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(Crónica) Low Festival 2018: segundo día marcado por la veteranía de Egon Soda y Los Planetas

Tras una primera jornada más que satisfactoria en la que apenas salimos del escenario Jagermusic, tocaba afrontar el ecuador del festival con una jornada de viernes que se revelaría como mucho más relajada, sustentada principalmente en viejos conocidos de nuestra escena.

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De nuevo volvimos a acudir a primera hora de la tarde al recinto, a aguantar un calor bárbaro, pero la ocasión lo merecía: Egon Soda daba uno de los pocos conciertos (si no me equivoco, el único) en el sureste de nuestro país. La gira presentación su cuarto disco, ‘El rojo y el negro’ (Autoeditado, 18) está teniendo, por ahora, pocas fechas, así que la llamada la hago desde el principio: si tenéis ocasión de verlos en directo, no la dejéis pasar. Su concierto fue, sin duda, uno de los mejores ejecutados del festival. Pese a llegar tarde y perdernos dos temas, ya desde ‘Espíritu de la Transición’ nos quedó claro que Ricky, Ferrán y compañía saben de sobra estar sobre un escenario… y que su público es de los más fieles que te puedes encontrar. Bajo el húmedo calor de Benidorm disfrutamos del nuevos temas como el single ‘Glasnost’ o ‘Matanza’ salpicado de temas antiguos como ‘Los hombres topo quieren tus ojos’, la potente ‘La recuperación’ o ‘Vals de pequeña mecánica’, donde Ricky Falkner decidió nombrar a Virgina Woolf en vez de a Javier Marías y giró por completo el sentido de, sin duda, una de las mejores canciones escritas en nuestro país. Y es que Egon Soda es una lírica que nada tiene que envidiar a los grandes escritores que inspiran a Ferrán Pontón cantada sobre los sonidos ejecutados de la parte musical precisa. Además, supieron jugar sus cartas a la perfección guardando ‘Reunión de pastores, ovejas muertas’ para el clímax final.

Tras ver cerrar a los catalanes como cierra su último trabajo, nos acercamos a descubrir la propuesta que nos presentaba para esa tarde el escenario Jagermusic. Desde Mallorca Escorpio nos trajeron el concierto revelación del festival. A medio camino entre el postpunk y el noise, dieron un fugaz recital de oscuridad y fuzz al cual le hubiera sentado mucho mejor un horario levemente posterior, pero que dejó claro que el underground de nuestro país no deja de sorprendernos con bandas remotas y más que interesantes. El set terminó 25 minutos antes de lo programado (cosas del punk), por lo que pudimos ver el éxtasis final de unos Vintage Trouble que, seguramente, fueron la otra revelación del Low Festival 2018.

A falta de cinco minutos para las diez de la noche, salió la banda nacional más aclamada del cartel. Un nuevo concierto de Los Planetas. Una nueva reseña del conjunto granadino. Reseñas dispares entre sí pero, ya sea en la crítica o en el halago, todas salidas de la veneración. Un nuevo arranque con “Islamabad” y, en esta ocasión, llegó. Esa intimidad tan exuberante como escurridiza por momentos, aquella que te permite abandonar un descuidado estadio de fútbol para embarcar en un transitorio navío a caballo entre lo onírico y el delirio. Dichosa odisea entre “corrientes circulares en el tiempo”. Una apuesta segura y un setlist prácticamente exento de novedades, pero esta vez sí. ¿Dónde reside pues la tecla que desencadena ese expansivo y evocador vendaval? ¿Es una cuestión personal? ¿Quizá instrumental o ambiental? No hallamos respuesta, simplemente podemos espetar “aunque los huesos duelen, cada paso duele más, algo así no debería terminar”. Porque esa sensación en “Santos que yo te pinté”, padecer esa aleación del metal candente, que corroe a su paso, con la nitidez del cristal translúcido resulta tan reconfortante como extenuante. Pese a una primera sensación contraria, los granadinos acabaron ofreciendo un concierto perfectamente ejecutado, basado en sus canciones más melódicas, deleite de los más seguidores de la banda, y menos enérgicas, pero transmitiendo más que nunca.

