Conciertos, Crónicas

La maestría de Enric Montefusco despertó al duende

El pasado viernes nos plantamos en sala REM con expectativas inciertas sobre lo que nos iba a ofrecer Enric Montefusco en vivo, el temor a la decepción era palpable en algunos de nosotros. Pobres ingenuos. Todo esto se disipó rápido y una cosa quedó clara, ni el de Montefusco fue un concierto más, ni él es un músico más.

La noche comienza con la aparición  de Álex Juárez, cantautor ganador del Creajoven 2014. Guitarra acústica en mano y melena al viento se planta bajo los focos, anunciando una ambiciosa remodelación del proyecto. Lástima que sólo fuese una buena intención. Tres canciones más tarde sigo sin conectar, a pesar de sus pronunciados movimientos de cabeza y arpegios contundentes. No es una cuestión de intensidad. Llega el final de “El improbable caso” y siento un leve rumor que consigue sacarme por momentos de la indiferencia, sensación que se prolonga con “Sucia y mía” pero que acaba por convertirse en mera anécdota debido a que con ella la actuación llegaba a su fin.

Vuelve la luz, observo un público heterogéneo, sin patrón común. Fiel reflejo de lo que ha sido la carrera de Montefusco, desde sus inicios hardcore/punk con Standstill hasta este singular proyecto en solitario ha conseguido reclutar seguidores de todos los ámbitos musicales. Mientras lo pienso los protagonistas salen a escena. Montefusco se acerca al micro e inicia un diálogo que será constante durante toda la velada, pues Enric quiere, a lo largo de esta gira, recuperar el contacto directo con el espectador. Tras pedir la retirada de su nombre del escenario, bromea argumentando que le incomoda por su procedencia punk.

img_0321f

Pasada la medianoche, y una vez enchufado el cable de la discordia, comienza el rito. La primera en sonar es “Adiós”. Enric está cómodo, lleva 20 años en esto. Como si de una ceremonia tribal se tratase, suena el primer “Te invoco, te invoco, te invoco”, una llamada al duende. Sin concluir la canción pasan al tema homónimo, “Meridiana”, en el que violín y acordeón comienzan su interacción. Una bocanada de aire fresco, una oda a la cotidianidad de tono costumbrista en la que se empieza a intuir el aroma de barrio y el gusto folclórico. A continuación, es el turno de “Todo para todos”. Una canción marcada por pronunciados cambios de intensidad que se hacen más notables incluso en el directo, pasando de voz y acompañamiento de guitarra a una comparsa de acordeón, violín y percusiones en la que las palmas emergen como protagonistas.

La atmósfera se está fraguando. A mi derecha encuentro a la primera víctima de la invocación, una chica con sombrero que se mueve incesante al son de las maracas, abstraída. El resto, aún reticentes guardan silencio y, simplemente, admiran el espectáculo. No tardarán mucho en unirse a la celebración.

Sorbo de agua y Enric presenta a sus acompañantes, observándose la gran complicidad y el cachondeo presente entre ellos. Jaime del Blanco (violín, tuba…), Pere Jou (acordeón, teclado…) y Ramón Rabinad (batería). Un par de bromas sobre su vestimenta y una invitación a la interacción y el aprendizaje mutuo (“No hay nadie en casa, desnúdate”) le permiten a Enric crear un ambiente distendido para introducir la siguiente canción. “Buenas noches”, que como él explica narra una noche cualquiera en la que “no te comes un torrao” y comienzas a dar tumbos por la ciudad. Seguidamente, se avecina uno de los momentos de la noche con la satírica “Flauta Man” con inicio en el que toda la sala clama al unísono contra aquellos métodos educativos inefectivos y un solo de batería final, precede a una alabanza al retiro espiritual: “Vida Plena” ya está aquí, acompañada de un pintoresco ukelele eléctrico que añade un matiz más a la ya extensa y dinámica colección de sonidos. Su frescor y ritmo hipnótico y desenfadado cautivan al respetable.

Giro la cabeza, todos bailan, disfrutan. Entre otras cosas porque Enric no para quieto, aporrea la guitarra y menea la cabeza con esa rabia punk que nunca muere, solo se transforma. Y, hablando de cosas que no desaparecen, suena “Uno de nosotros”, de estética solemne y algo inquietante. El cantante confirma que habla de etiquetas y clichés que te persiguen. Tras ella, entra en juego el amor como medio de liberación, en “Lo poco que sé”, la balada de la noche en la cual la melódica voz del cantante barcelonés cobra más importancia si cabe.

Nuevo sorbo de agua. Cambio de guitarra. Algo grande se avecina. Así es. El fervor se hace patente en forma de gritos y aplausos. Justificados, pues “romper un silencio así no tiene perdón”: el músico interpreta “¿Por qué me llamas a estas horas?” y aparece una tuba de grandes dimensiones ante el estupor general, uniéndose la trompeta a la fiesta. El momento más álgido de la noche, sin duda. Los picos de intensidad propios de Standstill y el grito pelado de Montefusco toman el control, y hacen las delicias de los fans. Otro cambio de guitarra y reverbera de nuevo un “Te invoco, te invoco, te invoco”, el rito está llegando a su fin.

img_0436f

Tras una salida en falso protocolaria, deciden tocar una versión muy bailonga de otro músico catalán (“Todo es mentira” de Albert Pla) y entonces, una invitación para escapar hacia delante levanta el ánimo de un público que no quiere despertar del trance. “Adelante Bonaparte” acaba, mas la tuba no deja de sonar. Se viven en la sala instantes de confusión, hasta que Montefusco ordena seguir la melodía. Obedientes, así lo hacemos. Se abre un pasillo improvisado de palmas y danzas. Todo parece ensayado. Ellos toman la calle. Una vez allí, suben al precario escenario de cajas de cerveza. Ramón Rabinad sólo dispone de un bidón metálico y un par de baquetas. Un corro a su alrededor corea y acompaña la percusión. Comienza a sonar la que no podía faltar, “Obra Maestra”. Es en este momento cuando la arriesgada propuesta del disco alcanza su máximo esplendor. Todo resulta natural, orgánico, espontáneo, primigenio, de barrio. Cantando a capela conectamos, nos miramos unos a otros atónitos. Observo un patrón común en los asistentes (esta vez sí), una mueca, una leve sonrisa ha brotado en nuestros labios, esa que pones cuando sabes que algo va bien, que algo encaja, una mezcla de incredulidad y esperanza. Esa sonrisa que pones cuando percibes una mirada de complicidad, cuando adviertes un roce furtivo, cuando sueñas con un encuentro casual, cuando sientes la MÚSICA tronar.

Redacción: Jorge Coy
Fotografías: Manuel Romero

 

Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s