguir el talento. Según él, a día de hoy y por culpa del streaming, prima la cantidad sobre la calidad, la democratización de la música y la necesaria inmediatez ponen más obstáculos que facilidades a los creadores y es que estas plataformas aún tienen que crecer y madurar. “A veces no se tiene éxito con el primer disco, y eso es normal aunque vaya en contra de las tendencias actuales”, comentó, lo cual no sé si consiguió tranquilizar o preocupar más a los músicos que le escuchaban.

Por la tarde continuaron las charlas destinadas a los músicos con las intervenciones de SGAE y AIE. Con estas dos charlas nos quedó clara la importancia de proteger a los autores e intérpretes de las obras. Como dijeron, por supuesto, si somos un pequeño grupo que hace bolos en locales de la zona, estas cosas no tienen por qué entrar en nuestra lista de prioridades. Sin embargo, si nuestra música empieza a sonar y a circular, es algo que (según ellos) deberíamos tener en cuenta.

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Fizzy Soup por Lola López

Por la noche teníamos dos citas con el Big Up Live, es decir, la apuesta por la música en directo en salas de la que nos hablaron anteriormente. En Sala REM, El Niño de la Hipoteca había vendido todas las entradas para su concierto. Nosotros nos decantamos por acudir a la cita con Fizzy Soup, Trepàt y Pablo und Destruktion en Garaje Beat Club. Muy pocos acudimos temprano a la sala a ver a Fizzy Soup, pero eso no les minó la moral ni una pizca y los de Cuenca desplegaron toda su potencia sobre el escenario de la sala. El año pasado pudimos verles en formato acústico como un grupo extra del Big Up Calles y esa noche los temas de “Not so Far”, su primer largo publicado este mismo año, explotaron en eléctrico. Siempre es un gusto disfrutar de su directo enérgico, intenso y diferente, y esta vez no fue menos: como suele decirse, fuimos pocos pero así a más tocamos.

Después llegó el turno de los granadinos Trepàt, otro de los grupos predilectos de esta web. Sin embargo, a Trepàt le costó despegar, puede ser que se debiera a los constantes fallos de sonido que sufrieron o al hecho de que llevaran un tiempo alejados de los escenarios. Curiosamente, cuando decidieron arriesgar y enseñarnos un tema nuevo (que formará parte de su próximo disco) es cuando su atmósfera oscura y densa, que tanto nos gusta, consiguió cuajar. Encadenando cada uno de sus temas más cañeros, consiguen levantar la segunda mitad de su concierto y dejarnos con un buen sabor de boca.

El encargado de cerrar la noche fue Pablo und Destruktion con su demoledor concierto. Apenas eran 3 sobre el escenario pero se bastaron para llenar toda la sala y noquearnos. Tras poder disfrutar sus canciones en festivales y quedar fascinada, el ambiente de sala de conciertos añade una nueva dimensión a la intensidad de sus temas, especialmente los de “Predación”, su último disco, cuyos versos Pablo clamó a voz en grito desde el escenario. A la salida de la sala, el público se dividía entre los que no acudirían más a un concierto de Pablo y los que habíamos quedado fascinados.

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Trepàt por Lola López

El día siguiente, viernes 6, llegaba el turno de las actividades dedicadas especialmente a los medios musicales. La jornada comenzó temprano en los locales de ensayo Underground, donde Alv McMartin nos ameniza el desayuno con el piano mientras nos cuenta acerca de su trayectoria. No es el único músico que nos encontramos (lógico, teniendo en cuenta dónde estábamos), Sergio Bernal le toma el relevo para hablarnos de su pasión, la batería. Sergio es uno de los mejores baterías a nivel incluso nacional, así que pocos mejor que él para contarnos cómo es poder vivir de la música.

La siguiente parada fue en la fábrica de Estrella de Levante, donde Sico de Andrés (profesor de marketing y consultor de SEO para empresas) fue el encargado de dar la charla más especializada de la programación: nos habló del posicionamiento web. Por suerte o por desgracia, este es uno de los factores clave de cualquiera que administre una web, así que mucho más para aquellas de contenido periodístico y medios. Sea como sea, nos dejó con la cabeza hecha un hervidero de tecnicismos, webs, parámetros a medir y cosas que ni sabíamos que existían.

Tras una charla tan intensa nos vino bien la siguiente actividad que nos propuso el Big Up exclusivamente a los medios, y es que en AMA Estudios se encontraba Nunatak grabando su nuevo disco con el productor Raúl de Lara. Este nos desgajó los entresijos de Romper el Cielo, el último single de la banda, que se había grabado hace escasos días entre esas mismas paredes.