Tras el imprescindible descanso para la cena, llegaba el turno de una ligera dosis de veneno para morir bailando, nunca mejor dicho porque sería el cierre a nuestra noche del Sábado: los gallegos Novedades Carminha. El agobiante sofoco presente no iba a impedirnos movernos hasta la literal consunción. Cuando se suceden temas de la vertiente más guitarrera como “Antigua pero moderna” o “Quiero verte bailar” con la cumbia y ritmos tropicales imperante en “Cariñito” o “Lento” el brebaje resultante se materializa en un ambiente festivo, desinhibido y cargado de vitalidad. Constatamos también que su vena macarra y hortera, la cual les llevó a ser considerados como herederos de los emblemáticos Siniestro Total, sigue levantando pasiones. A pesar de que la deriva de la banda gallega se aproxima más a la música rítmica y bailable, reflejada en su último hit “Verbena” (especialmente coreada por los allí presentes), desde aquí pedimos que no consideren obsoleta esa esencia que mostraron en su día. En definitiva, podemos catalogarlo como el concierto más jovial y cachondo del festival, sin duda.

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Confirmaciones Festivales, Festivales, Noticias

Últimas confirmaciones y programación paralela del Low Festival 2018

El festival afincado en Benidorm nos ofreció hace unos días un cierre de cartel bastante reseñable, que se unirá a un ya nutrido listado de grupos para celebrar el décimo aniversario del festival.

Estas nuevas confirmaciones nos traerán a la Ciudad Deportiva Guillermo Amor nombres nacionales como los de Egon Soda. La banda barcelonesa nos obsequiará con su nuevo trabajo “El Rojo y el Negro”, en el que aparcan su sonido más castizo y reconocible para poner el foco en el mestizaje y la versatilidad, lo que no es negociable es el discurso comprometido y de tintes políticos que les ha acompañado todo este tiempo. Otra de las bandas que se suman al cartel es La M.O.D.A, con nuevo proyecto de gran arraigo y una importante carga épica, que incluye canciones diseñadas para ser coreadas por miles de sentidas gargantas en un emocionante concierto. Además de lo citado y del cartel ya confirmado, tendremos el Synthpop psicodélico de Poolshake, a Kero Kero Bonito, Sienna y Anibal Gomez Dj Set.

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Cabe destacar la gran apuesta del festival valenciano por la electrónica, intensificada en esta edición por el ambicioso proyecto Beats by Low. Dicha programación estará liderada por 23 djs y productores tanto del ámbito nacional (Yahaira, Miqui Brightside, Dani Less…) como internacional (Louisahhh, Alan Braxe…).

Por lo que en esta décima entrega tendrán gran protagonismo los sintetizadores y las mesas de mezclas, aportando un grado de heterogeneidad inédito hasta ahora.

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También hemos podido conocer la logística del recinto de la Vip Pool, el cual gozará de gran cuidado y detallismo para ofrecer una experiencia catártica con todo tipo de lujos, una visión diferente del festival. La propuesta “VIP Live” se antoja como una manera relajada y distendida de vivir los conciertos desde la zona de piscina, pues consistirá en una pantalla gigante para ver en “riguroso directo” todas las actuaciones que tengan lugar en el escenario principal.

Por supuesto, la zona contará con su propio Pool Stage, por el que desfilarán numerosos djs y actuaciones exclusivas a lo largo del día. Pasarán entre otros La Resistance, Vilanoise, Monterrosa…

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Por último, informaros de que durante las mañanas del festival se celebrarán cuatro Pool Parties en el Hotel Benidorm Celebrations, las cuales serán gratuitas si se dispone de Abono Low 2018.

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Conciertos, Crónicas, Noticias

La fábula del gato, la vieja y su hipnótico Boogie-woogie

Dos opciones se planteban en la noche del pasado viernes 23 de Marzo. Por un lado, Mujeres nos invitaban a acudir a la Yeseria. Por otro, Guadalupe Plata nos esperaban en Sala REM.

