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Big Up 2017: tres días de música, inspiración y medios en Murcia

Los pasados días 5, 6 y 7 de octubre se celebró la última edición del Big Up Murcia, una reunión destinada a celebrar la música mediante conciertos, charlas y conferencias, que nos pone en contacto con todos los estratos del mundillo musical a nivel incluso nacional.

El jueves 5 era la jornada destinada a calentar motores. Para comenzar a entrar en contexto, tras la rueda de prensa de inauguración a mediodía (donde la organización nos explicó que este año habían apostado por experimentar en el programa y apostar por la música en directo y la prensa musical), tuvo lugar la charla sobre el nuevo paradigma de la industria musical. Esta corría a cargo de Jam Albarracín (periodista musical en La Verdad) y José Carlos Sánchez (presidente de Warner Music Spain). El único truco que da el presidente de la discográfica para tener un grupo y no morir en el intento es trabajar, trabajar y aprender, buscar y seguir el talento. Según él, a día de hoy y por culpa del streaming, prima la cantidad sobre la calidad, la democratización de la música y la necesaria inmediatez ponen más obstáculos que facilidades a los creadores y es que estas plataformas aún tienen que crecer y madurar. “A veces no se tiene éxito con el primer disco, y eso es normal aunque vaya en contra de las tendencias actuales”, comentó, lo cual no sé si consiguió tranquilizar o preocupar más a los músicos que le escuchaban.

Por la tarde continuaron las charlas destinadas a los músicos con las intervenciones de SGAE y AIE. Con estas dos charlas nos quedó clara la importancia de proteger a los autores e intérpretes de las obras. Como dijeron, por supuesto, si somos un pequeño grupo que hace bolos en locales de la zona, estas cosas no tienen por qué entrar en nuestra lista de prioridades. Sin embargo, si nuestra música empieza a sonar y a circular, es algo que (según ellos) deberíamos tener en cuenta.

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Fizzy Soup por Lola López

Por la noche teníamos dos citas con el Big Up Live, es decir, la apuesta por la música en directo en salas de la que nos hablaron anteriormente. En Sala REM, El Niño de la Hipoteca había vendido todas las entradas para su concierto. Nosotros nos decantamos por acudir a la cita con Fizzy Soup, Trepàt y Pablo und Destruktion en Garaje Beat Club. Muy pocos acudimos temprano a la sala a ver a Fizzy Soup, pero eso no les minó la moral ni una pizca y los de Cuenca desplegaron toda su potencia sobre el escenario de la sala. El año pasado pudimos verles en formato acústico como un grupo extra del Big Up Calles y esa noche los temas de “Not so Far”, su primer largo publicado este mismo año, explotaron en eléctrico. Siempre es un gusto disfrutar de su directo enérgico, intenso y diferente, y esta vez no fue menos: como suele decirse, fuimos pocos pero así a más tocamos.

Después llegó el turno de los granadinos Trepàt, otro de los grupos predilectos de esta web. Sin embargo, a Trepàt le costó despegar, puede ser que se debiera a los constantes fallos de sonido que sufrieron o al hecho de que llevaran un tiempo alejados de los escenarios. Curiosamente, cuando decidieron arriesgar y enseñarnos un tema nuevo (que formará parte de su próximo disco) es cuando su atmósfera oscura y densa, que tanto nos gusta, consiguió cuajar. Encadenando cada uno de sus temas más cañeros, consiguen levantar la segunda mitad de su concierto y dejarnos con un buen sabor de boca.

El encargado de cerrar la noche fue Pablo und Destruktion con su demoledor concierto. Apenas eran 3 sobre el escenario pero se bastaron para llenar toda la sala y noquearnos. Tras poder disfrutar sus canciones en festivales y quedar fascinada, el ambiente de sala de conciertos añade una nueva dimensión a la intensidad de sus temas, especialmente los de “Predación”, su último disco, cuyos versos Pablo clamó a voz en grito desde el escenario. A la salida de la sala, el público se dividía entre los que no acudirían más a un concierto de Pablo y los que habíamos quedado fascinados.

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Trepàt por Lola López

El día siguiente, viernes 6, llegaba el turno de las actividades dedicadas especialmente a los medios musicales. La jornada comenzó temprano en los locales de ensayo Underground, donde Alv McMartin nos ameniza el desayuno con el piano mientras nos cuenta acerca de su trayectoria. No es el único músico que nos encontramos (lógico, teniendo en cuenta dónde estábamos), Sergio Bernal le toma el relevo para hablarnos de su pasión, la batería. Sergio es uno de los mejores baterías a nivel incluso nacional, así que pocos mejor que él para contarnos cómo es poder vivir de la música.

La siguiente parada fue en la fábrica de Estrella de Levante, donde Sico de Andrés (profesor de marketing y consultor de SEO para empresas) fue el encargado de dar la charla más especializada de la programación: nos habló del posicionamiento web. Por suerte o por desgracia, este es uno de los factores clave de cualquiera que administre una web, así que mucho más para aquellas de contenido periodístico y medios. Sea como sea, nos dejó con la cabeza hecha un hervidero de tecnicismos, webs, parámetros a medir y cosas que ni sabíamos que existían.

Tras una charla tan intensa nos vino bien la siguiente actividad que nos propuso el Big Up exclusivamente a los medios, y es que en AMA Estudios se encontraba Nunatak grabando su nuevo disco con el productor Raúl de Lara. Este nos desgajó los entresijos de Romper el Cielo, el último single de la banda, que se había grabado hace escasos días entre esas mismas paredes.

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Pablo und Destruktion por Lola López

Y por fin llegó el turno de uno de los platos fuertes del Big Up: las charlas de inspiración. El primero en sentarse a hablar sobre sus vivencias en el mundo de la música fue Raúl Gutiérrez, de Rulo y La Contrabanda, que si bien como músico no me causaba devoción, como orador me sorprendió muy gratamente. Contó experiencias más que interesantes y lanzó consejos muy sabios para todos los músicos que asistieron. Reconoce que hoy en día “no hay orejas para tanta banda” y confesó que él vive la música como algo más intenso incluso que una relación amorosa, algo en lo que te vuelcas plenamente y te parece lo más bonito y especial del mundo, pero cuando deja de funcionar te rompe por completo… Hasta que llega otro proyecto-relación y te rescata. Recordó también cómo a él le llegó la vocación cuando era muy pequeño y vio en ella un modo de superar y canalizar su timidez. Aconsejó a los jóvenes músicos que no se molesten en buscar un mánager, pero sobre todo perseverancia (aunque admite que quizá él tenía las ideas demasiado claras desde que empezó).

