Confirmaciones Festivales, Festivales, Noticias

Últimas confirmaciones y programación paralela del Low Festival 2018

El festival afincado en Benidorm nos ofreció hace unos días un cierre de cartel bastante reseñable, que se unirá a un ya nutrido listado de grupos para celebrar el décimo aniversario del festival.

Estas nuevas confirmaciones nos traerán a la Ciudad Deportiva Guillermo Amor nombres nacionales como los de Egon Soda. La banda barcelonesa nos obsequiará con su nuevo trabajo “El Rojo y el Negro”, en el que aparcan su sonido más castizo y reconocible para poner el foco en el mestizaje y la versatilidad, lo que no es negociable es el discurso comprometido y de tintes políticos que les ha acompañado todo este tiempo. Otra de las bandas que se suman al cartel es La M.O.D.A, con nuevo proyecto de gran arraigo y una importante carga épica, que incluye canciones diseñadas para ser coreadas por miles de sentidas gargantas en un emocionante concierto. Además de lo citado y del cartel ya confirmado, tendremos el Synthpop psicodélico de Poolshake, a Kero Kero Bonito, Sienna y Anibal Gomez Dj Set.

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Cabe destacar la gran apuesta del festival valenciano por la electrónica, intensificada en esta edición por el ambicioso proyecto Beats by Low. Dicha programación estará liderada por 23 djs y productores tanto del ámbito nacional (Yahaira, Miqui Brightside, Dani Less…) como internacional (Louisahhh, Alan Braxe…).

Por lo que en esta décima entrega tendrán gran protagonismo los sintetizadores y las mesas de mezclas, aportando un grado de heterogeneidad inédito hasta ahora.

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También hemos podido conocer la logística del recinto de la Vip Pool, el cual gozará de gran cuidado y detallismo para ofrecer una experiencia catártica con todo tipo de lujos, una visión diferente del festival. La propuesta “VIP Live” se antoja como una manera relajada y distendida de vivir los conciertos desde la zona de piscina, pues consistirá en una pantalla gigante para ver en “riguroso directo” todas las actuaciones que tengan lugar en el escenario principal.

Por supuesto, la zona contará con su propio Pool Stage, por el que desfilarán numerosos djs y actuaciones exclusivas a lo largo del día. Pasarán entre otros La Resistance, Vilanoise, Monterrosa…

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Por último, informaros de que durante las mañanas del festival se celebrarán cuatro Pool Parties en el Hotel Benidorm Celebrations, las cuales serán gratuitas si se dispone de Abono Low 2018.

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Conciertos, Crónicas, Noticias

La fábula del gato, la vieja y su hipnótico Boogie-woogie

Dos opciones se planteban en la noche del pasado viernes 23 de Marzo. Por un lado, Mujeres nos invitaban a acudir a la Yeseria. Por otro, Guadalupe Plata nos esperaban en Sala REM.

Con el tiempo justo. Tarde, de hecho. Llegamos a Sala REM con la certeza de haber obrado bien al escoger la segunda opción. Antes de entrar suena ya la primera canción,  y una convicción se asienta en mi cabeza; nunca antes (en mi presencia) nadie ha logrado moldear el espíritu de la sala de una forma tan carismática y evidente como lo hacen los inquilinos que la habitan en esta singular velada. Pues, el habitualmente sobrio recibidor que conecta el exterior con la zona de conciertos ya no es tal, ha mutado. Las paredes metálicas han tornado en estriados muros de piedra, compactos y de tono ocre. De aquella puerta acristalada que todos recordamos, sólo queda un socavón angosto. A partir del cual, se desprende una línea irregular, casi serpenteante, de escalones, roídos a causa de la humedad y su tenaz acometida en el tan escabroso como ilusorio piso inferior. Culminados dichos peldaños en una oquedad que introduce un espacio amplio, de suelo pedregoso, y salpicado de leves fisuras que se dilatan al son del repique de baquetas en Lorena. Las hileras de antorchas a los costados proporcionan una iluminación tenue y vacilante, mientras una nube etérea, desprendida de las mismas, aromatiza la escena.

Quizá pueda parecer que estoy divagando de manera alarmante y todo esto esté fuera de contexto. Pero, si me enredo en esta fantasiosa recreación, es porque el trance resulta ser un pilar determinante en la actuación de la formación sevillana. Puesto que, una de las más codiciadas virtudes en la escena musical, presente en altas dosis durante la noche del viernes, es la capacidad para evocar y expandir la psique del espectador, como si de un opiáceo se tratase. La hazaña reside en lograr intervenir en el entramado sináptico del individuo para estimular quijotescas respuestas mentales, mediante técnicas similares a la hipnosis. Aunque, en este caso, el objeto pendular fuese sustituido por los quejidos ahogados de guitarra que envuelven y propagan su sonido. En definitiva, conseguir que el susodicho cuestione todo aquello que percibe a través de la vista, que abandone por un momento el razonamiento lógico y lineal, para así deambular por sinuosas carreteras en sensoriales travesías trazadas por el compás frenético de un rudimentario bajo (una cuerda y un mástil conforman el artefacto). Precisamente, uno de los caracteres de la banda andaluza que más atracción despierta en mí, y resulta más ostensible en el directo, es la estrecha relación que mantienen con lo subterráneo (de ahí el símil inicial). Su peculiar filia hacia el pantanoso universo de sombras, de entrañas y visceralidad, en el que no hay cabida para la deducción racional. Resulta harto interesante. Aunque éste no es perceptible con la mirada cegada de la superficie, ya que la pupila requiere de un periodo de acoplamiento. De modo que, este vínculo deriva en una estética umbría y ligada al negro. Por ello, encontramos numerosas referencias explicitas a “ratas”, “tumbas”, “huesos” o “muerte” en temas como Serpientes negras, Rata o Tengo al diablo en el cuerpo.