Con el tiempo justo. Tarde, de hecho. Llegamos a Sala REM con la certeza de haber obrado bien al escoger la segunda opción. Antes de entrar suena ya la primera canción,  y una convicción se asienta en mi cabeza; nunca antes (en mi presencia) nadie ha logrado moldear el espíritu de la sala de una forma tan carismática y evidente como lo hacen los inquilinos que la habitan en esta singular velada. Pues, el habitualmente sobrio recibidor que conecta el exterior con la zona de conciertos ya no es tal, ha mutado. Las paredes metálicas han tornado en estriados muros de piedra, compactos y de tono ocre. De aquella puerta acristalada que todos recordamos, sólo queda un socavón angosto. A partir del cual, se desprende una línea irregular, casi serpenteante, de escalones, roídos a causa de la humedad y su tenaz acometida en el tan escabroso como ilusorio piso inferior. Culminados dichos peldaños en una oquedad que introduce un espacio amplio, de suelo pedregoso, y salpicado de leves fisuras que se dilatan al son del repique de baquetas en Lorena. Las hileras de antorchas a los costados proporcionan una iluminación tenue y vacilante, mientras una nube etérea, desprendida de las mismas, aromatiza la escena.

Quizá pueda parecer que estoy divagando de manera alarmante y todo esto esté fuera de contexto. Pero, si me enredo en esta fantasiosa recreación, es porque el trance resulta ser un pilar determinante en la actuación de la formación sevillana. Puesto que, una de las más codiciadas virtudes en la escena musical, presente en altas dosis durante la noche del viernes, es la capacidad para evocar y expandir la psique del espectador, como si de un opiáceo se tratase. La hazaña reside en lograr intervenir en el entramado sináptico del individuo para estimular quijotescas respuestas mentales, mediante técnicas similares a la hipnosis. Aunque, en este caso, el objeto pendular fuese sustituido por los quejidos ahogados de guitarra que envuelven y propagan su sonido. En definitiva, conseguir que el susodicho cuestione todo aquello que percibe a través de la vista, que abandone por un momento el razonamiento lógico y lineal, para así deambular por sinuosas carreteras en sensoriales travesías trazadas por el compás frenético de un rudimentario bajo (una cuerda y un mástil conforman el artefacto). Precisamente, uno de los caracteres de la banda andaluza que más atracción despierta en mí, y resulta más ostensible en el directo, es la estrecha relación que mantienen con lo subterráneo (de ahí el símil inicial). Su peculiar filia hacia el pantanoso universo de sombras, de entrañas y visceralidad, en el que no hay cabida para la deducción racional. Resulta harto interesante. Aunque éste no es perceptible con la mirada cegada de la superficie, ya que la pupila requiere de un periodo de acoplamiento. De modo que, este vínculo deriva en una estética umbría y ligada al negro. Por ello, encontramos numerosas referencias explicitas a “ratas”, “tumbas”, “huesos” o “muerte” en temas como Serpientes negras, Rata o Tengo al diablo en el cuerpo.

Tras la interpretación de Miedo, reafirmo para mis adentros lo dicho previamente, ya que refleja a la perfección todo este simbolismo, representa la caverna, las cloacas.

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En el centro, arrastrando de manera contenida las plantas de los pies sobre el abrupto terreno, se reune una multitud considerable de personas cuyos cuerpos trazan un balanceo irreflexivo propio de ánimas errantes, atraídas por el tétrico y sombrío ambiente que les proporciona cobijo. Pues es entre la penumbra donde encuentran ese sentimiento de pertenencia que tan remoto y ajeno les resulta en la superficie, donde deambulan desprendidos de temores e inseguridades a pesar de sus reticencias iniciales. Sí, son “raros”, somos “raros”. ¿Quién en su sano juicio optaría por invertir el primer viernes de Primavera recluido en una atmósfera semejante? En la pregunta se halla respuesta. Únicamente alguien que se encuentra Preso. Preso de ese submundo de pasadizos y grutas que rodea al conjunto de Úbeda, preso del aullido de guitarra final de dicha canción, preso de las coléricas bases de cristal golpeado contra acero en Navajazo, preso del aroma árabe de Nido de Avispas, preso, en definitiva, de la capacidad asociativa con la que la banda sevillana hilvana conceptos con patrones sonoros.