El siguiente orador era uno de los más esperados: Guille Galván, letrista, compositor y guitarrista de Vetusta Morla. Si bien Raúl nos habló acerca de sus experiencias en la música, Guille enfocó su charla hacia las letras y cómo se entrelazan con la música. Para él, los músicos “son como arquitectos: crean espacios que luego la gente hace suyos”, y afirma que Vetusta Morla apostó por las letras en español para conseguir eso, preocupándose por la sonoridad de las palabras y su buena conjugación con una melodía sólida pero al servicio de la letra.  Como era de esperar, poco tardaron en surgir las preguntas acerca del inminente nuevo disco de los madrileños. Aprovechó para dejar claro que, pese a que hayan confiado la distribución de sus trabajos a una multinacional, son dueños de sus decisiones y es por esto que, pese a que este es ya el cuarto álbum que van a publicar, la incertidumbre les sigue acompañando en cada paso que dan (pero asegura que eso no es malo). Contó también que le gusta trabajar con la idea tradicional de álbum, que sus canciones van conectadas por un hilo y aunque no se trate de un trabajo conceptual, los temas cuentan una historia con cohesión. Concluyó diciendo que “todo se reduce a sentir lo que haces y que lo que hagas sea honesto.”

Para la dosis de Big Up Live de esa noche la opción mayoritaria fue ver a Estúpido Flanders, Claim y Shinova en la Sala REM, sin embargo, nosotros nos decantamos por el potente directo de Cala Vento en la Sala Musik. Los de L’Empordà pisaron Murcia hace poco abriendo el B-Side Festival (donde ya demostraron de lo que eran capaces), sin embargo esta era la primera vez que veía al dúo sobre el escenario y salí de la sala deseando volvérmelos a encontrar pronto sobre otro escenario. Joan y Aleix venían presentando “Fruto Panorama”, su segundo largo con el que nos conquistaron a comienzos de este mismo año, pero no faltaron temas del disco debut homónimo con el que nos engancharon. Un concierto que se pasó como un parpadeo pero con la energía de un relámpago, porque Cala Vento no nos dieron tregua disparando un tema tras otro, a lo que nosotros respondimos sin dejar de bailar, saltar y gritar cada uno de sus frescos y directos versos.

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El tercer y último día del Big Up, el sábado 7, comenzó con la última actividad propuesta en exclusiva a medios: una mesa redonda a modo de debate y encuentro entre periodistas de medios tradicionales y nuevos medios digitales, influencers y blogueros. Como era de esperar, tratamos los temas que suponen un desafío o un quebradero de cabeza para este mundo a día de hoy: la tendencia a la sobreinformación, la excesiva inmediatez, la repetición de los contenidos en muchos medios, la eterna batalla entre papel y digital… Sin embargo, con apenas una hora de debate, salimos del Espacio Molinos del Río con más de un tema o argumento en el tintero porque llegaba el turno de la actividad más conocida del Big Up.

El Big Up calles es la seña de identidad de todo este proyecto. Este año, 6 bandas eran las encargadas de poner banda sonora a las calles de Murcia en un formato más bien acústico, aunque, como pudimos comprobar, parece ser que el término “acústico” tiene tantas interpretaciones como músicos lo empleen. Nuestra ruta comenzó con Galleta Piluda, quienes pusieron la nota irreverente a la jornada. Jamones con Tacones dieron un concierto acogedor y lleno de buen rollo en Floridablanca. Atrezo, por su parte, puso la nota más pop mientras que Moody Sake estrenó sus canciones rockeras en formato acústico. El Nuevo Acelerador (por cierto, la única banda del circuito con presencia femenina) dio un agradable y bonito concierto con el atardecer de fondo. Rey Lobo no dudó en tirar de equipo electrónico y formato más enchufado que acústico para sus canciones, lo cual se tornó en desventaja cuando comenzó a llover.

Finalizó así el Big Up 2017, tres jornadas llenas de música en todas sus formas y estados. Una edición más centrada, quizá, en los medios y los espectadores que en los músicos y la formación de los mismos, un año en el que la organización ha decidido arriesgar y poner su foco de atención en ámbitos diferentes a los de otras ediciones, y si bien no ha sido un programa redondo, esperamos que para próximas ocasiones puedan conjugar lo mejor de cada propuesta sin olvidarse de los jóvenes músicos de la Región y el circuito de acústicos por las calles, que es sin duda lo más especial del Big Up.

Más fotografías de los conciertos del Big Up 2017, aquí.

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Arropados por los pétalos de la magnolia

Tras despedirnos de la temporada grande de festivales, toca volver a las salas de conciertos. Nosotros lo hicimos el pasado 16 de septiembre en la Sala REM con una noche que encabezó Rufus T. Firefly, pero no sin antes escuchar a los grupos finalistas del concurso de bandas de la Sala Revólver, y es que ese era el motivo de la cita: el duelo final del concurso nos traía a la banda de Aranjuez como invitada especial en un evento que formaba parte de la 22ª edición del LemonPop (aunque nada ni nadie en sala parecía recordarlo).

Los primeros en pisar el escenario de la sala fueron The Nawers, que aportaron la nota alternativa entre las propuestas finalistas. Desde el primer acorde notamos que se ajustan a los cánones del rock alternativo más británico, gritando Arctic Monkeys tanto en estilo como en apariencia (a quienes confirman como una influencia notable en su estilo cuando introducen un par de riffs de la banda de Alex Turner a modo de guiños en sus canciones, como si nos hubieran leído la mente). Tiene mérito venir desde Mallorca para tocar media hora en Murcia, de modo que aprovechan bien su tiempo y consiguen sonar contundentes, con un toque grunge pero guitarras suaves. Sin embargo, si bien suenan agradables y compactos, ese sonido de mezcla de grupos alternativos hace que no consigan destacar del todo tampoco a ojos del jurado.

Vera Green son quienes les toman el relevo con un sonido radicalmente diferente al de sus predecesores. Si The Nawers tenían un estilo demasiado fácil de clasificar, con Vera Green nos pasa todo lo contrario: su mezcla de estilos, sonidos e incluso idiomas nos aturde. Sí que es cierto que suenan animados, frescos y originales, pero (y quizá es debido a nuestras preferencias musicales personales, quizá a que no sabemos apreciar como es debido la propuesta) su popurrí de estilos y elementos con base folk no termina de cuajar para nuestros oídos. Sin embargo, hemos de darles la enhorabuena ya que momentos después se proclamarían ganadores del concurso de bandas de la Sala Revólver.

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La última de las bandas que se disputaba la final era Cuervos. Tienen un buen sonido desde el primer momento, parecen ser los más curtidos sobre el escenario, al menos se desenvuelven bien y no parece que la situación les imponga el más mínimo nerviosismo. Son enérgicos y se ve desde lejos que viven lo que están tocando. Pese a ello, su rock en español de corte clásico, casi típico, no nos sorprende en especial. Suenan compactos, saben a la perfección lo que están haciendo, pero su similitud con muchos otros grupos del estilo hace que no nos enganche su directo; a ellos, sin embargo, les vale un segundo puesto en la clasificación del concurso.