Tras la interpretación de Miedo, reafirmo para mis adentros lo dicho previamente, ya que refleja a la perfección todo este simbolismo, representa la caverna, las cloacas.

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En el centro, arrastrando de manera contenida las plantas de los pies sobre el abrupto terreno, se reune una multitud considerable de personas cuyos cuerpos trazan un balanceo irreflexivo propio de ánimas errantes, atraídas por el tétrico y sombrío ambiente que les proporciona cobijo. Pues es entre la penumbra donde encuentran ese sentimiento de pertenencia que tan remoto y ajeno les resulta en la superficie, donde deambulan desprendidos de temores e inseguridades a pesar de sus reticencias iniciales. Sí, son “raros”, somos “raros”. ¿Quién en su sano juicio optaría por invertir el primer viernes de Primavera recluido en una atmósfera semejante? En la pregunta se halla respuesta. Únicamente alguien que se encuentra Preso. Preso de ese submundo de pasadizos y grutas que rodea al conjunto de Úbeda, preso del aullido de guitarra final de dicha canción, preso de las coléricas bases de cristal golpeado contra acero en Navajazo, preso del aroma árabe de Nido de Avispas, preso, en definitiva, de la capacidad asociativa con la que la banda sevillana hilvana conceptos con patrones sonoros.

“Pero, ¿Esos qué tocan? ¿Qué género es?”. No lo sé, sinceramente. Guadalupe Plata representa un vínculo, es un nexo que conecta blues y rock y los pone a danzar un boogie hasta fundirse en un abrazo férrico. Un sonido que acopla el clasicismo y lo castizo con la vanguardia, la fusión y la improvisación. El fulgor del metal dorado con la banalidad de la chatarra. Guadalupe tiene un aroma western embriagador, unos atractivos matices folclóricos y un suculento gusto a barrica Gran Reserva que deja poso. Sin duda, todo este brebaje ha adquirido mayor valor cualitativo con el paso del tiempo y de los LPs. De esta forma, su último disco (2017) posee un carácter minimalista, desprendido de varias capas de ornamentación, en el que los golpes no son tan ostentosos pero sí igual o más certeros que en anteriores entregas.

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Por ello, los excéntricos errantes decidimos recibir a la Primavera en torno a un pedestal rocoso, sobre el que se esbozan tres siluetas de contorno antropomorfo con sendos instrumentos adheridos a ellas. La batería se ha consolidado como referente, esa es la única verdad absoluta que impera en aquél lugar, una máxima que todo presente asume cual Real Decreto. Comienza “Calle 24”. Y, de nuevo, sin percatarme, aquella estructura cúbica ha dado paso a un espacio cóncavo de techos abovedados de los que se desprenden punzantes estalactitas que penden del mismo. Entre ellas se intuyen una serie de trazos de intensa tonalidad rojiza, como si de pinturas rupestres se tratase. Tres figuras plasmadas: Una vieja, un gato y un zapato protagonizan una persecución al más puro estilo Tom y Jerry, cada uno de sus pasos va acompasado de un golpe fluido de maraca y un oxidado y afilado punteo, zurcido todo con sutileza felina. Tal y como lo cuento, sucede. En mi cabeza. Pues los ojos ya no son aliados, sino obstáculo.

Por lo general, el ambiente de la noche se podría describir en dos canciones. Los primeros compases de la actuación se asemejan más a la dinámica de Tan solo, una elegía que arranca con  solemnidad fúnebre, marcada por pronunciadas permutas de cadencias que se suceden en progresión canina. Mientras que, transcurrido el primer cuarto de hora de la misma, se desata El Boogie de la Muerte, vigoroso e infeccioso, liberando un crescendo de rodillas locas y un sinfín de arcos esbozados por caderas en movimiento pendular. “Pobre Marie, no baila el boogie, no”. Este, a priori, lamento cargado de condescendencia ha servido de aliciente. En este momento, lo último que desea cualquier presente es convertirse en Marie. De modo que, enlazando temas como Pollo podrio o Baby me vuelves loco, aquellos pies, plomizos y sumidos en el letargo, cohibidos e inmóviles por las llagas del feroz mundo exterior, han logrado desprenderse del dolor y elevarse ante la eléctrica llamada del rock.

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Noticias, Próximos Conciertos

El blues-rock de Guadalupe Plata inundará este viernes 23 la Sala REM

Este viernes 23 de marzo el festival murciano Microsonidos nos brindará la actuación de la banda jienense Guadalupe Plata.

El conjunto de Úbeda nos traerá su cuarto largo, un disco de sonido más depurado y minimalista con respecto a sus anteriores entregas, con las que han consolidado una de las propuestas más singulares y extravagantes del panorama, en la cual se entrelazan el clasicismo y lo castizo con fusión y vanguardia en proporciones similares.

De modo que su blues-rock con matices flamencos propios de su tierra colmará la sala REM de Murcia con el fin de dar la bienvenida a la primavera. Para asistir a este espectáculo basta con visitar este enlace y hacerse con una entrada desde 12€.

 

 

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Crónicas, Festivales

BSide Festival: grandes actuaciones y mediocre organización en la clausura de la temporada estival

El pasado sábado 9 de Septiembre tuvo lugar en Molina de Segura la 13º edición del festival Bside, una edición que presentaba algunas modificaciones con respecto a entregas pasadas, entre las que destaca el cambio de escenario al campo de fútbol municipal de Molina, un recinto, a priori, con mayor capacidad y organización.