“Pero, ¿Esos qué tocan? ¿Qué género es?”. No lo sé, sinceramente. Guadalupe Plata representa un vínculo, es un nexo que conecta blues y rock y los pone a danzar un boogie hasta fundirse en un abrazo férrico. Un sonido que acopla el clasicismo y lo castizo con la vanguardia, la fusión y la improvisación. El fulgor del metal dorado con la banalidad de la chatarra. Guadalupe tiene un aroma western embriagador, unos atractivos matices folclóricos y un suculento gusto a barrica Gran Reserva que deja poso. Sin duda, todo este brebaje ha adquirido mayor valor cualitativo con el paso del tiempo y de los LPs. De esta forma, su último disco (2017) posee un carácter minimalista, desprendido de varias capas de ornamentación, en el que los golpes no son tan ostentosos pero sí igual o más certeros que en anteriores entregas.

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Por ello, los excéntricos errantes decidimos recibir a la Primavera en torno a un pedestal rocoso, sobre el que se esbozan tres siluetas de contorno antropomorfo con sendos instrumentos adheridos a ellas. La batería se ha consolidado como referente, esa es la única verdad absoluta que impera en aquél lugar, una máxima que todo presente asume cual Real Decreto. Comienza “Calle 24”. Y, de nuevo, sin percatarme, aquella estructura cúbica ha dado paso a un espacio cóncavo de techos abovedados de los que se desprenden punzantes estalactitas que penden del mismo. Entre ellas se intuyen una serie de trazos de intensa tonalidad rojiza, como si de pinturas rupestres se tratase. Tres figuras plasmadas: Una vieja, un gato y un zapato protagonizan una persecución al más puro estilo Tom y Jerry, cada uno de sus pasos va acompasado de un golpe fluido de maraca y un oxidado y afilado punteo, zurcido todo con sutileza felina. Tal y como lo cuento, sucede. En mi cabeza. Pues los ojos ya no son aliados, sino obstáculo.

Por lo general, el ambiente de la noche se podría describir en dos canciones. Los primeros compases de la actuación se asemejan más a la dinámica de Tan solo, una elegía que arranca con  solemnidad fúnebre, marcada por pronunciadas permutas de cadencias que se suceden en progresión canina. Mientras que, transcurrido el primer cuarto de hora de la misma, se desata El Boogie de la Muerte, vigoroso e infeccioso, liberando un crescendo de rodillas locas y un sinfín de arcos esbozados por caderas en movimiento pendular. “Pobre Marie, no baila el boogie, no”. Este, a priori, lamento cargado de condescendencia ha servido de aliciente. En este momento, lo último que desea cualquier presente es convertirse en Marie. De modo que, enlazando temas como Pollo podrio o Baby me vuelves loco, aquellos pies, plomizos y sumidos en el letargo, cohibidos e inmóviles por las llagas del feroz mundo exterior, han logrado desprenderse del dolor y elevarse ante la eléctrica llamada del rock.

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Noticias, Próximos Conciertos

El blues-rock de Guadalupe Plata inundará este viernes 23 la Sala REM

Este viernes 23 de marzo el festival murciano Microsonidos nos brindará la actuación de la banda jienense Guadalupe Plata.

El conjunto de Úbeda nos traerá su cuarto largo, un disco de sonido más depurado y minimalista con respecto a sus anteriores entregas, con las que han consolidado una de las propuestas más singulares y extravagantes del panorama, en la cual se entrelazan el clasicismo y lo castizo con fusión y vanguardia en proporciones similares.

De modo que su blues-rock con matices flamencos propios de su tierra colmará la sala REM de Murcia con el fin de dar la bienvenida a la primavera. Para asistir a este espectáculo basta con visitar este enlace y hacerse con una entrada desde 12€.

 

 

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Crónicas, Festivales

BSide Festival: grandes actuaciones y mediocre organización en la clausura de la temporada estival

El pasado sábado 9 de Septiembre tuvo lugar en Molina de Segura la 13º edición del festival Bside, una edición que presentaba algunas modificaciones con respecto a entregas pasadas, entre las que destaca el cambio de escenario al campo de fútbol municipal de Molina, un recinto, a priori, con mayor capacidad y organización.