Por fin, aunque con algo de retraso (más que esperado al ser una noche con tantas bandas circulando por el escenario de la REM), Rufus T. Firefly saltan a las tablas y montan su propio caos de guitarras, pedaleras, tapetes psicodélicos, cinta fosforita, sintetizadores y dragones mascota con la batería en primera línea de batalla: todo listo para desplegar su arsenal al completo. Fuimos tan ingenuos de pensar que, al tocar bajo el rótulo de “artista invitado” y empezar su directo pasada la una, el concierto de los de Aranjuez se nos quedaría en aperitivo y nada más lejos de la realdiad, quedamos más que saciados con la casi quincena de temas que dispararon al público. Hubo tiempo para recrearse en el bosque de su último largo, Magnolia, que interpretaron íntegro, abriendo el concierto con el apoteósico crescendo de Tsukamori y cérrandolo con la directa Río Wolf, que se hizo de rogar pero no falló en su empresa de conseguir que saliéramos de la REM con los oídos aún vibrantes.

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Por supuesto, entre los pétalos de la magnolia quedó espacio suficiente para echar la vista atrás y dar el gusto a los fans más longevos de la banda soltanado algunos temas de sus trabajos anteriores que sonaron espectaculares (como la potentísima Pompeya, que casi tira abajo al público y a la sala con cada golpe de caja, por no mencionar el ya himno que es Incendiosuicida, que se nos clavó en el corazón y nos anudó la garganta).

Rufus T. Firefly sonaron impecables y consiguieron sobreponerse a los fallos de sonido y al sueño que nos invadía por culpa de la hora, que no acompañaba a los ricos matices de sus temas. Una batería que tira de todo hacia delante desde el borde del escenario, un cantante que siente cada verso en todo el cuerpo y toca como si cada acorde fuera una descarga eléctrica, un bajo que teje el esqueleto y la base de las canciones, todo rodeado por el diálogo entre guitarras y sintetizadores que envuelve sus canciones y termina de conformar la atmósfera de su concierto, que nos recoge y nos sume de lleno en su red de pequeños pero nítidos y perfectos matices. Rufus T. Firefly fueron recibidos por una sala llena de gente ávida de música que les llenara y les elevara, de modo que salimos de la REM bien entrada la madrugada y llegamos a casa somnolientos flotando en los brazos-pétalos de la magnolia.

 

 

 

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Aferrarse a un soplo de aire fresco – Crónica 3ª Semifinal CreaMurcia 2017

Tras una primera noche de grupos ya conocidos y una segunda noche para dejarse sorprender, las semifinales del CreaMurcia pop-rock llegan a su fin con esta tercera noche. Otros cuatro grupos se subirán al escenario de la sala REM para tratar de conseguir un puesto en la final.

Los que arrancan la noche son Old Coin, grupo al que conocíamos de oídas pero no habíamos tenido oportunidad de ver. Habitualmente son 5 integrantes, pero sobre el escenario sólo hay 3 personas: dos guitarras y un piano, han confiado en una especie de formato medio acústico, arriesgado pero eficaz por cómo han sabido defenderlo. No sabría clasificarles en un estilo, pero de lo que no hay duda es de que han reunido una buena cantidad de público en la sala y nos tienen a todos atentos a su directo, tanto en las canciones más pausadas y tranquilas como en aquellas más animadas, no apartamos la vista de lo que están haciendo. Conjugan  perfectamente las líneas de las dos guitarras y el piano con voces suaves, y cuando llega el turno de algún tema en castellano, como ‘Crisis de identidad’, queda claro que además tienen letras cuidadas e íntimas. Suenan redondos y llamativos pese a un formato que les podría haber limitado, pero que han conseguido dominar.

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Old Coin por Lola López

Tras un comienzo de noche tranquilo, el segundo grupo de la noche nos trae la otra cara de la moneda. Brutalternative se suben al escenario de la REM para tirarlo abajo. Son un derroche de energía, activos a más no poder con un cantante que no para quieto y que contrasta con el guitarrista, impertérrito en el otro extremo del escenario. Pese a que, me atrevo a decir, ninguno sabíamos muy bien qué estábamos viendo ni qué estaba pasando, el caso es que nos consiguieron enganchar.

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Brutalternative por Lola López

Llega el turno ahora de New Ways. El grupo de rock alternativo está comenzando a despuntar en Murcia y esta noche suenan enérgicos y muy directos. Se nota una gran evolución en ellos respecto a las otras veces que hemos tenido oportunidad de verles, hace apenas un par de meses. Además, han congregado a una buena cantidad de público entregado y en sintonía con ellos. Suenan seguros y tienen una buena puesta en escena, sin embargo acaban siendo algo ruidosos de más hasta el punto de no distinguir muy bien lo que está sonando, de modo que quizá les falte aprender a gestionar mejor eso para explotar al máximo la potencia que tienen, aunque el factor técnico también tiene que ver en esto.

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New Ways por Lola López

Los encargados de cerrar la noche, y con ello las semifinales de pop-rock de la 25ª edición del CreaMurcia, son Clot, otro de los grupos más sonados de la lista de clasificados. Se nota la experiencia, tienen una de las puestas en escena más profesionales de todas las que hemos visto en estas 3 noches, permitiéndose incluso una intro para su concierto. Hacen un directo correcto y acertado, demostrando que Gala es todo un frontman para el grupo, se le ve como pez en el agua sobre el escenario. Sin embargo, algo en su directo hace que nos parezcan ligeramente más flojos que en otras ocasiones. Quizá falta complicidad con el público o conexión entre la voz y el resto de la banda. Pese a todo, su directo es bueno y consiguen sonar de lujo y poner a bailar a un puñado de personas frente al escenario.

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Clot por Lola López

Finaliza así al tanda de conciertos de semifinales. Como siempre, es un placer ver de cerca la pluralidad de estilos que impera en la música de Murcia (y eso que el certamen sólo contempla lo que se hace en la capital). Si no lo piensas mucho, casi eclipsa el resto de cosas que dan que pensar del certamen. Esta edición ha supuesto, en cierto modo, un soplo de aire fresco al concurso, hemos podido ver diversos grupos que no conocíamos o que no habían pasado anteriormente a semifinales. Esperamos que esta tendencia se repita y se apueste por grupos diferentes e interesantes. Ya sólo queda ver cuáles son los 3 grupos elegidos para la final, que tendrá lugar el día 17 de junio en el Parque de Fofó con Rozalén de artista invitada.

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Aún quedan cosas con las que sorprenderse – Crónica 2ª Semifinal CreaMurcia 2017

Tras un primer día con grupos más bien conocidos, la segunda noche del CreaMurcia se nos presentaba como una oportunidad para conocer propuestas nuevas y dejarnos sorprender.

Abren la noche Shaman Shaman, dúo de guitarra eléctrica sucia y gamberra, y batería centrada y comedida. Se les nota nerviosos seguramente a causa de la falta de experiencia. Sin embargo, su propuesta nos sorprende y para bien. Es arriesgada y fresca, una mezcla de grunge, rock-punk e incluso sonidos indies. Apenas hay un puñado de personas en la sala cuando comienzan a tocar y es una pena porque se agradece descubrir nuevas bandas interesantes como esta. Inevitablemente, al conjunto le falta, aparte de un poco más de seguridad y actitud, conseguir más graves que sustenten del todo sus temas. Sin embargo, cuando menos lo esperábamos, se sacan de la manga un cazú y una versión de You never can tell de Chuck Berry y nos ponen a todos a bailotear. De pronto, toda la timidez que les veíamos al inicio del concierto se desvanece.

