Conciertos, Crónicas

¿La Plata? Sí, por supuesto

El pasado viernes 8 de febrero me acerqué a la REM a ver a La Plata. Reconozco que fui al concierto por salir un viernes por la noche y hacer algo con un amigo. He de admitir que conocí a La Plata en el pasado Warm Up y admito también que fui al concierto del sábado para comprobar si lo que vi en ese Warm Up era sólido o fue fruto del pad thai de la cena y la necesidad que tenía ese fin de semana de mayo de ver algo esperanzador. Aclaradas estas premisas, confieso también que la puesta en escena de los valencianos supera con creces todas las expectativas que había puestas en ellos.

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Sobre el escenario se les ve confiados pero cautelosos, como si fueran plenamente conscientes que, si juegan bien sus cartas, sus canciones pueden tener un efecto demoledor (metafórica y casi literalmente) en la sala. Son buenos con su instrumento (las líneas de bajo de La Plata deberían reivindicarse mucho más a menudo) y sobre el escenario tienen esa mezcla de buen rollo y concentración que hace que un concierto vaya rodado.

Los que conozcáis la REM sabréis que hay una columna disfrazada de ascensor desafortunadamente colocada en el centro de la pista. Tomando esto como punto de referencia, desde dicho ascensor hacia delante el público de la sala (bastante abundante y heterogéneo) se transformó en un remolino, por decirlo sutilmente, durante casi la totalidad del concierto. “Fracaso”, “Tu cama” o “Miedo” hicieron que saltara por los aires toda la energía y la expectación acumuladas en las dos horas previas, lo cual había sido obra de Sierra y Airon Jazz Quartet Band Trio.

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Semejante exaltación tuvo descanso únicamente en dos ocasiones. La primera de ellas, cuando soltaron “Me voy”, que fue otro punto álgido pero esta vez no de rabia, sino de sentimiento. Entre el público, los mismos que hace 3 minutos saltaban unos contra otros, ahora gritaban que se iban y que lo sentían con un nudo en la garganta.

El otro remanso de paz del concierto ocurrió cuando La Plata decidieron regalarnos un buen compendio de temas nuevos. Tras la valiente propuesta de abrir el setlist con una canción aún desconocida pudimos escuchar varias de estas novedades a lo largo de la noche, momentos en los que los espectadores nos dedicamos a mirar atentamente hacia el escenario tratando de retener todo lo posible, para intentar así adivinar por dónde irán los tiros de los valencianos en su próximo trabajo. Por el momento, he de decir que lo que pudimos escuchar en la REM hace unos días sonaba muy bien. Según parece, todo apunta a que en abril tendremos nuevo álbum.

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El pasado viernes vimos un directo de esos que borran todas aquellas cosas que se han convertido en rutina, todo aquello que tienes tan interiorizado que ya no eres consciente de que te llena de hastío y aburrimiento. El de La Plata es un directo de los que hay que ver cuando necesitas acabar bien una semana mediocre, que su explosión se lleve todo lo que te ha desesperado durante estos últimos días, semanas o meses.

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De extremo a extremo – Crónica 3ª Semifinal CreaMurcia 2018

El sábado fue la última noche de semifinales del CreaMurcia pop rock. Una Murcia lluviosa recibió a las cuatro bandas que se subirían al escenario de la Garaje Beat Club (esta vez no hubo grupo invitado abriendo la jornada) y los nervios por ver las últimas propuestas seleccionadas estaban en el aire.

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Manopla de Monoindio por Lola López

Manopla de Monoindio son los primeros en tocar. En el escenario les acompaña un perro de peluche enorme que acabaría por los aires con el último tema de su repertorio. Su sonido va más por el sendero de lo acústico y lo orgánico, aunque acaban resultando más y más inclasificables conforme van lanzando temas. Si bien al principio creaban una atmósfera controlada (pero no aburrida), el tono de su concierto acaba en frenesí. La originalidad es su mayor baza: cuentan con un arsenal de elementos llamativos para hacer música (una melódica, juegos de voces, un trozo de metacrilato cimbreante…). Toda una performance.