La jornada de conciertos para nosotros, que no pudimos asistir a los eventos matinales, comenzó en torno a las 19h con la actuación del dúo más irreverente del panorama. Cala Vento abrieron esta edición exhibiendo un derroche de potencia y descaro. Los catalanes consiguieron un sonido de gran solvencia y contundencia, acorde a lo que han venido mostrando en sus dos LPs. A pesar de la escasa afluencia de público, sus drásticos cambios de intensidad, su grito pelado, su nervio adolescente y su falta de complejos les permitieron cumplir sobradamente con las expectativas generadas y ofrecernos el mejor concierto del día. Realmente resulta difícil asimilar el hecho de que dos personas puedan llenar un escenario sin apenas moverse del sitio, también ayuda la presencia de los varios pares de estruendosos amplificadores que les flanqueaban durante su actuación. Excelente.

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Cala Vento (fotografía de Sergio Mercader)

La siguiente actuación correría a cargo de la banda liderada por Paco Román. Neuman, con componentes renovados, demostró su dilatada experiencia sobre las tablas con un concierto sobrio y correcto. En mi opinión, los murcianos exhibieron dentro de su repertorio, teniendo en cuenta que no son los reyes de la fiesta ni lo pretenden, una selección de sus temas más eléctricos y dinámicos con cadencias relativamente altas. Hay que destacar la interpretación de la jovial y espontánea “Doggy”, “Too pretty” con un soberbio y excitante solo de guitarra, o la sugerente “Sil fono” y su paulatino ascenso al firmamento.

Llegaba la hora del concierto, esta vez optamos por sumergirnos de lleno entre la multitud. Los “Payasos de la tele” sonaban segundos antes de la aparición de Jota y compañía. “Los Poetas”, así empezó la actuación. Nos temimos lo peor. Tras diez cargantes minutos de canción, la dinámica del concierto viró de forma drástica cuando Jota, entre tragos y caladas, comenzó a murmurar himnos imperecederos de la banda como “Santos que yo te pinté”, pasando de la apatía al éxtasis total con su resignado estribillo, o la travesía onírica en la que te sume “Corrientes circulares en el tiempo”. Todo complementado, con gran acierto, con temas del último trabajo de su discografía, como es el caso de “Islamabad”, “Espíritu olímpico” o “Hierro y Níquel”. Antes de la conclusión hubo tiempo para embarcarnos en la odisea interestelar hacia el Sol con “De viaje”. Sinceramente, pienso que lo mejor que se puede decir de una actuación de los granadinos es que conseguiste perderte en el bucle emocional y atemporal de recuerdos y sensaciones de toda índole que van asociados de forma inevitable a su música. Sensaciones que van desde la frustración a la certidumbre, desde la rabia y el rencor hasta el júbilo y el deseo, del desdén a la devoción. Y, en esta ocasión, logramos enredarnos en la espiral donde la opresión pectoral es tan tenaz que acaba transportándote a un estado de seminconsciencia mental así como de plenitud espiritual.

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Los Planetas (fotografía de Sergio Mercader)

Tras ello, decidimos satisfacer nuestro voraz apetito. Mas desconocíamos que para ello tendríamos que aguardar una cola perpetua, cuyo final no podíamos avistar pues parecía salir del recinto. La presencia de únicamente dos saturados foodtrucks para los miles de estómagos allí congregados contribuyó notablemente a su formación. Asimismo, la escena se repetía en el acceso a los aseos. Por lo que, entre cola y cola, obviamos el concierto de Monarchy. Los londinenses ofrecieron un pop electrónico de sintetizador y ritmos bailables, una propuesta poco rompedora aunque ciertamente efectiva.

A continuación, los omnipresentes Sidonie se disponían a ofrecer su particular show. Parecen haber encontrado el elixir de la eterna juventud (espiritual, al menos), pues resulta increíble la manera en que afrontan cada actuación, la viveza y el ímpetu que derrochan sobre el escenario, perfectamente ejemplificados en los continuos y extravagantes bailes de Marc Ros, “un cantante perdedor con mucha pose y poca voz”. Y es que su último disco parece confeccionado al detalle para este tipo de eventos, es realmente reconfortante y liberador escucharlo en directo, y así lo demostraron otra vez el pasado sábado con temas como “Siglo XX”, “Os queremos”, o “Carreteras infinitas” con dedicatoria especial a sus compañeros de Supersubmarina. A pesar de ello no se olvidaron de canciones de trabajos anteriores como “Sierra y Canadá” perteneciente al que, desde la opinión personal, es su disco más solvente y cuidado. Además, no podían faltar clásicos como “El Bosque”, “Nuestro baile del viernes” o “En mi garganta”, para acabar siendo un incendio sin control. Sin duda, son “el peor grupo del mundo” y les encanta.