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Shaman Shaman por Lola López

Haere Kiore, el siguiente grupo, comienza su concierto como un ritual: con luces tenues, una varilla de incienso enganchada al clavijero de la guitarra y un cuenco tibetano, la REM se llena enseguida de su esencia. “Iba a decir que vaya base más envolvente llevan –me dice Chechu -, pero es más bien cosa del cuenco.” Tras la hipnótica introducción toman el protagonismo una guitarra española y la percusión, se trata de una propuesta instrumental con unas ideas muy buenas y complejas (pese a que acaben perdiendo fuelle hacia el final). Jugando con los delays y demás efectos en la guitarra, nos dejamos llevar por su atmósfera. Ellos también parecen fundirse con las canciones. Sin embargo, buena parte del público de la sala no está igual de interesado en lo que hay sobre el escenario y decide dedicarse a hablar en lugar de prestar atención (y respeto, de paso) al músico que tienen delante haciendo auténticas virguerías con la guitarra española. No sé si el aire acondicionado de la sala tendrá algo que ver, pero consiguen ponernos la piel de gallina varias veces.

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Haere Kiore por Lola López

El grupo veterano en el certamen esta noche son Desenkanto. Se trata de un grupo con un buen sonido rockero y muy enérgico (quizá hasta demasiado para tratarse del CreaMurcia), con un frontman que no para quieto sobre el escenario. Es necesario reconocer que son buenos en su estilo y que han conseguido poner a bailar a las primeras filas, sin embargo se echa en falta un punto de originalidad que les haga distinguirse más del estereotipo de grupo de rock en español.

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Desenkanto por Lola López

El último grupo de la noche es WAW. Sin duda, estos sí han sabido desmarcarse de cualquier cosa que hayamos visto o vayamos a ver en este certamen. Desde el principio al final, su puesta en escena es una auténtica locura y al final hay tantos estímulos que no sabes a qué atender. Son gamberros, son ruidosos y saben cómo pasárselo bien sobre el escenario y cómo dar un buen espectáculo como nadie. Entre canciones como ‘Pepino Boom’, los atuendos playeros, las volteretas desde la batería y los saltos desde el fondo del escenario a las primeras filas, se han ganado al público.

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WAW por Lola López

Finaliza así la segunda noche de semifinales del CreaMurcia, una noche en la que han predominado las propuestas nuevas, casi desconocidas, y distintas. Nos llevamos grupos nuevos a los que seguirles la pista y hemos renovado nuestra fe en la cara más original e innovadora de la música que se hace en la capital.

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Una opinión de mierda más – Crónica Los Punsetes en Sala REM

Los Punsetes llegaban a sala REM con su último trabajo bajo el brazo, “¡Viva!”. Un LP controvertido, lo cual no es nuevo, ya que es un aspecto inherente a su esencia y juegan con ello. Analizando la trayectoria de los madrileños, es lícito pensar que en este disco se limitan a seguir la línea trazada en anteriores entregas, sin sobresaltos. Personalmente, me desligo de esa corriente pues he quedado muy satisfecho con el resultado final. Por lo que me sitúo, con mi absurda libreta de mano, delante del lugar que presumiblemente ocupe el bajista, y me dispongo a escuchar en directo algunos de los temas que me han acompañado en los últimos meses. De paso, pretendo descubrir con mis propios ojos si la leyenda sobre la apática interpretación de Ariadna es cierta.

Pasadas las 23.30 salen los integrantes a escena. Chema en la batería, Luís al bajo, Anntona y Jorge se ocupan de las guitarras, y Ariadna de la voz, la singular y genuina vocalista es la última en situarse. Una entrada bastante austera y poco protocolaria, no hay saludos ni presentaciones.

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Sin previo aviso, se abre la veda.

“Humanizando los polígonos” reverbera en la sala. Todas mis previsiones se diluyen en un instante entre semejante espesura, pues el estruendo inunda el local capitaneado por una línea de bajo impecable y punzante. Quedando así, la voz nítida y franca de la inmóvil Ariadna reducida a un eco espectral y casi intangible, propio de un ente impasible sin el más mínimo ápice de sensibilidad. Sólo soy capaz de distinguir un “sembraremos el caos y la destrucción” tan inquietante como estimulante fluctuando en el ambiente.

Me gusta. Han conseguido el sonido envolvente, potente y anárquico que se intuye durante todo el disco, mas no acaba de desplegarse con tanta contundencia en dicho trabajo. Por lo que me limito a asentir al compás del abrupto sonido con mueca de aprobación, mostrando mi satisfacción por si en algún momento deciden testar las impresiones del público. Lo cual suena absurdo, pues están absortos tratando de desatar una vorágine eléctrica y constante. Tremendamente consolidada, fruto de su dilatado bagaje por escenarios de toda la Península.

Sin tiempo para acoplar mis oídos al ensordecedor ambiente, suena uno de los temas estrella de este último disco, “Mabuse”. Inevitablemente, sigo los pasos de la mayoría de asistentes y me dejo llevar. Entre brincos y gritos, encuentro un momento para la reflexión y trato de analizar las canciones de Los Punsetes, esas que “hablan de cosas que parecen serias, pero en el fondo dan igual”. ¿Qué tendrán sus temas para que, a pesar de la supuesta falta de innovación musical, continúen sumando adeptos? Si instrumentalmente no han inventado nada nuevo. Si la estructura de sus discos es muy similar. Si el tono de voz de Ariadne resulta agresivo e, incluso, ofensivo. Si sus letras son absurdas, poco serias y con aire peyorativo.

Me atrevo a elucubrar, quizá sea porque su indudable carisma les ha permitido forjar un estilo inconfundible, atractivo y poco ortodoxo. Quizá sea porque lo han forjado a base de franqueza y descaro, sin buscar la aprobación de imbéciles con libreta de mano, y con toda la intención de herir sensibilidades. Quizá sea por sus letras irreverentes y sagaces, que se nutren de un lenguaje cáustico y mordaz. O, simplemente, porque sus símiles y metáforas son prodigiosos, en muchos casos “basculando entre lo cómico y lo trágico”. Pues algunos de sus temas podrían ser obras del mismísimo Lope de Vega, son pura tragicomedia. También puede influir su admirable naturalidad para lanzar verdades incómodas, valiéndose de la sátira y de un humor negro como el tizón. Un humor medicinal, puesto que (según la consigna popular) si escuece, sana. A fin de cuentas, acaba por convertirse en una buena forma de afrontar las absurdas e incoherentes situaciones de la existencia, sin perecer en el intento.

