Conciertos, Crónicas

Una opinión de mierda más – Crónica Los Punsetes en Sala REM

Los Punsetes llegaban a sala REM con su último trabajo bajo el brazo, “¡Viva!”. Un LP controvertido, lo cual no es nuevo, ya que es un aspecto inherente a su esencia y juegan con ello. Analizando la trayectoria de los madrileños, es lícito pensar que en este disco se limitan a seguir la línea trazada en anteriores entregas, sin sobresaltos. Personalmente, me desligo de esa corriente pues he quedado muy satisfecho con el resultado final. Por lo que me sitúo, con mi absurda libreta de mano, delante del lugar que presumiblemente ocupe el bajista, y me dispongo a escuchar en directo algunos de los temas que me han acompañado en los últimos meses. De paso, pretendo descubrir con mis propios ojos si la leyenda sobre la apática interpretación de Ariadna es cierta.

Pasadas las 23.30 salen los integrantes a escena. Chema en la batería, Luís al bajo, Anntona y Jorge se ocupan de las guitarras, y Ariadna de la voz, la singular y genuina vocalista es la última en situarse. Una entrada bastante austera y poco protocolaria, no hay saludos ni presentaciones.

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Sin previo aviso, se abre la veda.

“Humanizando los polígonos” reverbera en la sala. Todas mis previsiones se diluyen en un instante entre semejante espesura, pues el estruendo inunda el local capitaneado por una línea de bajo impecable y punzante. Quedando así, la voz nítida y franca de la inmóvil Ariadna reducida a un eco espectral y casi intangible, propio de un ente impasible sin el más mínimo ápice de sensibilidad. Sólo soy capaz de distinguir un “sembraremos el caos y la destrucción” tan inquietante como estimulante fluctuando en el ambiente.

Me gusta. Han conseguido el sonido envolvente, potente y anárquico que se intuye durante todo el disco, mas no acaba de desplegarse con tanta contundencia en dicho trabajo. Por lo que me limito a asentir al compás del abrupto sonido con mueca de aprobación, mostrando mi satisfacción por si en algún momento deciden testar las impresiones del público. Lo cual suena absurdo, pues están absortos tratando de desatar una vorágine eléctrica y constante. Tremendamente consolidada, fruto de su dilatado bagaje por escenarios de toda la Península.

Sin tiempo para acoplar mis oídos al ensordecedor ambiente, suena uno de los temas estrella de este último disco, “Mabuse”. Inevitablemente, sigo los pasos de la mayoría de asistentes y me dejo llevar. Entre brincos y gritos, encuentro un momento para la reflexión y trato de analizar las canciones de Los Punsetes, esas que “hablan de cosas que parecen serias, pero en el fondo dan igual”. ¿Qué tendrán sus temas para que, a pesar de la supuesta falta de innovación musical, continúen sumando adeptos? Si instrumentalmente no han inventado nada nuevo. Si la estructura de sus discos es muy similar. Si el tono de voz de Ariadne resulta agresivo e, incluso, ofensivo. Si sus letras son absurdas, poco serias y con aire peyorativo.

Me atrevo a elucubrar, quizá sea porque su indudable carisma les ha permitido forjar un estilo inconfundible, atractivo y poco ortodoxo. Quizá sea porque lo han forjado a base de franqueza y descaro, sin buscar la aprobación de imbéciles con libreta de mano, y con toda la intención de herir sensibilidades. Quizá sea por sus letras irreverentes y sagaces, que se nutren de un lenguaje cáustico y mordaz. O, simplemente, porque sus símiles y metáforas son prodigiosos, en muchos casos “basculando entre lo cómico y lo trágico”. Pues algunos de sus temas podrían ser obras del mismísimo Lope de Vega, son pura tragicomedia. También puede influir su admirable naturalidad para lanzar verdades incómodas, valiéndose de la sátira y de un humor negro como el tizón. Un humor medicinal, puesto que (según la consigna popular) si escuece, sana. A fin de cuentas, acaba por convertirse en una buena forma de afrontar las absurdas e incoherentes situaciones de la existencia, sin perecer en el intento.

Dejando a un lado las insinuaciones, basta una tercera canción para cerciorarnos de que hemos acertado de pleno en la elección del sitio, pues estamos gozando en primera línea de la progresión efervescente del bajista y, por consiguiente, de su alzamiento como pilar fundamental sobre el cual se asienta el caos de guitarras. Dos guitarras que simulan ser hermanas separadas al nacer, homólogas, distinta función pero una misma esencia: la intensidad y la vehemencia con que sus dueños las aporrean.

Las canciones se suceden, “Alphaville”, “Alférez provisional”… Mas es en el momento en que suena “Camino” cuando decido dejar de zarandear la cabeza y fijar mi mirada en el escenario. A ambos lados encuentro a los mencionados guitarristas, uno en cada flanco, enérgicos, dinámicos, inquietos y concentrados en el constante y colérico rasgueo de sus cuerdas. Pero no son ellos los que provocan el desconcierto de los asistentes primerizos, entre los cuales me incluyo. Entre los fervientes guitarristas se sitúa la antagonista idónea, la quietud encarnada, de porte rígido, brazos pendulares y mirada perdida. Ella es la vocalista, que se muestra inalterable, inexpresiva, indiferente, o, como ella se define en esta canción, “de carácter hosco e introspectivo”. Puesto que van ya más de cinco canciones sin alterar ni un milímetro su pose inicial, me asalta la duda; ¿Ariadna es humana o reptiliana? Puede que, simplemente, “piense en serio que si se concentra encontrará una forma de redención, un halo de luz que abrirá una puerta…”

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Por suerte no se avista todavía el final, aunque “Estrella distante” es perfecta para esos momentos, para finales. Una intro tensa y abrumadora, que posee la codiciada virtud de crear expectación. De este modo, llega la confirmación de lo dicho anteriormente sobre el bajista, cada acorde se asemeja a una punzada en la médula. La muerte, silenciosa y estridente, es el tema central de una canción que cierra con un saturado y potente riff de guitarra en un final frenético.

Inconscientemente, me viene a la cabeza ese pretencioso arrogante que me exaspera con sus continuas y gratuitas acotaciones. A pesar de ello, no me siento culpable por pensarlo. Pues, seguramente, para el tipo de mi derecha ese narcisista impertinente sea yo. Esto es una “Opinión de mierda“. 

“Tú puto grupo”, asimismo, mantiene constante el flujo de bilis, todo discurre por su cauce natural, sin aditivos ni colorantes, sin ornamentaciones barrocas ni alardes. Únicamente ingentes dosis de sinceridad salteadas en indolencia, y aderezadas con un chorrito de desdén e ingenio.

A continuación, una ráfaga de hits me ciega. Sufro por la integridad de mis pies, puesto que se encadenan “Arsenal de excusas”, “Tus amigos”, “Me gusta que me pegues” y “Maricas”, entre otros. Lo que, por desgracia, supone la víspera del cierre. Ya que el concierto concluye con “¡VIVA!”, el tema que mejor refleja el tono amargo y la resignación que, en ocasiones, impregna a este disco.

Después de todo, sólo queda decir: “Viva la miseria y viva la muerte” y “A la mierda con esta mierda”.

Redacción: Jorge Coy

Fotografías: Manuel Etc.

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