Crónicas, Festivales

Tercer día para quedarse afónico en el Sansan Festival

Si el segundo día del Sansan fue el mejor musicalmente, el tercero fue en el que me dejé llevar por la indie fórmula y lo di todo. Aquí, la crónica de esta tercera jornada.

Mucho por Lola López.

La tarde comenzaba un poco accidentada (con retrasos a la hora de abrir las puertas, posiblemente porque Polock estaba aún probando sonido) con el concierto cuyo horario más había dado que hablar. El que es sin duda mi grupo favorito de la escena nacional, Mucho, comentó incluso por sus redes sociales, lo costoso de dar un concierto a las 5 de la tarde, y a Vic se le vió con cara de sueño al bajarse de la furgoneta. Aún así, el grupo lo dió todo sobre el escenario, y la poca gente que se había acercado a soportar el calor, que en esta ocasión no fue únicamente porque el azote de la Mancha abriera las puertas del infierno. El grupo muestra una conexión brutal en el escenario, aún siendo el primer concierto que daban con Emil Saiz (guitarrista de Nothing Places). Este doble de Ian Curtis (o de uno de los Greenwood para mis compañeros) mostró una maestría importante con su instrumento, liberando a Martí y Vic y entregándolos íntegramente a los teclados. Esta liberación animó a Martí a salir de su cuadrilátero de sintetizadores y bailar en más de una canción. El grupo cumplió, pese a todo lo que tenían en contra, y agradecieron en todo momento la asistencia de un público que respondió de forma sobresaliente.

Siguiendo con las melodías bailables, Polock se subió al otro escenario y dejó una serie de canciones frescas que nos recordaron a Phoenix, Kakk o The Royal Concept, pero que al no aportar nada original acabaron haciéndose repetitivos. Con ‘Fireworks’ o ‘Everlasting’ tuve suficiente. Tras ellos, y solapándose con Full, nuestro amigos de The Purple Elephants tocaban dentro de esa “resituación” dentro de la Falkata. Con un sonido mediocre pero con las luces funcionando (no fue así en el caso de sus compañeros Nunatak el día anterior) dejaron sus melodías de guitarras distorsionadas que nos evocan a Desiertos y se animaron a volver al inglés, cerrando con ‘We will ride the moon until the end’, lo cual les sentó muy bien, y lo mismo deberían replantearse la vuelta a la lengua universal. Tristemente para ellos, el público no respondió como el día anterior (y de hecho, en Full hubo más afluencia de gente que en Modelo de Respuesta Polar).

Zahara nunca ha sido santa (nunca mejor dicho) de mi devoción, y no le presté atención. Movilizando a un importante número (que probablemente ya se quedaran el resto de la jornada) ofreció un concierto del que sólo me atrevo a remarcar que defendió de manera sobresaliente una versión de la canción ‘Te debo un baile’ (que no me cansaré de remarcar que es de Nueva Vulcano), que llevo a su terreno completamente.

Seguidamente era el turno del que probablemente sea el grupo murciano con más caché de la escena. Second se subió al escenario grande a dejar una sucesión de sus siempre pegadizos temas. Lamentablemente, al repetirse los problemas de organización en lo relativo al photopass de Lola, no puedo adjuntar una foto en condiciones de Sean Frutos y compañía. Más allá de este aspecto, el grupo ofreció un concierto enérgico desde el primer momento, con melodías bailables, y letras que aunque a veces puedan invocar imágenes vacías o usar rimas fáciles, en otras a algunos nos llegan irremediablemente (“no quiero marcharme y que parezca que la herida ya no sangra”). El público, numeroso como en toda la jornada, era inevitablemente que estuviera entregado (servidor incluido) durante todo el concierto y que temas como ‘2502’ o el cierre con ‘Rincón Exquisito’ sonaran demoledores.

Dorian es uno de esos grupos que te persiguen, que es inevitable no escucharlos, y que también hacen estribillos repetitivos y pegadizos. En el Sansan Festival volvieron aun formato eléctrico, sin las cuerdas que acostumbraban a llevar en la gira de ’10 años y un día’, y el público lo agradeció. Todos, aunque sea de forma involuntaria, nos sabemos ‘A cualquier otra parte’ o nos venimos arriba con el cierre típico con ‘La tormenta de arena’, pues sus estribillos y melodías enganchan de manera excepcional. Aún así, no se salen del canon que hemos ido comentando, y algunos acabamos cansándonos.

Supersubmarina, por Lola López.

Supersubmarina es uno de los grupos con los que de alguna forma (aunque sólo durante unos tres años de mi corta vida) he crecido, y que aunque ya no sean habituales en nuestros reproductores de música, están ahí, en nuestro interior jovenzuelo (más aún). Los andaluces presentaron un muy acertado setlist en el cual sus temas más clásicos (y aclamados en su momento y ahora) tuvieron mayor importancia. Así, nos vinimos arriba de forma irremediable con ‘Kevin McAllister’ o ‘Puta Vida’ (reconozco que esta canción es de mis placeres prohibidos). Si bien en temas como ‘Viento de Cara’ no sentimos mas indiferentes, ‘Hasta que sangren’ aún nos engancha y no hace gritar, como ellos mismos dicen. Pese a todo, este jovenzuelo se ha hecho mayor, y o bien ha perdido memoria o se da cuenta de que José Chino (quien pidió paciencia para la organización, levantando pitidos entre el público) se salta versos, acortando las canciones, tocando así un gran números de temas y llegando a hacerse el concierto un poco largo.

Algunos estábamos muertos y sin ganas de aguantar a Grises y una casi siesta en la zona VIP lo reflejó. Además, nuestras gargantas se había ido con Sean Frutos, Marc Dorian y José Chino, perdiéndose en la vorágine del indie pop nacional. 

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