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Pablo und Destruktion por Lola López

Y por fin llegó el turno de uno de los platos fuertes del Big Up: las charlas de inspiración. El primero en sentarse a hablar sobre sus vivencias en el mundo de la música fue Raúl Gutiérrez, de Rulo y La Contrabanda, que si bien como músico no me causaba devoción, como orador me sorprendió muy gratamente. Contó experiencias más que interesantes y lanzó consejos muy sabios para todos los músicos que asistieron. Reconoce que hoy en día “no hay orejas para tanta banda” y confesó que él vive la música como algo más intenso incluso que una relación amorosa, algo en lo que te vuelcas plenamente y te parece lo más bonito y especial del mundo, pero cuando deja de funcionar te rompe por completo… Hasta que llega otro proyecto-relación y te rescata. Recordó también cómo a él le llegó la vocación cuando era muy pequeño y vio en ella un modo de superar y canalizar su timidez. Aconsejó a los jóvenes músicos que no se molesten en buscar un mánager, pero sobre todo perseverancia (aunque admite que quizá él tenía las ideas demasiado claras desde que empezó).

El siguiente orador era uno de los más esperados: Guille Galván, letrista, compositor y guitarrista de Vetusta Morla. Si bien Raúl nos habló acerca de sus experiencias en la música, Guille enfocó su charla hacia las letras y cómo se entrelazan con la música. Para él, los músicos “son como arquitectos: crean espacios que luego la gente hace suyos”, y afirma que Vetusta Morla apostó por las letras en español para conseguir eso, preocupándose por la sonoridad de las palabras y su buena conjugación con una melodía sólida pero al servicio de la letra.  Como era de esperar, poco tardaron en surgir las preguntas acerca del inminente nuevo disco de los madrileños. Aprovechó para dejar claro que, pese a que hayan confiado la distribución de sus trabajos a una multinacional, son dueños de sus decisiones y es por esto que, pese a que este es ya el cuarto álbum que van a publicar, la incertidumbre les sigue acompañando en cada paso que dan (pero asegura que eso no es malo). Contó también que le gusta trabajar con la idea tradicional de álbum, que sus canciones van conectadas por un hilo y aunque no se trate de un trabajo conceptual, los temas cuentan una historia con cohesión. Concluyó diciendo que “todo se reduce a sentir lo que haces y que lo que hagas sea honesto.”

Para la dosis de Big Up Live de esa noche la opción mayoritaria fue ver a Estúpido Flanders, Claim y Shinova en la Sala REM, sin embargo, nosotros nos decantamos por el potente directo de Cala Vento en la Sala Musik. Los de L’Empordà pisaron Murcia hace poco abriendo el B-Side Festival (donde ya demostraron de lo que eran capaces), sin embargo esta era la primera vez que veía al dúo sobre el escenario y salí de la sala deseando volvérmelos a encontrar pronto sobre otro escenario. Joan y Aleix venían presentando “Fruto Panorama”, su segundo largo con el que nos conquistaron a comienzos de este mismo año, pero no faltaron temas del disco debut homónimo con el que nos engancharon. Un concierto que se pasó como un parpadeo pero con la energía de un relámpago, porque Cala Vento no nos dieron tregua disparando un tema tras otro, a lo que nosotros respondimos sin dejar de bailar, saltar y gritar cada uno de sus frescos y directos versos.

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El tercer y último día del Big Up, el sábado 7, comenzó con la última actividad propuesta en exclusiva a medios: una mesa redonda a modo de debate y encuentro entre periodistas de medios tradicionales y nuevos medios digitales, influencers y blogueros. Como era de esperar, tratamos los temas que suponen un desafío o un quebradero de cabeza para este mundo a día de hoy: la tendencia a la sobreinformación, la excesiva inmediatez, la repetición de los contenidos en muchos medios, la eterna batalla entre papel y digital… Sin embargo, con apenas una hora de debate, salimos del Espacio Molinos del Río con más de un tema o argumento en el tintero porque llegaba el turno de la actividad más conocida del Big Up.