Parece ser que una vez terminado el concierto de los barceloneses el técnico de sonido decidió que ya era hora de marcharse, pues lo ocurrido con el último grupo en discordia, Alien Tango, fue lamentable y frustrante, tanto para aquellos que habían aguantado hasta altas horas de la madrugada para escucharles, como para los propios integrantes del grupo, los cuales estuvieron a punto de abandonar el escenario resignados ante la imposibilidad de hacer sonar su teclado y varias caídas del sonido. Ante este panorama, decidimos dar por terminada la jornada, pues preferimos que nuestra primera vez con Alien Tango sea en unas condiciones sonoras adecuadas para poder dirimir cuál es su verdadero potencial.

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Crónicas, Festivales

Alburquerque, un paraje singular (Capítulo 2: Los Planetas se disuelven en su propio homenaje)

Tras dos jornadas frenéticas, el agotamiento era patente, se avecinaba la fecha clave, el día señalado. El paso por Alburquerque había resultado realmente gratificante y prolífero, su ambiente hogareño, hospitalario y afable nos cautivó. Como mencionamos en la anterior entrega, el principal atractivo de este festival fue la ausencia de aglomeraciones, el desahogo con el que se degustaban los conciertos que permitía, paradójicamente, una proximidad inusual entre espectador y artista, siempre y cuando ambos estuvieran por la labor. De igual manera, son perceptibles el cuidado y el decoro con los que se atiende cada detalle.

Una vez dicho esto, la sesión del sábado dio comienzo con un conjunto murciano. Los experimentados integrantes de La Maniobra de Q desplegaron su noise pop abrumador en el Escenario de las Laderas. La banda nos mostró un sonido que impregnaba como el rocío sin apenas percibirlo, expansivo  y de contrastes, con un dúo vocal que, por momentos, se desvanecía con sutileza entre sonidos de guitarras y arreglos de sintetizador. Entre su repertorio incluyeron temas de su último disco El Daño Está Hecho (2015) como “Jugar con fuego”, así como una versión de “La caja del diablo”. Una pena no haber podido presenciar la actuación íntegra, mas nos queda el consuelo de que podremos disfrutarlos por las salas de la Región.

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La Maniobra de Q. Fotografía de la organización.

A continuación, La Bien Querida se enfundó la guitarra acústica y se situó en el eje del escenario. Una propuesta arriesgada, aunque poco sorprendente. En nuestra opinión, fue una decisión errónea, pues el concierto resultó en su mayor parte insulso y descafeinado. Ni los acompañamientos esporádicos de guitarra eléctrica pudieron revertir la situación. A pesar de ello, intuíamos lo que nos podía deparar la actuación, pero pensamos que se podría haber llevado por un cauce más dinámico y atractivo. “A veces ni eso” y “Poderes extraños” fueron de los pocos instantes en los que contemplamos a los asistentes despertar del letargo.

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La Bien Querida. Fotografía de la Organización.

“Condenados a entendernos”. Apartamentos Acapulco entraban en escena. Nos invadió, por un segundo, el desasosiego al pensar que no conseguirían trasladar al directo, con integridad, todos los matices que conforman su LP debut. La duda se disolvió con asombrosa facilidad entre bruma y cantos volátiles, frágiles y punzantes, interpretados casi como plegarias. Pues la banda granadina alcanzó la plenitud sonora. Nos resultó llamativa la contundencia y consistencia de su sonido en vivo, características impropias de una formación “primeriza”. Todo ello acompañado de exquisitos y prominentes cambios de intensidad, donde se aunaban elegancia y fiereza, sutileza y brusquedad, simplicidad y ornamentación. Resultó imposible no sucumbir cuando interpretaron temas como “Scarlett”, “Romance de verano” o “Juan sin miedo”. Además, tuvimos la fortuna de compartir unos minutos con dos de sus integrantes, y nos comentaron que el disco no había surgido como un único concepto, sino que era fruto de una recopilación de momentos y experiencias distantes en el tiempo.