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Decembird por Manuel Romero

Llegaba el turno de que subiera Decembird al escenario y, por tanto, de dejar la fotografía y la redacción en manos de Manuel y Chechu respectivamente. Saltaban al escenario, tímidos, casi escondidos tras sus flequillos. Escuchamos casi íntegramente las canciones publicadas en su disco “Nada Grave”, pero estas suenan mucho más contundentes en directo, aun siendo solo tres y sin contar con la posibilidad de grabar capas que permite el estudio. Si por la vista nos tuviera que entrar el espectáculo que estamos presenciando, resultaría un poco pobre en cuando a dinamismo sobre las tablas, suponemos que a causa de los palpables nervios que atenazan a los componentes del grupo hasta bien avanzado el setlist. Sin embargo, esto es un concurso de bandas donde debería primar la parte auditiva y este sí es el fuerte de Decembird.

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WAW por Lola López

Una propuesta totalmente opuesta a la anterior es la que nos ofrecía WAW, ya lo demostraron en las semifinales del año pasado. Canciones cortas y directas, transmisoras de la locura que les caracteriza sobre el escenario. Puede ser que fuera debido a que ya no contaban con el factor sorpresa que sí jugó en su favor el pasado año, pero no consiguen transmitir la misma frescura. Sin embargo, resulta un concierto entretenido y correcto igualmente, llamativo no sólo por sus temas, sino por su indumentaria, y es que WAW es un grupo que juega mucho con su imagen y la cuida más de lo que puede parecer a primera vista.

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Sí Quiero por Lola López

La última banda en tocar fue Sí Quiero, una incorporación de última hora debido a que World of Gaia no pudieron tocar. Parece justo comenzar diciendo que es posible que las condiciones que tuvo este grupo para tocar no fueron las que más le habrían favorecido. Pasada ya la medianoche, su propuesta no se encontró con un público muy receptivo. A esto se suma que su ¿trap? ¿rap? ocuparía, sin duda, un mejor puesto en la categoría de Otras Tendencias. Pese a todo, sobre el escenario se les veía motivados y defendieron sus temas con la misma presencia que el resto de bandas seleccionadas.

Finaliza así la ronda de semifinales del certamen. Según leeríamos más adelante, esa noche el jurado se pasó cerca de hora y media deliberando el nombre de las 3 bandas (más la suplente) que pasarían a la final. Cerca de 40 bandas se inscribieron este año en el certamen y desde aquí queremos dar nuestra enhorabuena, más allá de los gustos personales de quien escribe estas líneas, a las 12 bandas seleccionadas que defendieron su propuesta en la sala Garaje. Como es habitual en el concurso, los conciertos han estado caracterizados por el abrazo a todos los estilos (una heterogeneidad especialmente presente en esta tercera noche) y este año ha primado de manera excepcional el respeto a la música en unas jornadas que hemos podido vivir desde bien dentro.

 

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Madurez, frescura y un toque de lo de siempre – Crónica 2ª Semifinal CreaMurcia 2018

Tras haber visto la noche anterior los conciertos de The New System, Hora Punta, El Mono a Cero, In-Pulses y Mez-K, el viernes era el turno de la segunda semifinal del CreaMurcia pop-rock.

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Atientas por Lola López

La noche apuntaba a ser potente, sin embargo se podían contar con los dedos de las manos las personas que se han acercado a la sala a las nueve y media de la noche del viernes. La afluencia de gente iría en aumento conforme desfilaran por el escenario las bandas, pero a Atientas, la banda invitada de la noche, le tocó defender su repertorio en estas condiciones. El sonido de la sala parece deslucir su directo y tienen un velo de ruido que les hace sonar confusos, pero nos llegan sus intenciones: un pop limpio y agradable al oído, pegadizo y actual (es inevitable que nos vengan a la mente nombres como Supersubmarina o Izal), pero en el cual se hace complicado mantener la atención durante todos los temas sin que se acaben haciendo ligeramente monótonos.