La jornada de conciertos para nosotros, que no pudimos asistir a los eventos matinales, comenzó en torno a las 19h con la actuación del dúo más irreverente del panorama. Cala Vento abrieron esta edición exhibiendo un derroche de potencia y descaro. Los catalanes consiguieron un sonido de gran solvencia y contundencia, acorde a lo que han venido mostrando en sus dos LPs. A pesar de la escasa afluencia de público, sus drásticos cambios de intensidad, su grito pelado, su nervio adolescente y su falta de complejos les permitieron cumplir sobradamente con las expectativas generadas y ofrecernos el mejor concierto del día. Realmente resulta difícil asimilar el hecho de que dos personas puedan llenar un escenario sin apenas moverse del sitio, también ayuda la presencia de los varios pares de estruendosos amplificadores que les flanqueaban durante su actuación. Excelente.

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Cala Vento (fotografía de Sergio Mercader)

La siguiente actuación correría a cargo de la banda liderada por Paco Román. Neuman, con componentes renovados, demostró su dilatada experiencia sobre las tablas con un concierto sobrio y correcto. En mi opinión, los murcianos exhibieron dentro de su repertorio, teniendo en cuenta que no son los reyes de la fiesta ni lo pretenden, una selección de sus temas más eléctricos y dinámicos con cadencias relativamente altas. Hay que destacar la interpretación de la jovial y espontánea “Doggy”, “Too pretty” con un soberbio y excitante solo de guitarra, o la sugerente “Sil fono” y su paulatino ascenso al firmamento.

Llegaba la hora del concierto, esta vez optamos por sumergirnos de lleno entre la multitud. Los “Payasos de la tele” sonaban segundos antes de la aparición de Jota y compañía. “Los Poetas”, así empezó la actuación. Nos temimos lo peor. Tras diez cargantes minutos de canción, la dinámica del concierto viró de forma drástica cuando Jota, entre tragos y caladas, comenzó a murmurar himnos imperecederos de la banda como “Santos que yo te pinté”, pasando de la apatía al éxtasis total con su resignado estribillo, o la travesía onírica en la que te sume “Corrientes circulares en el tiempo”. Todo complementado, con gran acierto, con temas del último trabajo de su discografía, como es el caso de “Islamabad”, “Espíritu olímpico” o “Hierro y Níquel”. Antes de la conclusión hubo tiempo para embarcarnos en la odisea interestelar hacia el Sol con “De viaje”. Sinceramente, pienso que lo mejor que se puede decir de una actuación de los granadinos es que conseguiste perderte en el bucle emocional y atemporal de recuerdos y sensaciones de toda índole que van asociados de forma inevitable a su música. Sensaciones que van desde la frustración a la certidumbre, desde la rabia y el rencor hasta el júbilo y el deseo, del desdén a la devoción. Y, en esta ocasión, logramos enredarnos en la espiral donde la opresión pectoral es tan tenaz que acaba transportándote a un estado de seminconsciencia mental así como de plenitud espiritual.

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Los Planetas (fotografía de Sergio Mercader)

Tras ello, decidimos satisfacer nuestro voraz apetito. Mas desconocíamos que para ello tendríamos que aguardar una cola perpetua, cuyo final no podíamos avistar pues parecía salir del recinto. La presencia de únicamente dos saturados foodtrucks para los miles de estómagos allí congregados contribuyó notablemente a su formación. Asimismo, la escena se repetía en el acceso a los aseos. Por lo que, entre cola y cola, obviamos el concierto de Monarchy. Los londinenses ofrecieron un pop electrónico de sintetizador y ritmos bailables, una propuesta poco rompedora aunque ciertamente efectiva.

A continuación, los omnipresentes Sidonie se disponían a ofrecer su particular show. Parecen haber encontrado el elixir de la eterna juventud (espiritual, al menos), pues resulta increíble la manera en que afrontan cada actuación, la viveza y el ímpetu que derrochan sobre el escenario, perfectamente ejemplificados en los continuos y extravagantes bailes de Marc Ros, “un cantante perdedor con mucha pose y poca voz”. Y es que su último disco parece confeccionado al detalle para este tipo de eventos, es realmente reconfortante y liberador escucharlo en directo, y así lo demostraron otra vez el pasado sábado con temas como “Siglo XX”, “Os queremos”, o “Carreteras infinitas” con dedicatoria especial a sus compañeros de Supersubmarina. A pesar de ello no se olvidaron de canciones de trabajos anteriores como “Sierra y Canadá” perteneciente al que, desde la opinión personal, es su disco más solvente y cuidado. Además, no podían faltar clásicos como “El Bosque”, “Nuestro baile del viernes” o “En mi garganta”, para acabar siendo un incendio sin control. Sin duda, son “el peor grupo del mundo” y les encanta.

Parece ser que una vez terminado el concierto de los barceloneses el técnico de sonido decidió que ya era hora de marcharse, pues lo ocurrido con el último grupo en discordia, Alien Tango, fue lamentable y frustrante, tanto para aquellos que habían aguantado hasta altas horas de la madrugada para escucharles, como para los propios integrantes del grupo, los cuales estuvieron a punto de abandonar el escenario resignados ante la imposibilidad de hacer sonar su teclado y varias caídas del sonido. Ante este panorama, decidimos dar por terminada la jornada, pues preferimos que nuestra primera vez con Alien Tango sea en unas condiciones sonoras adecuadas para poder dirimir cuál es su verdadero potencial.