Dejando a un lado las insinuaciones, basta una tercera canción para cerciorarnos de que hemos acertado de pleno en la elección del sitio, pues estamos gozando en primera línea de la progresión efervescente del bajista y, por consiguiente, de su alzamiento como pilar fundamental sobre el cual se asienta el caos de guitarras. Dos guitarras que simulan ser hermanas separadas al nacer, homólogas, distinta función pero una misma esencia: la intensidad y la vehemencia con que sus dueños las aporrean.

Las canciones se suceden, “Alphaville”, “Alférez provisional”… Mas es en el momento en que suena “Camino” cuando decido dejar de zarandear la cabeza y fijar mi mirada en el escenario. A ambos lados encuentro a los mencionados guitarristas, uno en cada flanco, enérgicos, dinámicos, inquietos y concentrados en el constante y colérico rasgueo de sus cuerdas. Pero no son ellos los que provocan el desconcierto de los asistentes primerizos, entre los cuales me incluyo. Entre los fervientes guitarristas se sitúa la antagonista idónea, la quietud encarnada, de porte rígido, brazos pendulares y mirada perdida. Ella es la vocalista, que se muestra inalterable, inexpresiva, indiferente, o, como ella se define en esta canción, “de carácter hosco e introspectivo”. Puesto que van ya más de cinco canciones sin alterar ni un milímetro su pose inicial, me asalta la duda; ¿Ariadna es humana o reptiliana? Puede que, simplemente, “piense en serio que si se concentra encontrará una forma de redención, un halo de luz que abrirá una puerta…”

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Por suerte no se avista todavía el final, aunque “Estrella distante” es perfecta para esos momentos, para finales. Una intro tensa y abrumadora, que posee la codiciada virtud de crear expectación. De este modo, llega la confirmación de lo dicho anteriormente sobre el bajista, cada acorde se asemeja a una punzada en la médula. La muerte, silenciosa y estridente, es el tema central de una canción que cierra con un saturado y potente riff de guitarra en un final frenético.

Inconscientemente, me viene a la cabeza ese pretencioso arrogante que me exaspera con sus continuas y gratuitas acotaciones. A pesar de ello, no me siento culpable por pensarlo. Pues, seguramente, para el tipo de mi derecha ese narcisista impertinente sea yo. Esto es una “Opinión de mierda“. 

“Tú puto grupo”, asimismo, mantiene constante el flujo de bilis, todo discurre por su cauce natural, sin aditivos ni colorantes, sin ornamentaciones barrocas ni alardes. Únicamente ingentes dosis de sinceridad salteadas en indolencia, y aderezadas con un chorrito de desdén e ingenio.

A continuación, una ráfaga de hits me ciega. Sufro por la integridad de mis pies, puesto que se encadenan “Arsenal de excusas”, “Tus amigos”, “Me gusta que me pegues” y “Maricas”, entre otros. Lo que, por desgracia, supone la víspera del cierre. Ya que el concierto concluye con “¡VIVA!”, el tema que mejor refleja el tono amargo y la resignación que, en ocasiones, impregna a este disco.

Después de todo, sólo queda decir: “Viva la miseria y viva la muerte” y “A la mierda con esta mierda”.

Redacción: Jorge Coy

Fotografías: Manuel Etc.

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Sin dudas en el jurado – Crónica 1ª Semifinal CreaMurcia 2017

El año pasado decidí celebrar el fin de los exámenes universitarios con un reto: ir a todas las semifinales del certamen CreaMurcia de pop-rock, ver a los 15 grupos que fueron seleccionados, y plasmar mis impresiones en una crónica de cada noche. Este año aún no han finalizado los exámenes, pero repito el reto. Son 12 los grupos que este año se disputarán el pase a la final del certamen, que se celebrará el 17 de junio en el Parque Fofó con Rozalén como artista invitada. Este año, las semifinales tienen lugar en Sala REM, quedando Garaje Beat Club para las semifinales de la modalidad de Otras Tendencias (que se celebrarán los días 7, 8 y 9 de junio).

Los primeros en subirse al escenario de la REM son In-Pulses, que repiten en las semifinales del certamen ya que les pudimos ver en la primera noche de las semifinales del pasado año. Llegan con nuevo EP bajo el brazo, ‘Iridiscent’, grabado en Estudios PM. Trabajar en un disco ha hecho que sus canciones se noten ahora mejor empastadas. Sin duda, son un grupo con recursos y buenos músicos a los que les falta pulir la actitud y algo de experiencia. El público que han congregado en la sala les mira en formación de semicírculo, los fans más acérrimos, enfundados en camisetas con el logo del grupo, se animan con las canciones, mientras que el resto no acabamos de conectar con sus canciones. A su mezcla psicodélica le falta un poco de definición en su afán por dinstinguirse. Se nota que dominan sus instrumentos, sin embargo las voces no acaban de destacar. No suenan mal, pero no acaba de convencerme el hecho de que parece un grupo que se comportaría igual tocando fuera cual fuera el escenario: la REM con un puñado de curiosos o un festival.

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In-Pulses por Lola López

Los encargados de coger el relevo son Pleyel, ya conocidos en este espacio, que llegan también con su nuevo disco homónimo a su primera vez en una semifinal de este concurso.  Se han hecho un hueco en el certamen con su propuesta rockera. Combinan sonidos de la fórmula más clásica del rock con tintes más arriesgados, modernos y originales, lo que les encamina hacia el rock alternativo. Arriesgan abriendo su media hora de puesta en escena con The Passenger, lo que supone una declaración de intenciones y una buena prueba de lo que son capaces de hacer. Pese a que los problemas técnicos les acompañan en su directo, su rock guitarrero y la presencia del saxofón anima a bailar y hacer palmas al público, algo más numeroso, que acaba rompiendo el semicírculo frente al escenario. Comenzaron el concierto comedidos y concentrados en lo que estaban tocando, pero conforme avanzan en el repertorio (y quizá también a causa de los pequeños fallos técnicos) rompen el hielo, se van soltando y se les ve cómodos sobre las tablas de la REM.

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Pleyel por Lola López

En tercer lugar va el grupo más sonado de la noche, Adiós Nicole. Se puede decir que son unos veteranos dentro del certamen, fueron finalistas en 2013, y llegan a la REM con nueva formación (en la que destaca la presencia de un componente de New Jungle, grupo con buena trayectoria, también, en este concurso). Traen los sonidos más poperos de la noche a la sala desde la primera canción (creo que todos en esta sala sala podríamos canturrear eso de “si el mundo acaba hoy, ¿qué me dirás mañana?). Se les ve seguros sobre el escenario, no es, ni de lejos, la primera vez que pisan un escenario profesional y se nota, se atreven incluso a lanzar pistas en su directo. Están tranquilos sobre el escenario y se desenvuelven con naturalidad, es lo que hace la experiencia.