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The Meatpies por Lola López

La primera banda semifinalista en tocar fueron The Meatpies, otros veteranos del certamen que no se dan por vencidos: consiguieron el segundo lugar en la final de 2016 y siguen peleando por conseguir el primer puesto. Parece que el tiempo no pasa por su sonido: el color de sus temas, incluso de los más recientes, sigue enmarcado en el rock clásico y en un sonido que rápidamente nos lleva a los Beatles, lo que ha sido su sello de identidad dentro del circuito local (en el cual tienen ya hecho un hueco). Pese a los problemas técnicos que sufren al comienzo del concierto, van cuesta arriba y aunque se echa en falta algún toque innovador en sus canciones, la segunda mitad de su setlist suena algo más enérgica.

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Pájara Rey por Lola López

Les sigue Pájara Rey, una banda que comienza a hacerse su hueco en el espacio musical local. Sus temas tienen un sonido punk sin complejos, fresco. Su repertorio no se hace pesado ni denso a los oídos, ni siquiera a los que no acostumbran a escuchar este tipo de música. Sus canciones despiertan la curiosidad del público, que llena ahora más la sala, con cada verso que sale de la boca de la cantante, y cuanta más rabia llevan sus palabras, mejor. Se trata de una banda con una baza muy potente a su favor: la potente actitud que impregna por igual a los miembros y a sus temas.

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New Ways por Lola López

New Ways son la siguiente banda en subirse al escenario. El año pasado consiguieron el tercer puesto en la final del certamen y su rock alternativo llena ahora la sala. Es destacable lo mucho que ha evolucionado esta banda en un periodo tan corto de tiempo. Su sonido ha madurado mucho desde la primera vez que les vimos tocar, ahora sus temas son mucho más ricos en detalles, más pulidos y con atmósferas propias. Se les nota con mucha más seguridad tocando. Consiguen defender muy bien sus temas y su concierto no defrauda a los asistentes, que salen de la sala entre concierto y concierto comentando el buen sonido que desprendían.

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Crows as Shepherds por Lola López

Cierran la noche Crows as Shepherds, la banda de estilo más duro de las seleccionadas. Si algo hemos aprendido en estos 3 años de acudir a las semifinales, es que siempre colocan las propuestas más duras en el último puesto, cosa que hace un flaco favor al sonido de estas bandas. Los aficionados al género que me rodean parecen estar satisfechos con su puesta en escena y sus canciones. Potencia y motivación sobre el escenario tienen de sobra, eso es innegable. Sin embargo, y sin ser una experta en este campo, parece echarse en falta algo de novedad en su sonido, algo que les termine de hacer destacar entre todas las bandas que hay en este género.

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Ritmo para entendernos – Crónica 1ª Semifinal CreaMurcia 2018

Por fin ha llegado una de las semanas favoritas de quien escribe estas líneas: las semifinales del CreaMurcia han arrancado en la sala Garaje Beat Club con los 12 grupos seleccionados. Como es costumbre desde hace dos años en este espacio, comienza nuestro análisis de estas tres noches de música hecha en la capital.

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The New System por Lola López

El escenario lo abren The New System. Por primer año, el certamen ha incluido bandas invitadas en la programación. Vienen de Ceuta y su sonido resulta una grata sorpresa. Estribillos enérgicos e intensidades bien controladas componen sus canciones. Por desgracia, aún hay escasa afluencia de gente en la sala (quizá el hecho de que las semifinales se celebren en periodo de exámenes, se alarguen hasta pasada la medianoche y además hoy sea jueves tenga parte de culpa sobre esto). Sorprende lo jóvenes que parecen para tener un sonido con las ideas tan claras y tan correcto. Al parecer, dentro de unos meses entrarán a grabar, así que habrá que estar pendientes de los que nos traigan.

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Hora Punta por Lola López

La primera banda semifinalista en subirse al escenario es Hora Punta. Sobre el escenario hay un dúo (guitarra y voz), pero a nuestros oídos llegan muchas más capas de sonido. Las pistas lanzadas son el principal componente de sus temas. La estructura de sus canciones se compone de bases machaconas (que al comienzo nos hacen pensar si esta propuesta no sería más apropiada para al categoría de Otras Tendencias), una guitarra que aporta un tono oscuro, casi tétrico, y una voz totalmente pop. Quizá es la heterogeneidad de su proyecto, mezclado con que las bases restan componente humano a su sonido, lo que hace que el sonido de esta banda resulte fallido a nuestros oídos.