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Crónicas, Festivales

Alburquerque, un paraje singular (Capítulo 2: Los Planetas se disuelven en su propio homenaje)

Tras dos jornadas frenéticas, el agotamiento era patente, se avecinaba la fecha clave, el día señalado. El paso por Alburquerque había resultado realmente gratificante y prolífero, su ambiente hogareño, hospitalario y afable nos cautivó. Como mencionamos en la anterior entrega, el principal atractivo de este festival fue la ausencia de aglomeraciones, el desahogo con el que se degustaban los conciertos que permitía, paradójicamente, una proximidad inusual entre espectador y artista, siempre y cuando ambos estuvieran por la labor. De igual manera, son perceptibles el cuidado y el decoro con los que se atiende cada detalle.

Una vez dicho esto, la sesión del sábado dio comienzo con un conjunto murciano. Los experimentados integrantes de La Maniobra de Q desplegaron su noise pop abrumador en el Escenario de las Laderas. La banda nos mostró un sonido que impregnaba como el rocío sin apenas percibirlo, expansivo  y de contrastes, con un dúo vocal que, por momentos, se desvanecía con sutileza entre sonidos de guitarras y arreglos de sintetizador. Entre su repertorio incluyeron temas de su último disco El Daño Está Hecho (2015) como “Jugar con fuego”, así como una versión de “La caja del diablo”. Una pena no haber podido presenciar la actuación íntegra, mas nos queda el consuelo de que podremos disfrutarlos por las salas de la Región.

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La Maniobra de Q. Fotografía de la organización.

A continuación, La Bien Querida se enfundó la guitarra acústica y se situó en el eje del escenario. Una propuesta arriesgada, aunque poco sorprendente. En nuestra opinión, fue una decisión errónea, pues el concierto resultó en su mayor parte insulso y descafeinado. Ni los acompañamientos esporádicos de guitarra eléctrica pudieron revertir la situación. A pesar de ello, intuíamos lo que nos podía deparar la actuación, pero pensamos que se podría haber llevado por un cauce más dinámico y atractivo. “A veces ni eso” y “Poderes extraños” fueron de los pocos instantes en los que contemplamos a los asistentes despertar del letargo.

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La Bien Querida. Fotografía de la Organización.

“Condenados a entendernos”. Apartamentos Acapulco entraban en escena. Nos invadió, por un segundo, el desasosiego al pensar que no conseguirían trasladar al directo, con integridad, todos los matices que conforman su LP debut. La duda se disolvió con asombrosa facilidad entre bruma y cantos volátiles, frágiles y punzantes, interpretados casi como plegarias. Pues la banda granadina alcanzó la plenitud sonora. Nos resultó llamativa la contundencia y consistencia de su sonido en vivo, características impropias de una formación “primeriza”. Todo ello acompañado de exquisitos y prominentes cambios de intensidad, donde se aunaban elegancia y fiereza, sutileza y brusquedad, simplicidad y ornamentación. Resultó imposible no sucumbir cuando interpretaron temas como “Scarlett”, “Romance de verano” o “Juan sin miedo”. Además, tuvimos la fortuna de compartir unos minutos con dos de sus integrantes, y nos comentaron que el disco no había surgido como un único concepto, sino que era fruto de una recopilación de momentos y experiencias distantes en el tiempo.

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Apartamentos Acapulco. Fotografía de la organización.

Pasada la medianoche llegaría el punto de inflexión del festival, el momento más deseado y temido en dosis iguales. Todo había sido cuidadosamente preparado para el confort de los homenajeados. Tras un chascarrillo tosco y un intento de vídeo conmemorativo, Los Planetas abrieron la veda, de manera acertada, con “Islamabad”. A partir de aquí todo se torcería. Pues la apatía que exudaba la banda hacia el público y hacia el festival, que había dedicado tres días y una edición para rendirles tributo, superó los límites del rol de rockstar podrida de ego, y alcanzó tintes insultantes, únicamente espetaron un escueto, frío e inteligible “gracias”. Una actitud sobradamente conocida en la formación de Jota, pero que no por ello deja de ser menos indignante, pues parecen haber sido poseídos por el narcisismo más rancio. Quizá, y ojalá, esté completamente equivocado, mas ésta es la imagen que proyectan a su público. En los conciertos de Los Planetas hay dos opciones: o bien limitarte a contemplar una insulsa y rígida interpretación de un setlist, sin alardes, ni mucho menos improvisaciones; o por otro lado, abstraerte de lo que sucede en el escenario y evocar aquellas imágenes y recuerdos a los que, inconscientemente, has asociado esos temas que han marcado una época a lo largo de tu vida. Si te dejas llevar por la vertiente emocional y optas por la segunda opción, es completamente imposible que no disfrutes un concierto suyo, porque esas canciones forman parte de tu esencia, están incrustadas en tu sien. Mas, seamos realistas, ellos no van a hacer nada para hacerte sentir especial, eso corre de tu cuenta. Con motivo de esto, una duda rondó mi cabeza durante el concierto y es que si, por lo que se percibe, no les apetece tocar y hacer bolos, ¿por qué lanzan un nuevo disco e inician una gira? Creo intuir la respuesta, pero espero estar equivocado.

De igual manera, quedó demostrado tras la actuación que el último disco no es compatible con el formato de festival. Exceptuando tres canciones, el resto resulta demasiado denso e indigerible para asimilarlo de pie y con tantos conciertos a la espalda, un buen ejemplo es “Guitarra roja”.

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Los Planetas. Fotografía de la organización. 