El Big Up calles es la seña de identidad de todo este proyecto. Este año, 6 bandas eran las encargadas de poner banda sonora a las calles de Murcia en un formato más bien acústico, aunque, como pudimos comprobar, parece ser que el término “acústico” tiene tantas interpretaciones como músicos lo empleen. Nuestra ruta comenzó con Galleta Piluda, quienes pusieron la nota irreverente a la jornada. Jamones con Tacones dieron un concierto acogedor y lleno de buen rollo en Floridablanca. Atrezo, por su parte, puso la nota más pop mientras que Moody Sake estrenó sus canciones rockeras en formato acústico. El Nuevo Acelerador (por cierto, la única banda del circuito con presencia femenina) dio un agradable y bonito concierto con el atardecer de fondo. Rey Lobo no dudó en tirar de equipo electrónico y formato más enchufado que acústico para sus canciones, lo cual se tornó en desventaja cuando comenzó a llover.

Finalizó así el Big Up 2017, tres jornadas llenas de música en todas sus formas y estados. Una edición más centrada, quizá, en los medios y los espectadores que en los músicos y la formación de los mismos, un año en el que la organización ha decidido arriesgar y poner su foco de atención en ámbitos diferentes a los de otras ediciones, y si bien no ha sido un programa redondo, esperamos que para próximas ocasiones puedan conjugar lo mejor de cada propuesta sin olvidarse de los jóvenes músicos de la Región y el circuito de acústicos por las calles, que es sin duda lo más especial del Big Up.

Más fotografías de los conciertos del Big Up 2017, aquí.

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BSide Festival: grandes actuaciones y mediocre organización en la clausura de la temporada estival

El pasado sábado 9 de Septiembre tuvo lugar en Molina de Segura la 13º edición del festival Bside, una edición que presentaba algunas modificaciones con respecto a entregas pasadas, entre las que destaca el cambio de escenario al campo de fútbol municipal de Molina, un recinto, a priori, con mayor capacidad y organización.

La jornada de conciertos para nosotros, que no pudimos asistir a los eventos matinales, comenzó en torno a las 19h con la actuación del dúo más irreverente del panorama. Cala Vento abrieron esta edición exhibiendo un derroche de potencia y descaro. Los catalanes consiguieron un sonido de gran solvencia y contundencia, acorde a lo que han venido mostrando en sus dos LPs. A pesar de la escasa afluencia de público, sus drásticos cambios de intensidad, su grito pelado, su nervio adolescente y su falta de complejos les permitieron cumplir sobradamente con las expectativas generadas y ofrecernos el mejor concierto del día. Realmente resulta difícil asimilar el hecho de que dos personas puedan llenar un escenario sin apenas moverse del sitio, también ayuda la presencia de los varios pares de estruendosos amplificadores que les flanqueaban durante su actuación. Excelente.

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Cala Vento (fotografía de Sergio Mercader)

La siguiente actuación correría a cargo de la banda liderada por Paco Román. Neuman, con componentes renovados, demostró su dilatada experiencia sobre las tablas con un concierto sobrio y correcto. En mi opinión, los murcianos exhibieron dentro de su repertorio, teniendo en cuenta que no son los reyes de la fiesta ni lo pretenden, una selección de sus temas más eléctricos y dinámicos con cadencias relativamente altas. Hay que destacar la interpretación de la jovial y espontánea “Doggy”, “Too pretty” con un soberbio y excitante solo de guitarra, o la sugerente “Sil fono” y su paulatino ascenso al firmamento.

Llegaba la hora del concierto, esta vez optamos por sumergirnos de lleno entre la multitud. Los “Payasos de la tele” sonaban segundos antes de la aparición de Jota y compañía. “Los Poetas”, así empezó la actuación. Nos temimos lo peor. Tras diez cargantes minutos de canción, la dinámica del concierto viró de forma drástica cuando Jota, entre tragos y caladas, comenzó a murmurar himnos imperecederos de la banda como “Santos que yo te pinté”, pasando de la apatía al éxtasis total con su resignado estribillo, o la travesía onírica en la que te sume “Corrientes circulares en el tiempo”. Todo complementado, con gran acierto, con temas del último trabajo de su discografía, como es el caso de “Islamabad”, “Espíritu olímpico” o “Hierro y Níquel”. Antes de la conclusión hubo tiempo para embarcarnos en la odisea interestelar hacia el Sol con “De viaje”. Sinceramente, pienso que lo mejor que se puede decir de una actuación de los granadinos es que conseguiste perderte en el bucle emocional y atemporal de recuerdos y sensaciones de toda índole que van asociados de forma inevitable a su música. Sensaciones que van desde la frustración a la certidumbre, desde la rabia y el rencor hasta el júbilo y el deseo, del desdén a la devoción. Y, en esta ocasión, logramos enredarnos en la espiral donde la opresión pectoral es tan tenaz que acaba transportándote a un estado de seminconsciencia mental así como de plenitud espiritual.

