Discos, Reseñas

Nunatak llenan de matices su pulso infinito

‘Nunatak y el Pulso Infinito’ es el nuevo disco de los cartageneros Nunatak, uno de los discos más esperados por los afines al panorama musical murciano, un álbum acogido con los brazos abiertos por los seguidores más fieles del grupo y por aquellos que conocían de oídas a la banda y querían darles una oportunidad.

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El disco, sin duda, empieza con fuerza. Han decidido abrir con los tres singles que sacaron en adelanto del disco: ‘El grito’, ‘La primera luz’ y ‘No volveré a verte’ nos golpean con fuerza en ese primer tercio de disco que ellos solos constituyen. El grito nos enganchó desde el principio, y es que marca la vuelta de Nunatak: decidieron volver a la actividad con esa canción, que junta de forma genial la garra del conjunto, su esencia, pero a la vez vemos en ella nuevos matices, un soplo de aire fresco en las canciones de Nunatak. Conjugan los sonidos acústicos que tanto les caracterizan con arreglos de guitarra eléctrica que potencian la fuerza de sus canciones, y encima con un estribillo que se presta a corear hasta desgañitarnos.

La primera luz, además, es uno de esos temas que van creciendo poco a poco, que comienzas a escuchar con recelo temiendo que sea una balada más… Pero entonces entran en juego las cuerdas, tímidas al principio, y a partir de ahí todo es una subida constante, donde se entrelazan las cuerdas, una percusión potente, los coros y la guitarra eléctrica.

Pero sin duda, mi favorita del disco es No volveré a verte, un tema que conjuga a la perfección las características expuestas en los dos temas de arriba: la guitarra acústica hace de colchón de los arreglos de la eléctrica, con una percusión en la subida que nos insta a levantar el brazo marcando el ritmo, y las cuerdas y las voces nos animan a corear con Adrián esas letras tan características de Nunatak, que nos transportan a otros escenarios sin importar dónde estés escuchando el disco. Pero además, el toque que hace que esta canción sobresalga es el bajo, una línea de bajo con mucha presencia que resulta cuanto menos novedosa y llamativa, y que espero de verdad que decidan explotar más (dejando de lado mi personal predilección por el bajo, les queda genial sacarle partido a este instrumento).

Disculpad que haya hablado largo y tendido de estos temas, pero es que me parecen auténticos pedazos de temazos (siendo de Murcia, no podía faltar esta expresión tan “SOSera” para definirlos). Sin embargo, he de echar el freno ahora, y es que no puedo evitar sentir que algo falla en el álbum a partir de aquí. Aun a riesgo de sonar tiquismiquis, lo achaco a la distribución del disco. Han puesto los tres singles nada más empezar, de modo que una vez que acaba este tercio del disco, te sientes un poco desubicado: el contraste entre estos temas y el resto de ellos es fuerte.

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Acústico de presentación de ‘Nunatak y el pulso infinito’ en Fnac Murcia / Lola López

Comienzan el disco enseñándonos una evolución, unos Nunatak con ganas de experimentar y probar con cosas nuevas, con más fuerza y marcha pero manteniendo su esencia, pero el sabor del resto de temas que componen este álbum es diferente. No digo que el resto del álbum no merezca la pena, sino que desconcierta y cuesta cogerle el truco, me arriesgo a decir que se desinfla. Hay otros temas, como No volveré a verte, que siguen esta estela de innovación, de darle un giro a su sonido pero manteniendo su esencia. Sin embargo, otros temas resultan vacíos: nada más empezar el disco conocemos unos Nunatak con fuerza, con aires nuevos y mucha potencia, y queremos más.

Pero sin embargo, también cabe destacar los temas de carácter más acústico: no porque falten guitarras eléctricas son peores. El afán por experimentar no queda solo en la introducción de instrumentos eléctricos, y podemos ver más muestras de las ganas de probar cosas de Nunatak en los matices de temas como ‘Un viejo sol’ (donde juegan con vientos y percusiones que no pueden evitar recordarnos a México), o en el espíritu más minimalista de la propia ‘El pulso infinito’, con las interferencias en la voz de Adrián. De este modo, los temas acústicos, más afines a lo que ya conocíamos de ello, también están llenos de detalles que, a la larga, escucha tras escucha, van enriqueciendo estos cortes del álbum. Quiero destacar la voz de Adrián, y es que con este nuevo disco demuestra el dominio que tiene de su voz, la fuerza que tiene y lo bien que puede manejarla. Se le nota más confiado, su voz llena las canciones, pasando de un registro más grave y con más cuerpo, hasta los arriesgados agudos y falsetes de ‘Solos’.

Para concluir, diré que hacer esta crítica ha sido todo un reto. Me parece que Nunatak, con este nuevo disco, reafirman su presencia, su potencial y sus capacidades como grupo. Sus ganas de experimentar, probar cosas y añadir nuevos matices a sus temas quedan patentes, y sin duda saben cómo hacerlo. Es un disco que requiere escuchas, requiere fijarse en cada arreglo de cada tema, aunque al principio resulta complicado y no engancha especialmente, pero que le vas cogiendo cariño poco a poco, a base de escuchas y de apreciar todo lo que es capaz de hacer Nunatak. De modo que me disculpo por lo caótico y relativo de mis palabras, y finalizo simplemente diciéndoos que escuchéis a este grupo, vaya.

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