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El Mono a Cero por Lola López

Algo más de gente llena la sala para recibir a El Mono a Cero, la segunda banda seleccionada. Se trata de una propuesta radicalmente diferente a sus predecesores. Su sonido es orgánico y acústico: guitarra española, cajón flamenco, trompeta y voces nos transmiten buen rollo a través de su rumba. Al principio de su repertorio el público menea la cabeza, pero conforme avanzan sus canciones comienzan a soltar el cuerpo y acaban bailando. No dejan de lado la interacción con la gente, demuestran confianza y buen ambiente tanto entre ellos sobre las tablas como con quien les ve, consiguen crear un ambiente agradable en toda la sala.

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In-Pulses por Lola López

Llega el turno de In-Pulses, uno de los grupos más veteranos de las semifinales. No contentos con haber conseguido el segundo puesto en el certamen el año pasado, vuelven a probar suerte. Si bien el público había conseguido acercarse al escenario con el anterior grupo, vuelven ahora a quedar unos metros de cortesía entre ambas partes. Pocas cosas podemos decir ya de In-Pulses que no hayamos dicho ya. Sin embargo, quizá por culpa del sonido de la sala, esta noche el sonido de sus temas no es tan preciso como acostumbra y suenan poco nítidos en comparación con habitual directo enérgico que podrían ofrecer. Se trata de una actuación correcta pero con la que cuesta conectar.

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Mez-K por Lola López

Los encargados de cerrar la noche son Mez-K, una banda que también ha pisado en alguna que otra ocasión el escenario de las semifinales del CreaMurcia. La esencia es la misma que hace dos años, pero en su directo se aprecia una evolución. Han traído la fiesta a la sala con su energía efervescente. Son 7 sobre el escenario pero en ningún momento los músicos se pisan sobre el escenario: entre el frenesí de sus canciones todo ocupa su lugar. Los valientes que se han quedado en la sala ya pasada la medianoche se han acercado al escenario para bailar sus tema, tienen al público en el bote. Un zapato cae a dos metros de mí: alguien se ha metido medio descalzo en el pogo que se ha creado presa del sonido de Mez-K. Una buena dosis de ritmo para poner el broche a la primera semifinal.

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La fábula del gato, la vieja y su hipnótico Boogie-woogie

Dos opciones se planteban en la noche del pasado viernes 23 de Marzo. Por un lado, Mujeres nos invitaban a acudir a la Yeseria. Por otro, Guadalupe Plata nos esperaban en Sala REM.

Con el tiempo justo. Tarde, de hecho. Llegamos a Sala REM con la certeza de haber obrado bien al escoger la segunda opción. Antes de entrar suena ya la primera canción,  y una convicción se asienta en mi cabeza; nunca antes (en mi presencia) nadie ha logrado moldear el espíritu de la sala de una forma tan carismática y evidente como lo hacen los inquilinos que la habitan en esta singular velada. Pues, el habitualmente sobrio recibidor que conecta el exterior con la zona de conciertos ya no es tal, ha mutado. Las paredes metálicas han tornado en estriados muros de piedra, compactos y de tono ocre. De aquella puerta acristalada que todos recordamos, sólo queda un socavón angosto. A partir del cual, se desprende una línea irregular, casi serpenteante, de escalones, roídos a causa de la humedad y su tenaz acometida en el tan escabroso como ilusorio piso inferior. Culminados dichos peldaños en una oquedad que introduce un espacio amplio, de suelo pedregoso, y salpicado de leves fisuras que se dilatan al son del repique de baquetas en Lorena. Las hileras de antorchas a los costados proporcionan una iluminación tenue y vacilante, mientras una nube etérea, desprendida de las mismas, aromatiza la escena.