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Los Planetas (fotografía de Sergio Mercader)

Tras ello, decidimos satisfacer nuestro voraz apetito. Mas desconocíamos que para ello tendríamos que aguardar una cola perpetua, cuyo final no podíamos avistar pues parecía salir del recinto. La presencia de únicamente dos saturados foodtrucks para los miles de estómagos allí congregados contribuyó notablemente a su formación. Asimismo, la escena se repetía en el acceso a los aseos. Por lo que, entre cola y cola, obviamos el concierto de Monarchy. Los londinenses ofrecieron un pop electrónico de sintetizador y ritmos bailables, una propuesta poco rompedora aunque ciertamente efectiva.

A continuación, los omnipresentes Sidonie se disponían a ofrecer su particular show. Parecen haber encontrado el elixir de la eterna juventud (espiritual, al menos), pues resulta increíble la manera en que afrontan cada actuación, la viveza y el ímpetu que derrochan sobre el escenario, perfectamente ejemplificados en los continuos y extravagantes bailes de Marc Ros, “un cantante perdedor con mucha pose y poca voz”. Y es que su último disco parece confeccionado al detalle para este tipo de eventos, es realmente reconfortante y liberador escucharlo en directo, y así lo demostraron otra vez el pasado sábado con temas como “Siglo XX”, “Os queremos”, o “Carreteras infinitas” con dedicatoria especial a sus compañeros de Supersubmarina. A pesar de ello no se olvidaron de canciones de trabajos anteriores como “Sierra y Canadá” perteneciente al que, desde la opinión personal, es su disco más solvente y cuidado. Además, no podían faltar clásicos como “El Bosque”, “Nuestro baile del viernes” o “En mi garganta”, para acabar siendo un incendio sin control. Sin duda, son “el peor grupo del mundo” y les encanta.

Parece ser que una vez terminado el concierto de los barceloneses el técnico de sonido decidió que ya era hora de marcharse, pues lo ocurrido con el último grupo en discordia, Alien Tango, fue lamentable y frustrante, tanto para aquellos que habían aguantado hasta altas horas de la madrugada para escucharles, como para los propios integrantes del grupo, los cuales estuvieron a punto de abandonar el escenario resignados ante la imposibilidad de hacer sonar su teclado y varias caídas del sonido. Ante este panorama, decidimos dar por terminada la jornada, pues preferimos que nuestra primera vez con Alien Tango sea en unas condiciones sonoras adecuadas para poder dirimir cuál es su verdadero potencial.

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Low Festival Domingo 30 – ¿Para siempre?

Comenzamos el último día de festival con las expectativas bien altas. El primer concierto de la jornada era la actuación del colectivo de rap/trap Agorazein (AGZ para los amigos) bajo el sol abrasador del escenario Matusalem. Y pese a que quizá desentonaba un poco con la tónica general del festival, era un concierto que (casi) todos esperábamos ver. Pero la decepción cayó como un jarro de agua fría tan pronto como cruzamos la puerta del recinto y quedaron patentes los graves problemas técnicos con los que tuvo que lidiar el colectivo liderado por C Tangana. Al llegar finalmente al escenario descubrimos, a nuestro pesar, que apenas se oyen las bases de las canciones, y mucho menos los potentes bajos que las caracterizan. No exagero cuando afirmo que el volumen del público cantando los temas era mucho mayor que el de las voces (o el autotune) de los tres críos (en palabras de RTP) vestidos en chándal subidos ahí arriba. Los cuales, independientemente del sonido, olvidan más de una estrofa mientras cantan, o mientras C Tangana, a modo de maestro de ceremonias, intenta animar a un público totalmente venido abajo y arranca con Espabilao. Canto Superreservao, tema por el que siento especial predilección, escuchándome más a mí que a la música; es un quiero y no puedo. Con 100k Pasos parece que mejora algo el volumen, pero ya es demasiado tarde, y acaba el concierto dejándonos un amargo sabor de boca. Sólo puedo pensar que no era otro sino Nega quien estaba en la torre de sonido.