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Adiós Nicole por Lola López

Los encargados de cerrar la noche son Copper Age, que sustituyen a Mez-K después de que se retiraran de la semifinal. Han tenido apenas día y medio para preparar su concierto y podrían tirar la REM abajo con el sonido que sale de ellos. “Somos Copper Age y hemos venido a perder el MurciaJoven”, se presentan al subir al escenario, desafiando y dejando claro que saben a lo que han venido. Su stoner suena bien potente, quizá demasiado para cerrar la noche, su propuesta habría cuajado mucho mejor entre el público al comienzo de la noche. Ahora, somos pocos los que quedamos en la sala y parece que el jurado no ha aguantado hasta verles. Recuerdan a Crudo Pimento o a Triggerfinger, pero con letras más gamberras y simpáticas y pasando el bajo por las vigas de la sala. Su directo no nos decepciona y se ganan un hueco en nuestra lista de sorpresas del CreaMurcia.

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Copper Age por Lola López

Un año más, el CreaMurcia parece haber apostado por la mezcla de estilos. Esta noche, al menos, han cubierto el cupo: psicodelia, rock alternativo, pop, rock duro… Una lástima que, como todos los años, la imagen se enturbie cuando miras un poco más profundamente a lo que es el certamen y te encuentras cosas como que en la pausa tras el tercer grupo, parte del jurado decide irse a casa a cenar y meterse en la cama. Parece que no tienen muchas dudas de cuál será su apuesta para la final, o al menos, que no lo van a pensar mucho. Aún quedan dos noches de semifinales en las que otros 8 grupos se subirán al escenario de la REM a darlo todo. Este año, además, nos queda la esperanza de que hay bastantes nuevos nombres entre los semifinalistas, aire fresco en esta pequeña muestra de bandas que son las semifinales del CreaMurcia.

Actualización: tras la publicación de esta crónica, Copper Age aclararon en sus redes sociales que por un fallo de papeleo suyo no optaban a una plaza en la final del certamen, es por esto que parte del jurado decidió no ver a este último grupo, sin embargo hubo miembros que aun así presenciaron su concierto.

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Conciertos, Crónicas

Bajo, guitarrazos y mucha psicodelia para el viaje con Rufus T. Firefly

El pasado viernes Rufus T. Fiefly comenzaba la gira de ‘Magnolia’, su genial último larga duración, en la sala Musik de Murcia. Lo hacían dentro del Microsonidos en una noche que Amago se supone que se encargaban de calentar, aunque se quedaron únicamente en lo que el propio nombre del grupo indica.

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Poco importó la anecdótica presentación de los teloneros ante una sala llena; pues el público asistente se había acercado hasta la pequeña sala del centro de Murcia a emprender ese viaje lisérgico que Rufus T. Firefly prometían como parte de su puesta en escena de ‘Magnolia’. Al igual que el disco, comenzaron el set con la sutil pero fuerte ‘Tsukamori’. Sin duda, el preludio perfecto para todo el concierto, pues esa intensidad ascendente apoyada en los sintetizadores que sirven de base para la canción era sin duda la fórmula perfecta para introducirnos en el sueño que nos esperaba al público de Rufus T. Firefly. Una vez atrapados en las garras de Vic, Julia y compañía, nos dieron de lleno con la primera dosis de psicodelia de la noche mediante la interpretación de ‘El halcón milenario’, primera gran referencia del concierto y uno de los mejores (si es que alguno no lo es) del disco de la banda de Aranjuez, donde Julia empezó a mostrar su maestría a la batería “a lo Bonham”. Aprovechando la energía final del tema, nos regalaron un tema a los fans más cercanos de la banda, interpretando ‘Incendiosuicida’, de su ‘Conjunto vacío’ de 2012.

Por si alguien en la sala no conocía la noticia, Víctor Cabezuelo se encargó de incidir en que estaban presentando ‘Magnolia’ a modo de presentación de ‘Última noche en la tierra’, otro de esos temas en los que el cantante le canta al amor con la sutilidad que siempre ha caracterizado a Rufus T. Firefly y que en este álbum se ve potenciado, pues como no se cansan de repetir, ‘Magnolia es un alegato en defensa de la naturaleza, el arte y el amor’. Y amor fue lo que debió sentir el grupo cuando decidió recuperar su anterior e igualmente laureado álbum ‘Nueve’. Y es que, con la interpretación de ‘El problemático Winston Smith’ todos y cada uno de los asistentes a la sala nos dejamos tanto la garganta como el cuello en los movimientos de cabeza que el tema del protagonista de 1984 nos invita a hacer en sus momentos finales.

Pero ‘Nueve’, así como tampoco Rufus T. Firefly, no son solo guitarrazos, y la interpretación de ‘Metrópoli’ (el que para servidor es el mejor tema de la anterior referencia discográfica) lo dejó bien claro con una hipnótica línea de bajo por parte de Miguel de Lucas, “nuevo” integrante del grupo de Aranjuez desde los momentos previos de la grabación de ‘Magnolia’ y que fue encadenada con la sutil ‘Espectro’, en la cual el grupo nos regaló un mínimo momento de relajación para que cogiéramos fuerzas. Y es que la banda de Aranjuez ya empezó a vislumbrar que un ‘Cisne Negro’ nos perseguía y que Norman Bates estaba más presente que nunca; al igual que la línea de bajo, que seguía manteniendo el sueño del público asistente.

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Seguidamente, una conversación entre la guitarra y el teclado mantenía esa situación durante la interpretación de un tema que acusa a alguien de pensar en Basquiat como si de Warhol se tratara; y es que el primero de los hits de Magnolia, ‘-O-‘ estaba siendo interpretado por la banda de Aranjuez como momento previo al que sería el clímax del concierto: la llegada a ‘Pompeya’. El tema, recogido también en el anteriormente comentado ‘Nueve’ fue sin duda un chute de energía que calentó la sala y encarriló el concierto en su tramo final. Pero aún quedaba recorrido en el viaje que Rufus T. Firefly nos estaba regalando, y su próxima parada era la que en palabras de Vic es “la mejor frase de la historia”. ‘Pulp Fiction’ y el cantautor Elliott Smith se juntaban en el siguiente hit que la banda nos regalaba, una canción llena de contrastes y con una interpretación en la que la guitarra sonó más potente que en el disco. Como ya nos hizo notar Vic cuando charlamos con él, la melodía del bajo muchas veces hace de voz más que el propio cantante, y esta canción es buena prueba de ello. Como si de una premonición se tratase, interpretaron el tema homónimo, ‘Magnolia’, advirtiendo que la segunda muerte sería más dulce, y eso es por lo que quedaba por llegar.

Saltándose el paripé de “nos vamos y nos hacemos de rogar”, interpretaron la desgarradora ‘Nebulosa Jade’, una de las canciones más bonitas que se han escrito en los últimos años en nuestro país y en la que de nuevo el bajo nos taladraba los oídos y se instauraba dentro de nosotros. Tras este momento de delicadeza, la mejor forma de despertar del sueño era mediante una buena sesión de fuzz. Y que mejor manera de hacerlo que con esa “zeppeliniana” ‘Río Wolf’, la primera canción que escuchamos de ‘Magnolia’ y que nos avisó que se iba a tratar de lo que finalmente ha sido, el mejor disco (de lo que llevamos) del año.