Con todo esto no quiero decir que vaya a dejar de ser fan de Los Planetas, para nada, seguiré escuchando mis discos, emocionándome con ellos en soledad y contemplando las novedades de la banda. Simplemente que, conforme uno deja atrás la adolescencia, a menudo, cambia las gafas de la ingenuidad y la idolatría por las del desengaño y la frustración. Lo cual no es necesariamente negativo, pues son sentimientos indispensables e ineludibles, naturales y tremendamente intensos. Una vez la transición se ha completado, únicamente quedan ya vestigios de la resistencia y el anhelo de no haber conocido realidad, reminiscencias de un tiempo ¿mejor?

A partir de este punto, la electrónica retro de ambiente ochentero tomó el control del escenario. El show que ofreció El Último Vecino fue uno de los mejores del día, un estimulante y excitante despliegue de ritmo y movimientos frenéticos. Gerard Alegre eclipsó la actuación con sus danzas y sus lanzamientos de micrófono, el catalán parecía poseído por el techno pop de la banda. Para finalizar la vigésimo segunda edición del Contempopránea, los mallorquines Papá Topo nos ofrecieron un concierto desenfadado y bailable que terminó por desgastar nuestros zapatos con temas como “La chica vampira”, “El chico de Plutón” o “Akelarre en mi salón”, incluyendo una versión de “Si está bien”.

De esta forma pusimos punto y final a un festival singular, un festival cercano y que esperemos tenga el futuro asegurado, pues Alburquerque tiene un tesoro que debe ser cuidado con estima y decoro.

Agradecimiento especial a nuestro amigo portugués Carlos Manuel.

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Papa Topo. Fotografía de la organización. 

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Crónicas, Festivales

Alburquerque, un paraje singular (Capítulo 1: Galaxina y El Imperio eclipsan la jornada)

Tras nueve horas de coche y un desconcertante y fortuito paso por Toledo conseguimos, tomando el castillo de Luna como referencia, llegar a Alburquerque. A pesar de ser víctimas del llamado “síndrome de la clase turista”, las piernas entumecidas no consiguen empañar el júbilo que sentimos al tumbarnos en el anhelado camping. Un inesperado frío polar me hace evocar una de aquellas célebres frases de abuela, tal como “llévate una rebequita que por la noche refresca”, cuánta razón tenías y yo qué descarado por no hacerte caso.

Una vez con todo organizado, partimos hacia el pueblo donde se celebraría la primera jornada del festival. Nos sorprendimos al ver la Plaza de España abarrotada en torno a un pequeño escenario, en el cual De Viaje eran los encargados de endulzar el ambiente con su estético y pulido techno pop amoroso, al son de temas como “Quiero repetir” o “Te doy mi corazón”, además de una versión final de “Segundo Premio”. Mientras esto sucedía, decidimos realizar una parada en el bar de la plaza para reponer fuerzas. Sin previo aviso, el contoneo tímido y ligero del público se tornó en desinhibición a base de brincos y bailes con la llegada de Detergente Líquido. Pues su pop cotidiano y sarcástico sonaba mucho más enérgico en vivo. Fue el turno de “Poesía eres tú, Robocop” y la plaza vitoreó aquella sentida, e irónica por el contexto, frase de “No me gusta bailar” que hizo desvanecer cualquier complejo e incitó al frenesí. Sin duda, el momento álgido de una noche que llegaba a su fin, los más de setecientos kilómetros nos acabaron pasando factura. Aunque no partimos sin antes haber escuchado su versión de “Himno generacional #83”.

Viernes. Amanecimos observando el reflejo de venerados rayos de luz absorbidos por la tela de nuestras tiendas, permitiendo así el aporte de energía en forma de gratificante calor. Tras una gélida noche, la programación nos recompensaba con una serie de acústicos en la piscina municipal de Alburquerque. Incluso, la ausencia de Tórtel a causa de su recién estrenada paternidad (desde aquí nuestra más sincera enhorabuena) fue suplida con habilidad y premura, pues El Buen Hijo cubrió la baja con excelencia. Su sonido limpio, su frescura y su ingeniosa prosa permitieron crear un ambiente distendido y melódico e impidieron cualquier intención de permanecer tumbado en el césped. ¡Qué insolencia! Ni los nervios de excitación de la formación ni la ausencia de uno de los guitarristas nos privó, al término de la actuación, de exclamar jubilosos: “¡Viva la vida y el pop, y las historias llenas de ciencia ficción!”. A continuación, tomó el testigo Guille de La Casa Azul. El cual dejó a un lado los alardes electrónicos para resguardarse, únicamente, tras un piano y un acompañamiento de guitarra, lo que le permitió mostrar una vertiente más íntima y armoniosa de sus temas más cotizados, intercalados con alguna rareza poco habitual en sus sesiones. El acto concluyó con un “Todas tus amigas” aclamado por unanimidad.

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El Buen Hijo. Fotografía de la organización.

Tras una tarde relajada y reconfortante de acústicos y piscina, con la llegada del ocaso empezábamos a sentir apetencia por el nervio y la rabia que estaban a punto de ofrecernos los dos primeros grupos, quienes estrenarían el escenario Paseo de las Laderas.

Puesto que los acústicos se alargaron más de lo previsto, no nos quedó margen para acudir al recinto con calma. De modo que, sin pensarlo dos veces, emprendimos el viaje en sprint, en ningún momento nos planteamos otra posibilidad, ya que se trataba de dos de los grupos que catalogamos como imprescindibles para este festival y todo lo que fuese llegar tarde estaba descartado. Con el corazón presionando con vehemencia contra el pecho e hiperventilando, conseguimos ascender la ladera y tomar la primera fila, algo que no resultó difícil puesto que el público se situó a varios metros del escenario sin motivo aparente. Mejor, pensamos.