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Agorazein (foto oficial del Low Festival por Javier Rosa)

No nos quitamos el mal sabor de boca ni con el agua que proporciona la bendita fuente de la que dispone el festival, y decidimos no movernos del escenario Matusalem. Esta vez sí queríamos estar bien dentro del meollo. Acto seguido, Triángulo de Amor Bizarro hacen su aparición y comienza a sonar el pesado ritmo de Gallo Negro se Levanta. Casi he perdido la cuenta de las veces que he visto en directo a estos gallegos, pero he de decir que esta vez fue especial. De verdad que creo que no son conscientes del ruido y el caos (en el buen sentido, por supuesto) que arman aquí abajo. No podemos reprimirnos y nos zambullimos de lleno en la vorágine que se forma conforme aumenta la tensión en cada canción. Llega Amigos del Género Humano y todo acaba por explotar. Saltamos y chocamos como si un terremoto sacudiese el suelo de Benidorm, mientras no dejamos de corear a pleno pulmón el estribillo de Baila Sumeria. Acabamos sin un ápice de aliento en nuestros pulmones.

Una vez recuperados, dedicamos algo de tiempo a entonarnos antes de partir hacia el escenario principal. Mención especial a Charlie por las copas que pudimos disfrutar gracias a su bondad y misericordia. Las cuales hicieron, por otro lado, que la respuesta al eterno debate (¿meternos de lleno en el concierto o quedarnos algo fuera para bailar?) fuera contestado rápidamente: queremos bailar con Lori Meyers, como profetizó el frontman de Sidonie. Y empieza a sonar Planilandia, y nosotros empezamos a movernos al ritmo de los granadinos. Y Lori suenan impecables. Pero en mi opinión, falta algo. Pese a que traen consigo todo un espectáculo visual (con enormes pantallas LED) y su ejecución es brillante, no montan la fiesta que antaño habrían armado. Echo en falta un Noni totalmente desinhibido que jalee a las masas. A esto se suma el hecho de que las canciones del nuevo disco (Zona de Confort, Todo lo que dicen de ti) se prestan a tocarlas con mimo, cuidando los detalles, además de que la mayoría de ellas tiene un sabor baladero. Eso sí, cada arreglo es cuanto menos oportuno y pertinente, y el conjunto entero suena espectacular. De cualquier manera, coreamos sin pensarlo canciones que son ya himnos consagrados, como El Tiempo Pasará o ¿Ahá han vuelto?, sin olvidar Mi Realidad y Emborracharme, con la que el público acaba, cómo no, de enloquecer. A mí, por otra parte, se me ha pasado el ciego. Ponemos rumbo de nuevo al escenario Matusalem.

Es el último día, y se nota; el cansancio hace mella en nuestros pies. Y como no es la primera vez que vemos al genial Xoel López en directo (sin ir más lejos lo vimos en la pasada edición del Low), decidimos verlo alejados, sentados en el césped del escenario Matusalem. Para ello, tuvimos que sacrificar asistir al concierto de Geografies, de lo cual admitiré que me arrepiento. Pero he de reconocer que con Xoel siempre se pasa un buen rato, aunque no sea la hora más adecuada para un concierto así (en mi opinión, Xoel y AGZ deberían haberse intercambiado sus respectivos horarios). Sea como sea, el cantautor gallego sabe perfectamente dónde está y qué hora es. Y por ello su setlist estará repleto de canciones de Deluxe, como es el caso de Reconstrucción e Historia Universal, que permiten meter más caña que las canciones de sus dos discos en solitario. Y deja Tierra para el principio, porque por mucho que nos guste no es hora para una canción así. A partir de ahí, Xoel se adueñará del escenario, sin soltar su guitarra eléctrica más que para interpretar algunas joyas como son De Piedras y Arena Mojada y la preciosa Hombre de Ninguna Parte, que llena el escenario de ritmos y melodías tropicales. Aprovechamos para cenar y dar una vuelta, sin alejarnos mucho del escenario.

Y es que El Columpio Asesino eran los siguientes en subirse a él. Comienza una línea de bajo constante que no parará hasta que se bajen del mismo, como si fuese un latido que no cesa. “Arde Babel, arde Babel, arde Babel con sus torres de papel”. A partir de ahí somos testigos de cómo crece la tensión en cada uno de los temas. Se puede palpar en el ambiente, se puede cortar. Como si estuvieran pisando el acelerador en medio de una carretera desierta (con un perro reventado en el arcén), todas las canciones son un crescendo que no acaba de estallar. Suenan Perlas, y como si nos hubieran oído pedirla, empieza Ballenas Muertas en San Sebastián, que suena más oscura que nunca. Y los que están subidos en el escenario parece que están aguardando algo, como un cazador agazapado esperando a su presa. A veces me dan hasta miedo. Son los gritos y gemidos espontáneos que se oyen a veces, y esa línea de bajo que sigue sonando, incansable. Hasta que llega Toro, y la noche alcanza su clímax. “Te voy a hacer bailar toda la noche. Toda la noche.” Con este verdadero himno ponen fin a la escalada de tensión que ha sido su concierto, que ha sido más un thriller que otra cosa. Y con este concierto ponemos fin a nuestra segunda edición del Low, porque nuestros cuerpos necesitan un respiro. Decimos adiós a Benidorm una vez más, esperamos poder volver el año que viene.