Así terminaba el viaje que Rufus T. Firefly había preparado para nosotros, que nadaba entre psicodelia y grandes lineas de bajo y que tenía las perfectas turbulencias de los fuzzs de guitarra y las baterías de inspiración en Led Zeppelin que el grupo nos pudo ofrecer. Sin duda, estamos deseando volver a disfrutar de ellos en directo y si es posible, de nuevo en sala, donde podamos embriagarnos nuevamente con la magnolia de Vic, Julia y compañía.

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Ambiente, actitud, oscuridad, amor, fiesta, Trepàt

Allá por diciembre, cuando el Microsonidos presentó su cartel para 2017, marcamos en nuestro calendario una cita ineludible para el viernes 24 de febrero: Trepàt en la Sala 12&Medio.

Entramos a la sala y nos encontramos con que la oscuridad que caracteriza a la 12&Medio va a juego con el grupo que ocupa su escenario. Los murcianos Tumefactum son los encargados de abrir la noche con su post-punk oscuro y grave. Son más sólidos que la última vez que les vimos en directo, también en el Microsonidos pero esa vez en la fiesta de clausura del año pasado, donde abrieron para Juventud Juché y Perro. Están presentando su nuevo largo homónimo y se les nota más compactos,  más seguros de sus canciones. Llenan más la sala con notables punteos de guitarra, el batería sigue tocando igual de frenético que como recordábamos y la actitud solemne de la bajista termina de sellar su puesta en escena, que llama la atención hasta de los que no terminamos de entender del todo su propuesta.

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Tumefactum por Lola López

Salimos a la puerta en el cambio de escenario porque incluso Mariano Rojas a medianoche es más luminoso que lo que hemos visto (y lo que nos queda por ver) esta noche en la 12&Medio. Fantaseamos acerca de los que nos tiene preparado Trepàt. El único encuentro que tuve con ellos fue en el pasado Festival SOS4.8 y apenas había escuchado entonces ‘Torturas en los bares’. Además, habíamos escuchado que cada directo de Trepàt es diferente.

Se abre la puerta de la sala, alguien grita que ya va a empezar y uno de mis acompañantes suelta al cruzar la puerta “qué ganas tengo de Trepàt, me apetece mirar lascivamente a alguien”. Y en esa frase se resume un concierto de los granadinos: ambiente, actitud, oscuridad.

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Trepàt por Lola López

Suenan demasiado bien. Desde la primera canción me doy cuenta de que la 12&Medio les viene como anillo al dedo. Trepàt se comen la sala con el ambiente que crean, nos envuelve su atmósfera como una espiral de la que no podemos (ni queremos) salir en toda la noche. Nos hipnotizan y engatusan, pero ellos mismos también están dentro de su juego. Sobre el escenario se lo creen, son actitud, están totalmente metidos en sus canciones y su puesta en escena, todo va acorde: los movimientos de su frontman como en trance, las (escasas) luces de la sala, el tono de sus canciones y el puñado de personas asistentes. El batería parece a punto de estallar y entendemos mejor que nunca eso de que el bombo resuena en toda la ciudad porque Trepàt se han traído el amor a Murcia.

‘Caballo’ y ‘Onix’ son los primeros cañonazos de la noche, contrastando con el silencio sepulcral que se hace en la 12&Medio cuando llega el turno de ‘Playa’, que se hace de rogar por problemas técnicos para finalmente dejarnos mecer por la voz de Miriam y el solemne crescendo que vertebra toda la canción. Entre tanto amor terrenal, queda tiempo para revisitar La Fiesta Oscura y seguidos vienen ‘Martirio’, ‘Transmediterránea’ y ‘Kalashnikov’, que pese a ser parte de su primer trabajo, suenan tremendamente sólidas y frenéticas, se notan reinventados, reformados con el sonido compacto y seguro que caracteriza al Trepàt más reciente.

No hacen falta más que un puñado de temas para afirmar sin miramientos que el de Trepát es uno de los directos más cuidados que me he encontrado nunca. No hay ningún tema que suene como en el disco, todos parecen haber sido estudiados al dedillo para sacar de ellos la mejor versión en directo, han sabido dar forma a todo su setlist alargando las canciones cuando estas lo necesitaban, fusionándolas o cambiándolas hasta hacerlas casi irreconocibles pero inevitablemente bailables (como es el caso de ‘El Amor Está en la Tierra’, que nos deja a todos boquiabiertos cuando Juan Luis suelta la guitarra, aferra con una mano el micrófono y con la otra una baqueta con la que aporrea un pad que suelta ritmos que nos hacen bajar la cabeza, soltar los hombros al ritmo, igual que ellos sobre el escenario). Como era de esperar, el clímax nos lo da ‘Torturas en los Bares’. El bajo nos arrastra y nos dejamos sumergir en Trepàt hasta el fondo y entre potentes sintetizadores y voces sampleadas, ‘Crack’ y ‘Retrofestiva’ nos llevan hasta el final de la fiesta.

Salimos de la sala sin acabar de creernos que esto acabe ya, pero no hay bis y vemos cómo los músicos cargan sus cosas hasta la furgoneta. Si hubieran hecho el setlist el doble de largo no nos hubiéramos quejado, no nos hubiera importado seguir hipnotizados por Trepàt durante otro buen rato.

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La maestría de Enric Montefusco despertó al duende

El pasado viernes nos plantamos en sala REM con expectativas inciertas sobre lo que nos iba a ofrecer Enric Montefusco en vivo, el temor a la decepción era palpable en algunos de nosotros. Pobres ingenuos. Todo esto se disipó rápido y una cosa quedó clara, ni el de Montefusco fue un concierto más, ni él es un músico más.

La noche comienza con la aparición  de Álex Juárez, cantautor ganador del Creajoven 2014. Guitarra acústica en mano y melena al viento se planta bajo los focos, anunciando una ambiciosa remodelación del proyecto. Lástima que sólo fuese una buena intención. Tres canciones más tarde sigo sin conectar, a pesar de sus pronunciados movimientos de cabeza y arpegios contundentes. No es una cuestión de intensidad. Llega el final de “El improbable caso” y siento un leve rumor que consigue sacarme por momentos de la indiferencia, sensación que se prolonga con “Sucia y mía” pero que acaba por convertirse en mera anécdota debido a que con ella la actuación llegaba a su fin.

Vuelve la luz, observo un público heterogéneo, sin patrón común. Fiel reflejo de lo que ha sido la carrera de Montefusco, desde sus inicios hardcore/punk con Standstill hasta este singular proyecto en solitario ha conseguido reclutar seguidores de todos los ámbitos musicales. Mientras lo pienso los protagonistas salen a escena. Montefusco se acerca al micro e inicia un diálogo que será constante durante toda la velada, pues Enric quiere, a lo largo de esta gira, recuperar el contacto directo con el espectador. Tras pedir la retirada de su nombre del escenario, bromea argumentando que le incomoda por su procedencia punk.