Los almerienses Galaxina fueron los primeros en enfundarse los instrumentos. Fue algo sencillo, natural y espontáneo. Su sonido envolvente, denso, abrumador y, por momentos, erótico nos embaucó, sin pedir permiso se apoderó de nuestros movimientos. Un sonido cargado de luces y sombras, tan nítido y esclarecedor como confuso, a la vez balsámico y perturbador. La banda supo transportar al directo, con maestría, el universo de matices y atmósferas que conforman su primer LP Evasión y Victoria (2016). Ésto lo consiguieron combinando a la perfección sus temas más sensoriales, de ritmo lento, y nutridos de riffs afilados e hirientes cual agujas (“Lejos de ninguna parte”), con otros más asociados al rock psicodélico y de mayor contundencia (“Cometa”). En resumen, les pedíamos “sólo una razón que me pueda convencer” y acabamos aturdidos de placer. Sin duda, uno de los mejores directos del festival, en el que incluyeron su versión de “La máquina de escribir” de Los Planetas.

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Galaxina. Fotografía de la organización

Mas los miembros de El Imperio del Perro no se quedaron atrás en este aspecto, ni mucho menos, y se alzaron con cierta facilidad y soltura hacia lo más alto del cartel. A pesar de que el ambiente no era para nada esperanzador: numerosas lagunas y un público distante y contemplativo. Otros grupos podrían haber decaído al observar la escena, pero estos sevillanos están curtidos en mil salas y estaban decididos a poner todas sus cartas sobre el tablero. Así lo hicieron, pues después de casi desfallecer en Galaxina, la potencia de la banda andaluza entró como una dosis intravenosa de combustible, en ese momento todo comenzó a carburar. Quedó constatado el viernes que ellos son algo así como hooligans del brit-pop, con alma rockera. En directo trascienden más allá de la mera interpretación de un setlist, derrochan tal cantidad de rabia y nervio que acaban impregnándote hasta la médula, de modo que se hace casi imposible mantener la compostura. Esta pasión y franqueza se complementa con letras incisivas y agresivas, que evocan imágenes perturbadoras como en “Buitres”, aún revolotean en nuestra sien los “veintidós buitres”. No les falta repertorio, pues pueden transitar en un mismo concierto desde la frustración punk con riff apoteósico incluido hasta temas de instrumentación más etérea y frases lapidarias, “Os odio a todos”. Los sevillanos se atrevieron con una versión de “Cumpleaños total”, una canción que les fue como anillo al dedo.

Además, tuvimos la suerte de poder conversar con uno de los integrantes de la banda en un entorno informal post festival. Tras ello, pudimos cerciorarnos de que son amantes de la música como todos nosotros y transparentes como el agua, les encanta crear un vínculo cercano con sus seguidores y recoger las impresiones sin intermediarios. Con todo, nos llevamos alguna recomendación musical que tendremos muy en cuenta.

El siguiente grupo en desfilar por el escenario del recinto fue Supertennis. Uno de los más esperados por el público natal de Alburquerque, puesto que se trata del conjunto bandera de la tierra pacense dentro de la “escena”. La banda desplegó con soltura su pop guitarrero y eléctrico. Variando entre canciones lentas y melódicas como “Mañana” o “Prisas” y otras vertiginosas y dinámicas como “Nada que perder”. Los extremeños se decantaron por versionar “Qué puedo hacer”. Con total seguridad podemos afirmar que el momento cumbre del concierto fue “Ruido”, una canción con pegada que incita a “bailar hasta la muerte”. Aún así, no fue una actuación épica, ni mucho menos. En nuestra opinión, les sobrepasaron las expectativas en torno a su recién estrenado disco, quizá expectativas “autoinfundadas” al escuchar el convincente LP.

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Supertennis. Fotografía de la organización.

A continuación, era el turno de la banda liderada por Miguel Rivera. El concierto de Maga estaba marcado en rojo en nuestro horario puesto que, como comentamos en la previa, se trata de uno de esos grupos que hay que ver, al menos, una vez en la vida. Esta fue nuestra oportunidad, hasta entonces no habíamos coincidido con los sevillanos. Hemos de reconocer que es harto difícil resistirse a la voz angelical de Miguel cuando te susurra desde primera fila. Una voz que, en ocasiones te mece a modo de brisa marina hasta envolverte y, en otras, te zarandea violentamente el alma como si de un viento huracanado se tratase. Más irresistible si cabe cuando suenan “Silencio”, “Diecinueve” o versionan “Segundo premio” de Los Planetas. Su último disco Salto Horizontal (2017) copó gran parte de la actuación, un trabajo que en directo sonó con una instrumentación más potente y solvente de lo que esperábamos. Personalmente, muy pocos fueron los momentos en los que me sentí fuera del concierto por no ser fiel seguidor de la banda y no conocer sus letras. Esto último siempre es algo positivo. Entre las canciones del último largo que más entusiasmo (y alguna que otra lágrima) generaron, se encuentran “Cuando nadie me escriba”, “Báltico”, “Por las tardes en el frío de las tiendas” o “Juego”.

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Maga. Fotografía de la organización.

No había tregua musical, el único descanso posible eran los 15 minutos entre concierto y concierto, descanso que aprovechamos para hacer uso de los económicos puestos de comida y bebida del recinto y sus alrededores, pues hemos de destacar la comodidad con la que se vivían las actuaciones, sin agobios, sin prisas, sin empujones. Podíamos realizar una serie de movimientos espasmódicos, a los que denominamos erróneamente como baile, sin preocuparnos de no tirarle la cerveza a nadie.