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El Columpio Asesino (foto oficial del Low Festival por Liberto Peiró)

Una última mención especial a La Guardia por protegernos en las oscuras noches de camping.

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Crónicas, Festivales

Low Festival Sábado 29 – Ping pong

Me consuelo diciéndome que la intención es lo que cuenta. Porque pese a que empezase a unas tempranas 19:30 en el escenario Matusalem, me hacía especial ilusión asistir al concierto de The New Raemon y McEnroe, aunque no fuese la primera vez que veía a Ramón Rodríguez y Ricardo León actuar conjuntamente. De cualquier manera, un retraso en el autobús que nos llevó del camping al festival nos hizo perdernos la mayor parte del concierto. “Ya se ha acabado nuestro disco”, escuchamos decir a Ramón nada más llegar. Lo que siguió a partir de aquí fueron temas de los dos músicos en solitario, con lo que pudimos disfrutar de temas mayúsculos como La Palma o Rugen las Flores, por parte de McEnroe, y Reina del Amazonas por parte de Ricardo, todas ellas versiones más intensas de lo normal. Bajo un sol no poco intenso, he de añadir.

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Sidonie (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Acto seguido ponemos rumbo al escenario principal (en el que por suerte predomina la sombra) para escuchar, en mi caso por primera vez, a Nada Surf. Y pese a no haberlos escuchado mucho (ni saberme mucho menos alguna letra), el simpático trío neoyorquino no deja a nadie fuera de su concierto. Hacen partícipe a todo el mundo en la mayor parte de las canciones, las cuales suenan potentes y sólidas, potenciadas por la actitud de cada uno de los miembros del grupo. Hasta el punto de que el bajista, que es español, traduzca en tiempo real algunas estrofas, y pidan ayuda al público para que elija qué tema tocar para cerrar el concierto (Popular), que se ha hecho entretenido hasta para alguien que no los ha escuchado prácticamente nada. Sin duda se merecen una escucha más en profundidad por mi parte.

Ya de nuevo en el escenario Matusalem (porque eso es lo que tiene el Low, a veces pareces ser una pelota de ping-pong entre escenarios) nos sentamos en el césped para escuchar vagamente y de lejos a Neuman (Paco Román), paisano por el que sentimos especial predilección. Y a pesar de todo, en mi opinión, al conjunto murciano le falta una potencia que sí tuvo en otro momento, que hace que el público a esa hora de la noche no acabe de conectar. Con la interminable (para bien o para mal) Sil Fono, volvemos a dejar atrás el escenario mediano para ponernos rumbo al escenario principal para el concierto de Sidonie.

Pero la mayor parte de la gente había tenido nuestra misma idea, y de repente nos vemos inmersos en la marea de gente que se suele formar cada vez que la gente se mueve en masa hacia el escenario Estrella Damm, efecto engrandecido por las escasas entradas al mismo. Así que decidimos nuevamente subirnos a las gradas (benditas sean) para contemplar el océano de cabezas que se acaba de llenar, así como el verdadero espectáculo que iba a organizar Sidonie momentos después, pues montaron la que podría ser considerada la fiesta del POP. En mayúsculas. Con Marc Ros como maestro de ceremonias, una banda que disfruta en el escenario y un público totalmente entregado, interpretan cada tema como si fuera una celebración (Os Queremos, Siglo XX, El Peor Grupo del Mundo) para alcanzar el pico de la catarsis con el que ya es todo un himno festivalero, Carreteras Infinitas. Cantamos y bailamos todos y cada uno de los temas, porque hacen de su fiesta ahí arriba la nuestra, sin dejar a nadie fuera, como en No Sé Dibujar un Perro, en donde sacan carteles con la letra de la canción. Finalmente, Estáis Aquí pone la guinda a un concierto que ha sido, solo de batería incluido, puro espectáculo.