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Pasada la medianoche, y una vez enchufado el cable de la discordia, comienza el rito. La primera en sonar es “Adiós”. Enric está cómodo, lleva 20 años en esto. Como si de una ceremonia tribal se tratase, suena el primer “Te invoco, te invoco, te invoco”, una llamada al duende. Sin concluir la canción pasan al tema homónimo, “Meridiana”, en el que violín y acordeón comienzan su interacción. Una bocanada de aire fresco, una oda a la cotidianidad de tono costumbrista en la que se empieza a intuir el aroma de barrio y el gusto folclórico. A continuación, es el turno de “Todo para todos”. Una canción marcada por pronunciados cambios de intensidad que se hacen más notables incluso en el directo, pasando de voz y acompañamiento de guitarra a una comparsa de acordeón, violín y percusiones en la que las palmas emergen como protagonistas.

La atmósfera se está fraguando. A mi derecha encuentro a la primera víctima de la invocación, una chica con sombrero que se mueve incesante al son de las maracas, abstraída. El resto, aún reticentes guardan silencio y, simplemente, admiran el espectáculo. No tardarán mucho en unirse a la celebración.

Sorbo de agua y Enric presenta a sus acompañantes, observándose la gran complicidad y el cachondeo presente entre ellos. Jaime del Blanco (violín, tuba…), Pere Jou (acordeón, teclado…) y Ramón Rabinad (batería). Un par de bromas sobre su vestimenta y una invitación a la interacción y el aprendizaje mutuo (“No hay nadie en casa, desnúdate”) le permiten a Enric crear un ambiente distendido para introducir la siguiente canción. “Buenas noches”, que como él explica narra una noche cualquiera en la que “no te comes un torrao” y comienzas a dar tumbos por la ciudad. Seguidamente, se avecina uno de los momentos de la noche con la satírica “Flauta Man” con inicio en el que toda la sala clama al unísono contra aquellos métodos educativos inefectivos y un solo de batería final, precede a una alabanza al retiro espiritual: “Vida Plena” ya está aquí, acompañada de un pintoresco ukelele eléctrico que añade un matiz más a la ya extensa y dinámica colección de sonidos. Su frescor y ritmo hipnótico y desenfadado cautivan al respetable.

Giro la cabeza, todos bailan, disfrutan. Entre otras cosas porque Enric no para quieto, aporrea la guitarra y menea la cabeza con esa rabia punk que nunca muere, solo se transforma. Y, hablando de cosas que no desaparecen, suena “Uno de nosotros”, de estética solemne y algo inquietante. El cantante confirma que habla de etiquetas y clichés que te persiguen. Tras ella, entra en juego el amor como medio de liberación, en “Lo poco que sé”, la balada de la noche en la cual la melódica voz del cantante barcelonés cobra más importancia si cabe.

Nuevo sorbo de agua. Cambio de guitarra. Algo grande se avecina. Así es. El fervor se hace patente en forma de gritos y aplausos. Justificados, pues “romper un silencio así no tiene perdón”: el músico interpreta “¿Por qué me llamas a estas horas?” y aparece una tuba de grandes dimensiones ante el estupor general, uniéndose la trompeta a la fiesta. El momento más álgido de la noche, sin duda. Los picos de intensidad propios de Standstill y el grito pelado de Montefusco toman el control, y hacen las delicias de los fans. Otro cambio de guitarra y reverbera de nuevo un “Te invoco, te invoco, te invoco”, el rito está llegando a su fin.

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Tras una salida en falso protocolaria, deciden tocar una versión muy bailonga de otro músico catalán (“Todo es mentira” de Albert Pla) y entonces, una invitación para escapar hacia delante levanta el ánimo de un público que no quiere despertar del trance. “Adelante Bonaparte” acaba, mas la tuba no deja de sonar. Se viven en la sala instantes de confusión, hasta que Montefusco ordena seguir la melodía. Obedientes, así lo hacemos. Se abre un pasillo improvisado de palmas y danzas. Todo parece ensayado. Ellos toman la calle. Una vez allí, suben al precario escenario de cajas de cerveza. Ramón Rabinad sólo dispone de un bidón metálico y un par de baquetas. Un corro a su alrededor corea y acompaña la percusión. Comienza a sonar la que no podía faltar, “Obra Maestra”. Es en este momento cuando la arriesgada propuesta del disco alcanza su máximo esplendor. Todo resulta natural, orgánico, espontáneo, primigenio, de barrio. Cantando a capela conectamos, nos miramos unos a otros atónitos. Observo un patrón común en los asistentes (esta vez sí), una mueca, una leve sonrisa ha brotado en nuestros labios, esa que pones cuando sabes que algo va bien, que algo encaja, una mezcla de incredulidad y esperanza. Esa sonrisa que pones cuando percibes una mirada de complicidad, cuando adviertes un roce furtivo, cuando sueñas con un encuentro casual, cuando sientes la MÚSICA tronar.

Redacción: Jorge Coy
Fotografías: Manuel Romero

 

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Conciertos, Crónicas

Potencia y experiencia, las claves para aumenta la leyenda de Sex Museum.

El pasado sábado, el mítico grupo Sex Museum traía a Murcia la celebración de sus 30 años sobre los escenarios, y en de la Sala REM dejaron claro que son como los buenos vinos, que con los años mejoran, y que la experiencia sobre las tablas, es un punto a su favor.

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Tras empezar el concierto con la potencia al máximo desde que guitarrista, bajista y batería se subieron al escenario; ya con Marta, la teclista y Miguel Pardo, cantante, sobre el escenario, la gente comenzó a bailar el clásico rock del grupo pionero de Malasaña. Aunque sin duda, fue con la interpretación del fogonazo de energía que es ‘Two Sisters’ cuando notamos un punto de inflexión en el concierto, que vino seguida de la hipnótica línea de bajo de la sólida ‘Can You Stand My Love?’ y ambas introducidas por las habituales dotes de maestro de ceremonias de Fernando Pardo.

Sin darnos un momento de respiro, y dejando sus hipnóticos riffs y sus geniales melodías de rock, llegaron al clímax del concierto con su clásica interpretación de esa especia de mashup entre el ‘Smoke on the Water’ de Deep Purple y el ‘(You Gotta) Fight for Your Right (To Party)’ de Beastie Boys, en el cual todos y cada uno de los miembros de la sala perdieron sus gargantas.

Pese a no estar nada más que en el ecuador del intenso concierto de Sex Museum (Casi 2 horas estuvieron subidos en el escenario), nos dejaron sus grandes hits, con el hipnótico órgano de ‘I’ve Lost My Faith’, y los encadenados himnos ‘I Enjoy Forbiden’ y Wassa Massa.

Pese a todo esto, aún quedaban fuerzas (al menos, a los integrantes del grupo) y una serie de ases en la manga con las que alargar su leyenda, y es que desde la interpretación de ‘Unidos’, original de Parálisis Permanente y hasta el cierre con ‘Circles in the Salt’, la gente no paró de bailar, y pese a la larga extensión del set, a todos se nos pasó volando y como si de un rayo se tratase, su final fue abrupto y bastante surrealista (con espantada del cantante y cesión del micro a un integrante del público incluidos).

 

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