Quizá pueda parecer que estoy divagando de manera alarmante y todo esto esté fuera de contexto. Pero, si me enredo en esta fantasiosa recreación, es porque el trance resulta ser un pilar determinante en la actuación de la formación sevillana. Puesto que, una de las más codiciadas virtudes en la escena musical, presente en altas dosis durante la noche del viernes, es la capacidad para evocar y expandir la psique del espectador, como si de un opiáceo se tratase. La hazaña reside en lograr intervenir en el entramado sináptico del individuo para estimular quijotescas respuestas mentales, mediante técnicas similares a la hipnosis. Aunque, en este caso, el objeto pendular fuese sustituido por los quejidos ahogados de guitarra que envuelven y propagan su sonido. En definitiva, conseguir que el susodicho cuestione todo aquello que percibe a través de la vista, que abandone por un momento el razonamiento lógico y lineal, para así deambular por sinuosas carreteras en sensoriales travesías trazadas por el compás frenético de un rudimentario bajo (una cuerda y un mástil conforman el artefacto). Precisamente, uno de los caracteres de la banda andaluza que más atracción despierta en mí, y resulta más ostensible en el directo, es la estrecha relación que mantienen con lo subterráneo (de ahí el símil inicial). Su peculiar filia hacia el pantanoso universo de sombras, de entrañas y visceralidad, en el que no hay cabida para la deducción racional. Resulta harto interesante. Aunque éste no es perceptible con la mirada cegada de la superficie, ya que la pupila requiere de un periodo de acoplamiento. De modo que, este vínculo deriva en una estética umbría y ligada al negro. Por ello, encontramos numerosas referencias explicitas a “ratas”, “tumbas”, “huesos” o “muerte” en temas como Serpientes negras, Rata o Tengo al diablo en el cuerpo.

Tras la interpretación de Miedo, reafirmo para mis adentros lo dicho previamente, ya que refleja a la perfección todo este simbolismo, representa la caverna, las cloacas.

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En el centro, arrastrando de manera contenida las plantas de los pies sobre el abrupto terreno, se reune una multitud considerable de personas cuyos cuerpos trazan un balanceo irreflexivo propio de ánimas errantes, atraídas por el tétrico y sombrío ambiente que les proporciona cobijo. Pues es entre la penumbra donde encuentran ese sentimiento de pertenencia que tan remoto y ajeno les resulta en la superficie, donde deambulan desprendidos de temores e inseguridades a pesar de sus reticencias iniciales. Sí, son “raros”, somos “raros”. ¿Quién en su sano juicio optaría por invertir el primer viernes de Primavera recluido en una atmósfera semejante? En la pregunta se halla respuesta. Únicamente alguien que se encuentra Preso. Preso de ese submundo de pasadizos y grutas que rodea al conjunto de Úbeda, preso del aullido de guitarra final de dicha canción, preso de las coléricas bases de cristal golpeado contra acero en Navajazo, preso del aroma árabe de Nido de Avispas, preso, en definitiva, de la capacidad asociativa con la que la banda sevillana hilvana conceptos con patrones sonoros.

“Pero, ¿Esos qué tocan? ¿Qué género es?”. No lo sé, sinceramente. Guadalupe Plata representa un vínculo, es un nexo que conecta blues y rock y los pone a danzar un boogie hasta fundirse en un abrazo férrico. Un sonido que acopla el clasicismo y lo castizo con la vanguardia, la fusión y la improvisación. El fulgor del metal dorado con la banalidad de la chatarra. Guadalupe tiene un aroma western embriagador, unos atractivos matices folclóricos y un suculento gusto a barrica Gran Reserva que deja poso. Sin duda, todo este brebaje ha adquirido mayor valor cualitativo con el paso del tiempo y de los LPs. De esta forma, su último disco (2017) posee un carácter minimalista, desprendido de varias capas de ornamentación, en el que los golpes no son tan ostentosos pero sí igual o más certeros que en anteriores entregas.

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Por ello, los excéntricos errantes decidimos recibir a la Primavera en torno a un pedestal rocoso, sobre el que se esbozan tres siluetas de contorno antropomorfo con sendos instrumentos adheridos a ellas. La batería se ha consolidado como referente, esa es la única verdad absoluta que impera en aquél lugar, una máxima que todo presente asume cual Real Decreto. Comienza “Calle 24”. Y, de nuevo, sin percatarme, aquella estructura cúbica ha dado paso a un espacio cóncavo de techos abovedados de los que se desprenden punzantes estalactitas que penden del mismo. Entre ellas se intuyen una serie de trazos de intensa tonalidad rojiza, como si de pinturas rupestres se tratase. Tres figuras plasmadas: Una vieja, un gato y un zapato protagonizan una persecución al más puro estilo Tom y Jerry, cada uno de sus pasos va acompasado de un golpe fluido de maraca y un oxidado y afilado punteo, zurcido todo con sutileza felina. Tal y como lo cuento, sucede. En mi cabeza. Pues los ojos ya no son aliados, sino obstáculo.

