Conciertos, Crónicas

Foals y Everything Everything calientan la noche madrileña

El Barclaycard Center de Madrid se vistió de gala el pasado 30 de enero para recibir a Foals y sus teloneros, Everything Everything, a quienes el formato Ring del Palacio (es decir, solamente estaba habilitada la pista) se les quedó pequeño.

A las ocho, puntualísimos (británicos), se apagan las luces y aparecen Everything Everything en el escenario con las chaquetas fosforescentes que ya les caracterizan y que, con el juego de luces que llevan (en sintonía, por cierto, con la portada de su último disco) hacen que no puedas apartar los ojos de ellos… pero no sólo debido a su ropa.

Durante los 45 minutos de su concierto, calentaron al público, ávidos de Foals, de manera estupenda. Abren con To The Blade y la expectación e impaciencia por la explosión de este tema se notan en el ambiente. Temas más distendidos y bailables como Spring/Sun/Winter/Dread o el esperado hit Regret nos hacen bailar y movernos con las manos en alto y la sonrisa en los labios, tratando de llegar (sin éxito) a los falsetes de Jonathan Higgs, y es que este cantante demuestra que puede hacer lo que quiera con su voz, pasando de graves a falsetes y agudos limpios en un parpadeo, y de notas largas a rapear, y haciendo que parezca fácil. Escuchando su último disco, Get To Heaven, puedes pensar que son un grupo que en directo no arriesgarán tanto, pero cuando se suben al escenario, hacen tragarse sus palabras a todo aquel que no confiara en ellos.

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Pero el público enloquece con temas más duros como Cough Cough, dando lugar a un movimiento de cabeza generalizado para acompañar cada golpe de batería, o con Fortune 500, con la que consiguen crear una atmósfera de tensión no apta para todos los públicos: una subida que no acaba nunca a base de loops y juegos de voces entre Higgs y Pritchard, con unos bajos potentes que hacen a los asistentes apretar los dientes y dejarnos elevar por la atmósfera de tensión, que nos sube y nos sube hasta que se hace insoportable, y luego nos deja caer.

Finalizan sus 45 minutos de bien defendido teloneo con Distant Past, y media hora más tarde se apagan las luces y comienza a sonar la base de Snake Oil. Foals van entrando al escenario uno a uno, comenzando por el batería, para calentar paulatinamente al público. Sale Yannis y comienza a cantar con la agresividad que le caracteriza. Empiezan con una fuerte, pero no se desinflan y tras esta atacan con Mountain At My Gates, el single de su último disco que nos demostró este verano que Foals habían vuelto y más seguros de sí mismos que nunca.

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Un Yannis sorprendentemente hablador (es sabido que tiene fama de pocas palabras y seriedad absoluta) nos da las gracias tantas veces a lo largo de la noche que perdemos la cuenta, y nos presenta las canciones (como es el caso de Birch Tree, tema que no acostumbran a tocar y recuperaron el sábado).

En los temas fuertes, la banda enloquece tanto como el público, y mientras nosotros bailamos, saltamos y gritamos con su líder, ellos tocan imparables sobre el escenario, girando sobre sus instrumentos y paseándose por el escenario como animales encerrados.

Entre los temas del último disco, What Went Down y los himnos del Holy Fire (véase My Number), intercalan varios temas de su primer disco, el Antidotes que les lanzó, lo que hizo el gusto de los fans más tempranos (aunque se dejan la ansiada Cassius en el tintero). Sorprende que el único tema del Total Life Forever que rescatan es Spanish Sahara, toda una joya y un himno: Philippakis transmite toda la intensidad y la delicadeza de esta canción a la perfección con su voz, el ambiente etéreo inunda el espacio y todo el Barclaycard Center abarrotado corea a la vez que Yannis que olvidemos todo el horror ahí mismo, que es óxido y polvo del futuro. Y ahí los dejamos, y a una servidora se le escurren las lagrimillas.

Con Late Night nos demuestran lo que son capaces de hacer con sus instrumentos, baliando entre solos de guitarra y bajos que emergen y se esconden, pero con A Knife In The Ocean preparan el ambiente para el cierre del concierto, de lo que se encargan Inhaler, What Went Down, y (como no podía ser de otro modo) Two Steps, Twice.

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Philippakis decide que hasta ahí su estancia sobre el escenario y mientras sus compañeros le observan y continúan con la música, se baja al foso y de ahí al público, armado sólo con su micrófono. La falta de impulso no le permite el crowdsurfing, pero vivimos igualmente la intensidad y la fuerza de What Went Down, con el líder de Foals paseándose por la pista y gritando con nosotros que cuando ve un hombre, ve un león.

Una hora y media de concierto que despejan toda duda que pudiera quedar sobre el poder de Foals en directo. El frío de la noche madrileña nos golpea en la cara y en metro sólo se escuchan halagos para los dos grupos británicos que conquistaron Madrid esa noche.

Más fotos del concierto, hechas por una servidora, en nuestra página de Facebook y en el Flickr de una servidora.

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