Con el vaso de cerveza recargado y el estómago satisfecho nos disponemos a disfrutar de uno de nuestros paisanos presentes en el cartel. Se trata de Viva Suecia. A diferencia de Maga, a esta banda hemos tenido el placer de verla en directo varias veces. Por ello, nos atrevemos a decir que el del Contempopránea fue un concierto atípico, precipitado. Las canciones se sucedieron de manera acelerada e, incluso, atropellada, no parecía el curso natural de un concierto de los murcianos. Lo que provocó que no fuese una de sus mejores actuaciones, sin duda. Independientemente de esto, mantuvieron buenos registros de distorsión y cadencia en sus guitarras y un sonido compacto, estruendoso y saturado, que son señas de identidad inequívocas del grupo. De igual manera, complacieron las demandas de los allí presentes con un setlist de “hits” tanto del reciente LP (“Hemos ganado tiempo”, “A dónde ir” o “El nudo y la esperanza” entre otros) como de su primer trabajo (“Bien por ti”, “Permiso o perdón” o “Los años”). Quizá fue esto, junto con su versión de “Santos que yo te pinté”, lo que les salvó de la quema.

El flujo de gente era creciente, el escenario principal empezaba a colapsar, algo grande se avecinaba. En efecto, La Casa Azul estaba a punto de poner en pie a todo Alburquerque. Tras su actuación en acústico, esta vez era el turno de su versión electrónica y bailable. El show empezó de forma dinámica con temas movidos y conocidos (“La fiesta universal” o “Esta noche sólo cantan para mí”), con un Guille Milkway ataviado, en esta ocasión, con su singular “piano-guitar”. Especialmente llamativa fue la puesta en escena, debido a la iluminación que ésta incluía, una especie de muro formado por cubos luminosos que componían imágenes y juegos de luces, los cuales dieron el toque retro inherente a la música de La Casa Azul. Todo fluía correctamente y el público estaba entregado, hasta que decidieron interpretar un par de canciones pausadas y con acompañamiento de piano. En esos momentos entre temas, se crearon silencios y esperas demasiado prolongadas que pudieron sacar de situación a algunos. A causa de esto el concierto se extendió más de lo esperado y resultó, por momentos, tedioso. Todo lo anterior resultaría anecdótico pues la actuación concluyó con una ristra de clásicos que dejaron un gran sabor de boca a los presentes (“¿Qué se siente al ser tan joven?”, “Los chicos hoy saltarán a la pista”, “La revolución sexual” y una entretenida versión de “Mi hermana pequeña”)

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La Casa Azul. Fotografía de la organización.

Una vez despejado el recinto, los madrileños Lecciones de Vuelo salieron a escena. Tras lo anterior, era necesario aumentar la cadencia para mantenernos en pie, y así lo hicieron. De este modo, desplegaron un power pop de picos y cambios de intensidad enérgicos y estimulantes. Cumplieron su rol sin mayor pretensión. Los madrileños dieron paso a Las Odio, un concierto que empezó con mal pie desde el arranque y así continuaría hasta la conclusión. Suponemos que una mala afinación de alguno de los instrumentos les obligó a abandonar el escenario durante casi diez minutos al poco de comenzar. Al regresar, prosiguieron con la interrumpida “Blackout” para mostrar un sonido caótico y, a veces, embarrado, acompañado de algún berrido esporádico, disimulado con toques de pandereta. La estupefacción era patente en el ambiente. Sinceramente, esperamos que esto fuese causado por un problema técnico o un mal día, y que no sea la tónica habitual del cuarteto, pues aguantamos expresamente para escucharlas ya que es un grupo por el que tenemos afición.

Esta sensación agridulce no empañaría lo que, a fin de cuentas, fue una estupenda jornada de conciertos, vigorosa, sensorial y extenuante.

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7+1 Imprescindibles del Contempopránea 2017

Con motivo del Festival Contempopránea que celebrará su vigésimo segunda edición este fin de Semana en Alburquerque nos hemos tomado la licencia de elaborar una pequeña lista de grupos “imprescindibles”, a pesar de que hemos tenido que dejar fuera de ella a estupendas bandas a las que nos acercaremos casi con total seguridad. Uno de los puntos fuertes del festival es la ausencia de los odiosos solapes, ya que todos los conciertos establecidos para Viernes y Sábado discurrirán en el Escenario Paseo de las Laderas. El Jueves 20 se celebrará la jornada de Bienvenida que abrirá esta edición, con la actuación de Detergente Líquido entre otros.

Horarios Contempopranea 2017

Galaxina

Se trata de uno de los grupos que más expectación me generan. Son los flamantes ganadores del premio a “Grupo Revelación Nacional 2017”, otorgado por el propio festival Contempopránea. Su propuesta es más que atractiva, se encuentran oscilando entre el rock psicodélico y el shoegaze, todo ello envuelto en una atmósfera densa y abrumadora de la que se desprenden líneas de guitarra nítidas y punzantes. Será una ardua tarea para sus integrantes plasmar sobre el escenario todos los matices de los que goza su primer larga duración Evasión y Victoria (2016), mas si lo consiguen se meterán en el bolsillo a público y crítica. Se encontrarán el Viernes 21 en Escenario Paseo de las Laderas, a las 20:30 h.