Por lo general, el ambiente de la noche se podría describir en dos canciones. Los primeros compases de la actuación se asemejan más a la dinámica de Tan solo, una elegía que arranca con  solemnidad fúnebre, marcada por pronunciadas permutas de cadencias que se suceden en progresión canina. Mientras que, transcurrido el primer cuarto de hora de la misma, se desata El Boogie de la Muerte, vigoroso e infeccioso, liberando un crescendo de rodillas locas y un sinfín de arcos esbozados por caderas en movimiento pendular. “Pobre Marie, no baila el boogie, no”. Este, a priori, lamento cargado de condescendencia ha servido de aliciente. En este momento, lo último que desea cualquier presente es convertirse en Marie. De modo que, enlazando temas como Pollo podrio o Baby me vuelves loco, aquellos pies, plomizos y sumidos en el letargo, cohibidos e inmóviles por las llagas del feroz mundo exterior, han logrado desprenderse del dolor y elevarse ante la eléctrica llamada del rock.

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10 años no son nada, o si no, que se lo digan a Mujeres.

El pasado viernes pudimos disfrutar de un trocito del Fuzzville en Murcia, así como de la celebración de los 10 años de la banda catalana Mujeres. La Yesería era el lugar escogido para el número justo y necesario de público disfrutáramos del ahora trío barcelonés, quien presentaba además su último álbum ‘Un sentimiento importante’ (Sonido Muchacho, 2017)

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Hablar de Mujeres es hablar de los reyes del garage español hoy por hoy, y los citados 10 años y 4 álbumes lo avalan. Como tal, hicieron propio la máxima de ser enérgicos y eléctricos desde el minuto 0, abriendo su concierto con ‘Vete con él’ (debilidad personal de su último trabajo) y ‘Siempre eterno’. Si bien su último LP es el único cantado enteramente en castellano, ya nos habían demostrado que el idioma patrio les sienta mejor si cabe que el anglosajón, con temas como ‘Salvaje’, contenido en ‘Soft Gems’, su trabajo de 2010. El soberbio punteo de guitarra de esta canción dejaría además claro que Mujeres no es la sencillez que en un primer momento podríamos pensar.

Posteriormente seguirían haciéndonos bailar principalmente con los distintos cortes de ‘Un sentimiento importante’ como Ciudades y Cicatrices así como con temas antiguos como la preciosa y demoledora ‘Vivir sin ti’, que es de esas canciones que todo fan de la banda lleva grabada a fuego en la mente.  Supongo que por afirmaciones como esta que, me consta, compartimos mas de uno y mas de dos de sus seguidores, el tema homónimo decidieron dedicárnoslo a nosotros, consiguiendo crear una conexión total a encarnada por nuestros bailes y el paseo del bajista, Pol, por una de las barras del escenario de la Yesería. Seguidamente recuperaron otro de los grandes temas de su carrera (¿el mejor? ¿el más aclamado? me atrevería a decir) la certera ‘Aquellos ojos’. La primera sorpresa de la noche vino en forma de versión, de una banda hermana: el trío interpretó, a la perfección, ‘No volveré’, de Kokoshca.

Tras retomar su etapa angloparlante, anunciaban el nunca deseado pero inminente final del concierto, para el cual convocaron al pueblo para elegir entre The Velvet Underground o Los Saicos. Ganaron los primeros, pero supongo que para el ADN de los catalanes es inevitable hacer caso (al menos completamente) a lo que el público quiera. Finalmente, sonaron ‘Run Run Run’ y la tan apropiada en estas tierras ‘Demolición’. Pero con el sonido Mujeres, y con el mismo objetivo que parecen tener desde hace 10 años, hacernos bailar.