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Apartamentos Acapulco. Fotografía de la organización.

Pasada la medianoche llegaría el punto de inflexión del festival, el momento más deseado y temido en dosis iguales. Todo había sido cuidadosamente preparado para el confort de los homenajeados. Tras un chascarrillo tosco y un intento de vídeo conmemorativo, Los Planetas abrieron la veda, de manera acertada, con “Islamabad”. A partir de aquí todo se torcería. Pues la apatía que exudaba la banda hacia el público y hacia el festival, que había dedicado tres días y una edición para rendirles tributo, superó los límites del rol de rockstar podrida de ego, y alcanzó tintes insultantes, únicamente espetaron un escueto, frío e inteligible “gracias”. Una actitud sobradamente conocida en la formación de Jota, pero que no por ello deja de ser menos indignante, pues parecen haber sido poseídos por el narcisismo más rancio. Quizá, y ojalá, esté completamente equivocado, mas ésta es la imagen que proyectan a su público. En los conciertos de Los Planetas hay dos opciones: o bien limitarte a contemplar una insulsa y rígida interpretación de un setlist, sin alardes, ni mucho menos improvisaciones; o por otro lado, abstraerte de lo que sucede en el escenario y evocar aquellas imágenes y recuerdos a los que, inconscientemente, has asociado esos temas que han marcado una época a lo largo de tu vida. Si te dejas llevar por la vertiente emocional y optas por la segunda opción, es completamente imposible que no disfrutes un concierto suyo, porque esas canciones forman parte de tu esencia, están incrustadas en tu sien. Mas, seamos realistas, ellos no van a hacer nada para hacerte sentir especial, eso corre de tu cuenta. Con motivo de esto, una duda rondó mi cabeza durante el concierto y es que si, por lo que se percibe, no les apetece tocar y hacer bolos, ¿por qué lanzan un nuevo disco e inician una gira? Creo intuir la respuesta, pero espero estar equivocado.

De igual manera, quedó demostrado tras la actuación que el último disco no es compatible con el formato de festival. Exceptuando tres canciones, el resto resulta demasiado denso e indigerible para asimilarlo de pie y con tantos conciertos a la espalda, un buen ejemplo es “Guitarra roja”.

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Los Planetas. Fotografía de la organización. 

Con todo esto no quiero decir que vaya a dejar de ser fan de Los Planetas, para nada, seguiré escuchando mis discos, emocionándome con ellos en soledad y contemplando las novedades de la banda. Simplemente que, conforme uno deja atrás la adolescencia, a menudo, cambia las gafas de la ingenuidad y la idolatría por las del desengaño y la frustración. Lo cual no es necesariamente negativo, pues son sentimientos indispensables e ineludibles, naturales y tremendamente intensos. Una vez la transición se ha completado, únicamente quedan ya vestigios de la resistencia y el anhelo de no haber conocido realidad, reminiscencias de un tiempo ¿mejor?

A partir de este punto, la electrónica retro de ambiente ochentero tomó el control del escenario. El show que ofreció El Último Vecino fue uno de los mejores del día, un estimulante y excitante despliegue de ritmo y movimientos frenéticos. Gerard Alegre eclipsó la actuación con sus danzas y sus lanzamientos de micrófono, el catalán parecía poseído por el techno pop de la banda. Para finalizar la vigésimo segunda edición del Contempopránea, los mallorquines Papá Topo nos ofrecieron un concierto desenfadado y bailable que terminó por desgastar nuestros zapatos con temas como “La chica vampira”, “El chico de Plutón” o “Akelarre en mi salón”, incluyendo una versión de “Si está bien”.

De esta forma pusimos punto y final a un festival singular, un festival cercano y que esperemos tenga el futuro asegurado, pues Alburquerque tiene un tesoro que debe ser cuidado con estima y decoro.

Agradecimiento especial a nuestro amigo portugués Carlos Manuel.

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Papa Topo. Fotografía de la organización. 

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