Papa Topo

Sin duda, será uno de los conciertos más divertidos y desenfadados de esta edición. Pues el pop bailable de los mallorquines es una apuesta segura para activar al público una vez entrada la madrugada. Canciones como “La chica vampira”, “Akelarre en mi salón” o “Lagrimas de cocodrilo” nos transportarán al Madrid de principios de los 80. En Ópalo Negro (2016), último LP de la banda y del que se nutrirá gran parte del concierto, se conjugan auténticos temas rompe pistas, como “Sangre en mis zapatos”, que causarán desenfreno y delirio entre los allí presentes con otras canciones, “El balcón”, de ritmo lento y delicado aromatizadas con saxofón y toques de esencia Soul. Tenemos una cita con ellos el Sábado 22 a las 04:40 h en el Escenario Paseo de las Laderas.

Apartamentos Acapulco

Otro de los grandes atractivos del cartel es esta banda granadina que recibe influencias, mayoritariamente, de sus paisanos Los Planetas. Así como de otros grupos pertenecientes al ámbito del shoegaze, como Slowdive. A pesar de su corta trayectoria, únicamente posee un LP en su haber, han conseguido poner de acuerdo a la mayor parte de la prensa musical, que se frota las manos ante lo que puede llegar a ofrecer este dúo. Un dúo que se vale de composiciones instrumentales relativamente sencillas y, en ocasiones, saturadas. Las cuales se aderezan con frecuentes y pronunciados cambios de intensidad, detalles de sintetizador y letras concisas que se repiten en bucle asemejándose a un mantra. Se actuación está prevista para el Sábado 22 en el Escenario Paseo de las Laderas a las 22:10 h.

Lecciones de vuelo

Después de su autoeditado álbum debut El Giro Immelmann (2014), el conjunto madrileño regresó hace un año con Caza (2016) siguiendo la línea marcada que con la que habían conseguido convertirse en ganadores de concursos como Planetademos (2012) y alcanzar fases finales de otros como Proyecto Demo de Radio3. A pesar de que optan por el continuismo, su segundo largo deriva por una vertiente power pop más intensa y contundente, con gusto eléctrico y mayor protagonismo de guitarras. Seguramente sea un concierto excitante y de ritmos contagiosos muy bailables. Además, personalmente, es un grupo que nunca pensé que podría ver en directo durante un festival, por su escasa presencia en este tipo de eventos. Podremos ver a la banda el Viernes 21 a las 03:35 h en el Escenario Paseo de las Laderas.

Maga

No es la primera vez que el conjunto sevillano se pasa por la localidad extremeña para tocar en el Castillo de Luna. En esta ocasión lo harán para presentar su “Salto Horizontal”, trabajo que publicaron este invierno y que les ha traído de nuevo hasta aquí en su gira. Sin duda, es uno de los grupos con más bagaje y más aclamados del cartel, referencia para muchas de las bandas que están presentes en éste. Reconozco que no son una de mis mayores devociones, mas forman parte de ese selecto club de grupos a los que hay que ver, al menos, una vez en la vida. No tengo duda alguna de que será una experiencia muy satisfactoria y recomendable. Podremos disfrutarla el Viernes 21 a las 23:35 h en el Escenario Paseo de las Laderas.

El Imperio del Perro

Otro grupo sevillano que no pienso perderme el viernes es El Imperio del Perro. Los motivos son más que evidentes, sólo es necesario escuchar un par de temas para tener la certeza de que su directo va a ser pura potencia y descaro. Siendo honesto, hasta este momento no habían llamado mi atención, mas a base de escuchas se vuelve muy perceptible y apetitosa la fórmula sin complejos que les ha permitido convertirse en una de las bandas “nacientes” más apreciadas por la crítica. Todo ello lo han logrado con la intensidad por bandera. Personalmente, me resulta difícil catalogarles en un género concreto, pero lo que es evidente es que se trata de una propuesta enérgica, explosiva, rabiosa y, sobre todo, carismática. Se encontrarán en el Escenario Paseo de las Laderas el Viernes 21, a las 21:10 h.

Las Odio

La banda madrileña nacida del “infraunderground” (término acuñado por sus integrantes) ha conseguido alzar su nombre a la primera línea del panorama con su primer largo Futuras Esposas (2017). Ellas se han valido de una propuesta que podría parecer, a priori, ocurrente y distraída sin más, pero que trasciende más allá de esa fachada. Esto se debe, en gran medida, a su afilada ironía y sus temas reivindicativos, los cuales tienen como uno de sus objetivos caricaturizar a la “escena” y las tendencias que la envuelven. Predomina su gusto por el Lo-Fi, plasmado en la autoedición de su disco. No son punk ni lo pretenden, resulta difícil catalogar al cuarteto, lo cual se convierte en una de sus principales virtudes. Pues toman influencias desde el garage hasta el post punk, incluyendo matices pop. La banda tocará el Viernes 21 a las 04:25 h en el Escenario Paseo de las Laderas.

Los Planetas

Evidentemente, no podían faltar los homenajeados en esta lista de imprescindibles. Unos planetas que traerán su recién estrenado disco “Zona Temporalmente Autónoma” (2017) el cual copará la mayor parte del setlist. Entre las canciones que seguro escucharemos, con gran gusto, encontramos “Espíritu Olímpico”, “Islamabad”, “Hierro y Níquel” o “Hay una estrella”. Un disco que ya ha sido analizado al detalle, y del que únicamente destacaré los motivos flamencos que se complementan con la línea más conservadora del conjunto granadino. Aun con todo, seguro que nos quedará tiempo para disfrutar de temas clásicos e himnos de la banda que nos han obsesionado durante años. Ya que será un concierto especial, de larga duración, y seguro cargado de sorpresas, aunque los de Jota no sean muy dados a esto último. Los protagonistas del festival se reservarán el Sábado 22 a las 00:00h para poner en pie al público concentrado en el Escenario Paseo de las Laderas.

 

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