Tras vagar sin rumbo buscando un merecido trozo de césped en el que descansar, y después de ver el escenario Matusalem (totalmente a reventar) con Viva Suecia subidos en él, volvemos al escenario principal para ver otra de las grandes citas del festival, ni más ni menos que Franz Ferdinand. Y en ese momento surge el eterno debate que nos perseguirá hasta el fin de nuestros días: ¿nos metemos en medio de la gente o nos quedamos más atrás para poder bailar a gusto?  Tras encontrar un buen sitio, empezamos a saltar nada más empezar a sonar la música. Y no dejamos de saltar hasta que terminó. Porque si alguien sabe hacer saltar a todo un festival son los de Glasgow. No You Girls, Michael, Love Illumination, nos hacen empapar toda la camiseta. “Yo no me vuelvo a meter en un concierto” oigo decir a RTP, totalmente cubierto en sudor. Pero eso es una buena señal, supongo, lo de sudar y quedarse afónico. Para terminar, con la archiconocida, archicoreada y architodo Take Me Out, pegamos unos últimos y enérgicos botes sincronizados con las miles de personas que estábamos allí, y decidimos abandonar el escenario sin que hubiera terminado aún el concierto. Es lo que pasa cuando no cierras tu setlist con tu mejor tema.

Y ping-pong. Estamos otra vez de vuelta en el escenario Matusalem para ver a Los Punsetes, esta vez con mucho más aire fresco que respirar y la posibilidad de coger una pulmonía de tan calados que íbamos. A pesar de que no es la primera vez que los vemos (RTP escribió una genial crónica de su paso por Murcia el pasado mayo), nunca dejará de sorprenderme, fascinarme e inquietarme a partes iguales la puesta en escena de Ariadna, que más que humana parece una estatua vestida con una alfombra persa. Las dos guitarras comienzan a rugir, en violento contraste con la melódica voz de la vocalista.  A RTP y a mí no nos gusta reprimirnos, y no hacemos sino darlo todo un tema tras otro, porque no es para menos. “El águila calva solo quiere estar muerta”. Se me pone la piel de gallina; la muerte en Los Punsetes no es sino un tema más del que hablar. “Esto es lo que pienso de tu puto grupo”, nos escupe Ariadna en la cara. Y nos gusta. Viva, joder, viva.

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Nada Surf (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Después de algo así, reconozco que no nos apetecía tocar a The Hives ni siquiera con un palo, así que decidimos descansar en una parcela de césped húmedo, mientras escuchamos a la multitud cantar Walk, Idiot, Walk. Y cuando llega la hora, volemos al Matusalem, esta vez para presenciar un espectáculo totalmente diferente. Son Delorean los que están ahí arriba, uno de las bandas que más ganas tenía de ver en el festival. Porque me parece que lo que hacen es elegante. Ni es electrónica, ni es indie, es algo sobrio y estético. Con la portada de Muzik, su último álbum, de fondo, interpretan sin apenas despeinarse la mayor parte de los temas del mismo, superando con creces mis expectativas sobre cómo iban a sonar en directo. Y te hacen nadar en el mar de figuras geométricas que evocan sus arpegios, y descansar sobre el colchón que son los bajos, mientras te envuelve la atmósfera que crea la voz principal. Son verdaderos expertos en construir ritmos. Suenan los temas del nuevo disco, así como Giro, de su último EP, y temas más antiguos y orgánicos como la genial Dheli, mientras no dejamos de movernos. Cuando acaba no podemos sino dar por concluida esta segunda e intensa jornada de festival.

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Low Festival Viernes 28 – Más pixiestas que los Pixies

Lo reconozco, os he mentido. Realmente nuestro paso por Benidorm con motivo de esta edición del Low Festival (la segunda para servidor y un par más de los allí presentes) comenzó un día antes, en el que nos dedicamos a instalarnos sin prisa ninguna en el Camping Armanello. A instalarnos y a beber, claro. Y todo ello intentando que no nos echasen del camping durante la primera noche. Mientras la mitad de nuestra gente iba a los conciertos de bienvenida en la playa (reconozco que me quedé con ganas de ver a Rusos Blancos), nosotros nos quedamos inaugurando un par de botellas de whisky y escuchando trap y música nacionalista gallega a un volumen que no acababa de convencer a la seguridad del camping.