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Musicalidad, calidad y energía en la fiesta Limbo Starr con Tachenko, Alborotador Gomasio y Camellos

Desde el día de la presentación del cartel del Microsonidos 2018, que esta semana llega a su fin, teníamos claro que la fecha del pasado viernes era de las más apetecible del ciclo de sonidos. El sello Limbo Starr nos traía en bloque a las que seguramente sean 3 de sus mejores bandas: unos ya veteranos Tachenko y dos grupos más jóvenes como son Alborotador Gomasio y los noveles Camellos. Ante un 12&Medio con una corta afluencia de público los 3 grupos presentaron sus temas de manera más que notable.

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El concierto comenzó con Tachenko, ahora en formato dúo y con un set acústico, algo que no era lo más idóneo para las altas horas de la noche que la organización había elegido para el comienzo del evento. Aún así, temas como Nuestra Especialidad o Amable no dejaron de engancharnos, en parte por la musicalidad y el juego de voces marca de la casa, que en este formato se ven sin duda potenciados por a delicadeza y la presencia del silencio necesario ante un set acústico.

Como si de una línea ascendente se tratara, los siguientes en subirse al escenario eran Alborotador Gomasio, con su sonido a medio camino entre el shoegaze y el dream pop. Servidor no podía estar más feliz, pues como bien puntualizaron, el pasado viernes fue la primera vez que el grupo pisaba y actuaba en Murcia. Comenzaron con esa melodía que poco a poco se va instalando dentro de sus oyentes como es “El final de la tarde”, con el que también se abre ‘Luz y resistencia’, su último trabajo. Pero Alborotador Gomasio son energía, saturación y noise, por lo que no tardaron en soltar un primer fogonazo con “Parece que no pasa el tiempo” o sobre todo una de los últimos hits de la banda: “La reacción impotente” y ese pegadizo estribillo sobre la velocidad. También recuperarían temas de sus anteriores discos. El primero en caer, contenido en ‘Los excesos de los niños’ (2015) fue la popie “Espíritus helados”, que vendría seguida de “En mi no hay calma” una perfecta y pegadiza canción de su primer trabajo que siempre nos recordará al que sería su homólogo americano, los neoyorquinos The Pains of Being Pure at Heart. Aunque nos doliera no poder disfrutar en directo de temas como “Contra el suelo”, a los madrileños les tocaba promocionar su ‘Luz y resistencia’, razón por la cual echarían el resto con los temas que conforman dicho disco, que tocaron íntegramente exceptuando un corte. Sin duda, el cierre con el single “Agosto, bailando el caos” y su “Madrid nos va a enterrar” seguida de “Rodeados” dejó claro la calidad musical del cuarteto, atrapados en el underground ante la minusvaloración del gran público y parte de la prensa. 

Reticentes ante la tardía hora de su concierto pero con la misma actitud que desprenden sus letras y melodías, Camellos se subían al escenario y nos soltaban uno de sus temas más gamberros: “Ejecutivo estresado”. Supieron trasladar al directo su ‘Embajadores’ (Limbo Starr 2017) de manera  ideal. Un disco de 15 canciones condensadas en menos de 40 minutos no podía ser sino un concierto lleno de fogonazos. Y eso fueron “Gilipollas”, “Siempre Saludaba” o su último single “Avances”, que condensa sin duda alguna el hipnotizante sonido de Camellos, basado en bajo y batería pesados que nos obligaron a bailar desde el minuto 1. Poco más que decir de un concierto que no fue sino divertido para todos los asistentes, incluido el grupo, que no pudo hacer frente a las tan cargadas copas que cambiaron por una camiseta. La rapidez y concisión de ‘Panto-Ha’ o la musicalidad de “Geografía” o “Puedes contar conmigo” es algo que hay que ver en directo para alegrar alma y cuerpo, así que no hubo duda: Murcia no sabe lo que se perdió en el 12&Medio, pese a poder pecar de linealidad, un concierto de Camellos es sinónimo de un buen rato. Ah!, y no podía faltar ese “Perro verde de Marea” de los madrileños: la genial “Becaria”, (pre)cierre del concierto.

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