Homenajes

Primer año después de Leonard Cohen

Todo hogar tiene su Santísima Trinidad. A veces se limita básicamente a la representación cristiana, pero en mi casa la Santísima Trinidad imperante tenía forma de cantautores. A veces parecía crecer y convertirse en una especie de jinetes del apocalipsis musical. O mejor dicho, de jinetes del deleite musical. Hablo de 3 (o 4) personalidades cuyo nombre no puedes mancillar en mi presencia: David Bowie, Leonard Cohen, Tom Waits y, (ligeramente) en menor medida, Lou Reed. El segundo de ellos, natural de Canadá nos dejó hace exactamente hoy un año, y como sabréis si sois habituales lectores de este blog, está siempre presente con nosotros. Por eso, y tal vez fruto de la melancolía y el gris imperante en mi persona esta noche (y estos días), he decidido regalaros esta reflexión.

Es fácil escribir de un artista como el canadiense cuando todo el mundo lo ha hecho ya, razón por la cual dudo que aporte algo nuevo a sus más fieles seguidores más allá de las palabras más personales de un compañero fan. Hablar de Leonard Cohen es hablar de música, obviamente, pero es hablar de literatura hecha música. De poesía cantada. Y de humanidad. En mi pared, entre otras muchas cosas, reside el Trampantojo realizado por Max en el Babelia de El País a raíz de las declaraciones del canadiense con respecto a que Bob Dylan fuera ganador del Premio Nobel de literatura. En ellas dejaba claro que su calidad humana llegaba a rincones insospechados. Perfectamente ese Nobel podría haber sido para él. Pero no lo fue. Fue para el genio americano que él mismo había introducido en ciertos y selectos círculos. Por eso para Cohen el premio era poco más que una obviedad. Y como dice Max, el mundo dijo: “Cohen, tío, eres el más grande”. O al menos, lo pensó.

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Cohen podría haberse llevado ese premio, y las pruebas de ello me sobran y creo que no  caben en la balda de mi estantería. Hablo de todas las creaciones que a lo largo de sus 73 años de vida nos regaló Leonard Cohen. Si bien es cierto que comencé a escucharle con uso de razón tras el lanzamiento de su ’Old Ideas’ (Sony, 2012), años antes me cautivaría la letra de ese ’Take this Waltz’, versión del Pequeño Vals Vienés de Federico García Lorca. Desde entonces, para mí Cohen siempre sería el perfecto cantautor. No tardaría en hacer casi míos los poemarios del canadiense presentes en mi casa y en hacer crecer esa colección. “Comparemos mitologías”, “Canciones y nuevos poemas” o “El libro del anhelo” son parte de esas pruebas anteriormente comentadas que forman parte del relicario de mi hogar.

Pero lo que en este espacio importa es la música. Y en este caso voy a comenzar poniendo la lupa en el último de ellos. ’You Want It Darker’ si se analiza un poco tiene algo de premonitorio, y no solo por el hecho de ver la luz poco más de 2 semanas antes del fallecimiento del artista. Por un lado la instrumentación siempre se muestra leve, oscura, como de una luz que se apaga, y esto no hace sino potenciar las siempre certeras letras de Cohen. Letras que en el caso de “Leaving the Table” reafirman esa idea de premonición. La cuestión es que el canadiense quiso dejar atado todo, y en el álbum vuelve incluso a regalarnos letras sobre ese tema universal que es el amor… y lo hace igual de claro y soberbio que siempre, pero está vez desde la óptica retrospectiva. Un ejemplo de ello es este “If I Didn’t Have Your Love” que me veo obligado a compartir.

And if no leaves were on the tree
And no water in the sea
And the break of day
Had nothing to reveal
That’s how broken I would be
What my life would seem to me
If I didn’t have your love

Y es que si algo sabía Leonard Cohen era cantarle o escribirle a la amada. Y es por eso que todo el mundo debe escuchar y leer al cantante canadiense. Porque todo el mundo tiene a su ’Suzanne’ particular, todo el mundo se ha presentado como un extraño alguna vez o ha tenido un abrigo medianamente famoso pero no necesariamente azul. Todos, quien escribe estas líneas el primero, hemos sentido la necesidad de dejarle claro a alguien eso de que ’I’m your man’ o pedir lo de ’Dance me to the end of love’.

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