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Ambiente escenario Jägermusic (fotografía oficial del Low Festival por Diego Garnés)

Fue al día siguiente (ahora sí, viernes 28) cuando el festival dio el escopetazo de salida. Pero nosotros tampoco llevábamos mucha prisa. Obviando el hecho de que era el día más flojo del festival (los Pixies me perdonen), por experiencias pasadas, sabíamos que no era la mejor idea estar allí demasiado pronto. Así que nos acercamos directamente a ver a Kokoshca, abriéndonos paso, ya de noche, hasta el escenario Wiko. La joven formación abre el concierto con Mi Consentido, y pese al hecho de que quien no baila es porque no quiere, se echa en falta algo más de desmelene en la actitud de los miembros del grupo, quienes sin embargo bordan todos los temas del setlist, incluyendo Serengueti y la coreada El Escultor.

Tras el buen rato que pasamos, nos dirigimos, como quien va a misa a con 9 años (por lo de obligados), a por la cita grande del festival. Eso, sí, también sin prisa. Después de ser adelantados por los que más ganas tienen de ver a los magnificentes Pixies, mi acompañante (Coy, al que me dirigiré como RTP en las siguientes líneas), andamos con parsimonia viendo la marea que se está formando a nuestro alrededor. No estamos muy por la labor de ser una cabeza más en ese océano de variopintos cabellos, así que decidimos quedarnos en las gradas. Ahí, suponíamos, podríamos disfrutar del concierto tranquilamente desde la distancia, sin molestar a nadie con nuestra irrespuetuosa actitud. Pero nada más lejos de la realidad, pues no solo se supone que estábamos obligados a conocer y venerar a los de Boston, sino también a guardar sacro silencio mientras tocan, ante los estufidos y el patente malestar de algunas personas presentes en la grada con nosotros. Aún así, no podemos tomarnos en serio la surrealista petición de silencio que recibimos en medio de un festival, y RTP y yo seguimos con nuestra charla. ¿Debería disculparme por no saber apreciar la magnificencia de un grupo de tal importancia? Tengo 20 cortos años. ¿Debería disculparme por no haber escuchado a los Pixies durante mi infancia? Yo he crecido con Melendi por un lado y con Mike Oldfield por el otro, y puedo decir que estoy muy orgulloso de lo que soy. He crecido sin los Pixies. Eso sí, sé apreciar el calibre y la repercusión de un grupo internacional como este, y se notan a la legua los años y los miles de escenarios llenos que llevan a la espalda. Pero no me hace gracia que me manden callar en medio de un festival, como si interrumpiésemos los oficios en un templo oficiados por el mismísimo Papa. Escuchados por gente más papista que el Papa. Y de verdad que siento no poder hablar más sobre los Pixies. Sólo conozco Where Is My Mind, cuya icónica guitarra introductoria escuchamos mientras empezamos a abandonar la grada, antes de que el escenario se vacíe.

Tras reunirnos con el resto del grupo, nos acercamos al escenario Matusalem para echar unos agradables bailes con Roosevelt. Ofrecen una música de baile realmente atractiva, interpretada con instrumentos (lo que la hace más meritosa mi juicio, al no limitarse a reproducir bases pregrabadas), acompañada de una voz que se parece, y mucho en ocasiones, a la del frontman de Foals.

La siguiente cita del día será con La Casa Azul, formación liderada por el archiconocido y prácticamente omnipresente Guille Milkyway, por lo que acudimos al escenario principal con bastantes expectativas, las cuales se vieron mayoritariamente satisfechas, si no fuera por el hecho de que el mencionado intérprete no consiguió medir del todo bien los tiempos. Porque pese a que sea total e irremediablemente inevitable evitar bailar con temas como Podría Ser Peor o Todas Tus Amigas, hubo momentos en que el ritmo cayó de manera abrupta durante la segunda mitad del concierto, y el público con él. Remontando al final, eso sí, con La Revolución Sexual, el tema emblemático de la casa.

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Biznaga (fotografía oficial del Low Festival por Javier Rosa)

Biznaga era lo que quedaba por tachar de la lista ese día, así que ponemos rumbo al escenario Wiko, donde empezamos la jornada. Intentando reunir energías para lo que estábamos a punto de presenciar, porque la que montaron los madrileños en un momento es digno de admiración. Y es que con los ritmos frenéticos del batería, que más que humano parece un incontrolable animal salvaje, las ollas en el pequeño escenario se forman casi instantáneamente. Fiebre. Fiebre. Fiebre. Nigredo. La voz es totalmente desgarradora, las guitarras resuenan como truenos. Y a la que se dan cuenta, se les acaba el tiempo. Una Ciudad Cualquiera y Mediocridad y Confort suenan enlazadas. Ya ha pasado la tormenta por Benidorm.

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